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1. La seguridad de la salvacin eterna

Por Arcadio Sierra Daz - 13 de Febrero, 2007, 14:36, Categora: General

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LA SEGURIDAD

DE LA SALVACIN ETERNA

LA SALVACIN ES UN REGALO

ETERNO DE DIOS

Por: ARCADIO SIERRA DAZ

2006

El presente blog contiene dos libros:

"La Seguridad de la Salvacin Eterna"

"La Vida del Hombre Interior".

Si quiere tener acceso a todos los artculos publicados en este blog, haga clic en General, a la izquierda.

E-mail para comunicarse con el autor: cristiasidia@gmail.com y arcamarina@hotmail.com

NDICE

1. La creacin y cada del hombre

2. Conceptos implcitos en la salvacin

3. La seguridad de la salvacin

4. La salvacin en tiempo pasado

5. La salvacin en tiempo presente

6. La salvacin en tiempo futuro

7. El propsito final de la salvacin

8. La operacin subjetiva de la cruz

Captulo 1

LA CREACIN Y CADA DEL HOMBRE

La complejidad de la cada del hombre

La salvacin es un asunto fundamental y de transcendental importancia en el plan de Dios para con los hombres, y ocupa el mayor inters en la Palabra de Dios; y, claro, por eso mismo ha sido durante muchos siglos un tema controversial en la historia de la Iglesia, llegando incluso a desviarse la verdad escrituraria en torno a lo que respecta a la persona y la obra de Cristo como verdadero y nico Salvador de los hombres, tanto que se lleg a comerciar con la salvacin, de tal modo que cuando, con la Reforma, se empez a regresar al principio de que es un regalo de Dios que se recibe por fe, de todas maneras qued impregnado en el cristianismo la falacia de que la salvacin depende del comportamiento del hombre, de sus obras, y de eso a que la salvacin se pierde, qued como una doctrina como si fuera bblica. Desde el comienzo ha habido ataques de judaizantes, que han querido imponer que se cumpla ciertos ritos de la ley mosaica; otras corrientes han insistido que los creyentes deben hacer obras buenas para poder salvarse; otras corrientes han llenado al cristianismo de legalismos y pesadas cargas. Pero el Seor est restaurando todo el depsito del consejo de Dios, incluida la salvacin de Dios como un precioso regalo por medio de Jesucristo.

La cada del hombre es muy compleja. El hombre en su cada qued postrado; fueron afectadas sus tres partes: su espritu muri porque fue separado de Dios; se enseore el pecado en el hombre, y su alma, sin la influencia divina a travs del espritu, fue afectada tan fuertemente, que se pervirti y se convirti en el centro de la persona humana, y enseorendose vino a ser el ego, independiente de Dios, para hacer su propia voluntad, pero sometida y vendida a un nuevo poder maligno y perverso; y el cuerpo vino a ser esclavo de la concupiscencia, y ya convertido en la carne, qued bajo la total soberana del pecado y de la muerte que mora y opera en sus miembros. Como vemos, pues, el hombre cay en un problema muy grave, muy complejo, que no se remedia con un simple perdn. Si fuera remediado con simplemente perdn, pues cada vez que pecramos perderamos esa salvacin, y cada vez que volviramos a ser perdonados, recuperaramos esa salvacin. Pero eso no es slo el problema. El problema es ms de fondo. El problema es que nuestra naturaleza fue afectada tan profundamente que ya no es slo lo malo que hacemos, sino lo malo que somos. Heredamos de Adn un poder malvolo que no sale con un simple perdn. Integralmente nacimos afectados para muerte en el espritu, en el alma y en el cuerpo. Y la nica solucin es que venga a morar dentro de nosotros un poder, una ley, ms fuerte que la ley del pecado y de la muerte, que es la ley del Espritu de vida en Cristo, que opera por la obra de Cristo en la cruz y en la resurreccin, y que recibimos por la gracia de Dios cuando creemos. Opera por un nuevo nacimiento espiritual, y ese nuevo nacimiento no es temporal, sino eterno.

S, debemos ser perdonados cuando pecamos, pero del pecado, la fuerza interior maligna que heredamos en la naturaleza admica, tenemos que ser libertados. Aclaramos que una cosa es el poder del pecado y de la muerte que est en nuestra carne, pero para contrarrestarlo, para vencerlo, tenemos que recibir un nuevo poder ms fuerte, que es el poder del Espritu de vida en Cristo. Esa es la vida de Dios en nosotros cuando creemos, que aplica el Espritu cuando viene a morar y a darle vida a nuestro espritu. Esa vida eterna jams saldr de nosotros.

Poder de Dios para salvacin

Iniciamos esta enseanza con una rotunda declaracin del apstol Pablo a los romanos: "16Porque no me avergenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvacin a todo aquel que cree; al judo primeramente, y tambin al griego. 17Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como est escrito: Mas el justo por la fe vivir" (Ro. 1:16,17). El evangelio habla del poder de la obra de Cristo para salvarnos; y esa salvacin no depende de nosotros, sino de la obra del Seor, cumpliendo la voluntad de Dios, salvacin que se recibe por fe. No podemos apropiarnos de algo que nosotros ni hemos hecho ni podemos sustentar. Hoy comenzamos con los propsitos eternos de Dios para con nosotros al tomar la iniciativa de salvarnos. Vamos a estar atentos a lo que nos dice al respecto la Palabra de Dios. Para empezar, vemos que la salvacin se hace realidad en nosotros por creer; sencillamente se recibe por fe.

La palabra salvacin est traducida al castellano del trmino griego sotera [σωτηρία], que denota liberacin, preservacin, salvacin; de ese trmino se deriva la palabra Soteriologa, que es la parte de la Teologa que trata acerca de la salvacin. Los griegos usaban la palabra sotera para significar seguridad; es decir, estar a buen resguardo, y tambin para significar estar en buen estado; por ejemplo, estar en buen estado econmico y otros aspectos de la solvencia. Incluso, algunos reyes griegos, como los descendientes de los cuatro generales que se dividieron el imperio que conquist Alejandro Magno, solan agregarse un sobrenombre, sobre todo entre los descendientes de los Ptolomeos y Selucidas. Sobrenombres como Evergetes (benefactor), Epfanes (dios manifestado), Filadelfo (el que ama al hermano), y otros el de Soter (salvador). Claro que la Palabra de Dios declara que nuestro verdadero Soter es Jesucristo: "Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestacin gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:13).

La salvacin es de Dios

De acuerdo con las Sagradas Escrituras, podemos afirmar las siguientes tres declaraciones:

Primero

En primer lugar tengamos en cuenta que la salvacin no se origina en el hombre, pues la salvacin es de Dios. La Palabra de Dios tiene multitud de versculos que declaran enfticamente que salvacin es de Dios. La salvacin es absolutamente de Dios. Por ejemplo, en el Salmo 37:39: "Pero la salvacin de los justos es de Yahveh, y l es su fortaleza en el tiempo de la angustia". Tambin lo podemos ver en Efesios 1:3-6: "3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendicin espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4segn nos escogi en l antes de la fundacin del mundo, para que fusemos santos y sin mancha delante de l, 5en amor habindonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, segn el puro afecto de su voluntad, 6para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado". All encontramos que la salvacin es de Dios; es una determinacin eterna de Dios salida de Su voluntad soberana, pues l tiene Sus propsitos que tienen ntima relacin con esa salvacin. El hombre sin Dios, en su oscuridad ignora que necesita de salvacin. Si la salvacin dependiera del hombre, sera sobremanera frgil, sin meta, y nadie podra tener confianza en ella. Dios tuvo a bien, por Su voluntad soberana, escogernos en Cristo desde antes de la fundacin del mundo, para que fusemos santos y sin mancha delante de l. Nosotros no habamos an nacido y no habamos hecho ni bien ni mal; es ms, ni siquiera el mundo haba sido creado, y l ya haba decretado en la eternidad que nosotros algn da veramos Su rostro, por medio de la poderosa salvacin provista por Su Unignito Hijo, el Seor Jesucristo.

Segundo. La salvacin es por Cristo y mediante Cristo

No hay otro medio por el cual nosotros seamos salvos. Al respecto encontramos en las Escrituras afirmaciones tan contundentes como la del apstol Pedro en el contexto de su defensa ante el Sanedrn con ocasin de su arresto junto con Juan. En esa defensa, Pedro les dice a los ancianos del concilio supremo: "11Este Jess es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ngulo. 12Y en ningn otro hay salvacin; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hch. 4:11,12). Tambin el autor de Hebreos afirma que Jess de Nazaret es el autor de nuestro salvacin: "Porque convena a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvacin de ellos" (He. 2:10). Cristo fue perfeccionado por afliccin. El que Cristo hubiese sufrido para ser perfeccionado, no significa que antes era imperfecto, pues l de antemano ya tena todas las cualidades necesarias, l era el Cordero inmolado desde antes de la fundacin del mundo, pero en su pasin y obra en la cruz, se ejercit, llev a la prctica esas aflicciones, y entonces fue perfeccionado para llegar a ser el autor de nuestra salvacin, como lo dice tambin Hebreos en 5:9: "Y (Cristo) habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvacin para todos los que le obedecen", lo que tambin afirma Pablo, por ejemplo, en Glatas 1:4: "El cual (viene hablando del Seor Jesucristo) se dio a s mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre". Lo repetimos a fin de que tengamos la certeza bblica y por el Espritu, de que la salvacin la recibimos nicamente por Jesucristo y Su obra redentora, conforme a la voluntad de Dios.

El versculo anterior dice que Cristo se dio a S mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. l hizo eso por nosotros. De manera, pues, que la Palabra dice que la salvacin es de Dios por medio de Jesucristo, pero eso no es todo; veamos.

Tercero. La salvacin no se basa, no se fundamenta ni se origina en las obras del hombre

Cuando empezamos a pensar que nuestra conducta y nuestras obras se relacionan con nuestra salvacin eterna, hay el peligro de que creamos que la salvacin se pierde; pero si la salvacin se fundamentara en nuestras obras, hermanos, nadie estara aqu en esta reunin adorando a Dios; porque todos nosotros somos pecadores. Aun santos, pero santos pecadores. En Efesios 2:8 dice as: "8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; (ah no dice porque yo haga; ah revela la Palabra una combinacin de gracia y fe; dice que es un regalo de Dios que se recibe por medio de la fe, no por lo que yo haga) y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se glore". La obra de Cristo, por su gracia, nosotros la recibimos sencillamente por fe. Por ejemplo, Pablo, hablndole a los romanos del remanente judo que ha escogido por gracia, les explica: "Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia (porque el que obra est trabajando y merece su paga) y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra" (Ro. 11:6).

Tambin tenemos la exhortacin del apstol Pablo a Timoteo: "8Por tanto, no te avergences de dar testimonio de nuestro Seor, ni de m, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio segn el poder de Dios, 9quien nos salv y llam con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino segn el propsito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jess antes de los tiempos de los siglos". (2 Ti. 1:8,9). l no nos llam porque furamos buenos o malos. Creo que l soberanamente nos llam por amor, como dice en Efesios 1, por su buena voluntad nos llam. Porque nadie es mejor que otro; nosotros somos los que hacemos esas categoras en las personas. Pero Dios mira el corazn, y obra segn el propsito suyo. l desde la eternidad tiene un propsito; Dios dict un decreto eterno. "Sino segn el propsito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jess antes de los tiempos de los siglos". La gracia fue tambin declarada, decretada para nosotros "antes de los tiempos de los siglos". Hay un decreto, hay un propsito eterno de Dios para con nosotros; no es solamente, hermanos, que nosotros no vayamos al infierno, como tal vez lo creamos.

Creamos que solamente la salvacin era para que no furamos al infierno. De pronto, al morir, iramos a estar encaramados en una nube, con un arpa, vestidos de pronto con una batica blanca; no. l tiene propsitos de mayor alcance que eso, tanto que la salvacin es la entrada a vivir la vida de Dios, para practicar en nosotros un nuevo nacimiento, para experimentar, vivir con el Seor los propsitos eternos que l tiene desde toda la eternidad, que van ms all de toda expectativa meramente humana. La nueva creacin en nosotros, para qu ser?. El Seor tiene unos propsitos grandes y eternos con Su Iglesia, ms all inclusive de ser la morada de l. El nuevo hombre que es Cristo, nosotros con l lgicamente, tiene propsitos mucho ms altos. Tiene propsitos para que el Reino de Dios, el gobierno de Dios llegue a todas las confines de la creacin, parte de la cual haba usurpado el enemigo; y todava ese enemigo no ha sido despojado de esas prerrogativas, aunque la sentencia contra l ya fue dictada.

Tampoco la salvacin es por el cumplimiento de la ley. El apstol Pablo, en el captulo 3 de Romanos, habla de que el mundo entero es culpable ante Dios, de que no hay justo ni aun uno, y entonces declara: "19Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que estn bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20ya que por las obras de la ley ningn ser humano ser justificado delante de l; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 28Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley" (Ro. 3:19-20,28)". Porque esa justificacin es por la obra del Hijo de Dios y no por ningn mrito nuestro.

La primera parte del captulo 3 de la carta de Pablo a Tito habla de la fe y las obras, y dice: "3Porque nosotros tambin ramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborrecindonos unos a otros. 4Pero cuando se manifest la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5nos salv, no por obras de justicia que nosotros hubiramos hecho, sino por su misericordia, (por Su misericordia es que estamos aqu hablando) por el lavamiento de la regeneracin y por la renovacin en el Espritu Santo" (Tito 3:3-5). Cuando cremos fuimos regenerados, nacimos de nuevo. La renovacin es operada en el alma, pero antes debe realizarse la regeneracin en el espritu. La renovacin ocurre en el alma por el Espritu Santo cuando ya mora en nuestro espritu humano.

Cuarto

Debido a que el hombre es un ser tripartito; es decir que consta de tres partes: espritu, alma y cuerpo, entonces la salvacin, como lo vamos a ver ms detalladamente en el presente estudio, entonces la salvacin se cumple en tres etapas o tiempos: pasado, en el espritu; presente, en el alma, y futuro, en el cuerpo. Todas las citas bblicas que se refieren a la salvacin eterna (la del espritu), sus verbos se encuentran en pasado; todas las que se refieren a la salvacin del alma se hayan en tiempo presente, y todas las que se refieren al cuerpo, en tiempo futuro. Por qu ser esto? Podemos contestar con la siguiente revelacin bblica: El creyente, desde el momento en que fue regenerado espiritualmente, ya ha sido redimido de la culpa y pena eterna del pecado; al presente, por la transformacin ejercida por el Espritu, se est librando del poder que el pecado ejerce sobre su alma; y finalmente, en el futuro, ser librado de la presencia del pecado en su ser. Cuando ello llegue plenamente a su realizacin, el creyente ser conformado perfectamente a la imagen de Cristo.

Las tres Personas de la Trinidad y la salvacin

En la salvacin, entonces, ya vemos que interviene el Padre, luego el Hijo y ms tarde el Espritu Santo. Las tres personas de la Divina Trinidad trabajan y han intervenido y estn interviniendo en nuestra salvacin.

El Padre

Por ejemplo, la participacin del Padre lo lemos en 2 Timoteo 1:8-10: "8Por tanto, no te avergences de dar testimonio de nuestro Seor, ni de m, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el poder de Dios, 9quien nos salv y llam con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino segn el propsito suyo (el propsito del Padre) y la gracia que nos fue dada en Cristo Jess antes de los tiempos de los siglos, 10pero que ahora ha sido manifestada por la aparicin de nuestro salvador Jesucristo, el cual quit la muerte y sac a la luz la vida y mortalidad por el evangelio". El Padre tiene un propsito, y nos predestina, hermanos; ya est el decreto, ya est el propsito, ya est la eleccin, existe la predestinacin del Padre desde antes de la fundacin del mundo. Todo estaba determinado, pero se necesit el cumplimiento de un tiempo de l a fin de que se encarnase el Hijo, el Verbo de Dios.

El Hijo

Entonces interviene el Hijo para dar cumplimiento al propsito del Padre. El Hijo interviene en su encarnacin; interviene el Hijo en su vida humana, en su ministerio, en su muerte en la cruz, carga sobre S nuestros pecados y nuestras culpas; luego en su resurreccin, en su ascensin y glorificacin en su envo del Espritu y empieza la obra del Espritu en etapas. Primeramente el Padre, luego viene la obra del Hijo y lo vemos en 1 Pedro 1:18-20, que habla de la intervencin del Hijo, y dice as: "18Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata (la salvacin es con cosas incorruptibles), sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminacin (en el decreto eterno de salvacin del Padre, mira lo que estaba tambin incluido en ese decreto), 20ya destinado desde antes de la fundacin del mundo, (o sea que el Cordero estaba destinado a morir por nosotros, a ser sacrificado por nosotros desde antes de la fundacin del mundo, porque Dios saba que el hombre iba a pecar) pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros". Esa es la obra del Hijo para dar cumplimiento segn la voluntad de Dios. del Padre, y luego como decamos en este momento, empieza la parte del Espritu Santo.

El Espritu Santo

Cuando entra a morar la vida de Dios en nuestro espritu, empieza un proceso de aplicacin de la salvacin en todo nuestro ser. El Hijo le da el cumplimiento al decreto del Padre, pero el Espritu Santo lo aplica a nuestra personalidad; comenzando por el espritu, que estaba muerto espiritualmente; le da vida al espritu. Eso es lo que se llama vida eterna. Pero como nosotros tenemos tres partes, empieza el Espritu a hacer un trabajo integral; si es que lo dejamos; porque a veces no queremos que Dios se meta con nuestra vida.

A menudo hay personas que dicen: Dios me hizo as, y as sigo siendo. Pero no, l quiere cambiarnos, l quiere renovarnos. Ya hubo una regeneracin en el espritu, ya hubo un nuevo nacimiento a la vida espiritual cuando cremos, pero ahora l quiere renovar nuestra vida, la vida del alma, empezando por la mente, nuestra mente que reside en el alma, en nuestro yo, como dice en Romanos 12:2: "No os conformis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovacin de vuestro entendimiento, para que comprobis cul sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta"; y luego es necesario que siga renovando todo nuestro ser para que podamos utilizar mejor nuestra mente cuando los mensajes del Espritu en nuestro espritu pasen a nuestra mente y podamos nosotros comprender lo que ya sabe el espritu, comprenderlo tambin con el alma, y luego actuar en la voluntad de Dios usando nuestra voluntad. Si nosotros no le permitimos al Seor esa renovacin, nuestra transformacin se alarga mucho, y las etapas se hacen mucho ms lentas, y el trabajo de aplicacin de la salvacin del Espritu en nosotros se hace ms tarda, si acaso llega al cuerpo.

La predestinacin

Hay algo aqu que hemos mencionado muy superficialmente, que es lo relacionado con la predestinacin. Esto de la predestinacin en la salvacin es uno de los conceptos ms controversiales que hay dentro del campo de la Soteriologa, y ha habido mucha tinta vertida, muchos libros escritos y muchas corrientes y escuelas doctrinarias acerca de este espinoso asunto; pues la Biblia revela una preordinacin de parte de Dios. Pero qu es la predestinacin? Como aqu en estas modestas enseanzas no pretendemos dar ctedra de Teologa, sino algo sencillo que la gente escuche y ms tarde pueda leerlo y entenderlo, entonces digamos que la predestinacin o preordinacin, es el acto de Dios por el cual se efecta la salvacin del hombre, de acuerdo con la voluntad de Dios. Ya hemos ledo algunos textos bblicos donde la Palabra de Dios revela lo de la predestinacin. Ahora tomamos otro ejemplo. Cuando con ocasin del primer viaje misionero del apstol Pablo, encontramos un versculo acerca de la predestinacin que realmente es importante ponerle cuidado. Los apstoles haban estado predicando el evangelio en Antioqua de Pisidia, durante el primer viaje misionero de Pablo, y dice en Hechos 13:48: "Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Seor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna". Slo creyeron los que estaban ordenados; los que no estaban ordenados para la salvacin, no creyeron.

Hermanos, en esto hay un misterio, porque nosotros fuimos creados con un libre albedro; somos libres de hacer lo que nos plazca. Si queremos obedecer al Seor bien; y si no, tambin; sino que despus tenemos que afrontar lo se que nos viene; pero ahora Dios respeta nuestras decisiones. Pero cmo entonces conciliar la libre voluntad ma, mi libre albedro, mi determinacin de creer en el Seor o rechazarlo, con la voluntad soberana de Dios de salvarme? l no me salva si yo no quiero que me salve. l ya determin salvarme, pero yo debo ejercer mi voluntad para aceptar esa salvacin que Dios ha determinado para m. Entonces es cuando interviene el Espritu Santo; el Espritu Santo viene en mi ayuda; la gracia de Dios es aplicada en m por el Espritu Santo a fin de iluminar mi entendimiento y hacerme ver mi estado pecaminoso, hacerme ver, y convencerme de que yo soy reo de muerte frente a la justicia de Dios. Por medio de la gracia Dios ayuda mi voluntad, pues viene luz de Dios a mi oscuridad; es como una herramienta que Dios me da, como una poderosa lmpara para que yo vea mi pecado y la necesidad del Salvador. Ahora lo pude contemplar todo, y lo acept; pero yo debo usar mi voluntad. Hay una doble accin que se encuentran: yo creo, uso mi voluntad para aceptar, pero a la vez hay una voluntad soberana de Dios para salvarme. Dice, hermanos, que creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. Las dos cosas son valederas. Algn da lo entenderemos mejor, cuando estemos con el Seor. Hasta ah lo vamos a dejar.

La expiacin ilimitada

Claro, t lees la Palabra y ves que dice que la expiacin es ilimitada; pero algunos dicen que no. Algunas corrientes doctrinales dicen que Cristo muri solamente por los salvos; que por los que se pierden, no. Pero la Palabra dice que muri por todos. Les voy a dar unos dos o tres versculos. Por ejemplo, leamos las palabras del apstol Pablo en el Arepago de Atenas; dice: "Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar (y todos son todos) que se arrepientan" (Hechos 17:30). Hay una oportunidad para todos los hombres de todo el mundo. Entonces la salvacin es para todos. Tambin lo leemos al final de la conversacin del Seor Jess con Nicodemo: "Porque de tal manera am Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unignito, para que todo aquel que en l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). Entonces, hermanos, cmo les parece? Pero a la vez de que la expiacin es para todos, es universal, sin embargo, ah est la voluntad soberana de Dios de que hemos hablado; est Su propsito eterno; de modo que nosotros no podemos irnos ni para un lado, ni para el otro. Nos iramos a transitar terrenos peligrosos. Debe haber un equilibrio entre la voluntad del hombre para ejercer su fe, y el propsito eterno de Dios. Ahora, la incredulidad de los hombres que se pierden, no es culpa de Dios. Miren lo que dice la Palabra hablando del embarazo de Rebeca, la esposa de Isaac y madre de Esa y de Jacob, Estaban todava los gemelos en el vientre de la mam; dice: "(pues no haban an nacido, ni haban hecho ni bien ni mal, para que el propsito de Dios conforme a la eleccin permaneciese no por las obras, sino por el que llama)" (Ro. 9:11). Si nos vamos a un extremo, nos vamos a una hereja; y si nos vamos al otro extremo, nos vamos a otra hereja.

Centrmonos; hay una voluntad soberana de Dios y hay tambin un propsito eterno de Dios, que es soberano, pero tambin hay una voluntad, un libre albedro en el hombre, que Dios respeta. Es un misterio, no podemos negarlo. Gloria al Seor! Dios no deja las cosas al acaso. Dios tiene un propsito eterno bien delineado en todos sus detalles, segn el designio de Su voluntad, y ah estamos incluidos nosotros; por eso nos ha predestinado con todo cuidado para salvarnos y hacer de nosotros un pueblo escogido para Sus designios. l nos tiene designado algo especial, ntimo, para l. Todo eso incluye que nos salv para ser Su morada eterna, Sus hijos, Su templo con Cristo, Su esposa, Sus co-regentes, Su familia, Su casa, y otras cosas. Dice el apstol Pablo: "En l asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propsito del que hace todas las cosas segn el designio de su voluntad" (Ef. 1:11). Y todo ese propsito no debe estar supeditado a que la salvacin que nos ha dado siga bailando en el vaivn de que hoy somos salvos y de pronto maana de pronto no lo somos. Ah vemos nosotros que hay un pero. Es para que se salve todo aquel que crea, pero hay un propsito en Dios. Sin haber nosotros hecho ni bien ni mal, ya estbamos, digamos, en alguna lista; yo pienso as a lo humano. En una lista de Dios.

La presciencia de Dios

Habla tambin la Palabra de la presciencia de Dios. La presciencia de Dios puede definirse como el atributo divino mediante el cual todas las cosas son conocidas por Dios desde el principio. Algunos dicen que l nos predestin debido a que l saba quines iban a creer; pero Dios no supedita su voluntad a un conocimiento previo de quienes iban a creer en la historia, y ya, a ellos los elijo. No. Por el atributo de la presciencia, Dios lo sabe todo, y l saba desde la eternidad quines seran los convertidos, pero debe haber un equilibrio entre la presciencia de Dios y Su acto de escogernos a nosotros antes de la fundacin del mundo (cfr. Efesios 1:4), como una manifestacin soberana del poder de Dios para realizar lo que le agrada. En la 1 Pedro 1:2 dice: "elegidos segn la presciencia de Dios Padre en santificacin del Espritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo". Tambin en Romanos 8:29 tambin habla de la predestinacin. "Porque a los que antes conoci, tambin los predestin (ese antes es antes de la fundacin del mundo) para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos". Entonces vemos que es difcil reconciliar la presciencia de Dios con Su soberana absoluta. De todas maneras vemos que nos enfrentamos aqu con un misterio divino en el cual Dios desarrolla Su voluntad soberana de manera que mantiene inviolable la prerrogativa de libre albedro implcita en el momento de la creacin del hombre a imagen de Dios.

La creacin del hombre

Bien, nosotros para poder comprender mejor la salvacin, los propsitos de Dios, tenemos que entender cmo fuimos creados, cul es nuestra constitucin. Nosotros tenemos una creacin que no fue como las dems criaturas. Nos vamos a Gnesis para ver cmo fuimos creados; vamos a ver un poquito la creacin del hombre en Gnesis 2:7. Dice as: "Entonces Yahveh Dios form al hombre del polvo de la tierra (l hizo de alfarero, tom la tierra y empez a trabajar como un alfarero e hizo el cuerpo), y sopl en su nariz aliento de vidas (as dice en el original: aliento de vidas), y fue el hombre un ser viviente". Sopl; ese aliento de vidas es el espritu, que no es del Espritu Santo; es el espritu humano que sale de Dios. All la palabra hebrea raj es viento, aliento, hlito, es el espritu. Se sabe que el espritu y la carne son entre s incompatibles, no hay, ni puede haber comunicacin entre ellos. Revela la Palabra de Dios, por ejemplo en Romanos 8, que entre el espritu y la carne no puede haber un dilogo; entonces se necesita un intermediario entre esas dos partes del hombre. Jams el espritu le da una orden directamente al cuerpo; tiene que ser a travs de un intermediario que administre.

Entonces ya podemos entender qu sucedi en Gnesis cuando Dios sopl el aliento de vidas; al contacto entre el espritu y el cuerpo, la fusin entre el espritu y la carne, la tierra, ese envoltorio de tierra, dice que ocurri algo, dice que el hombre fue un ser viviente. Esa palabra ser viviente es la palabra hebrea nephesh, que traduce alma; o sea que el hombre es un alma viviente. El alma viviente es la sede de la personalidad del hombre. Un ser totalmente diferente, porque all en el captulo 1 de Gnesis dice que el Seor hizo al hombre a su imagen y semejanza, o sea que era diferente a todas las criaturas vivas de la tierra. Tena un espritu que ningn ser tena; un espritu semejante al espritu de los seres angelicales, que ningn ser inferior lo tiene. Adems de eso se le forma un alma que es parecida a un alma de los animales, si me perdonan la redundancia. Por eso se les llama animales, pero nuestra alma es superior porque nuestra alma tiene rasgos de Dios, puede razonar, puede pensar, tiene su individualidad, toma decisiones, posee sentimientos especiales, porque en el alma est el centro de nuestro yo. Nosotros tenemos un intelecto en el alma, tenemos sentimientos en el alma, tenemos una voluntad en el alma que no lo tienen los animales. Los animales poseen instintos. Entonces as se form el alma.

Las tres partes del hombre

Cuando el hombre cay, hubo un desnivel en el hombre. Es como si el hombre hubiera sufrido una hecatombe. Vemos, pues, que al ser creado, su cuerpo del polvo de la tierra, el espritu soplado por Dios, y luego el alma al haber la fusin, en el hombre haba una nivelacin entre todas sus partes. Se nivelaron, digamos, esos tres rganos del hombre: cuerpo, alma y espritu eran iguales. Auque el espritu era quien daba las rdenes, sin embargo, el alma reciba las rdenes y las trasmita al cuerpo como intermediaria, pero no haba ningn desacuerdo. Se puede decir que ninguno de los tres superaba, descollaba, pues haba una maravillosa armona entre el espritu, el alma y el cuerpo en el hombre. Ahora se estilan unos diagramas, sobre todo en las estadsticas o las encuestas, o en los factores de produccin, para ver las diferencias o las nivelaciones de los parmetros. As se podra intentar realizar uno para las partes del hombre, antes de la cada, cuando el alma, el cuerpo y el espritu estaban nivelados, y para el desnivel despus de la cada. Pero cuando el hombre cay, hubo una muerte en el espritu, hubo un bajn en el espritu, entonces el alma fue inflada y el alma empez a hacer cosas que lo apartaron de Dios. El alma, en cambio de estar bien con el espritu, empez a inflarse, a independizarse y a obedecer las necesidades del yo, del cuerpo, de lo que es el mundo y las concupiscencias de la carne.

El hombre, pues, y lo dice San Pablo en 1 Tesalonicenses, tiene tres partes. "23Y el mismo Dios de paz os santifique por completo (o sea que la santificacin debe ser integral, en las tres parte), y todo vuestro ser, espritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible (o sea que no tenga nada de qu ser reprendido) para la venida de nuestro Seor Jesucristo. 24Fiel es el que os llama, el cual tambin lo har" (2 Tes. 5:23-24). Est bien claro, que nosotros estamos constitudos por esas tres partes. Somos seres tripartitos.

Y tambin en Hebreos 4:12 la Palabra de Dios menciona las tres partes del hombre en otra forma. Dice: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y ms cortante que toda espada de dos filos; (a veces nosotros vivimos en el alma, pensamos en el alma, tomamos decisiones con el alma, o experimentamos sensaciones con el alma y creemos que es del espritu. Entonces debemos tener una claridad de que lo que es del alma es del alma y lo que es del espritu es del espritu, especialmente nosotros que somos creyentes) y penetra hasta partir (hasta dividir) el alma y el espritu, (debe haber una divisin, debe haber una claridad porque lo que es del alma es del alma y lo que es del espritu es del espritu) las coyunturas y los tutanos, (ya es del cuerpo) y discierne los pensamientos (que son del alma) y las intenciones (que tambin son del alma aunque ah dice corazn) del corazn".

La connotacin bblica de corazn es lo que comprende toda el alma con sus diferentes funciones, ms la conciencia del espritu, porque el alma hace parte del corazn. El corazn piensa, porque el alma hace parte del corazn. El corazn toma decisiones, porque es una funcin del alma. Cuando dice alguien: Te quiero con todo mi corazn, es el alma. O te odio, o estoy triste, mi corazn est triste. Dice el apstol Juan: "Amados, si nuestro corazn no nos reprende, confianza tenemos en Dios" (1 Juan 3:21). Y lo dice as debido a que en el corazn tambin est la conciencia del espritu, en el cual mora Dios y nos habla.

El espritu humano tiene tres partes:

La parte que decide lo que est mal o bien, es la conciencia; la conciencia misma te dice: Cuidado!, o puedes caminar hacia all, o no lo hagas. por qu? Porque la conciencia recibe informacin de otra parte del espritu que se llama intuicin, que no es del conocimiento tuyo en el alma porque te dicen cosas, porque piensas cosas, porque escuchas y conoces. No; son conocimientos diferentes que vienen de Dios. Esos conocimientos que uno recibe por la intuicin del espritu tambin las participa el alma para que nos controle con la conciencia. Y la tercera parte del espritu es la adoracin o comunin. A Dios hay que adorarlo en espritu y en verdad. Muchas veces nosotros lo estamos adorando en el alma y nos sentimos muy contentos en el alma y pensamos que lo estamos adorando en el espritu. Entonces miren la diferencia que hay entre el alma y el espritu, que son dos cosas muy diferentes.

La creacin especial de la mujer

Hay algo que quisiera decirles all en Gnesis con relacin a la creacin de la mujer. Primero dice la Palabra de Dios en Gnesis 1:27 en forma general que Dios cre al hombre en el sexto da, incluyendo la creacin de la mujer dentro del contexto de la creacin del hombre. "Y cre Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre; varn y hembra los cre". Pero luego en el captulo 2, el texto sagrado explica con detalles la formacin del hombre y luego de la mujer, que era necesario para poder entender luego algunas cosas sobre la cada. l mismo cre a Adn; l mismo le sopl aliento de vidas, le dio espritu y se form el alma. Pero la creacin de la mujer no fue as. La creacin de la mujer fue de algo tomado de Adn. Dice en Gnesis 2:18: "Y dijo Yahveh Dios: No es bueno que el hombre est solo; le har ayuda idnea para l". Y luego dice: " 21Entonces Yahveh Dios hizo caer sueo profundo sobre Adn, y mientras ste dorma, tom una de sus costillas, y cerr la carne en su lugar. 22Y de la costilla que Yahveh Dios tom del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23Dijo entonces Adn: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; sta ser llamada Varona, porque del varn fue tomada. 24Por tanto, dejar el hombre a su padre y a su madre, y se unir a su mujer, y sern una sola carne" (G. 21-24). Por qu estamos leyendo esto?

Dios es Espritu, y Dios le dio al hombre su espritu al momento de soplarle aliento de vidas. Entre la carne y ese aliento de vidas, al recibir el hombre el espritu y tocar el cuerpo, se form el alma. Dios no tiene alma; solamente la tiene Jess en Su humanidad; ahora mismo el Seor Jess tiene alma humana; pero Dios como Padre, en ese tiempo no tena alma. Entonces vemos ahora que la mujer es hecha de Adn, de una persona que s tiene alma. Qu significa eso? Que por las caractersticas y origen de su creacin, la mujer se alej un poco de la exactitud de la imagen de Dios, para acercarse ms a la imagen de Adn; tena ms fuerza en ella haber salido de su esposo, y eso contribuy a que en ella hubiese ms fuerza del alma. De ah que en la mujer funcione un poco ms la imaginacin que en el hombre; la mujer es ms emotiva; y toma decisiones ms apresuradas, pensndolo menos. La mujer es ms controlada por sus emociones y sus vanidades, porque es ms almtica que el hombre, y es ms curiosa. Estas aseveraciones respecto de la mujer incidieron en la cada del hombre en el Jardn del Edn.

La cada del hombre

Analicemos un poco lo de la cada del hombre, tomando el texto de Gnesis 3:"1Pero la serpiente era astuta, ms que todos los animales del campo que Yahveh Dios haba hecho; la cual dijo a la mujer: Conque Dios os ha dicho: No comis de todo rbol del huerto?" Parece ser que la serpiente en ese tiempo tena una apariencia diferente a la repugnante que hoy luce. En ese tiempo es posible que tuviese alas, era erguida, erecta y de apariencia hermossima. Era uno de los animales ms hermosos que haba. No se arrastraba; se vino a arrastrar despus que recibi la maldicin (v. 14). Parece que luca unas hermosas y relucientes escamas doradas, y todo hace pensar que en ese tiempo haba una especie de comunicacin entre el hombre y los animales, especialmente con la serpiente. Y eso se desprende debido a que en el texto bblico no vemos que Eva se haya sorprendido de que una serpiente le hablara. De manera que este animal era muy llamativo. Entonces vemos que la us Satans, el prncipe rebelde, para hablarle a la mujer. Us ese medio para no despertar sospechas.

Pero, qu estaba haciendo la mujer por ah solita? Se desprende que la mujer, en vez de estar al lado de su esposo, ayudndole en sus tareas que el Creador les haba encomendado, se fue por ah toda curiosa buscando ese rbol cuyo fruto Dios les haba prohibido comer. Porque Dios les haba dicho: "16De todo rbol del huerto podrs comer (aun del rbol de la vida, que estaba en medio del huerto); 17mas del rbol de la ciencia del bien y del mal no comers; porque el da que de l comieres, ciertamente morirs" (G. 2:16-17). Esta advertencia se la hizo Dios al hombre por amor. Seguramente aquello le qued sonando en el pensamiento a Eva, y se fue por ah conociendo bien las cosas, y se fue acercando al rbol del fruto prohibido. Qu tendr de extrao ese rbol? De pronto lo haca con muy buena intencin, pero con esa curiosidad propia de la mujer; y ese era el preciso momento y la ocasin propicia que necesitaba Satans para acercarse a Eva en forma de serpiente, dicindole: "Conque Dios os ha dicho: No comis de todo rbol del huerto?" La serpiente le inyect una verdad cargada de mentira, o una tergiversacin de la verdad. Le hizo una pregunta sutil llena de picarda. Con qu objetivo lo haca? Para trabajarle la mente, al intelecto. Eso es lo primero; de ah a pasar a los sentimientos y a la voluntad, es un paso.

Ella, con su curiosidad, mirando al atractivo rbol, no se sorprendi de la intervencin de la serpiente, por lo que explicamos arriba. Entonces empez el diablo a trabajarle en su alma, no en el espritu, comenzando por la mente, para luego poder dominar su voluntad. Y sigue diciendo el relato sagrado: "2Y la mujer respondi a la serpiente: Del fruto de los rboles del huerto podemos comer (bueno, hasta ah estaba bien); 3pero del fruto del rbol que est en medio del huerto dijo Dios: No comeris de l, ni le tocaris, para que no muris". Aqu aparece una mentira de Eva; ya su mente estaba afectada. Dios no haba dicho que no se tocara el rbol, ni tampoco "para que no muris", pues con eso estaba ablandando el castigo. Dios haba dicho: "El da que de l comieres, ciertamente morirs". El astuto de Satans le estaba trabajando a la mujer en su mente, inyectndole duda, ablandamiento, mentiras mezcladas con verdad. Otra cosa, por qu Satans no fue a tentar directamente a Adn? Si l hubiese ido directamente donde Adn, es posible que Adn hubiese cado; no vamos a decir que no; pero ese trabajo de la cada no hubiera sido tan fcil, y adems hubiese quedado incompleto, pues el hombre es integral: hombre y mujer; y entonces, despus de haber cado Adn, la mujer hubiera comido del fruto prohibido, no voluntariamente sino por obediencia al marido. Ah no hubiera habido cabal culpabilidad; de modo que todo lo concerniente a la tentacin y la cada no huera sido perfecto. Satans, pues, saba lo que convena hacer.

"4Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriris (ah la serpiente estaba calumniando a Dios y tildndolo de mentiroso); 5sino que sabe Dios que el da que comis de l, sern abiertos vuestros ojos, y seris como Dios, sabiendo el bien y el mal". Como diciendo: Dios es egosta, y algo est escondindoles a ustedes, pues l est temiendo que ustedes se conviertan en posibles rivales frente a l, y eso lo trata de evitar a toda costa. Eso es lo que Satans le estaba inoculando en la mente a la mujer. "6Y vio la mujer que el rbol era bueno para comer (concupiscencia de la carne [cfr. 1 Juan 2:16]), y que era agradable a los ojos (concupiscencia de los ojos), y rbol codiciable para alcanzar la sabidura (vanagloria de la vida); y tom de su fruto, y comi; y dio tambin a su marido, el cual comi as como ella".

Ntese que Satans tambin tent al Seor usando esas tres motivaciones. Eso se puede ver en Lucas 4 y Mateo 4: Concupiscencia de la carne: "3Vino a l el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, d que estas piedras se conviertan en pan". Concupiscencia de los ojos: "5Entonces el diablo le llev a la santa ciudad, y le puso sobre el pinculo del templo, 6y le dijo: Si eres Hijo de Dios, chate abajo; porque escrito est: A sus ngeles mandar acerca de ti, y, en sus manos te sostendrn, para que no tropieces con tu pie en piedra". Vanagloria de la vida: "8Otra vez le llev el diablo a un monte muy alto, y le mostr todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9y le dijo: Todo esto te dar, si postrado me adorares".

Entonces ese veneno fue sembrado en el hombre desde ese momento hasta el da de hoy. "6Y vio la mujer que el rbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y rbol codiciable para alcanzar la sabidura; y tom de su fruto, y comi; y dio tambin a su marido, el cual comi as como ella". El hombre tiene la tendencia a estar buscando lo prohibido; pero nosotros los hijos de Dios debemos hacer todo lo contrario, alejarnos de lo prohibido y de lo que encierre tentacin y peligro para nuestra comunin con el Seor. El caso es que cuando Eva lleg hasta donde estaba su esposo, ella le ofreci y l comi de aquel fruto, sabiendo perfectamente lo que estaba haciendo. Aunque Pablo le dice a Timoteo: "13Porque Adn fue formado primero, despus Eva; 14y Adn no fue engaado, sino que la mujer, siendo engaada, incurri en transgresin" (1 Ti. 13,14), sin embargo, Adn comi consciente y voluntariamente. Por qu lo hizo? Porque amaba a su mujer ms que a l mismo. A lo mejor le tendra un amor rayano en la idolatra, y por amor a ella pec voluntariamente.

En el momento en que Adn pec, su espritu sufri la prdida de la presencia de Dios; Dios se separ de l, y muri el hombre espiritualmente; entonces su alma empez a experimentar un desarrollo espectacular, inusitado y lleg a ser el yo del hombre, su ego, el centro de su personalidad y de sus determinaciones. El alma empez entonces a llevar al hombre a independizarse de Dios. Hoy la humanidad est siendo manejada, guiada, por las fuerzas del alma bajo los parmetros de los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Ese es nuestro trasfondo, y de all nos ha sacado el Seor, y nos est libertando por completo; ese es Su deseo a fin de que le podamos servir al Seor. El Seor Jesucristo tambin experiment muchos sufrimientos para poder realizar la obra del Padre. Para poder caminar con Cristo, nosotros tenemos que pedirle con valor y con valenta que l haga una renovacin total en nuestra alma.

Luego de la cada, y en medio de las maldiciones, vemos la primera promesa del Salvador. Le dice Yahveh Dios a la serpiente: "Y pondr enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; sta te herir en la cabeza, y t le herirs en el calcaar" (G. 3:15). All se predice el conflicto de las edades entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente. Empieza una gran guerra, un gran conflicto en la historia, entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente; conflicto que tendr vigencia hasta la venida del Seor Jesucristo a reinar.

Simbologa de Israel con la Iglesia

Con el tiempo la humanidad se satur tanto de maldad, que Dios tuvo que acabar esa cultura por medio de un diluvio universal; pero la humanidad sigui sus propios derroteros, y para dar testimonio de Dios y para que naciera y encarnara el Salvador prometido, fue creada la nacin de Israel, la cual fue liberada (salvada) de su esclavitud en Egipto. Dios tena que darle cumplimiento a Sus propsitos eternos y la cada del hombre no lo iba a detener. Todo lo que le ocurre a Israel en el Antiguo Testamento, su liberacin (salvacin) de Egipto, su caminar por el desierto hasta ocupar la tierra prometida; su tratamiento reflejado en las jornadas por el desierto (cfr. Nmero 33), la toma de la tierra en tiempos de Josu, su idolatra en el reino y desobediencia a Dios, los cautiverios y el regreso del remanente desde Babilonia para la reconstruccin del templo y restauracin de la nacin, ocurre para nuestro ejemplo, como una simbologa de lo que est ocurriendo en la Iglesia; y eso comienza desde que Israel fue liberado de Egipto por la mano de Moiss.

Ntese que fueron millones de hebreos los que fueron liberados, y cuando en el desierto algunos de ellos fallaron y pecaron, ninguno de ellos fue devuelto a Egipto (el mundo), a hacer de nuevo ladrillos al Faran; sino que all recibieron el castigo o la disciplina merecida por lo que haban hecho. Nadie dej de ser del pueblo de Dios. Claro, muchos no entraron en la tierra prometida, como muchos de la Iglesia no entrarn en el reino milenial con el Seor, sino que quedaron en el desierto; pero nadie volvi a la esclavitud. Hay hermanos que no son dignos de caminar con Cristo, o que no quieren caminar con l, aunque no pierden su salvacin. Seguimos siendo hijos de Dios, pero quien no pase ahora por un proceso de transformacin, no podr disfrutar del Seor, sino despus de seer tratado y apto para vivir con l y gozar de Su presencia. Nosotros, el da que recibimos la salvacin, empezamos a ser hijos de Dios eternamente. Entonces hay hijos de Dios que caminan con Cristo, y otros que no. En la Iglesia hay vencedores, y otros que no lo son. Hay una diferencia que estaremos estudiando en los prximos captulos. No podemos adelantarnos ahora a fin de que no haya confusin.

En la plenitud de los tiempos

Luego en Israel nace el Salvador en la plenitud de los tiempos; en tiempos del emperador romano Augusto Csar, y crece como hombre en un hogar de Nazaret de Galilea, trabaja como carpintero, se bautiza a los treinta aos de edad y desarrolla su ministerio por tres aos y medio, y lleva a cabo Su obra en la cruz en tiempos del emperador romano Tiberio Csar, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y siendo sumos sacerdotes Ans y Caifs. All en Jerusaln entrega su vida por nosotros, para darnos vida eterna; pero resucita al tercer da, y asciende en gloria a los cuarenta das despus de resucitar, y se sienta a la diestra del Padre. Desde all es enviado por el Padre y el Hijo, el Paracleto, el Espritu Santo para que se encargara de venir a morar en todos los que creyeren, a traernos la vida de Dios, y aplicar en nosotros todo lo que el Hijo logr en la cruz del Calvario, en cumplimiento y realizacin del plan eterno del Padre.

Una vez que el Espritu Santo mora en nosotros, en nuestro espritu. es cuando experimentamos la gracia del perdn de nuestros pecados, y somos justificados ante Dios; es tambin cuando empezamos a experimentar la gracia de la liberacin del pecado, y empieza en nosotros a progresar la santificacin y renovacin de nuestra alma.

2. Algunos conceptos implicados en la salvacin

Por Arcadio Sierra Daz - 13 de Febrero, 2007, 14:08, Categora: General

Captulo 2

ALGUNOS CONCEPTOS

IMPLCITOS EN LA SALVACIN

Un captulo parenttico

Es nuestra oracin que el Seor nos ilumine por Su gracia en el sentido de que estas enseanzas sean lo ms sencillas posibles, centrndonos en el aspecto de la salvacin como un regalo de Dios, que nosotros recibimos inmerecidamente, y que como regalo, la salvacin es incondicional. Yo tena hace tiempo el deseo de exponer estas cosas; pero el otro da el Seor me dio una confirmacin, pues bamos por all por la Avenida Rojas Pinilla con el hermano Alejandro Pacheco, y delante de nosotros de pronto vimos un camioncito de esos que tienen un dispositivo como en forma de caballete propio para publicidad; no pudimos ver a qu cosa le daban la publicidad, pero en la parte trasera, en letras rojas bien grandes, deca: "LA SALVACIN NO SE PIERDE". Eso me alegr muchsimo y sent muy profundamente como una confirmacin del Seor respecto de mi carga por esta enseanza.

La vez pasada estuvimos viendo acerca de cmo fue creado el hombre, un ser de una unidad pero compuesto de tres partes. Estuvimos viendo cmo cay, y estuvimos diciendo que desde toda la eternidad Dios hizo la provisin para salvar al hombre y poder ejecutar la motivacin por la cual cre todo lo que vemos para poder tener un ambiente propicio para la vida del hombre sobre la faz de la tierra. Entonces quiso salvarlo para l llevar a cabo ese propsito. De manera que hoy vamos a seguir el estudio de la salvacin, pero vamos a ver algunos conceptos involucrados dentro de la salvacin, a la manera de un captulo parenttico. Vamos a ver cmo, en el propsito de Dios, se desarrollan esos conceptos que tienen que ver con la salvacin. Esto tratamos de adelantarlo con la suficiente sencillez como para que logre la comprensin de todos nuestros hermanos. Hoy vamos a ver los aspectos ms fundamentales que se relacionan con nuestra salvacin, que estn incluidos e involucrados dentro de la esencia misma de la gran obra de Dios a favor de nosotros por medio de Su Hijo y aplicada por Su Santo Espritu. Todo eso est registrado en la Palabra, dentro del hecho portentoso de Dios para salvarnos. Hay una concatenacin de esos conceptos, de tal manera que el uno depende del otro.

La Propiciacin

Lo primero que surge en la Palabra de Dios es la propiciacin. De la propiciacin se desprende la redencin; de la redencin sale la justificacin, y de la justificacin, la liberacin. Entonces en ese orden vamos a ver primeramente un poquito sobre la propiciacin. Lo vamos a ver usando muy poquitas citas bblicas por causa del tiempo y del propsito mismo del presente estudio. Veamos Romanos 3:24,25, donde aparecen las primeras etapas de la salvacin. Dice: "24Siendo justificados gratuitamente por su gracia (miren, hermanos, cmo nuestro deseo es destacar la revelacin bblica de que la salvacin es un regalo de Dios, que no se pierde. Aqu dice que es gratuitamente y no tenemos nosotros que comprar, que hacer; es gratuita, es un hecho de Dios) mediante la redencin que es en Cristo Jess". Dios puso a Su Hijo como propiciacin. Ah lo dice al revs, pero la una sale de la otra. Dice: "24Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redencin que es en Cristo Jess, 25a quien Dios puso como propiciacin por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados". Fjense que pascua significa pasar por alto. En Egipto el ngel vea la sangre en las puertas de las casas y pasaba; no hera de muerte al primognito.

Qu significa propiciacin? Es la accin y efecto de propiciar. Alguien est duro, tiene endurecido su corazn, porque est enemistado o enojado con otro; los separa un pleito, una enemistad; entonces una de las partes empieza un proceso de entendimiento, hay una disposicin a ablandarse, y empieza un acercamiento. Eso es propiciar, ablandar, aplacar la ira de alguien para que sea favorable, para que sea benigno, para que sea propicio. Ojal que el corazn de alguien se ablande, o sea que sea propicio. S propicio t, Seor; ablndate el corazn; ya no ests enojado conmigo, haz algo por m. S que t ests enojado conmigo, y tienes razn de estarlo; pero t eres misericordioso y puedes ablandarte un poco. Haz t lo quieras hacer conmigo, pero sme propicio.

"Y l (Jesucristo) es la propiciacin por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino tambin por los de todo el mundo" (1 Juan 2:2). De ah, hermanos, que la tapa del arca del Antiguo Testamento se llamaba propiciatorio. Por qu? Porque en el propiciatorio era vertida la sangre de animales que eran sacrificados en sustitucin de los oferentes, por sus pecados; se ofreca la sangre de animales inocentes; eso propiciaba el perdn. En el propiciatorio se ve que hay una obra, un derramamiento de sangre, hay una muerte; porque Dios, sabiendo que el pecado no se cubra si no haba derramamiento de sangre y si no haba muerte, exiga que deba morir alguien. Si yo la pago, debo morir, pero si yo me muero, no veo jams a Dios. Dios determin, pues, desde toda la eternidad, morir por m en la persona de Su Verbo. l fue propicio dando a Su Hijo para que pasara por un proceso de encarnacin, un proceso de vida humana, un proceso de ir a la cruz, un proceso de derramamiento de su propia sangre y muerte expiatoria, y luego resucitar. Por eso la propiciacin se relaciona con la sangre.

Hermanos, a veces nosotros contemplamos solamente el dolor fsico del Seor en la cruz, su llaga; claro, derram su sangre, pero no solamente fue el sufrimiento de l en la parte fsica; tambin fue el sufrimiento de l en Su alma. Una semana antes de la pasin, deca: "Ahora est turbada mi alma" (Juan 12:27); y ya la noche en que iba a ser prendido, dijo: "Mi alma est muy triste, hasta la muerte" (Mr. 14:34). Imagnense ustedes antes de ser prendido, cuanto ms con esas fiebres altsimas; sus manos y sus pies traspasados en ese madero, con unos horrendos calambres, ya anmico, muriendo por nosotros. Ese es el precio, la propiciacin.

Expiacin

Cuando uno lee propiciacin en el Antiguo Testamento, es lo mismo que expiacin en el Nuevo Testamento. Tengamos presente que propiciacin y expiacin es lo mismo. Una palabra viene del hebreo y otra viene del griego, pero es lo mismo; expiacin. La propiciacin se relaciona con la sangre. Cuando aquel publicano dijo: "Dios, s propicio a m, pecador" (Lc. 18:13), cmo iba Dios a ser propicio? Dicindole sencillamente: Te perdono? No. Eso ira en contra de la justicia de Dios. La justicia de Dios tena que ser satisfecha. Alguien tena que cargar con el correspondiente castigo. Entonces, no pudiendo el hombre hacerlo, el castigo tena que recaer en el propio Hijo de Dios, derramando Su sangre. Qu es, pues, expiacin? Es la accin y efecto de borrar la culpa, purificarse de ellas por medio de algn sacrificio, por la acin del derramamiento de sangre de algn sacrificio, pero no del mo ni de otra criatura. Ninguna criatura poda morir por m. Solamente el sacrificio de Cristo me serva.

El verbo expiar, que lo podemos encontrar all mismo en Hebreos 2:17, viene de la palabra griega hilaskomai, propiciar, hacer propicio, ofrecer reparacin a satisfaccin. Est relacionada con la palabra hebrea kipper, que significa piel. La piel es la que cubre nuestro cuerpo. De ah viene la frase Yom Kipur, da de la expiacin, que se celebraba en los primeros das de octubre, cuando entraba el sumo sacerdote a derramar la sangre de los animales sobre el propiciatorio en el Lugar Santsimo del Tabernculo. Cuando haba derramamiento de sangre, entonces haba un cubrimiento. En el Antiguo Testamento los pecados eran cubiertos por la piel, o sea, por la sangre. En el Nuevo Testamento los pecados no son cubiertos sino quitados. Dice Juan Bautista del Seor: "He aqu el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Ahora no son cubiertos los pecados, ahora son quitados; El Seor los quita eternamente de nosotros cuando creemos. Entonces propiciar es hacer propicio, ofrecer una reparacin, una satisfaccin. Pero nada satisface la justicia de Dios, sino que se haya derramado la sangre. Ninguno de nosotros poda ofrecerse porque estamos manchados delante de Dios. Solamente el sacrificio de Su propio Hijo era acepto.

En la expiacin van, entonces, involucrados tres elementos:

1) la idea de tapar; cubrir, de kipper (piel), que, como ya dijimos, es la connotacin veterotestamentaria; tapar o expiar;

2) la idea de reconciliacin, que estaremos considerando con ms detalle ms adelante, y

3) la idea de sustitucin. Dice Isaas 53:5: "Mas l herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre l, y por su llaga fuimos nosotros curados".

Podemos resumir diciendo que el sacrificio expiatorio de Cristo propicia a Dios y lo reconcilia con el hombre. "Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho ms, estando reconciliados, seremos salvos por su vida" (Ro. 5:10).

La Redencin

Entonces una vez que es provisto el sacrificio, el precio, lo que viene a ocurrir es que se efecta la redencin. Qu es redencin? Es rescatar, pagar el precio; es comprar algo que estaba en manos de otro, que t vendiste mal vendido, que t empeaste. Cuando empeas algo, como no vayas a tiempo a rescatarlo, a redimirlo, lo pierdes. Pero si t vas con el valor estipulado, entonces te lo devuelven. Ahora est muy de moda en nuestro pas el secuestro; una persona secuestrada, entonces sus captores demandan el pago de un rescate. El rescate es, pues, el precio es la propiciacin, y el acto de la liberacin, es la redencin. Eso es lo que ha hecho el Seor Jess con nosotros. Mediante la expiacin se tapaba, como dijimos, pero ahora se quita el pecado, se reconcilia. Antes ramos enemigos de Dios; el hombre cay en pecado y empez a huir de Dios. Dios buscando al hombre, y el hombre huyendo de Dios. Pero viene el sacrifico de Cristo mediante la propiciacin y mediante la redencin y ocurre lo que se llama la reconciliacin. Nosotros todos ramos reos de muerte, y esos vnculos que antes nos unan con Dios fueron rotos; pero Dios es propicio y se abre para nosotros nuevas esperanzas desde el cielo; todos los obstculos empiezan a ser quitados. Y no slo eso, sino que, cuando ya se efecta la expiacin mediante Cristo, Dios empieza a destruir los muros que nos dividen a los hombres. All en Efesios 2:14-16 dice que Dios quita la pared intermedia que divida a los judos y a los gentiles, y de los dos pueblos hace uno solo. O sea que hay una reconciliacin del hombre con Dios y del hombre con el hombre; y empiezan a derribase los lmites, las fronteras, y Dios est haciendo de la Iglesia una sola nacin, vengan de las etnias que vengan; porque hay un hecho divino que se llama la reconciliacin, que tiene que ver con la redencin.

De manera que el sacrificio expiatorio de Cristo, propicia a Dios y lo reconcilia con el hombre. Luego, podemos ver la redencin en Romanos 8:23 que dice as: "Y no slo ella, sino que tambin nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espritu, nosotros tambin gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopcin, la redencin de nuestro cuerpo". Hay que tener en cuenta que las tres partes del hombre deben ser salvas; despus ms adelante miraremos con detenimiento los tres tiempos de nuestra salvacin; pero el cuerpo es tan importante, como el espritu y el alma, incluso dice Pablo en la 1 Corintios 3:16: "No sabis que sois templo de Dios, y que el Espritu de Dios mora en vosotros?". Vuestro cuerpo es templo de Dios, y ese cuerpo para el Seor es un templo. Tambin en 1 Corintios 6:19,20 podemos verlo. Dice as: "19O ignoris que vuestro cuerpo es templo del Espritu Santo, el cual est en vosotros, el cual tenis de Dios, y que no sois vuestros? 20Porque habis sido comprados por precio (S ven? Ah est incluida la redencin); glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espritu, los cuales son de Dios". Esta ltima frase, "y en vuestro espritu, los cuales son de Dios", no est en los manuscritos ms antiguos, pero algn copista los meti porque es verdad. El versculo llega hasta vuestro cuerpo; pero es una verdad que se encuentra escrita. Nosotros somos redimidos, y eso viene a partir de la propiciacin de Dios. La propiciacin no es de nosotros es de Dios, a l se le abland el corazn.

La sustitucin

La redencin, tiene ntimamente que ver con la sustitucin. El sacrificio de Cristo es vicario. l muri por nosotros, luego nosotros morimos con l. Por favor, leamos Isaas 53, porque ah dice claramente que es un sacrificio sustitutorio o vicario. En Isaas 53:5 dice la Palabra: "Mas l fue herido pro nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, (no por los de l, porque l nunca fue rebelde ni nunca pec) el castigo de nuestra paz (esta versin est un poco mal, hecha con inexactitud; es el castigo que recay sobre l para que nosotros tengamos paz) fue sobre l, (para que nosotros vivamos en paz fue l castigado) y por su llaga fuimos nosotros curados". Se refiere a la llaga del Seor. Entonces, una vez que ha habido propiciacin o expiacin y por la propiciacin, la redencin, entonces ya somos justificados.

La Justificacin

Qu es justificacin? Es un acto jurdico de Dios por el cual nos declara a nosotros inocentes. Pero no nos declara inocentes sin que nada ocurra, sino que nuestra culpa es imputada al verdadero inocente, que es Su Hijo, y viceversa, la inocencia de l, a nosotros. Se acredita la justicia de Cristo a la cuenta del creyente. La justificacin tiene relacin con la absolucin. "5Mas l herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre l, y por su llaga fuimos nosotros curados. 11Ver el fruto de la afliccin de su alma, y quedar satisfecho; por su conocimiento justificar mi siervo justo a muchos, y llevar las iniquidades de ellos" (Is. 53:5,11).

Cuando un juez declara a una persona inocente, esa persona es justificada ante la ley; ya queda a paz y salvo con la justicia. Entonces nosotros delante de Dios por la obra vicaria de Cristo, la redencin, ya lo entendemos as, somos justificados y estamos a paz y salvo, y como dice "el castigo fue sobre l", es que ya estamos justificados delante de Dios. Dios propici, Dios nos redimi, Dios nos regener, Dios nos justific, Dios nos salv, es una obra totalmente de Dios, por Su voluntad, y les digo una cosa, no es una blasfemia lo que voy a decir: ahora ni Dios nos quita la salvacin, pues eso una contradiccin para con l mismo, y Dios no se contradice. La salvacin de Dios para con nosotros es un regalo, es un hecho histrico que ha hecho Dios por medio de Su Hijo, es algo eterno que l ha hecho con nosotros. "Al que no conoci pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fusemos hechos justicia de Dios en l" (2 Co. 5:21). Nos confiere a nosotros ahora tomar las cosas del Seor con seriedad, mayormente nuestra salvacin. Le pido al Seor que nos d cada da ms seriedad para con l; que los que estamos ahora frente a Dios podamos realmente valorar y vivir lo que l ha puesto en nuestras manos. Esto es algo muy serio. Bendito el nombre del Seor. Lemoslo en la epstola de Pablo a los Romanos: "21Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en l. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y estn destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redencin que es en Cristo Jess, 25a quien Dios puso como propiciacin por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados" (Ro. 3:21-25). "El cual (el Seor Jess) fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificacin" (Ro. 4:25).

Entonces nosotros hemos sido justificados, acto judicial que Dios ha hecho por nosotros, pero por la obra de su propio Hijo. Ah en Romanos 4:6-8 lo podemos leer: "Como tambin David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas". Porque ya hubo un proceso con Su Hijo. Es bienaventurado aquel a quien el Seor perdona sus iniquidades. Por qu? Cmo se logra eso? Por fe. Creyendo en la obra del Hijo de Dios. "Y ser hallado en l (en el Seor Jesucristo), no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe" (Fil. 3:9). A nosotros se nos atribuye la justicia, se nos justifica y a Cristo, entonces, l llev nuestra culpabilidad, nuestros pecados en la cruz del calvario.

All en la 1 de Corintios 1:30 dice: "Mas por l estis vosotros en Cristo Jess, el cual nos ha sido hecho por Dios (Dios lo hizo as) sabidura, justificacin, santificacin y redencin". Ningn ser humano puede justificarse con buenas obras. Ninguno. Nadie es suficientemente bueno para llegar al cielo por su propia cuenta Nadie, ni el ms santo, ni el ms perfecto, sino a travs de la justificacin en Cristo Jess por su obra. No hay otra manera de hacerlo. "5As tambin aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra" (Ro. 11:5-6).

En Glatas 2:21 dice as: "No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por dems muri Cristo". Y la ley, nosotros la hemos cumplido porque Cristo la cumpli por nosotros. As de sencillo. Lo entienden, hermanos? Por qu decimos que si Cristo cumpli la ley por m, entonces yo ya la cumpl? Pues sencillamente si l la cumpli por m, entonces yo la cumpl, si l ya pag por m, entonces yo ya pagu; si l resucit por m, yo ya resucit. Todo lo que l es, todo lo que l est haciendo, es porque vino a morar en m por Su Espritu. Entonces todo lo que l es y todo lo que ha hecho, yo, en realidad lo vivo. Puedo decir, yo lo hice. Hay que recibirlo, y hay que vivirlo as.

Entonces, hermanos, la base de la justificacin es la obra expiatoria de Cristo all en el Glgota; es la nica base. No se nos olvide eso jams eso. "Ahora, pues, ninguna condenacin hay para los que estn en Cristo Jess, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espritu" (Ro. 8:1). En Romanos 5:9, esa gran carta de Pablo, dice: "Pues mucho ms, estando ya (lo dice en tiempo pasado) justificados en su sangre, por l seremos salvos de la ira". Por l y solamente por l. Gloria al Seor!

La Reconciliacin

Una vez salvos mediante la propiciacin, la redencin y la justificacin, lo que viene ya es la reconciliacin con Dios; as nosotros entramos en una etapa de amistad con Dios. El mundo no conoce a Dios; el mundo es enemigo de Dios. El hombre pec y sali huyendo de Dios, pero con Cristo, hemos vuelto a ser amigos de Dios, quien nos ha dado el poder de ser hechos hijos de l. Nosotros los creyentes no dejamos jams de ser hijos de Dios. No dejamos de tener nuestra salvacin eterna. Pero si pecamos, lo que se corta es la comunin con nuestro Padre. El pecado corta la comunin con Dios, no la salvacin; pues no deja la persona de ser un hijo de Dios. Ahora, es muy fcil reanudar la comunin con el Seor: ya est hecha la obra en la cruz; vaya delante del Seor y pdale perdn; y adems pdale fortaleza para no volverlo a hacer. Una vez perdonado, se reanuda la comunin, pues ya estamos reconciliados con l mediante Jesucristo, quien tambin es nuestro abogado delante del Padre. Hay muchos textos en la Biblia, pero hay uno muy atractivo, que es 2 Corintios 5:17-19. "17De modo que si alguno est en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aqu todas son hechas nuevas. 18Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcili consigo mismo por Cristo, (todo viene de Dios; l mismo nos reconcilia y no lo hace porque nosotros hayamos obrado bien, sino por Su Hijo, por la obra de Su Hijo) y nos dio el ministerio de la reconciliacin; 19que Dios estaba con Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomndoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encarg a nosotros la palabra de la reconciliacin". A nosotros. Dice la Palabra de Dios que nosotros somos reconciliados con Dios:

1) Por la muerte de Su Hijo

"1Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Seor Jesucristo; 2por quien tambin tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho ms, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. 11Y no slo esto, sino que tambin nos gloriamos en Dios por el Seor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliacin" (Ro. 5:1,2,10,11).

2) Por la sangre de Su cruz

"Y por medio de l (del seor Jesucristo) reconciliar consigo todas las cosas, as las que estn en la tierra como las que estn en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz, as las que estn en la tierra como las que estn en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (Col 1:20). "Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades" (Ef. 2:16).

La Regeneracin

Tambin hay otro concepto que tiene que ver con la salvacin, que es la regeneracin. Ya hemos visto la propiciacin o expiacin, la redencin, la justificacin, un poquitito de la reconciliacin y ahora venimos con la regeneracin. Recuerden la conversacin que tuvo el Seor con un maestro de Israel llamado Nicodemo, all en el captulo 3 del evangelio de Juan. Cuando Nicodemo le llega al Seor con unas inquietudes y unas declaraciones sobre Su persona y sus obras, el Seor encara el asunto con la siguiente y sorpresiva declaracin a Nicodemo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere e nuevo, no podr ver el reino de Dios" (v. 3). Y luego, ante la incomprensin de Nicodemo, Jess le aclara: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espritu, no puede entrar en el reino de Dios" (v. 5). Qu es nacer de nuevo? Ser inscribirme en una religin? El nuevo nacimiento nada tiene que ver con nuestra vinculacin a religin alguna. Es ms bien vincularnos por la fe en la persona de Cristo, Su encarnacin y en Su histrica obra expiatoria en la cruz. Si damos ese paso de fe, ya l lo ha hecho todo. Entonces el da que cremos en l, el da que aceptamos que ya nosotros fuimos redimidos, ese da fuimos justificados, ese da fuimos reconciliados con Dios; ese mismo da nacimos de nuevo. Por qu nos sucede todo en ese da? Porque el Espritu de Dios viene a entrar en nuestro espritu y hace en nosotros Su morada. Viene Dios a morar dentro de nosotros. A partir de ese momento ya no es necesario decir: Ven, ven, Espritu Divino. No. l ya vino. l est dentro de nosotros; y al momento de venir a nosotros, nos trajo algo que nosotros no tenamos, nos trajo a nosotros vida, la vida de Dios; El Espritu Santo nos trajo la vida increada y eterna de Dios; nos trajo a nosotros esta luz que empez a iluminar nuestro espritu, y entonces nuestro espritu vino a ser una perfecta lmpara de Dios. "Lmpara de Dios es el espritu del hombre" (Pr. 20:27). El da que nacimos de nuevo, el Espritu nos trajo el aceite, la luz a nuestro espritu, y esta lmpara de Dios empieza a tener luz. Por qu ocurre todo esto en nuestro espritu? Porque el Espritu de Dios se hace uno con nuestro espritu.

Cuando el hombre pec all en el Jardn del Edn, su espritu muri debido a que se separ de Dios; y as naci todo hombre con el espritu muerto. En toda persona humana, el espritu est all pero muerto, porque no tiene la vida de Dios. Sin embargo, hay personas que tienen un espritu ms poderoso que su misma alma. Lgicamente que por medio de esa actividad que tienen, esa energa que tienen, aunque no conocen a Dios, pero s conocen al diablo. Y de ah que los parapsiclogos, los brujos, y toda esa gente con poderes espirituales de las tinieblas, tienen una poderosa actividad espiritual dentro de ellos. Incluso hay evidencias de satanistas cuyos espritus trabajan a la par con los espritus diablicos. S, en el mundo espiritual ocurren estas cosas.

Adems, la Palabra revela que hay una unin bien trabada entre el alma y el espritu. Es por eso que, cuando una persona lee la Palabra de Dios por el espritu, la Palabra se convierte en una cortante espada de doble filo que acta directamente para dividir el alma y el espritu. Es necesario que lo del alma se diferencie bien de lo del espritu, porque, como el alma se fortaleci demasiado despus de la cada, se da el caso de que el espritu obedezca al alma, y haga lo que el alma quiera. Incluso, si hay una clara divisin entre el alma y el espritu, puede confundirse claramente la persona, y llegue a pensar que est adorando a Dios con el espritu, cuando lo que est haciendo es una adoracin externa, anmica, emocional; sencillamente le est dando gusto a su propia alma en vez de agradar a Dios. Puede haber, pues, mucha confusin cuando los pensamientos del alma, las intenciones del alma, las emociones del alma estn unidas al espritu; y eso hay que dividirlo.

Bien, cuando creemos, viene la vida de Dios a nosotros; el Espritu de Dios nos trae la vida de Dios; la vida que no ha sido creada viene a nosotros; la vida eterna, la vida que en griego no es la vida bios (la biolgica, la del cuerpo), ni la vida psiqu (la del alma), sino la vida que en griego es Zo, la vida que no ha sido creada, la vida divina. Y cuando esa vida viene a nosotros, ocurre un nuevo nacimiento en el que cree, un nacimiento al mundo espiritual, un nacimiento, hermanos, que en griego es palingenesia (de palin, de nuevo; y gnesis, nacimiento), de donde se deriva la palabra genes. Nuevo nacimiento; nacer de nuevo. El que no ha nacido de nuevo no puede ver el reino de Dios, ni escuchar a Dios. La cosa no es simplemente porque ya eres evanglico, no. Es porque naciste de nuevo, y empiezas a interesarte por las cosas de Dios. Pero a veces, aunque hayamos nacido de nuevo, nosotros nos amaamos con lo que traemos y no lo queremos soltar. Pero Dios quiere crecer en nosotros en la persona de su Hijo, y que entendamos que lo que Dios nos da, no nos lo va a quitar jams. O sea que esta salvacin es eterna, es incondicional y no va a acabar. Es la salvacin del espritu; slo que lo que sigue es que el Seor quiere salvarnos, liberarnos, de nosotros mismos.

Entonces tenemos nosotros, hermanos, un nuevo nacimiento cuando creemos, y sin esa regeneracin no podemos ser salvos. Leamos Tito 3:5 donde dice: "Nos salv, no por obras de justicia que nosotros hubiramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneracin y por la renovacin en el Espritu Santo". Si alguna persona es regenerada es porque ha pasado de muerte a vida, y ya ha llegado la vida de Dios a su espritu; entonces empieza a haber un trabajo del Espritu realizando una transformacin en el alma. Ese trabajo del Espritu de Dios en nuestra alma humana se llama renovacin; hacer todo nuevo en nuestro yo, ir eliminando las viejas costumbres, los resabios, ser libres de nuestro mal carcter, renunciar a los pecados ocultos y todo lo que a nosotros nos quiere enredar en nuestro andar por el mundo; debemos alejarnos del mundo, evitar ciertas amistades que nos incitan a descuidar nuestra comunin con Dios; dejar de pensar como lo solamos hacer antes, y entrenarnos a pensar como Dios, y recibir y entender los mensajes de Dios; analizar y saber que Dios nos est hablando y qu es lo que nos dice. Venimos arrastrando ciertas costumbres sociales, ancestrales, religiosas, polticas. De modo que cada da debemos decirle al Seor: Seor, sigue tratando mi alma, contina tu trabajo de renovacin en m; aydame a despojarme de toda cobarda y a romper con todas mis tradiciones y costumbres que han venido haciendo una gruesa pared entre T y yo, Seor, estorbando una perfecta obediencia y santidad. Todo eso lo quiere limpiar el Seor, y hacer de nosotros nuevas criaturas.

En la regeneracin la carne no se transforma; sigue permaneciendo igual; en ese instante somos librados de la pena del pecado, pero no de su poder. Antes de que Dios empiece a desarraigar lo viejo de la carne, primero restaura nuestra comunin con l. La regeneracin no es un acto externo, ni un protocolo, ni un pacto simplemente oral. La regeneracin es interna, subjetiva, pues es la vida de Dios en nosotros; es pasar de muerte a vida. Es imposible que experimentemos varias veces la regeneracin. Como se nace una sola vez de nuestros padres, as tambin la regeneracin no puede repetirse. El nace en el Espritu, nace para siempre.

Poderes que activan la regeneracin

Entonces, hermanos, hay unos poderes que activan la regeneracin, que obran para que se realice la regeneracin de nuestro espritu y contine en la renovacin de nuestra alma, empezando por el entendimiento, que son: la Palabra de verdad y el Espritu Santo. La Palabra de verdad la encontramos en Santiago 1:18: "18l (el Padre de las luces), de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas". Tambin nos lo revela el Seor por el apstol Pedro: "22Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entraablemente, de corazn puro; 23siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 Pe. 1:22,23). El otro poder activo es la persona misma del Espritu Santo, que ya hemos mencionado, y que est en Juan 3:3,5. Tenemos que nacer en el Espritu; el Espritu es el agente; el Espritu es el que interviene en la persona, como lo revela la Palabra en Juan 16:7-10, el que convence de pecado, de justicia y de juicio, y le muestra al hombre la necesidad que tiene de la salvacin. Es como si le dijera: T ests en un barrial lleno de inmundicia; t ests perdido; t eres reo de muerte eterna; pero hay una opcin: Cristo muri por ti; l carg con todos tus pecados. Esa obra la hace el Espritu Santo; entonces la persona tiene la opcin de usar su voluntad para aceptar aquel ofrecimiento, hermanos.

La base de la regeneracin es la muerte sacrificial de Cristo. Lo leemos en 1 Corintios 15:2,3: " 2Por el cual asimismo, si retenis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no cresteis en vano. 3Porque primeramente os he enseado lo que asimismo recib: Que Cristo muri por nuestros pecados, conforme a las Escrituras". Esa es la base. Y cul es entonces el elemento indispensable para ser beneficiarios de la regeneracin? Se desprende que ese elemento indispensable es la fe personal en Jesucristo. Eso es personal; eso no se hereda. Como lo dice el apstol Juan en el versculo 13 del primer captulo de su evangelio. Dice que los hijos de Dios no son engendrados ni de carne ni de sangre, sino por la voluntad de Dios: "12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varn, sino de Dios" (Jn. 1:12,13). Por eso que el bautismo de nios no sirve para nada, pues ellos ni siquiera saben lo que les estn haciendo; cuando crezcan, si personalmente creen en Jesucristo, entonces reciben y experimentan y son beneficiarios de la vida de Dios en nosotros, que se llama regeneracin.

Beneficios de la regeneracin

El creyente recibe por lo menos cuatro beneficios de la regeneracin:

1) El primer beneficio que recibe el creyente de la regeneracin es que todo nacido de nuevo (del Espritu) es hijo de Dios. Queremos que la Biblia misma nos indique que una persona es un hijo de Dios cuando cree, es un hijo de Dios maana, es un hijo de Dios dentro de diez aos, y es un hijo de Dios para siempre. Si nosotros un da nacimos de nuestros padres terrenales, nacimos para siempre. Cmo hacen esos padres para afirmar que ese hijo no es de ellos? Si ese hijo naci de sus entraas, para siempre es hijo de esos padres. Aunque lo nieguen, sigue siendo hijo de ellos. De manera que si nosotros nacimos en el Espritu en virtud de la obra expiatoria de Cristo, somos constituidos eternamente hijos de Dios. Si hoy soy un hijo de Dios, y maana no tengo la seguridad de que lo sea, entonces para qu dice la Palabra de Dios que va a haber un tribunal de Cristo para juzgar a la Iglesia? Qu objeto tendra ese tribunal y ese juicio? El tribunal de Cristo sobrara; por qu? Sencillamente porque todo aquel que peque ya dejara de ser un hijo de Dios. Entonces, quines compareceran ante el tribunal de Cristo? Solamente los vencedores, los cuales seran, al fin de cuentas, los nicos hijos de Dios. Por tanto, a quines ira el Seor a juzgar en Su tribunal en Su venida? Las obras de quines? Pero la Palabra de Dios dice que todos nosotros compareceremos all y tendremos que dar cuenta de nuestras obras, de todo lo que hayamos hecho mientras estamos en esta tierra, sea bueno o sea malo. Entonces el primer beneficio de la regeneracin es ser hijos de Dios. Lo leemos con toda claridad en el evangelio de Juan: "12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varn, sino de Dios" (Jn. 1:12,13). Tambin lo dice Pablo en sus epstolas a los Glatas y a los Romanos: "Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jess" (G. 3:26). Lo anterior se lo dice a los glatas a pesar de que al comienzo de la carta les deca que se estaban dejando convencer de unos judaizantes para seguir un evangelio diferente. "16El Espritu mismo da testimonio a nuestro espritu, de que somos hijos de Dios. 17Y si hijos, tambin herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con l, para que juntamente con l seamos glorificados" (Ro. 8:16,17).

2) El segundo beneficio del nuevo nacimiento es que el creyente es una nueva criatura. Ya hemos ledo muchas veces esta declaracin de Pablo: "De modo que si alguno est en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aqu (han venido) las cosas nuevas (esa es la traduccin correcta)" (2 Co. 5:17). "Porque en Cristo Jess ni la circuncisin vale nada, ni la incircuncisin, sino una nueva creacin" (G. 6:15). "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jess para buenas obras, las cuales Dios prepar de antemano para que anduvisemos en ellas" (Ef. 2:10)).

3) El tercer beneficio de la regeneracin es que el creyente participa de la naturaleza divina. Ahora mismo nosotros participamos de la naturaleza de Dios por la regeneracin, el nuevo nacimiento que experimentamos desde el momento en que cremos en Cristo. "3Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llam por su gloria y excelencia, 4por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandsimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupcin que hay en el mundo a causa de la concupiscencia" (2 Pe. 1:3,4).

4) Otro beneficio que recibe el que ha nacido de nuevo es que participa de la victoria del Seor Jesucristo sobre el pecado y sobre el mundo, sobre su propia persona, sobre su entorno, etc., conforme a la medida de su fe. "4Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. 18Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca" (1 Jn. 5:4,18). A nosotros aveces se nos olvida que esa victoria es nuestra; y encontramos a creyentes llevando una vida derrotada. Nosotros ya somos hijos de Dios. Los hijos de Dios pecan, pues todos pecamos, pero no practicamos el pecado; no es nuestro propsito tener al pecado como una prctica. Claro, habr excepciones de creyentes que voluntariamente pecarn, pero a esas personas les va muy mal. Nosotros no es que no pequemos, s pecamos, pues aun en eventuales vivencias que puede que no tengan malicia, cosas que a uno le agradan mucho, que no se considera que constituyen pecados, pero le ests proporcionando a tu alma ese gozo, en esas cosas pecamos. Quiere Dios que t le proporciones gozo a tu alma todos los das? Dios no nos dice que le estemos dando gozo a nuestra alma; es lo contrario; Dios dice que si t ahora quieres que tu alma se goce, que ganes tu alma, entonces para Dios la pierdes; de manera que no le des tanto gusto a tu alma. Claro, hay hermanos que tienen sus comodidades, tienen dinero, y es legtimo que se lo quieran gastar para darse sus gustos; por ejemplo, que quieras viajar mucho. Hermano, que rico que este ao he podido ir a San Andrs Islas, estuve paseando por Espaa y Europa, y ya estoy empacando las maletas para irme a Israel. Se lo has consultado al Seor? Estar de acuerdo Dios con todo esos goces continuados? Pregntaselo al Seor. Claro, yo no pretendo ser un aguafiestas. Solamente les transmito lo que siento transmitirles de parte del Seor y el espritu de la Palabra. T ahora puedes gozarte; darle mucho gozo y satisfaccin a tu alma y a tu cuerpo, pero, cuidado, no sea que con tanto gozo aqu vayas perder tu gozo con el Seor en el reino! Digo yo, y la Palabra tambin.

Muchas veces cree uno que como vive todo est bien, que nada de eso ofende al Seor; nada de eso es pecado. Ah! Yo lo sigo haciendo as. Viendo telenovelas horas de horas, comprando muchas cosas innecesarias, conversando sandeces sin parar, y otras boberas por el estilo.

La santificacin

Bien, ya hemos visto la propiciacin o expiacin, tambin hemos visto la redencin, luego vimos la justificacin y la reconciliacin. Entramos en los terrenos de la regeneracin. Miremos un poquito la santificacin, que tambin est dentro del vasto campo de la salvacin. La palabra santificacin es traducida de la palabra griega hagiasms, que proviene de hagios, santo. La santificacin tiene dos sentidos:

1) El da que cremos, el da que fuimos regenerados fuimos santificados de una; all ocurre una separacin posicional. Uno es separado en el momento de la conversin. Posicionalmente Dios nos apart del mundo para Su propiedad y Su servicio. Esa es una connotacin de la santificacin: "Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Seor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvacin, mediante la santificacin por el Espritu y la fe en la verdad" (2 Ts. 2:13). "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" (He. 10:10).

2) Pero tambin hay proceso de crecimiento espiritual. Una vez nosotros estemos apartados del mundo, ya somos santificados. Porque hay creyentes que piensan que no son santos. Pero fjate en el caso de los corintios. En esa primera epstola Pablo les dice carnales, nios en la fe, que entre ellos hay inmoralidad sexual, conatos de divisiones, desrdenes en los gapes, que no disciernen el cuerpo de Cristo, y otras cosas, y sin embargo, en el saludo de la carta, Pablo les dice: "a los santificados en Cristo Jess".

Veamos algunas citas bblicas referentes a este proceso de santificacin. "19Hablo como humano, por vuestra humana debilidad (esto se lo dice Pablo a los santos de Roma); que as como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, as ahora para santificacin presentad vuestros miembros para servir a la justicia". Es decir que los santos tambin tienen que santificarse. Ya habis sido libertados del pecado; ahora soy siervos de Dios, es decir, ya hubo la primera santificacin, pero ahora tenis otra cosa por delante, tenis por vuestro fruto la santificacin; como diciendo, ustedes ahora ocpense en vuestra santificacin. Trabajad en ella. 22Mas ahora que habis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios (es decir, ya tenis la primera santificacin), tenis por vuestro fruto la santificacin, y como fin, la vida eterna" (Ro. 6:19,22). O sea, ustedes trabajen en su propia santificacin. "3Pues la voluntad de Dios es vuestra santificacin; que os apartis de fornicacin. 7Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificacin" (1 Ts. 4:3,7). "1T, pues, hijo mo, esfurzate en la gracia que es en Cristo Jess. 5Y tambin el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legtimamente" (2 Ti. 2:1,5). "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie ver al Seor" (He. 12:14).

La primera santificacin, es la santificacin es del espritu; la segunda es la del alma. Nosotros ahora estamos en ese proceso. Entonces, la primera connotacin de santificacin es que somos apartados del mundo para el Seor, para que le adoremos a l, para que le sirvamos a l; pero una vez que somos apartados, hay un proceso de santificacin. Una vez separados, en nosotros empieza un crecimiento espiritual. Hay santos muy carentes de madurez espiritual; hay santos que estn experimentando un buen desarrollo espiritual, y hay santos espirituales; as como hay santos carnales, los hay tambin espirituales. Hay santos bebs que son muy delicados, muy sensibles, que de pronto se sienten si t no los saludas con todo el cuidado y la amabilidad. Eso se llama carnalidad, niera. Hay santos intocables, pero son santos. Dice Nee que los del mundo son pecadores-pecadores, y que nosotros somos pecadores santos.

Dios, antes de la fundacin del mundo, predetermin para nosotros los creyentes el estado de santificacin; esto es, a los que en gracia l llama, pero para ello no basta con empezar, sino tambin persistir y perseverar. Obrar en nuestra santificacin con constancia. Nosotros los creyentes tenemos ese proceso ahora entre manos.

Otro aspecto importante y digno de tener en consideracin es que la santificacin procede del Padre, del Hijo y del Espritu Santo. La Palabra de Dios nos da constancia de ello, por los menos, en las siguientes citas bblicas: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Seor Jesucristo" (1 Ts. 5:23). "Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergenza de llamarlos hermanos" (He. 2:11). "Por lo cual tambin Jess, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeci fuera de la puerta" (He. 13:12). "Y esto erais algunos; mas ya habis sido lavados, ya habis sido santificados, ya habis sido justificados en el nombre del Seor Jess, y por el Espritu de nuestro Dios" (1 Co. 6:11). "Para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espritu Santo" (Ro. 15:16).

Como lo hemos venido analizando, la justificacin y la regeneracin son hechos divinos que son realizados en nuestras vidas de una vez y para siempre dentro de nuestra salvacin. Son actos irrepetibles. Para Dios ya estamos justificados y ya hemos nacido de nuevo. Son realidades que no se pierden en nuestras existencias, pues son irreversibles. En cambio la santificacin es progresiva y seguir obrando hasta que nuestra vida terrenal termine. Entonces, como hemos visto, en la justificacin Dios hace algo por nosotros; en cambio, en la santificacin, Dios hace algo en nosotros. La justificacin tiene que ver con nuestra posicin ante Dios; la santificacin concierne a nuestro carcter y conducta.

La Renovacin

Tambin habla la Biblia de una renovacin en nuestra alma, empezando por nuestra mente, como lo leemos en Romanos 12:2: "No os conformis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovacin de vuestro entendimiento, para que comprobis cul sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". La renovacin es la aplicacin de la salvacin en nuestra alma por el Espritu Santo, y lo primero que debe ser renovado en nosotros es nuestra forma de pensar, luego nuestra forma de sentir. En los originales griegos la palabra transformacin es metamorphosis, cambio de forma, cambio de modo de pensar; entonces debe haber una configuracin a Cristo, y para que haya una configuracin a Cristo, para que cada da seamos configurados a la imagen de Cristo, debe haber una metamorfosis en nosotros; metamorfosis operada en nuestra alma comenzando por la mente. "Hijitos mos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gl. 4:19). "22En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que est viciado conforme a los deseos engaosos, 23y renovaos en el espritu de vuestra mente, 24y vestos del nuevo hombre, creado segn Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Ef. 4:22-24). Debemos llegar a ser semejantes al Seor en todo. "A fin de conocerle (a Cristo), y el poder de su resurreccin, y la participacin de sus padecimientos, llegando a ser semejante a l en su muerte" (Flp. 3:10).

La renovacin encierra dos aspectos: uno negativo y otro positivo; es decir, por un lado es necesario que nos despojemos de lo viejo, que nos separemos de todo lo que nos aparta de Dios, lo malo, lo perverso; pero por otro lado conlleva el principio y la necesidad de vestirnos de lo nuevo, lo que Dios nos trae en Cristo. Por un lado implica separacin, un despojarse, y por el otro implica un conducirnos a una nueva conformacin y unin, una nueva vestidura, la de Jesucristo. Esa es la meta final de la renovacin. "As tambin vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jess, Seor nuestro" (Ro. 6:11).

Tambin es provechoso tener en cuenta las siguientes citas bblicas: "5Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicacin, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatra. 8Pero ahora dejad tambin vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 12Vestos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entraable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13soportndoos unos a otros, y perdonndoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdon, as tambin hacedlo vosotros. 14Y sobre todas estas cosas vestos de amor, que es el vnculo perfecto. 15Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. 16La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, ensendoos y exhortndoos unos a otros en toda sabidura, cantando con gracia en vuestros corazones al Seor con salmos e himnos y cnticos espirituales. 17Y todo lo que hacis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Seor Jess, dando gracias a Dios Padre por medio de l" (Col. 3:5,8,12-17). "Pues la voluntad de Dios es vuestra santificacin; que os apartis de fornicacin" (1 Ts. 4:3). La configuracin de los hijos de Dios a Cristo se usa: a) de la conformidad de los hijos de Dios "a la imagen de su Hijo", a su perfeccin. "28Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propsito son llamados. 29Porque a los que antes conoci, tambin los predestin para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos. 30Y a los que predestin, a stos tambin llam; y a los que llam, a stos tambin justific; y a los que justific, a stos tambin glorific" (Ro. 8:28, 29).

b) de su futura conformidad fsica a Su cuerpo de gloria. "El cual (Cristo) transformar el cuerpo de la humillacin nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambin sujetar a s mismo todas las cosas" (Flp. 3:21).

La Liberacin

Cuando ya somos salvos por la gracia, salvacin que nos es asegurada por medio de Jesucristo, como consecuencia recibimos la libertad cristiana. Dejamos de ser esclavos de muchas cosas; de la ley, de la maldicin de la ley, del temor a la muerte, del pecado, del yugo de las ordenanzas ceremoniales del Antiguo Testamento. Pero esa libertad no ha de usarse como excusa para el pecado, ni debe convertirse en libertinaje. La palabra griega soteria (salvacin) denota tambin liberacin, preservacin. La versin Reina-Valera de 1960 la traduce "liberacin" en Flp. 1:19: "Porque s que por vuestra oracin y la suministracin del Espritu de Jesucristo, esto resultar en mi liberacin". El Seor Jesucristo nos saca, nos aparta, del mundo para S mismo: "El cual se dio a s mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre" (Gl. 1:4), y venimos a ser siervos de l..

La Glorificacin

Llegados ya a este punto de la nuestra salvacin, cul ser nuestro mbito actual como hijos de Dios? La Palabra de Dios dice que Dios, juntamente con Cristo "nos resucit, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jess" (Ef. 2:6). Jesucristo, despus que resucit, fue glorificado, subi a la gloria del Padre. La gloria se relaciona con la buena reputacin, la fama, el renombre, el honor y la majestad. Las Escrituras la usan con relacin a Dios y a su Cristo. "Estas cosas habl Jess, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que tambin tu Hijo te glorifique a ti" (Juan 17:1). "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jess, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando ste haba resuelto ponerle en libertad" (Hch. 3:13).

Como hemos dicho, Jess, despus de la resurreccin, fue ascendido al cielo y glorificado; y Dios ha glorificado a los que han credo en l. Es un acto divino consumado. "29Porque a los que antes conoci, tambin los predestin para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos. 30Y a los que predestin, a stos tambin llam; y a los que llam, a stos tambin justific; y a los que justific, a stos tambin glorific" (Ro. 8:29,30).

Gloria viene del griego doxa, dokeo, parecer. Significa primariamente opinin, estimacin; y de ah el honor resultante de una buena opinin. La gloria de Dios siempre ha resplandecido en la persona de Cristo, y siempre resplandecer. "Ahora pues, Padre, glorifcame t al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (Jn. 17:5). "El cual (Cristo), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificacin de nuestros pecados por medio de s mismo, se sent a la diestra de la Majestad en las alturas" (He. 1:3).

La gloria de Dios fue exhibida en el carcter y en los actos de Cristo en los das de su carne. "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habit entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unignito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Jn. 1:14). "Este principio de seales hizo Jess en Can de Galilea, y manifest su gloria; y sus discpulos creyeron en l" (2:11).

La gloria de Dios se manifest en la resurreccin de Cristo: "Porque somos sepultados juntamente con l para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucit de los muertos por la gloria del Padre, as tambin nosotros andemos en vida nueva" (Ro. 6:4) y en su ascensin y exaltacin: "Y mediante el cual creis en Dios, quien le resucit de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios" (1 Pe. 1:21).

De la misma forma, fue manifestada en el monte de la transfiguracin. "Pues cuando l recibi de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnfica gloria una voz que deca: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia" (2 Pe. 1:17).

Tambin la gloria de Dios habla del carcter y caminos de Dios exhibidos por medio de Cristo y a travs de los creyentes. "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Seor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espritu del Seor" (2 Co. 3:18).

Tambin la glorificacin habla del estado de bienaventuranza o bendicin al cual los creyentes han de entrar al ser hechos a la semejanza de Cristo. "18Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 21Porque tambin la creacin misma ser libertada de la esclavitud de corrupcin, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Ro. 8:18,21). "El cual transformar el cuerpo de la humillacin nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambin sujetar a s mismo todas las cosas" (Flp. 3:21). "1Ruego a los ancianos que estn entre vosotros, yo anciano tambin con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy tambin participante de la gloria que ser revelada. 10Mas el Dios de toda gracia, que nos llam a su gloria eterna en Jesucristo, despus que hayis padecido un poco de tiempo, l mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca" (1 Pe. 5:1,10). "Teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciossima, como piedra de jaspe, difana como el cristal" (Ap. 21:11). Que el Seor nos ayude!

3. La seguridad de la salvacin

Por Arcadio Sierra Daz - 13 de Febrero, 2007, 13:17, Categora: General

Captulo 3

LA SEGURIDAD DE LA SALVACIN

Somos hijos de Dios eternamente

Hoy, con la ayuda del Seor, vamos a continuar con nuestro estudio acerca de la salvacin, pero queremos adelantarlo hablando de la seguridad de la salvacin que Dios nos ha dado por medio de Su Hijo. No podemos darnos el lujo de dudar de que la salvacin que Dios nos ha dado est supeditada a los vaivenes de nuestra vida, de nuestra conducta ni de nuestro proceder. No habra garanta ni seguridad para l, de ninguna manera, edificar una Iglesia de estructura tan endeble cuya estabilidad dependiera de nosotros. Por eso la salvacin es segura, la salvacin es veraz, la salvacin es eterna y verdadera, porque se basa, no en nuestras obras, no en cumplimiento de leyes y de principios y reglamentos por parte de nosotros, sino en la obra eterna y poderosa del Seor Jesucristo. Hay que tener en cuenta que Dios no est improvisando, y mucho menos con algo tan serio e importante como la justificacin de los que hacemos parte del cuerpo de Cristo, piedras vivas para la edificacin del templo vivo de Dios.

En la Biblia hay un caso, un ejemplo muy diciente en la Palabra de Dios, en el cual nosotros aprendemos que desde el momento en que Dios nos adopta como Sus hijos, nunca jams dejaremos de ser hijos de Dios, suceda lo que suceda. "4Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envi a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibisemos la adopcin de hijos" (G. 4;4,5). El ejemplo lo encontramos en el captulo 15 del Evangelio de Lucas. All aparecen tres parbolas de gracia narradas por el Seor Jesucristo, pero por el momento nos interesa analizar un poco la tercera, la del hijo perdido, o hijo prdigo.

"11Tambin dijo: Un hombre tena dos hijos; 12y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les reparti los bienes". Piensen, hermanos, en que la Palabra dice que un padre tena dos hijos, y que el menor tom la determinacin de pedir la parte de su herencia e irse de la casa. Es muy interesante saber que se trata del menor, pues se supone que el mayor tena ms madurez y estabilidad emocional. En la Iglesia hay hermanos de ms madurez espiritual que otros. Se supone que los de mayor madurez espiritual, esa madurez espiritual se refleja en su vida, en su obediencia, en su mayor humildad, su paciencia, su amor para con los hermanos; su andar con el Seor es ms estable que el que an es un nio en la fe. Acta con mayor cordura, tolerancia y prudencia. El creyente maduro espiritualmente no suele tomar decisiones apresuradas, no suele enojarse muy fcil con sus consiervos; se puede contar con los hermanos de madurez espiritual.

De manera, pues, que el hijo menor le dice a su padre que le entregue lo que le corresponde a l de la herencia, y el padre se la entreg. Obr como una persona muy respetuosa con las decisiones de sus hijos. As es Dios. l nos entrega dones y talentos, respetando nuestro comportamiento. Dice: "13No muchos das despus, juntndolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y all desperdici sus bienes viviendo perdidamente". No muchos tiempo despus, en una provincia apartada, este muchacho inexperto dilapid toda esa riqueza que haba recibido. Irse a una provincia apartada es salirse de ciertos lmites y principios que rigen el reino que realmente debe vivir la Iglesia. Ya nosotros empezamos a conocer esos principios del reino del Seor. Quien no se someta a ellos, empieza a alejarse del Seor y Su obediencia, y empieza a caminar por sendas donde no hay luz suficiente (cfr. 1 Juan 1:5-7). En una provincia apartada perdemos la cobertura de nuestro Padre.

Sigue diciendo el Seor: "14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenz a faltarle. 15Y fue y se arrim a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envi a su hacienda para que apacentase cerdos. 16Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que coman los cerdos, pero nadie le daba". Este joven se fue lejos, quera respirar aires de libertad, independencia y autosuficiencia, y para ello se le dio por gastarse toda aquella plata, y cuando ya no le qued ni un solo centavo, se vio obligado a buscar trabajo, con la desgracia que lo nico que encontr fue un trabajo muy asqueroso sobre todo para un judo, el de ir a apacentar cerdos. Por qu le sucedera esto a este joven? En vez de este joven pon a un hermano de la iglesia andando por ah enterrando sus talentos en el mundo. El Seor le puede poner una encerrona para que abra los ojos. Hasta all lo lleva el Seor a tener una experiencia amarga. Un hijo de Dios que se aparta de la obediencia a su Seor y Padre, no deja de ser un hijo de Dios, pero por amor lo lleva Dios a vivir muchas experiencias amargas, sufrimientos con la mira a que ese hijo alejado pueda llegar a madurar. Nadie llega a madurar si no pasa por pruebas, muchos dolores, sufrimientos. No es bueno rehuir las pruebas. Dice el apstol Pedro que uno debe estar armado del pensamiento de que nos puede sobrevenir padecimientos, a fin de vivir segn la voluntad de Dios y no segn nuestras propias concupiscencias (cfr. 1 Pe. 4:1,2), para que nada nos vaya a caer por sorpresa. El Seor mismo pas por un proceso de sufrimiento, cunto ms nosotros. Si nuestra comunin con nuestro Padre est rota y sobrevienen la necesidades, en vez de acudir a Dios, buscamos ayuda en el medio donde nos movemos, en el mundo.

De manera que aquel hijo menor experiment esas pruebas, pas mucha hambre y necesidad lejos de su hogar, y fue cuando se acord que tena un padre amoroso y lleno de compasin; recapacit en su pecado y necedad. Por eso la parbola sigue diciendo: "17Y volviendo en s, dijo: Cuntos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aqu perezco de hambre! 18Me levantar e ir a mi padre, y le dir: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros". Quiere decir que los jornaleros en la casa de aquel padre disfrutaban de mejor trato y standard de vida de lo que este joven viva lejos de su familia. Ya la independencia empez a saberle a cacho. Y en vista de todo eso tom la decisin de regresar y humillarse ante su padre, pues l jams haba dejado de ser hijo, ni el padre lo haba desechado.

"20Y levantndose, vino a su padre. Y cuando an estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corri, y se ech sobre su cuello, y le bes". Lo curioso que veo aqu, y que me llama mucho la atencin es que, a juzgar por el contexto, el padre iba todos los das a cierto lugar alto a mirar a lontananza a ver si vea venir a su hijo. Todos los das lo estaba esperando. Lo amaba mucho; y preciso, el da que su hijo regresaba, ah estaba su padre esperndolo. El padre no lo haba rechazado, aunque l se haba alejado del padre. Nosotros somos los que nos alejamos de Dios. l siempre est esperndonos. El pecado se levanta como una oscura barrera entre el Seor y nosotros.

"21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo". Aquel joven lleg famlico pero apenado y arrepentido. "22Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies". Aquel joven lleg harapiento, casi desnudo, desprotegido. Cuando nosotros estamos en la obediencia de Dios, estamos vestidos de Cristo. Si estamos vestidos de Cristo, no andamos desnudos. Lo de andar vestidos de Cristo es de suma importancia para nosotros. Antes de la cada, Adn no vea su desnudez porque lo cubra Dios; pero como l pec contra Dios, entonces se vio desnudo, qued sin la proteccin de Dios, y corri a buscar hojas para cubrirse su desnudez, pero por muy anchas que fuesen las hojas, no lograban cubrir su desnudez. Siempre que el hombre quiere cubrirse por su cuenta, por su erudicin, por su filosofa, por su correccin y modales humanos, por su justicia propia, por su comportamiento religioso externo, siempre seguir desnudo. Eso le sucedi a Adn, y por eso se esconda de Dios; entonces Dios tuvo que hacer provisin para cubrirlo, y lo hizo derramando la sangre de algn animal inocente; sacrific Dios al animal y cubri a Adn y a Eva con la piel. Solamente con sangre se puede cubrir; as es la gravedad del asunto. Recordemos que la vez pasada decamos que la palabra hebrea kippur (expiacin) es derivada del hebreo kipper (expiar), cubrir por medio de un sacrificio expiatorio y eso se debe a que significa piel, y con la piel se puede cubrir. Eso fue lo que hizo Dios con Adn y Eva, los cubri con la piel de un animal que haba sacrificado. Dice el padre del joven: "poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies". Con el anillo le dio autoridad en la casa, y el calzado significa separacin. Recuerden que en la armadura de Dios dice: "calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz" (Ef. 6:15); el evangelio nos separa a nosotros del mundo, pues el calzado no nos permite tocar la tierra.

La salvacin es un regalo de Dios

Dice en Lucas 15: "23Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se haba perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse". El padre siempre consider que aquel joven era su hijo aunque se hubiese ido del hogar y malgastado toda su herencia. Ese es el punto de vista de Dios respecto de nuestra salvacin.

Hace un momento hablbamos con nuestro hermano Jorgito. Me deca l que en estos das ha estado ayudando a unos hermanos que tienen esta filosofa de que la salvacin que Dios nos da en Cristo, se puede perder cuando nosotros buscamos que se pierda. Jorgito les dijo: Bueno, si ustedes tienen un hijo que se pierde en la drogadiccin y llega un momento en que no regresa a casa, y de pronto llega a vivir a la Calle del Cartucho, donde viven todos esos "eros", y para abastecerse llega a la delincuencia y hasta a la criminalidad, y a lo mejor lo mandan a la crcel de La Picota. Esa persona deja de ser hijo de ustedes? Jams; siempre seguir siendo nuestro hijo. Entonces por qu ustedes piensan que Dios a Sus hijos los va a rechazar y declararlos no hijos cuando pecan?

Hermanos, conste que no le estamos haciendo la apologa al pecado; con esto estamos diciendo que tenemos la seguridad de que somos hijos de Dios. Nosotros somos hijos de Dios, y todos los das ofendemos a Dios, y en la medida en que lo ofendemos, debemos responsabilizarnos por los castigos que nuestro Padre celestial puede usar para corregirnos, por Su disciplina; porque no somos bastardos, sino que somos hijos de Dios por la obra de Cristo. De dnde nos sac nuestro Padre? Del mundo, cuando estbamos muertos en delitos y pecados. Lo dice el apstol Pablo en Efesios 2:1-3: "1Y l os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al prncipe de la potestad del aire, el espritu que ahora opera en los hijos de desobediencia (ramos esclavos, encadenados por el mismo Satans) 3entre los cuales tambin todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y ramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los dems". Estbamos expuestos a la ira de Dios. Qu sucedi entonces? Miren lo que dice Pablo a continuacin:

"4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos am, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida (el verbo dar est en tiempo pasado; no es que de pronto nos da, o es que de pronto nos va a dar. Bueno, si te portas bien. Bueno, ser esta salvacin segura? Habr firmado Dios el decreto de nuestra salvacin? El documento est firmado por medio de la sangre de Cristo) juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con l nos resucit (tiempo pasado), y asimismo nos hizo sentar (tiempo pasado) en los lugares celestiales con Cristo Jess". El versculo 6 de Efesios 2 se relaciona mucho con el captulo 6 de Romanos. Hacemos esta importante pegunta: Cuntas veces muri Cristo en la cruz? Una sola vez. Cuntas veces resucit? Una sola vez. La palabra de Dios dice que nosotros morimos con l en la cruz; y nosotros tambin resucitamos cuando Cristo resucit. Cuntas veces vamos a resucitar? Si yo hoy me declaro perdido, u otros hermanos dictaminan que estoy perdido, ser que ya perd la salvacin porque a otros se les ocurre juzgarme y declararme perdido? En ese caso, cundo ira yo a volver a morir con Cristo, si ya l no vuelve a morir? Y el paso siguiente, cundo sera mi segunda resurreccin, si ya Cristo no vuelve a resucitar? Yo mor una sola vez y resucit una sola vez.

Luego siguen dos versculos muy recurrentes cuando se habla de la salvacin como un regalo de Dios. Porque, hermanos, la Palabra de Dios es muy clara para decirnos que la salvacin es un regalo de Dios que no depende de nosotros, salvo en usar nuestra voluntad para recibirla por fe. Dice Pablo en Efesios 2:8,9: "8Porque por gracia sois salvos (es un regalo que no hemos merecido jams) por medio de la fe (no por lo que yo haga o deje de hacer, que piense o deje de pensar, que omita o deje de omitir; es un regalo que Dios nos entreg); y esto no de vosotros, pues es don de Dios (que se recibe por fe); 9no por obras, para que nadie se glore". Supongamos que se encuentran dos hermanos creyentes, y le dice el uno al otro: Mira, hace un mes supe que ya no eras salvo, que te habas descarriado. Pero te veo bien. Ya volviste a ser salvo? Te arrepentiste? S, yo creo que super la cosa le contesta el otro. Pero, la sangre y el sacrificio de Cristo que los hiciste? Qu hiciste mientras tanto con Su obra expiatoria en la cruz? Ah pues, yo me propuse y me dije: Voy a volver a la iglesia, voy a volver a ser salvo. (Esta conversacin que resumimos ac, puede llegar a tenerse en la prctica). Pero el caso es que ese hermano que posiblemente tuvo un desliz, lo confundieron dicindole que estaba perdido, pero el asunto es que Cristo nos salv y somos salvos eternamente.

Si t pecas, busca el perdn; arrepintete, y se restaurar la comunin con el Seor, de hijo con su Padre celestial. "18Me levantar e ir a mi padre, y le dir: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros". Es decir, si t me tratas por lo menos como a uno de tus jornaleros, eso me bastar para ser feliz a tu lado; lo importante es estar en tu casa. Pero el padre lo estaba esperando para tratarlo como a su hijo, que nunca lo haba dejado de ser; no como a un jornalero.

Vemos, pues, hermanos, que la salvacin es un regalo de Dios Padre por medio de Su Hijo; es otorgada por Dios por Su gracia. Gracia es un favor gratuito, inmerecido. De ninguna manera nosotros merecemos la salvacin; es un regalo que se recibe voluntariamente por medio de la fe. Si yo extiendo la mano para darle un regalo a alguien, y esa persona no lo quiere recibir, pues no lo recibe; pero el caso es que nosotros s hemos recibido ese regalo que Dios nos dio. Yo pienso que todos los que nos encontramos aqu reunidos, un da le dijimos: Creo en Ti, Seor; soy un pecador; necesito de tu salvacin. Claro, tengamos en cuenta que a menudo llegan personas a la congregacin que nunca han sido salvas, y de pronto no lo sern jams.

Dios da vida eterna a los que creen en Cristo

Vamos a Juan 1:11-13. Hablando de la primera venida de Jesucristo, dice: "11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varn, sino de Dios". Nosotros somos engendrados como hijos de Dios, por la voluntad de Dios; me refiero a la esfera espiritual, al nuevo nacimiento. Bendito el nombre del Seor. As Dios nos ha hecho Sus hijos. Dios promete y da vida eterna a todos los que creen y reciben por la fe a Cristo como Salvador. Eso es un hecho trascendental. Debemos, pues, tener toda la seguridad de que somos salvos, de que poseemos la vida eterna. Qu dice el apstol Juan en su primera carta? Miremos el motivo por el cual se escribi esta carta: "Estas cosas os he escrito a vosotros que creis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepis que tenis vida eterna, y para que creis en el nombre del Hijo de Dios" (1 Juan 5:13). Es algo que el Seor nos dice por Su Palabra: Tengan la plena certeza de que ustedes son hijos de Dios.

Otras afirmaciones tambin las encontramos en los siguientes versculos del captulo 3 del evangelio de Juan: "16Porque de tal manera am Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unignito, para que todo aquel que en l cree, no se pierda, mas tenga vida (condicional? No) eterna. 18El que en l cree, no es condenado (miren qu frase tan atrevida, no? El que cree en Jesucristo no es condenado); pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha credo en el nombre del unignito Hijo de Dios. 36El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehsa creer en el Hijo no ver la vida, sino que la ira de Dios est sobre l". Si hubiera algo que a nosotros nos despojara de la vida eterna recibida de Dios, el Seor lo dira en Su Palabra. No lo creen ustedes? Ah dira ms o menos: excepto aquellos que pequen, o alguna frase parecida. Pero ah lo que dice es que "el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehsa creer en el Hijo no ver la vida, sino que la ira de Dios est sobre l". Porque, qu me suceder si yo, como creyente, como hijo de Dios, peco? Ser que si yo peco, el Seor seguir igual conmigo? No; si yo peco, me sobrevienen unas consecuencias dolorosas; y si no me arrepiento a tiempo, las tengo peores. Tarde o temprano mi pecado me alcanzar. Hagas t lo que quieras hacer ofendiendo a Dios, no te descuides ni te confes, que tarde o temprano te alcanza lo que ests haciendo; ah est escrito en los libros de Dios; porque somos hijos de Dios, de un Dios delicado, de un Dios santo, de un Dios pursimo, y l quiere que Su pueblo, su familia, tambin sea santo. S, todos los das pecamos, hermanos, de accin, de pensamiento, de omisin, de falta de amor. Por ejemplo, es muy bueno conversar con los hermanos, pero aveces se nos desliza la lengua, y caemos en la tentacin de hablar mal de ciertos hermanos que de pronto no nos caen muy bien, y zas, pecamos. Y no pensamos que nuestros hermanos son tambin hijos de Dios, partes tambin del mismo Cuerpo con nosotros. Con esto estamos pecando, metindonos con los ungidos del Seor.

Vamos al captulo 6 del evangelio de Juan: "37Todo lo que el Padre me da, vendr a m; y al que a m viene, no le echo fuera (ah no hay condiciones: no le echo fuera; esa es una afirmacin rotunda y categrica). 38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envi (y cul ser la voluntad de Dios? Lo dice a continuacin). 39Y esta es la voluntad del Padre, el que me envi (o sea, si yo quisiera echar a alguien, no puedo, porque debo hacer la voluntad de mi Padre; y cul es la voluntad de mi Padre?): Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el da postrero. 40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en l, tenga vida eterna; y yo le resucitar en el da postrero. 47De cierto, de cierto os digo: El que cree en m, tiene vida eterna". Vemos, pues, que todo creyente tiene vida eterna.

Nadie nos arrebata de las manos de Dios

Me agrada mucho tambin y fortalece mi fe leer las afirmaciones del Seor en el captulo 10 de Juan: "26Vosotros (se dirige a los judos que le interpelaban) no creis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. 27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28y yo les doy vida eterna; y no perecern (qu?) jams, ni nadie las arrebatar de mi mano (nadie; no hay una sola criatura ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra que tenga ese poder de arrebatarnos de las manos de l). 29Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre". Bendito el nombre del Seor. Qu precioso!

Hermanos, el creyente se asegura por la fe de los beneficios que nos otorga Dios; la clave es creer. "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envi, tiene vida eterna; y no vendr a condenacin, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24). Por eso la vez pasada explicbamos por la Biblia cmo muri el espritu de Adn, cmo dej el hombre de tener la comunin y la amistad con Dios, cmo qued desnudo, y eso no los dej a nosotros como herencia; pero aqu dice que en Cristo ya pasamos de muerte a vida. No importa, hermanos, que tengamos que gustar la muerte fsica; cuando eso ocurra, entonces estaremos con el Seor; es mejor.

Ahora, el libro de Hebreos, como su nombre lo indica, es una carta enviada a los hebreos de la dispersin; a los hermanos que conocieron a Cristo, pero que antes haban militado en el judasmo, y haban practicado todo aquello de los sacrificios, los ritualismos, la circuncisin y todo eso que se relacionara con el templo y los preceptos del Antiguo Testamento. Entonces aqu en el libro de Hebreos encontramos unas declaraciones en el sentido de que todos aquellos rituales y sacrificios eran apenas unos tipos veterotestamentarios de la verdad, que es Cristo y la Iglesia, en el Nuevo Testamento. Y vemos, por ejemplo, en Hebreos 10:14, comparando los miles y diferentes sacrificios del Antiguo Testamento con el sacrificio nico del Seor, dice: "Porque con una sola ofrenda hizo (en tiempo pasado) perfectos para siempre a los santificados". Por tanto, es un hecho divino en Jesucristo, en su sacrificio; todo aquel que se acerca y cree en ese sacrificio, en esa misma hora queda santificado para siempre. No tiene que ofrecer de nuevo ninguna ofrenda. Algunas personas, hermanos, se aferran a cierto texto bblico para sostener que, por esos versculos la Biblia dice que se puede perder la salvacin. Pongmosle mucho cuidado, pues en cualquier momento te pueden alegar blandiendo esos versculos.

El texto est en Hebreos 10:26-31: "26Porque si pecremos voluntariamente despus de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda ms sacrificio por los pecados, 27sino una horrenda expectacin de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. "28El que viola la ley de Moiss, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 29Cunto mayor castigo pensis que merecer el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espritu de gracia? 30Pues conocemos al que dijo: Ma es la venganza, yo dar el pago, dice el Seor. Y otra vez: El Seor juzgar a su pueblo. 31Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!". Pero para analizar el texto anterior, tengamos en cuenta el contexto, es decir, lo que vena diciendo el autor en los versculos 24 y 25: "24Y considermonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortndonos; y tanto ms, cuanto veis que aquel da se acerca". Aqu la Palabra nos habla exhortndonos a permanecer firmes en nuestra fe en la Iglesia del Seor; serle fieles a Cristo. Eso significa que el dejar de congregarnos, de reunirnos con el resto del cuerpo, el apartarnos de la comunin de los santos, es pecado.

El apartarse de la comunin de la Iglesia es apartarse de la comunin del Seor. Si yo me aparto de la comunin contigo, hermano, me estoy apartando de la comunin del Seor; pues toda diferencia que tenga contigo la tengo con el Seor, y debo solucionarla pronto; ni debo ver tus defectos, tu forma de ser, sino a Cristo en ti. Debo estar en paz contigo. "26Porque si pecremos voluntariamente despus de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda ms sacrificio por los pecados". Para dnde se iban ellos? De pronto se volvan a la sinagoga. Entendido? Ya no iban a estar con la iglesia de los santos, sino que se iban de nuevo a practicar los ritualismos y los legalismo del judasmo en la sinagoga. "27Sino una horrenda expectacin de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios". Esta carta dice que con la aparicin y la obra de Cristo, los sacrificios del Antiguo Testamento son abolidos; de manera que una persona que se aleje de la Iglesia y se vuelva a la sinagoga, qu sacrificios podra ofrecer por sus pecados? Ninguno, y entonces lo que le espera es una horrenda expectacin de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. No pierde la salvacin, si es que crey, pero le espera juicio cuando venga el Seor. Y a donde quiera que fuere a parar, no saldr de all hasta que haya pagado hasta el ltimo cuadrante. Saldr, pero no antes (cfr. Mateo 5:25,26). Entendido?

"28El que viola la ley de Moiss, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 29Cunto mayor castigo (recibir castigo) pensis que merecer el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espritu de gracia?" Si fue que crey, hermanos, si se trata de un creyente, porque esta carta fue enviada a creyentes cristianos, si es un creyente, no va a perder la salvacin, pero s va a comparecer ante el Seor para dar cuenta de sus hechos. Por eso es el tribunal de Cristo; esa es su razn de ser, dar cuenta all al Seor de nuestros actos y de nuestra conducta ahora como hijos de Dios. En el cristianismo hay escuelas doctrinales que s reconocen la realidad del tribunal de Cristo, pero no lo tienen como un tribunal de juicio de la iglesia, sino slo para recibir unos galardones. S, esto est bien, pero slo es una parte, porque, qu suceder con los que no son galardonados? y qu, entonces, lo que se refiere a las obras, las acciones malas de los santos durante su vivir en esta tierra? Porque la Palabra de Dios dice que all, todos nosotros tendremos que dar cuenta de lo que estamos haciendo ahora, sea bueno o sea malo (cfr. 2 Co. 5:10). Entonces no es solamente para recibir galardones. No todos los santos son dignos de recibir galardones. Siendo que el galardn es el reino, a los que no lo reciban qu les espera? Lo dice a continuacin en el contexto de Hebreos que estamos considerando: "30Pues conocemos al que dijo: Ma es la venganza, yo dar el pago, dice el Seor. Y otra vez: El Seor juzgar a su pueblo. 31Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!" Lo entendemos? Esa enseanza amerita ocuparnos de ella ms tiempo (una, dos o tres horas), pero para el objetivo de esta corta serie, consideramos que esta parte est bien as por el momento.

Ahora, la ltima parte del captulo 9 de Hebreos habla de que Cristo es la ofrenda suficiente por el pecado; entonces el versculo 26 dice: "De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumacin de los siglos, se present una vez para siempre por el sacrificio de s mismo para quitar de en medio el pecado". El de Cristo es un sacrificio efectuado una vez para siempre. Ya somos salvos mediante la obra de Cristo. Pero por otro lado, ocurre tambin en nosotros algo que debemos tener claro. Ya sabemos, hermanos, que a nosotros, en este momento, se nos ha perdonado los pecados y hemos recibido de Dios una poderosa ley que la Biblia llama la ley del Espritu de vida en Cristo, tan poderosa que contrarresta una fuerza contraria, una ley muy poderosa que est dentro de nosotros, que es la ley del pecado y de la muerte; pero esa ley del pecado y de la muerte que heredamos de Adn, sigue all dentro de nosotros, en nuestros miembros; aun siendo cristianos la llevamos dentro. Es por eso que el Espritu de Dios que mora en nosotros, en la profundidad de nuestro espritu, deba realizar un trabajo en nuestra alma para liberarnos de ese poder que mora en nuestros miembros. Recuerden las Palabras de Pablo: Quiero hacer el bien, pero no puedo; porque hay una ley en m, en mis miembros que me lo impide, que me lleva cautivo a la ley del pecado, la cual me obliga a hacer lo malo; y ante lo cual exclama: "24Miserable de m! quin me librar de este cuerpo de muerte? 25Gracias doy a Dios, por Jesucristo Seor nuestro" (cfr. Ro. 7:17-25). Eso lo hace la vida de Cristo en nosotros. En la medida en que Cristo se fortalece en nosotros, l es quien nos libera de ese nefasto poder.

Claro que en la resurreccin del cuerpo ya seremos liberados totalmente de esa ley de pecado en nosotros. Como lo vamos a ver en futuras enseanzas, la salvacin tiene lugar en nosotros en tres tiempos, porque nosotros estamos constituidos de tres partes, y cada una de ellas tiene su tiempo de salvacin; es decir, la salvacin de Cristo viene al espritu, y posteriormente debe ser aplicada a nuestra alma, y por ltimo a nuestro cuerpo. Cuando uno no distingue la salvacin del espritu de la del alma, ni tampoco la distingue de la del cuerpo, y mira ciertos textos bblicos no habindose librado de esta confusin, entonces lo ms seguro es que piense que la salvacin se pierde; pero no estabas viendo que leas sobre la salvacin del alma y no del espritu, o del cuerpo, que es en el futuro.

Entonces es un hecho eterno el sacrificio efectuado por el Seor de una vez y para siempre; por la eternidad. Eternidad es una palabra traducida del trmino griego aionios, que significa "duracin de las edades". Cuando nosotros leemos la expresin "vida eterna", en el original griego del Nuevo Testamento se refiere a una vida que se prolonga en la eternidad, en la duracin de las edades.

El propsito principal de la encarnacin del Verbo

El propsito principal de la encarnacin del Verbo y Su obra en la cruz, de Su resurreccin y glorificacin, es salvarnos. Lo dice el Seor en su oracin sacerdotal. El Seor le dice al Padre: " 2Como le has dado potestad sobre toda carne, para que d vida eterna a todos los que le diste. 3Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el nico Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:2,3). Cuanto ms y mejor conocemos quin es Dios y quin es Cristo, ms seguro est el creyente de su propia salvacin, y podemos entender mejor que el propsito principal de la encarnacin del Seor es dar la vida eterna en los que creen en l. Esa es Su promesa. "Y esta es la promesa que l nos hizo, la vida eterna" (1 Juan 2:25).

En Romanos 8 encontramos un texto preciso, contundente, donde Dios afirma que la salvacin es cierta, verdadera, rotundamente confiable. Toda la carta a los Romanos viene desarrollando el tema del evangelio comenzando por la culpabilidad del hombre, la justificacin y salvacin por la fe, tomando a Cristo como nica base, el creyente unido a Cristo en Su muerte, la lucha del cristiano, la vida en el Espritu; y de pronto dice: "29Porque a los que antes conoci, tambin los predestin para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos. 30Y a los que predestin, a stos tambin llam; y a los que llam, a stos tambin justific; y a los que justific, a stos tambin glorific"; todo como un hecho consumado. Entonces Pablo dice: Bueno, frente a todo eso, ante todos esos hechos divinos indubitables, a qu conclusin podemos llegar? Pero lo dice con las siguientes palabras:

"31Qu, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, quin contra nosotros? (Miren qu declaracin) 32El que no escatim ni a su propio Hijo, sino que lo entreg por todos nosotros, cmo no nos dar tambin con l todas las cosas? 33Quin acusar a los escogidos de Dios? (Por qu hace Pablo esta pregunta?) Dios es el que justifica. 34Quin es el que condenar? Cristo es el que muri (Quin me puede condenar a m, siendo que mi propio juez pag mi condena y yo mismo mor con l en la cruz?); ms aun, el que tambin resucit (y nosotros resucitamos con l), el que adems est a la diestra de Dios (dice la Biblia que l nos tiene escondidos all con l), el que tambin intercede por nosotros (l es nuestro abogado [cfr. 1 Juan 2:1]). 35Quin nos separar del amor de Cristo? (qu pregunta! no, hermanos?) Tribulacin, o angustia, o persecucin, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?" Cualquier creyente puede verse en una situacin de intimidacin y amenaza. Por causa de su fe en el Seor se puede ver privado de su libertad, destituido del trabajo y hasta amenazado de muerte. Incluso nuestra fe puede verse seriamente afectada. Pero cualquiera que sea la situacin y las consecuencias, nada de eso nos hace perder nuestra salvacin.

"36Como est escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero (todos nosotros ya morimos con Cristo en la cruz, somos muertos). 37Antes, en todas estas cosas somos ms que vencedores por medio de aquel que nos am". Se supone, hermanos, y eso es lo que quiere el Seor, que todos seamos vencedores; no solamente el cincuenta por ciento, como en el caso de las diez vrgenes, sino que todos seamos vencedores, y por eso las siguientes palabras del apstol Pablo, escritas por inspiracin del Espritu Santo: "38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ngeles, ni principados (se refiere a los ngeles cados, pues los ngeles de Dios no procuran separarnos de Dios), ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podr separar del amor de Dios, que es en Cristo Jess Seor nuestro". Qu atrevido es Pablo! La verdad es que yo no s si maana voy a caer en pecado, en uno de esos pecados en que algunos suponen que ya uno pierde la salvacin; el Seor me ayude; y Pablo me dice que ni lo por venir. T sabes lo que vas a hacer maana? No. Pero hay hermanos que afirman que de pronto maana pierden la salvacin. Aqu la Palabra de Dios afirma lo contrario. Aqu dice que no la vamos a perder; que en el porvenir yo no voy a perder la vida eterna que me ha dado el Seor. Eso est claro. Yo creo que esta afirmacin de Dios no nos da margen ni siquiera para dudarlo. Para qu lo vamos a dudar? Hay alguna duda entre ustedes, hermanos? Por ah hay muchos hermanos que piensan que ya perdieron la salvacin; y se estn haciendo mucho dao. Ya se creen condenados; y el diablo se vale de eso para susurrarles que no intenten volver porque ya estn condenados, perdidos.

La religin de las apariencias

Yo vengo de ese mundo religioso, un mundo donde han retomado muchos de los rudimentos del Antiguo Testamento. Por qu el Antiguo Testamento est tan cargado de esos rudimentos y ceremoniales? Es lo que dice la epstola a los Hebreos; son los conocimientos rudimentarios para la preparacin del pueblo de Dios en su etapa de inmadurez, antes de la venida de Cristo. Pero ahora estamos en la etapa de la venida de Cristo, su encarnacin, su vida humana, su muerte, resurreccin y glorificacin, la vida del Espritu en nosotros; ya no necesitamos observar esos rudimentos, leyes de sacrificios de sangre, prohibiciones alimentarias, que slo eran sombras que sealaban hacia Jess de Nazaret y Su Iglesia. Pero hay mucha gente dentro de la Iglesia que vive an esa situacin farisaica de hagas y no hagas, no manejes; un mundo de no comas; un mundo en el cual es pecado hasta tomarse un refresco que tenga apariencia de cerveza. La Biblia condena tanto el ascetismo como el ritualismo. La santidad no consiste en prcticas exteriores; la santidad comienza profundamente, en el corazn, emanada de la vida de Dios en nuestro espritu. Pueda que yo no practique algo prohibido, pero si mi corazn lo quiere hacer, por dems que aparente no hacerlo, ya estoy pecando. En el mundo religioso, el caminar suele ser muy superficial y aparente.

Miren cmo pinta Pablo esta situacin: "20Pues si habis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, por qu, como si vivieseis en el mundo, os sometis a preceptos 21tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22(en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23Tales cosas tienen a la verdad cierta reputacin de sabidura en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne" (Col. 2:20-23). Los preceptos, el legalismo y los rudimentos del mundo van de la mano, pues los rudimentos (del griego stoiqueion) significa las primeras cosas de las otras que surgen en una serie, un primer principio, los principios elementales, los principios rudimentarios de la religin. No podemos agradar a Dios practicando esos rudimentos; debemos dejarlos atrs. Entonces una persona madura en la fe sabe perfectamente que para ser santo no se comienza con lo exterior, el vestido, la comida, la bebida, los modales vacos, sino que el trabajo de Dios para santificarnos es desde lo ms interno de nuestro ser. Lo dems ya se ir dando. Nadie puede decir que tiene una mente tan limpia que no se le ocurre algo malo; y precisamente por eso es que la oracin del Padre Nuestro dice: "Y no nos metas en tentacin, mas lbranos del mal" (Mt. 6:13). De otra manera, el Seor para qu lo habra de decir? l dira ms bien: Bueno, recibe mi vida y todo cambia ya. Desde ahora empiezas a ser un mstico; un dechado de perfeccin.

Pero el asunto es a otro precio. El trabajo del Seor con nosotros es con lgrimas. Lgrimas del Seor y lgrimas del que le sigue, pues no es fcil que nosotros nos dejemos realizar una metamorfosis dentro de nosotros, en nuestro yo. Nuestro yo es muy difcil de tratar. A veces nuestro yo es inabordable, duro y hasta tirano. Nuestro yo no quiere admitir la intromisin de nadie, as sea el Seor. Nuestro ego es a menudo intocable; pero la meta del Seor es hacernos a la imagen de Su Hijo, y que reconozcamos delante de Dios lo podridos que somos. Todo lo bueno, todo lo puro es Cristo en nosotros; por eso es que l quiere transformar nuestra mente, nuestro modo de pensar Por eso dice en Colosenses: "20Pues si habis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, por qu, como si vivieseis en el mundo, os sometis a preceptos 21tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22(en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?" Nada de eso tiene poder para transformarnos. Aun las personas que son criadas con tanta rigidez, con la pretensin de que sean muy morales, esas personas llegan en verdad a experimentar un cambio en su corazn? No; dice la Palabra que eso no se logra jams. Aun teniendo la vida de Dios en nosotros, es una verdadera lucha del Seor para lograr nuestra transformacin de adentro hacia afuera.

Porque, ya lo hemos expuesto arriba, la transformacin no empieza por lo externo, por el vestido, por la indumentaria, sino desde lo ms profundo, comenzando por el fortalecimiento de nuestro hombre interior, luego nuestro corazn, y cuando nuestra alma sea salvada, eso se traslucir en la apariencia externa, pero no al contrario. El cambio no es de afuera para adentro, como lo quiere hacer el diablo; el cambio es desde adentro, un corazn limpio donde more Cristo y empiece a trabajarle al resto, hasta que al fin llegue la salvacin a nuestro cuerpo, hasta que se someta el cuerpo, hasta que el alma sepa que all quien manda es Cristo. Cuando el alma sepa distinguir cul mensaje es mo y cul es del Seor, empieza en nosotros a funcionar la salvacin que Dios nos ha dado. Eso es algo diferente. Pero que no manejes, que no comas, que no toques, eso no tiene asidero en nosotros; y es por eso que a nosotros se nos critica, pero la realidad es que cuanto ms santos somos, ms libres somos; no para pecar, sino para vivir una vida sin tanta mojigatera. La apariencia de santidad la relaciona la Palabra de Dios con la levadura de los fariseos, la hipocresa.

La muerte de nuestro viejo hombre

En Romanos 6:6 habla del viejo hombre, el que heredamos de Adn, el que fue crucificado juntamente con Cristo: "Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con l, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos ms al pecado". Si andamos en nuestro viejo hombre, es porque lo queremos revivir cada da; pero ya ha sido crucificado. Tambin el apstol Pablo lo declara en 2 Corintios 5:17: "De modo que si alguno est en Cristo, nueva criatura es (ya el hombre viejo muri en la cruz); las cosas viejas pasaron; he aqu todas son hechas nuevas". No vayamos al basural a recoger las cosas viejas que ya hemos tirado; no, vivamos en las nuevas, las que nos ha trado el Seor. Pablo mismo nos relata su experiencia personal en su carta a los Glatas. El apstol viene hablando de que no somos justificados por el cumplimiento de la ley ni por obras, y dice: "18Porque si las cosas que destru, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. 19Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. 20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en m; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me am y se entreg a s mismo por m. 21No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por dems muri Cristo" (G. 2:18-21). Esto lo dice un hombre que ya viva esta etapa con Cristo, pero la cosa es que l no era diferente a nosotros; sino que l viva la realidad de la muerte de su hombre viejo. Pablo era un hombre exactamente como nosotros, para que nosotros tambin lo logremos alcanzar y decir: Es Cristo el que vive en m.

Nosotros ramos esclavos. Cuando Adn se entreg, y comi y desobedeci a Dios, voluntariamente firm un acta. Ah haba un acta de decretos en contra de nosotros, que nos condenaba. Nosotros entonces nacimos siendo reos de muerte; y el acta estaba clavada en lo alto, en contra nuestra, pero la Palabra de Dios dice que vino alguien de parte de Dios a morir por nosotros, a pagar por nosotros esa culpa; alguien que no estaba incluido en esa acta, pues jams haba pecado antes ni pec despus. Lo declara Pablo en Colosenses. "11En l tambin fuisteis circuncidados con circuncisin no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisin de Cristo; 12sepultados con l en el bautismo, en el cual fuisteis tambin resucitados con l, mediante la fe en el poder de Dios que le levant de los muertos. 13Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisin de vuestra carne, os dio vida juntamente con l, perdonndoos todos los pecados, 14anulando el acta de los decretos que haba contra nosotros, que nos era contraria, quitndola de en medio y clavndola en la cruz, 15y despojando a los principados y a las potestades, los exhibi pblicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. 16Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a das de fiesta, luna nueva o das de reposo, 17todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo" (Col. 2:11-17).

Esta declaracin no la hace la Palabra ni en presente ni en futuro, lo dice en tiempo pasado. Dios respetaba ese decreto, Dios no lo poda quitar hasta que hubiera justicia, y la justicia se hizo por medio del Hijo de Dios. Entonces esa era una acusacin perpetua. En la cruz Cristo triunf sobre las potestades de las tinieblas y anul el acta que nos condenaba. Para qu vamos a permitir que otro nos condene por medio de cumplimientos de preceptos, rudimentos, reglamentos y legalismos? Aquella vieja acta que nos condenaba fue anulada, derogada, borrada en la cruz del Calvario; esa acta ya no existe. Es obra de Cristo.

Una vez anulada esa acta condenatoria; una vez que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, empieza en el creyente una vida victoriosa, una vida en el Espritu. Ya no hay condenacin para el creyente. Pablo lo declara en Romanos 8:1,2: "1Ahora, pues, ninguna condenacin hay para los que estn en Cristo Jess, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espritu. 2Porque la ley del Espritu de vida en Cristo Jess me ha librado de la ley del pecado y de la muerte". Uno est en Cristo Jess, pero si la persona peca contra Dios, el diablo puede llegar a acusarlo; pero si la persona se apresura a arrepentirse y pide perdn, es perdonada, pues ante el Padre tenemos un abogado. Sigue diciendo Romanos 8: "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era dbil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, conden al pecado en la carne" (v. 3).

Imagnense, hermanos, el Seor sufra cuando se le acercaba su hora de amargo dolor. Porque el Seor era humano tambin, de manera que se le acercaba la hora de tomar la cruz, y l sufra; y el Seor se puso triste, pues l pensaba por lo que tena que atravesar. Por qu, hermanos? Porque el Seor carg con todos los pecados de toda la humanidad; y lleg un momento en que el Espritu de Dios le fue quitado, y se vio tan solo, tan abandonado y alejado del Padre, que grit estando en la cruz, y le dijo: "Dios mo, Dios mo, por qu me has desamparado?" (Mr. 15:34). Eso tena que ocurrir para l poder darnos una salvacin verdadera, confiable; una salvacin en la que nosotros podamos estar seguros de que por la obra de Cristo, por haber quedado solo soportando aquella muerte tan dolorosa, sin ninguna ayuda, all traspasado por esos calambres, su anemia; de pronto hasta se le estall el corazn, nosotros ahora podamos decir con toda la certeza de que tenemos la vida eterna en Jesucristo, y somos hijos de Dios.

La salvacin es por gracia

Amerita en esta parte del tema de hoy hablar de la gracia; de que la salvacin es por gracia de Dios. La palabra gracia es traducida del trmino griego caris (χάρις), la cual tiene varios usos en la Biblia, pero a nosotros nos interesa verla por la connotacin del don o favor que se hace sin merecimiento particular; concesin gratuita, como la que hemos recibido de Dios. Por ejemplo en Hechos 14:26, refirindose Lucas al primer viaje misionero de Pablo, dice: "De all navegaron a Antioqua, desde donde haban sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que haban cumplido". De manera que la gracia, en este caso, se puede definir como "el favor inmerecido de parte de Dios" hacia el pecador. Dios ofrece todo por nada a los que merecen solamente lo completamente opuesto. En Dios se destaca, por tanto, su libre disposicin y universalidad, su carcter espontneo, como en el caso de la gracia redentora de Dios, y el placer o gozo que l se propone para el que la recibe.

La revelacin suprema de la gracia de Dios se halla en la encarnacin, el ministerio y sacrificio propiciatorio del Seor Jess, en toda su extensin. De manera que la Escritura ensea que:

1. La justificacin es por la gracia.

Lo afirma Pablo en su epstola a los Romanos: "Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redencin que es en Cristo Jess" (Ro. 3:24). Tambin cuando le escribe a Tito: "Para que justificados por su gracia, vinisemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna" (Tit. 3:7). Nosotros jams hubiramos logrado justificarnos ni cumpliendo la ley ni tratando ser buenos. Si no hubiramos sido justificados por la gracia de Dios por medio de la obra de Cristo, nos hubiramos perdido eternamente.

2. La salvacin en cada punto y en todos sus aspectos es por la gracia.

Esta aseveracin de las Escrituras la podemos ver en dos texto de la epstola de Pablo a los Efesios. "7En quien tenemos redencin por su sangre, el perdn de pecados segn las riquezas de su gracia, 8que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabidura e inteligencia" (Ef. 1:7,8). Aqu est hablando de la obra de Cristo, del Amado. Es nuestro objetivo abundar en textos bblicos, a fin de que sean las Escrituras mismas las que nos muestren que la salvacin es un regalo de Dios, que hemos recibido por Su gracia, no porque nosotros la merezcamos, ni la podamos garantizar portndonos bien. "4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos am, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con l nos resucit, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jess, 7para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jess. 8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se glore" (Ef. 2:4-9).

3. La eleccin es por la gracia de Dios.

"5As tambin aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra" (Ro. 11:5,6). An no haba Dios creado al mundo cuando nos eligi segn el puro afecto de Su voluntad. Como nosotros no habamos an nacido, entonces no habamos hecho ni bien ni mal. Por que Dios nos eligi a nosotros? Por Su amor desbordante y Su voluntad soberana.

4. La fe tambin es un don de la gracia de Dios.

"8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se glore" (Ef. 2:8,9). La salvacin es por la gracia de Dios y el hombre se la apropia por la fe solamente. Pero primero se manifiesta la gracia, y luego esa gracia nos beneficia porque nos la apropiamos por la fe; pero tengamos en cuenta que la fe tambin es un don de Dios. La fe implica la aceptacin y la confianza en Cristo y sus promesas. La fe bblica es creer en la verdad de Cristo sencillamente porque as lo dice Dios. Otro ejemplo de las Escrituras nos las trae Lucas en Hechos con ocasin de la predicacin de Apolos: "Y queriendo l pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discpulos que le recibiesen; y llegado l all, fue de gran provecho a los que por la gracia haban credo" (Hch. 18:27).

5. Los dones espirituales son de la gracia de Dios.

"De manera que, teniendo diferentes dones, segn la gracia que nos es dada, si el de profeca, sese conforme a la medida de la fe" (Ro. 12:6). Los diferentes dones que recibimos en la Iglesia provienen, no de mrito alguno de parte de nosotros, sino de la gracia de Dios. Tambin la consolacin, esperanza y fortaleza nacen de la gracia, como vemos en la respuesta del Seor al apstol Pablo en la ocasin cuando le rog al Padre que le quitara un aguijn que le golpeaba su carne; veamos: "Y me ha dicho: Bstate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriar ms bien en mis debilidades, para que repose sobre m el poder de Cristo" (2 Co. 12:9). Y las palabras de Pablo a los hermanos tesalonicenses: "16Y el mismo Jesucristo Seor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos am y nos dio consolacin eterna y buena esperanza por gracia, 17conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra" (2 Ts. 2:16).

Que el Seor nos ayude! Amn.

4. La salvacin en tiempo pasado - la del espritu

Por Arcadio Sierra Daz - 12 de Febrero, 2007, 13:19, Categora: General

Captulo 4

LA SALVACIN EN TIEMPO PASADO

LA SALVACIN DEL ESPRITU

Los tres tiempos de la salvacin

Hoy vamos a continuar con el tema que nos dio el Seor acerca de la salvacin. Hoy vamos a iniciar los tres tiempos de nuestra salvacin integral, que son: pasado, presente y futuro. Hoy vamos a considerar nuestra salvacin en el tiempo pasado. Cuando uno, al leer en la Biblia los versculos relacionados con nuestra salvacin, se encuentra con el verbo salvar en tiempo pasado, y los confunde con versculos cuyos verbos estn en tiempo presente, o en tiempo futuro, entonces no lo puede entender con claridad, o puede quedar confundido, porque la Biblia habla de que ya somos salvos, tambin habla de que nos ocupemos de nuestra salvacin ahora, de que estamos siendo salvados, pero tambin habla de que seremos salvos. De manera que encontramos en las Escrituras estos tres tiempos de nuestra salvacin, y es importante que estemos claros en este tema, que no nos confundamos, que lo vivamos, que entendamos bien todo lo relacionado con estos tres tiempos de la salvacin.

El tiempo pasado se refiere a la salvacin eterna, a la vida que nos dio Dios el da que cremos; esa la vida de l, la vida eterna, la vida increada que nos trajo el Espritu el da que fuimos regenerados porque nacimos de nuevo, que es el nuevo nacimiento a la vida espiritual.. Es la salvacin del espritu.

Cuando la Palabra de Dios habla de la salvacin en tiempo presente, ya no es del espritu, ya no se trata de la vida eterna; se refiere a la misma vida pero aplicada entonces al alma. Esa vida eterna que Dios nos da, debe ser aplicada entonces, no al espritu, pues ya la tenemos en el espritu, sino al alma nuestra, al alma humana, en la cual debe empezar un proceso de salvacin.

Y en el futuro nuestro cuerpo tambin debe ser salvo. Cuando no se entiende esto, reina la confusin en el creyente, y termina por creer que la salvacin no es segura, que se pierde, subestimando de paso la sangre derramada por el Seor y Su gran obra en la cruz por nosotros.

Entonces, hermanos, una persona puede haber transcurrido un mes, un ao, o aun diez aos, de haber recibido y credo en Cristo; esa persona es salva eternamente, ya tiene su salvacin en el espritu, la vida de Dios ha venido a esa persona, pues Dios comparte su naturaleza con nosotros cuando nacemos de nuevo, pero su alma puede an estar no siendo salva. Es salvo eternamente, pero pero qu sucede con su alma? que sus pensamientos, se deslizan, sus pensamientos se descarran, se untan de mundo sus sentimientos. Muchos viven y se mueven por el sentir. Hay personas que son muy emotivas; de manera que si no sienten ciertas cosas, entonces piensan que ya perdieron la salvacin; pero la salvacin no es por el sentir. Claro que la presencia de Dios en nosotros tiene en nosotros ciertos motivos que afectan nuestros sentimientos, pero los sentimientos del alma deben ser tratados por Dios. Una cosa es vivir en los poderes de los sentimientos y de las emociones, porque las emociones son poderosas; hay personas que quieren vivir en esos poderes de las emociones; pero es mejor vivir en los poderes de la resurreccin y no en los poderes de los sentimientos. No significa que el Seor nos despoja de los sentimientos, no; sino que los canaliza, los renueva, los transforma a fin de que en nosotros sean manifestados de acuerdo con el carcter y los intereses de Dios: amemos lo que Dios ama, y odiemos lo que Dios odia, como al pecado. Cuando en nosotros comienza a ser renovada el alma, es cuando en realidad Dios comienza a canalizar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y, como consecuencia, nuestra voluntad empieza a determinarse por la voluntad del Seor.

Miremos, pues, en la Palabra por lo menos un versculo que se relacione con la salvacin pasada (salvacin del espritu), otro versculo que tenga que ver con la salvacin presente (salvacin del alma) y otro versculo que muestre la salvacin futura (salvacin del cuerpo). Se encuentran muchos ms textos bblicos que estos, pero no es el propsito de nuestro estudio profundizar, sino apenas lo necesario para exponer con claridad lo que la Palabra de Dios nos revela acerca de la salvacin de las tres partes de nuestro ser humano y sus correspondientes etapas

Pasado.

En tiempo pasado hemos sido redimidos de la culpa y pena del pecado. Una persona no salva es esclava del pecado. Pero con lo que se refiere a una persona salva, ya ha sido pagado un precio. Lo vemos en la segunda epstola de Pablo a Timoteo 1:9. Viene hablando del Seor, cuando dice: "Quien nos salv (miren que est en tiempo pasado; ya no hay que dudar que nosotros somos salvos, pues l nos salv, y de todos los aos que llevamos siendo salvos, somos salvos; hemos pecado, y hemos acudido al Seor, dicindole: Seor, pequ, y l nos perdona por la obra de Su Hijo, y seguimos siendo hijos de Dios. Somos salvos) y llam con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino segn el propsito suyo y la gracia que nos fue dada (tiempo pasado) en Cristo Jess antes de los tiempos de los siglos". Entonces es un hecho de que somos salvos; somos hijos de Dios; ya nacimos de nuevo, y hemos pasado de muerte a vida. Nadie que haya nacido fsicamente de sus padres, vuelve a nacer en la carne. Nadie cumple aos dos veces. Asimismo cuando pasamos de muerte a vida espiritualmente, y nacemos de nuevo, eso ocurre una sola vez. Nuestro nacimiento espiritual no es sino una sola vez.

Presente.

En el tiempo presente estamos siendo liberados del poder que ejerce el pecado sobre nosotros. Antes fuimos redimidos de la culpa y pena del pecado, ahora es del poder. Cuando una persona es salva, ya frente a Dios est justificada; ya es libre toda culpa delante de Dios y no merece pena alguna, porque esa pena ya fue pagada, pero hay un poder que sigue manejando a esa persona. Miren, cuando el hombre interior, donde mora el Seor, se inclina a obedecer lo que le pide el hombre exterior, y empieza a inclinarse y a acercase a las pretensiones del hombre exterior, se va apartando de Dios, porque es una fuerza que lo quiere obligar todos los das a pecar. Entonces ahora, en la salvacin que debe estar ocurriendo en nosotros, en el alma, estamos siendo liberados de ese poder del pecado en nosotros. Amerita recordar lo que dice Pablo en Romanos 7: Quiero hacer lo bueno, pero no puedo, hay una fuerza dentro de m que me lo impide y me lleva a hacer lo que no quiero. Quin me librar de este cuerpo de muerte? El versculo clave para mostrar la salvacin en tiempo presente lo encontramos en Santiago 1:21: "Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas". Ah no habla de la salvacin del espritu. Tngase en cuenta que esta carta est enviada a creyentes cristianos, que ya son salvos eternamente en el espritu. Esto que estamos tratando lo podemos constatar detalladamente a travs de una minuciosa lectura personal de las Escrituras, ojal valindonos de una buena concordancia bblica.

Futuro.

En el tiempo futuro, entonces, seremos librados de la presencia del pecado. El pecado es una fuerza, un poder interno que nos obliga a pecar; pero de ese poder seremos totalmente liberados cuando estemos ya revestidos de un cuerpo glorioso. Por ejemplo, hablando del Seor Jesucristo y de nuestra resurreccin, la Palabra dice: "20Mas nuestra ciudadana est en los cielos, de donde tambin esperamos al Salvador, al Seor Jesucristo; 21el cual transformar el cuerpo de la humillacin nuestra (el cuerpo que tenemos ahora es un cuerpo de humillacin), para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (seremos conformados perfectamente a la imagen de Cristo), por el poder con el cual puede tambin sujetar a s mismo todas las cosas" (Flp. 3:20,21). En ese cuerpo glorioso que tendremos, ya habr sido eliminada esa fuerza nefasta que se llama pecado, que todava en este momento est en nosotros. Pero ahora en nosotros, como creyentes, a esta fuerza la contrarresta una fuerza ms poderosa, que es la ley del Espritu de vida en Cristo. Esta nueva ley en nosotros contrarresta la ley del pecado. En nuestro cuerpo est todava, y por eso es que el creyente peca, aunque no debemos pecar. Entonces seremos librados de esa presencia, y finalmente seremos conformados a la imagen de Cristo.

Ya somos salvos en nuestro espritu

Vemos, pues, que nosotros ya somos salvos en el espritu. Nuestro espritu ya recibi la vida de Dios por medio del Espritu Santo. Cundo dejamos de ser salvos? Jams. No hay ni un versculo en la Biblia que manifieste que un creyente deja de ser hijo de Dios. A veces me pongo a pensar. Si un hijo de Dios, que es salvo por Cristo Jess, que de pronto se le diera por manifestar voluntariamente: No quiero la salvacin que me ha dado Cristo, qu le ocurrira? Es algo que no lo tengo del todo claro. Me inclino por creer que sigue siendo un hijo de Dios (cfr. Ro. 8:38,39). Pues si expresa esta frase es posible que jams haya sido salvo, pues la Biblia dice que el que es hijo de Dios, lo ser eternamente.

En el mundo a veces se da el caso de que por alguna circunstancia alguien le diga a sus padres: Desde hoy ya nos los considerar ms mis padres: no soy hijo de ustedes desde este momento. Ser que lo deja de ser? No. Sigue siendo hijo de sus legtimos padres, aunque no lo quiera. Asimismo, en el caso de los hijos de Dios, aunque alguien renuncie a su condicin de Dios, seguir siendo hijo de Dios, y de eso dar cuenta ante el tribunal de Cristo, porque el nacimiento espiritual es tan verdadero como el natural de nuestros padres terrenales. Aunque es posible que esto, de que una persona renuncie de su condicin de salvo, de que Dios es nuestro Padre, jams ocurra.

Estamos viendo en el presente captulo lo relacionado con la salvacin en tiempo pasado. Hoy no vamos a hablar de la salvacin del alma, sino de la del espritu, la cual es un regalo de Dios, que nadie en el mundo ha merecido ni merecer jams. Cuando an ramos pecadores, cuando estbamos hundidos en el fango, l nos salv; vino del cielo a darnos ese regalo; y dice la Palabra de Dios que es un regalo incondicional, como lo hemos visto en nuestros captulos anteriores, pero es necesario que tambin lo analicemos aqu.

Volvamos a Efesios 2: "1Y l os dio (tiempo pasado) vida a vosotros, cuando estabais (tiempo pasado) muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al prncipe de la potestad del aire, el espritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3entre los cuales tambin todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y ramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los dems". En ese tiempo no tenamos conciencia de nuestra depravada condicin; y de ah nos sac el Seor, de esa esclavitud diablica, de esa esclavitud carnal y concupiscente; nos sac de esa aparente independencia. ramos esclavos de un faran invisible cuyos tentculos llegaron hasta el corazn mismo de nuestro degenerado ser.

"4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos am, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio (tiempo pasado) vida juntamente con Cristo (por gracia sois [presente continuo] salvos), 6y juntamente con l nos resucit (tiempo pasado; estamos resucitados; ya Cristo resucit, y nosotros tambin resucitamos en la resurreccin de Cristo), y asimismo nos hizo sentar (tiempo pasado) en los lugares celestiales con Cristo Jess". Ese es nuestro lugar; y en la medida que nuestra alma sea salva, ms lo viviremos. Nosotros experimentamos muy poco estar en ese lugar de gloria con Cristo debido a que todava a la salvacin de nuestra alma le falta mucho; pues an nuestro diario vivir depende en mucho de nuestra alma no renovada, o con una renovacin que an deja mucho que desear; una renovacin incompleta, mediocre; an tenemos una mente, un entendimiento, no transformado, no renovado; seguimos pensando casi como antes; lo mismo ocurre con nuestros sentimientos, pues seguimos motivados por emociones carnales, y, claro, nuestra voluntad, como consecuencia, no est sometida todava a la voluntad de Dios.

"7Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jess. 8Porque por gracia sois salvos (presente continuo) por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se glore". Si la salvacin dependiera de nuestras obras y de nuestra conducta, no habra ni una sola persona salva, y entonces no habra Iglesia. Por qu? Porque hoy soy salvo; hoy aparentemente no estoy pecando; pero de pronto maana s; entonces maana pierdo mi salvacin; pierdo mi nuevo nacimiento. Entonces, cundo volver a nacer de nuevo? Es viable que eso ocurra? Pero, hermanos, quien no es salvo, no es salvo, y ya; y el que es salvo, es salvo. Ah no hay trmino medio. Eres salvo eternamente, o no lo eres. Ahora, si una persona cree, llega a ser salva.

Las obras cuando ya somos salvos

En cambio en el versculo 10 habla de obras, pero no para salvacin, sino obras para los que ya han sido salvos. De qu obras habla ese versculo? "10Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jess para buenas obras (nosotros somos un poema de Dios), las cuales Dios prepar (Dios prepar obras para cada uno de Sus hijos) de antemano para que anduvisemos en ellas". Nosotros ahora tenemos una responsabilidad que Dios nos ha asignado; me ha asignado a m, te ha asignado a ti, que cada uno debe llevar a cabo, no para que por esas obras lleguemos a salvarnos, pues ya somos salvos, ya somos hijos de Dios. De que realicemos esas obras o no, de eso debemos dar cuenta al Seor en Su venida. No son mis obras, no; son las obras que Dios ha asignado para que yo las haga para l y con l. "7Gocmonos y alegrmonos y dmosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos" (Ap. 19:7,8). Es una responsabilidad que ha recado en cada uno de nosotros. Si nosotros dejamos de hacer algo que Dios nos ha asignado que ejecutemos para l, entonces cuando estemos en el tribunal de Cristo, el Seor no me va a aceptar que yo le diga que no hice eso porque otro hermano me lo impidi, o me estorb, o no cont con los medios o el tiempo necesarios. Ese es el caso del que enterr su talento. a dnde fue a parar? A las tinieblas de afuera. Pues entonces debo actuar por encima de todos esos inconvenientes reales o imaginarios. Yo soy un hijo de Dios y tengo esa responsabilidad; y si no la tenemos, pidmosla al Seor: Seor, hazme responsable en la obra que t ests llevando a cabo. Porque la obra es del Seor. Cada quien que haga lo que tiene que hacer. Yo no voy a dar cuentas al Seor por lo que haga o deje de hacer otra persona, sino sobre lo mo.

Somos hijos de Dios

" 2Amados, ahora somos hijos de Dios (notemos cmo lo afirma Juan, con esa entereza: ahora, no es maana, o quin sabe, si de pronto; no), y an no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando l se manifieste, seremos semejantes a l, porque le veremos tal como l es. 14Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida (pasar de muerte a vida es ms que una mera salvacin virtual), en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte" (1 Juan 3:2,14). La Palabra de Dios no puede hablar ms categricamente; no deja lugar a dudas ni a cavilaciones. Hemos pasado de muerte a vida para siempre. Y aqu muestra una seal inequvoca, de que nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida cuando amamos a los hermanos; y el que no ama a su hermano permanece en muerte; eso nos da la seguridad, aunque ahora no estamos hablando de ese tema; pero encaja.

Un captulo muy rico en enseanzas acerca de la seguridad de nuestra salvacin en nuestro espritu es Romanos 6: "1Qu, pues, diremos? Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado (tiempo pasado: ya morimos), cmo viviremos an en l? 3O no sabis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jess, hemos sido bautizados (tiempo pasado) en su muerte? (ya es un hecho histrico) 4Porque somos sepultados juntamente con l para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucit de los muertos por la gloria del Padre, as tambin nosotros andemos en vida nueva (nosotros ya resucitamos). 5Porque si fuimos plantados (tiempo pasado) juntamente con l en la semejanza de su muerte, as tambin lo seremos en la de su resurreccin (cuando l muri, toda la humanidad estaba incluida; ah estbamos nosotros. Cuando Cristo resucit, nosotros tambin fuimos incluidos en esa resurreccin); 6sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con l, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos ms al pecado". Este captulo dice que en la cruz hubo una liberacin, pues hubo muerte, de manera que en la medida que vivimos esa muerte y esa resurreccin, somos librados, pues l lo hizo con nosotros en la cruz. Por qu? "7Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8Y si morimos con Cristo, creemos que tambin viviremos con l; 9sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseorea ms de l. 10Porque en cuanto muri, al pecado muri una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11As tambin vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jess, Seor nuestro".

Sigue diciendo Romanos 6: "22Mas ahora que habis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenis por vuestro fruto la santificacin, y como fin, la vida eterna". Es un hecho; somos siervos de Dios en Cristo. Antes ramos esclavos del pecado, ahora somos esclavos de Dios; es una esclavitud que reemplaza a la otra, pero que son totalmente diferentes. Una es esclavitud subyugante, de odio, de dolor, de maldad, de muerte, de cadenas; la otra esclavitud es una sujecin con lazos de amor, llena de gozo y alegra, felicidad, de vida. "23Porque la paga del pecado es muerte, mas la ddiva [regalo inmerecido] de Dios es vida eterna [que no tiene fin] en Cristo Jess Seor nuestro".

La Biblia declara que no hay justo ni aun uno; que no hay quin entienda; que no hay quin haga lo bueno; no hay ni siquiera uno. Entonces, si no hay quin haga lo bueno, una persona que pierda su salvacin, cmo hara para volver a salvarse? Porque si la salvacin dependiera de m, estara dependiendo de un fundamento nulo, porque no hay quin haga lo bueno (cfr. Romanos 3:10-18); dice que la boca de las gentes est llena de veneno de vboras; que toda la humanidad a una se desvi hacia el mal. Entonces, hermanos, cmo el Seor va a darnos una salvacin tan endeble, que se basa en el vaivn de nuestra conducta? Siendo que Sus hijos estamos siendo ahora edificados como Su casa, como el cuerpo de Cristo, como Su templo, cmo nos va a dejar a la deriva, que si hace o no hace, que si obedece o no obedece, que si obra bien u obra mal? Entonces no sera Dios quien estuviera haciendo una cosa tan extraa para Su carcter. El Seor mismo dice en Mateo 7:18: "No puede el buen rbol dar malos frutos, ni el rbol malo dar frutos buenos".

Nosotros somos esos rboles. Quien hace lo bueno en nosotros, no somos nosotros mismos; es la vida de Dios en nosotros, Cristo en nosotros. Ms bien nosotros le estorbamos al Seor en Sus propsitos, porque somos malos. La bondad que hay en nosotros es l. Lo dice Pablo en Filipenses 2:13: "Porque Dios es el que en vosotros produce as el querer como el hacer, por su buena voluntad". Si nos proponemos hacerlo, vamos a fracasar. Es Dios el que lo hace en nosotros, con nosotros, clar est. En la medida en que l vaya avanzando en la renovacin de nuestra alma, en la transformacin de nuestro yo, entonces experimentaremos victoria, habr algo positivo en nosotros, algo que a l le honre, segn vaya poniendo en nosotros el querer como el hacer. A veces l nos puede decir algo, pero nosotros no queremos, porque estamos en otro cuento, en nuestra propia voluntad.

Ya hemos visto tambin lo que dice el Seor en Juan 6:44: "Ninguno puede venir a m, si el Padre que me envi no le trajere; y yo le resucitar en el da postrero". Hasta eso hace Dios; el Padre nos trae a Cristo; el Padre nos revela a Cristo, y el Espritu Santo nos convence y nos hace objetos de la gracia divina para que nosotros podamos reaccionar y usar nuestra voluntad y ver que somos pecadores que necesitamos de la salvacin tan grande que Dios nos da, que viene del Padre a travs del Hijo y aplicada por el Espritu Santo.

Cmo es salvado el espritu?

En el captulo 3 del evangelio de Juan se desarrolla una conversacin entre el Seor Jess y un doctor, un maestro de Israel, miembro del Sanedrn, llamado Nicodemo. l era un religioso judaico, pero vio en el Seor a un enviado de Dios, y fue a visitarlo una noche. Nicodemo no tena ni la ms remota idea del nacimiento espiritual, como tampoco tena suficiente claridad del verdadero carcter del reino de Dios; y el Seor, yendo directamente al grano, le dice: "3De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios". Al reino de Dios no se le puede ver por el hecho de que uno profesa alguna religin cristiana o juda o monotesta; tampoco es por sentimientos; no es por tener ciertas ideas filosficas; tampoco es por poseer una erudicin fuera de lo comn; no es por gozar del aprecio por ser una persona de muy buena moral, una persona de sanas costumbres, una persona que practica las normas de la Urbanidad de Carreo; sino que la persona, para ver el reino de Dios, debe nacer de nuevo. Como Nicodemo no entenda lo de nacer de nuevo, y lo relacionaba con el nacimiento natural de los humanos, entonces el Seor le confirm, dicindole: "5De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espritu, no puede entrar en el reino de Dios". Cmo puede hacerse eso? Puede un ser humano comn y corriente entender eso? Imposible. De esto se ha hablado mucho; pero digamos que para nosotros nacer de nuevo, por la revelacin de Dios en nosotros, debemos vincularnos a la obra de la cruz; tenemos que pasar por ah, como lo declara el Seor seguidamente: "6Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espritu, espritu es. 7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dnde viene, ni a dnde va; as es todo aquel que es nacido del Espritu. 14Y como Moiss levant la serpiente en el desierto, as es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15para que todo aquel que en l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". El Seor aqu est relacionando su sacrificio expiatorio con el relato del libro de Nmeros 21:4-9, cuando Israel peregrinaba por el desierto, y empezaron a murmurar contra Dios y contra Moiss quejndose porque los haban trado a que murieran en ese desierto; que estaban cansados de comer ese pan tan liviano, y otras cosas. Cuando se murmura contra Moiss se murmura contra Dios, porque Moiss es puesto por Dios. Entonces, para que el pueblo aprendiera, Dios les envi serpientes venenosas, que mordan al pueblo, y muri mucha gente, pues las serpientes del desierto tienen un veneno ms mortal.

El pueblo aprendi la leccin y se acercaron a Moiss a declarar su pecado y a decirle a Moiss que rogara a Dios les quitara esas serpientes. Entonces Moiss le plante el asunto a Dios y or por el pueblo. Dice la Palabra: "8Y Jehov dijo a Moiss: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivir. 9Y Moiss hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente morda a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y viva" (Nm. 21:8-9). Todo aquel que fuere mordido por serpiente y no quisiera morir, deba alzar la vista hacia la serpiente de bronce; ellos deban vincularse con todo lo que Moiss estaba haciendo por orden de Dios.

Mirar es creer, y no creer es morir. Si una persona quiere ser salva, no le basta con ser matriculada en una religin, sino sencillamente creer en el Seor Jess, vincularse a la obra del Seor en la cruz, creer que Jesucristo fue crucificado y derram Su sangre para salvarlo. Cuando eso se efecta, inmediatamente pasa la persona de muerte a vida, pues llega a participar de la vida de Dios; nace en el Espritu como un hijo de Dios, y eso es lo que la Palabra llama regeneracin. Eso es nacer de nuevo. Es cuando la persona puede mirar el reino de Dios; y en la medida que lo va conociendo, creciendo, madurando, obedeciendo, negndose a s mismo y tomando su cruz, entonces puede entrar en l. Para participar en la manifestacin del reino en el milenio cuando el Seor regrese, debemos entrar en l ahora tomando cada da nuestra cruz.

No hay condenacin para el creyente

Sigue diciendo Juan 3: "16Porque de tal manera am Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unignito, para que todo aquel que en l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". El que cree, ha salvado su espritu. "18El que en l cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha credo en el nombre del unignito Hijo de Dios". "El espritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha", dice el Seor en Juan 6:63. Son citas claves que nos aclaran lo que estamos tratando. La Palabra de Dios misma nos da testimonio de esta gran verdad. "El Espritu mismo da testimonio a nuestro espritu, de que somos hijos de Dios" (Ro. 8:16). Por qu? Porque el Espritu de Dios y el nuestro han venido a hacerse uno, con la vida de Dios en nosotros. Ya somos salvos, ya no hay condenacin eterna para nosotros, aunque puede haber alguna culpabilidad temporal. Dice Pablo en Romanos 8: "1Ahora, pues, ninguna condenacin hay para los que estn en Cristo Jess, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espritu". Por qu esta explicacin? Porque los creyentes ya han sido librados de la muerte eterna, del lago de fuego, pero al andar en la carne todava, tienen que dar cuenta de la vida que llevan. Pablo da por sentado que el creyente debe andar conforme el Espritu. Esa es la vida normal de un creyente cristiano. Lo asevera el apstol en el siguiente versculo. 2Porque la ley del Espritu de vida en Cristo Jess me ha librado de la ley del pecado y de la muerte". Aqu la Palabra se refiere a una condenacin subjetiva, en potencia; no una condenacin objetiva, pues se refiere a una derrota de la ley del pecado, algo intrnseco en nuestra humanidad. La ley del pecado est, pero ha sido derrotada. De manera, pues, que no hay condenacin para nosotros los que hemos credo en Cristo.

Esto que estamos viendo no es fcil de entender cuando no hay revelacin; puede que la persona sea versada en teologa, pero si no tiene revelacin, le es muy difcil, por no decir que imposible recibirlo. Cuando se ha recibido la revelacin, todo lo ve muy claro. En la vida del creyente hay etapas espirituales. Pablo, en su primera epstola a los Corintios habla de dos clases de creyentes. As como el Seor se refiere a vrgenes prudentes y otras insensatas, tambin en el captulo 3 de esa epstola, Pablo se refiere a creyentes maduros, espirituales, y a creyentes carnales. Dice Pablo a los hermanos de Corinto: "1De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a nios en Cristo". En los dos primeros captulos de la epstola, Pablo trata el problema de la divisin en que ellos se estn enredando; son creyentes, les acaba de tratar de hermanos; pero cuando les dice que ellos son carnales, con eso no les est diciendo que ya perdieron la salvacin. No se entienden entre s, pero son hermanos, son santos del Seor. "2Os di a beber leche, y no vianda; porque an no erais capaces, ni sois capaces todava (eran hermanos que no soportaban una enseanza profunda de la palabra, sino los primeros rudimentos; hay hermanos que duran veinte aos aprendiendo los rudimentos), 3porque an sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, no sois carnales, y andis como hombres? 4Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos (yo soy metodista, yo soy pentecostal, yo soy bautista), no sois carnales?".

Diferencia entre la salvacin del alma y del espritu

Entonces, la salvacin del espritu es tener vida eterna; en cambio la salvacin del alma es sencillamente poseer el reino. Un alma que sea salva desde ahora debe poseer el reino; y un alma que no ha sido salva, todava no ha empezado a vivir en la realidad del reino en este tiempo de la Iglesia. Recuerden, hermanos, esa gran parbola de las diez vrgenes.

"1Entonces el reino de los cielos (acabamos de decir que la salvacin del alma es poseer el reino; no se relaciona con la salvacin eterna) ser semejante a diez vrgenes (toda la Iglesia) que tomando sus lmparas (sus espritus), salieron a recibir al esposo. 2Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. 3Las insensatas, tomando sus lmparas, no tomaron consigo (su yo, su alma) aceite; 4mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas (sus almas), juntamente con sus lmparas. 5Y tardndose el esposo, cabecearon todas y se durmieron (murieron). 6Y a la medianoche se oy un clamor: Aqu viene el esposo; salid a recibirle! (la segunda venida del Seor) 7Entonces todas aquellas vrgenes se levantaron, y arreglaron sus lmparas (la resurreccin e la Iglesia). 8Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite (la uncin del Espritu Santo); porque nuestras lmparas se apagan (no se haban apagado porque eran salvas). 9Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id ms bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas (el precio que no pagaron en vida terrenal tomando su cruz, pensaban que all lo podan solucionar en un momento). 10Pero mientras ellas iban a comprar (si no se paga ahora el precio, deberemos pagarlo cuando venga el Seor, y eso nos priva de las bodas y del reino), vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con l a las bodas (esas vrgenes haban pagado el precio, haban tomado su cruz, y haban obedecido los principios del reino); y se cerr la puerta. 11Despus vinieron tambin las otras vrgenes, diciendo: Seor, seor, brenos! 12Mas l, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco" (Mt. 25:1-12). Para esas vrgenes se les cerr la puerta del reino y de las bodas del Cordero con Su Iglesia.

Entonces, de ah se desprende que la salvacin del espritu y del alma son diferentes. Cmo es salvado el espritu? Nuestro espritu es salvado slo cuando creo que Cristo llev la cruz por m, para darme esa salvacin eterna. Es por fe. En cambio el alma es salvada por el hecho de que yo lleve mi propia cruz, que es algo diferente. "24Entonces Jess dijo a sus discpulos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, y tome su cruz (cada da), y sgame. 25Porque todo el que quiera salvar su vida, la perder; y todo el que pierda su vida por causa de m, la hallar. 25Porque todo el que quiera salvar su vida, la perder; y todo el que pierda su vida por causa de m, la hallar" (Mt. 16:24-25). Es algo que debe ser continuo en nuestra cotidianidad. Pero el alma no quiere llevar la cruz, sino vivir una vida suave, que nadie te ofenda, que no sufras estrechez ni incomodidades. El alma quiere una salvacin y entrada al reino pero que no le cueste nada. Cuando empezamos a tomar cada da nuestra propia cruz, el Seor obra en nosotros, de tal manera que vamos formando una escala de valores, de lo que conviene y no conviene; pero esto lo vamos a hablar cuando estudiemos la salvacin del alma.

El Seor, pues, llev la cruz para salvarnos a nosotros. "El cual (el Seor Jesucristo) fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificacin" (Ro. 4:25). Es un hecho histrico que ocurri para darnos la salvacin eterna, Cristo voluntariamente fue a la cruz. "Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley (cumplimiento de mandamientos), sino por la fe de Jesucristo, nosotros tambin hemos credo en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie ser justificado" (G. 2:16). Recordemos siempre lo que dice Juan 1:11,12: "11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". El espritu se salva por fe, no por obras, pues la salvacin es un don de gracia. Hablando de Abraham, la Palabra dice: "Y crey a Jehov, y le fue contado por justicia" (G. 15:6). A eso se refiere Pablo en el captulo 4 de Romanos: "1Qu, pues, diremos que hall Abraham, nuestro padre segn la carne? 2Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qu gloriarse, pero no para con Dios. 3Porque qu dice la Escritura? Crey Abraham a Dios, y le fue contado por justicia (eso fue lo que hizo Abraham, el padre de la fe). 4Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; 5mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impo, su fe le es contada por justicia" (Ro. 4:1-5). La fe en la obra del Seor es lo que nos justifica. No es que se tengan conocimientos bblicos lo que nos justifica, ni que se ocupe un lugar prominente en la comunidad de los santos; como el caso que narra el hermano Nee en su obra "El Evangelio de Dios". l cuenta que una madrugada lleg una prostituta a tocar a la puerta de la casa de un pastor a que fuera hasta la casa de su madre para que la ayudara en su salvacin, pues se estaba muriendo. El pastor se negaba a ir, y menos a esa hora, en que la gente podra verlo andando en la calle con una prostituta. En eso tena razn; sin embargo, ella le insisti tanto, que se vio precisado a ir. Cuando estaba con la enferma no saba cmo ayudarla; y ellas se maravillaban de aquello, pues aquel hombre era pastor de una congregacin denominacional sin que l mismo fuera salvo; y aquel cuadro con aquellas mujeres con sed de la salvacin lo toc tan profundo, que all l mismo crey en Jesucristo y fue salvo tambin. l haba cursado estudios de teologa en algn seminario bblico; a los mejor se gradu en divinidades, pero nada de eso lo haba salvado; pero el da que crey fue salvo, y lo fue eternamente. Porque eso es lo que dice la Palabra de Dios.

En la edificacin de la Iglesia lo primero es la salvacin del espritu; y lo primero que ocurre en una persona el da que cree es que esa salvacin va directamente a lo ms profundo de su ser, a fin de empezar a edificar este templo. Nuestra salvacin no empieza por el alma, ni mucho menos por el cuerpo. La salvacin de Dios no es aplicada primeramente en lo externo; porque la salvacin que Cristo nos da no significa que uno se vista de religioso, ni que muestre un semblante de pseudo misticismo, no; la salvacin arriba a lo ms profundo del ser humano, a su espritu, al lugar santsimo del templo. El arquetipo lo encontramos en el libro de xodo, cuando el Seor le orden a Moiss que le construyera un tabernculo, un santuario en el desierto, lo primero que le ordena construir es el arca, que es la figura de Cristo, la presencia de Dios. A Moiss no se le orden que comenzara construyendo el atrio y luego el lugar santo, no, sino el arca en el lugar santsimo. "10Harn tambin un arca de madera de acacia, cuya longitud ser de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. 11Y la cubrirs de oro puro por dentro y por fuera, y hars sobre ella una cornisa de oro alrededor" (x. 25:11-10). En nuestra salvacin y edificacin como templo de Dios, lo primero que tiene que formarse en nosotros es el arca, la cual es la Presencia, la Shekinah, all profundamente en nuestro espritu. No se nos olvide que nosotros somos el templo de Dios, y en ese templo que se est edificando con nosotros, lo primero que el Seor edifica es el arca, Su vida en nosotros, porque el fundamento del edificio es Cristo.

Elementos que encierra la salvacin del espritu

La salvacin del espritu encierra dos aspectos importantes como para tener en cuenta para su entendimiento:

1La Palabra de Dios siempre afirma que la salvacin es un regalo inmerecido de Dios para nosotros. Elijamos un ejemplo en la Palabra en Efesios 1:3-5: "3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendicin espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4segn nos escogi en l antes de la fundacin del mundo (Si ven que es un regalo inmerecido? Antes de la creacin del mundo an no existamos y no habamos hecho ni bien ni mal; adems, nosotros, despus de haber vivido una vida de pecado, no merecemos que Dios nos hubiera escogido desde antes de la fundacin del mundo para hacernos Sus hijos), para que fusemos santos y sin mancha delante de l, 5en amor habindonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, segn el puro afecto de su voluntad". Nuestra salvacin es un regalo de Dios que no merecemos; es un regalo inmerecido. Cuando estemos estudiando la salvacin del alma, veremos que habla de galardn, habla de paga; pero en la salvacin del espritu, el galardn quien lo lleva es Cristo, l es el de la obra y los mritos.

2El segundo elemento que encierra la salvacin del espritu es que siempre aparece en la Biblia en tiempo pasado. Mirmoslo en 1 Juan 5:11-13: "11Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida est en su Hijo". No est en nosotros. Esto de la salvacin es delicado. Es preciso que conozcamos estos textos bblicos, y su exgesis correcta y ortodoxa.

"12El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida". Dios mismo nos lo dice; podemos tener toda la certeza de ello; podemos proclamarlo a los cuatro vientos: Tenemos vida eterna; y que hasta los demonios queden avergonzados, porque es la obra del hijo de Dios, no es nuestra obra. Mis obras no valen nada sin l, pero el Cristo de la gloria me ha dado ese privilegio. Es Dios quien lo ha hecho por medio de Su Hijo. El que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida, as se trate de un militante de la religin ms conspicua, o de persona de principios muy morales e irreprochables. "13Estas cosas os he escrito a vosotros que creis en el nombre del Hijo de Dios, (para qu les escribo estas cosas?) para que sepis que tenis vida eterna, y para que creis en el nombre del Hijo de Dios".

Tambin Pablo lo afirma en Romanos 8:29-30: "29Porque a los que antes conoci, tambin los predestin para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos. 30Y a los que predestin, a stos tambin llam; y a los que llam, a stos tambin justific; y a los que justific, a stos tambin glorific".

Si alguien piensa que puede perder la vida eterna, en ese caso volvera a la muerte espiritual, y un muerto es incapaz de volver a tener vida por s mismo; entonces, qu hara? pues quien da la vida es Dios, tanto la vida biolgica, como la psquica, y cunto ms la vida eterna, la del Espritu (en griego, zo). Dios es el dador de la vida, y un muerto no puede obtenerla por s solo. "El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Col. 2:13). Para que nosotros, cuando estbamos muertos en delitos y pecados, llegramos a tener vida espiritual, Dios se vio precisado a revelarnos a Su Hijo, y el Espritu Santo nos aplic la gracia de Dios, para que nosotros pudiramos, por la misericordia del Seor, tener luz, ser convencidos y poder usar nuestra voluntad, y decirle: Seor, yo necesito de tu salvacin.

"Pero el que se une al Seor, un espritu es con l" (1 Co. 6:17). Ya lo hemos invocado, le hemos pedido perdn, por lo tanto el Espritu de Cristo ya vino y se hizo uno con nuestro espritu; entonces ya nacimos de nuevo, y por lo tanto ya fuimos regenerados, recibimos una vida nueva, un espritu nuevo, la vida eterna y la naturaleza divina. Amn.

5. La salvacin en tiempo presente - la del alma

Por Arcadio Sierra Daz - 12 de Febrero, 2007, 12:45, Categora: General

Captulo 5

LA SALVACIN EN TIEMPO PRESENTE

LA SALVACIN DEL ALMA

Ocupaos de vuestra salvacin

Hoy vamos a continuar con nuestro estudio sobre la salvacin. La vez pasada estuvimos hablando de los tres tiempos de la salvacin: pasado, presente y futuro. Hoy vamos a ver el tiempo presente. El viernes estuvimos hablando de la salvacin en tiempo pasado; o sea, la salvacin del espritu, y voy vamos a esbozar la salvacin en tiempo presente, lo que se refiere a la salvacin del alma. Ya hemos visto que la Palabra revela que el hombre es un ser tripartito; es decir, conformado por cuerpo, alma y espritu, y que cada una de estas partes es salvada en un tiempo determinado.

Cuando recibimos a Cristo, fuimos regenerados, nacimos de nuevo, recibimos la vida de Dios para siempre. Eso siempre aparece en tiempo pasado. Pero cuando se trata de que esa salvacin del Seor pase a ser aplicada a nuestro ser, a nuestra personalidad, a nuestro ego, esa aplicacin no se realiza en un instante, sino que es un proceso, un desarrollo progresivo, hasta que todo nuestro ser, nuestra alma, nuestro intelecto, nuestros sentimientos y nuestra voluntad hayan sido transformados por Dios; entonces cambiar nuestra forma de pensar, y eso es un proceso que puede durar incluso muchos aos, pues se trata de transformar una persona con su criterio ya formado, a la imagen del Hijo de Dios. Entonces, la Palabra, cuando habla de la salvacin del alma, siempre lo expresa en tiempo presente; cuando se refiere a la salvacin del espritu, siempre lo indica en tiempo pasado, y cuando menciona la salvacin de nuestro cuerpo, siempre lo hace en tiempo futuro. Para llenar las expectativas del presente modesto estudio, no es nuestra intencin hacer acopio de muchos textos bblicos, que sera lo deseable, pero con los que traemos en nuestra ayuda nos basta.

Comencemos, pues, con Filipenses 2:12: "Por tanto, amados mos, como siempre habis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho ms ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvacin con temor y temblor". Por qu la Palabra dice aqu por tanto? Ese por tanto es clave para nosotros en este momento. A qu se haba referido la Palabra para que ahora nos diga por tanto? Es como diciendo: miren lo importante que es lo que acabo de decir; medtenlo, obren as; el mismo Seor nos da ejemplo. Porque al comenzar el captulo 2 de la carta de Pablo a los Filipenses hay tambin otro "por tanto", pero no vamos a tomar el contexto mucho atrs; iniciemos ah, cuando dice: "1Por tanto, si hay alguna consolacin en Cristo, si algn consuelo de amor, si alguna comunin del Espritu, si algn afecto entraable, si alguna misericordia, (si eso est ocurriendo entre los amados hermanos, entonces) 2completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unnimes (con una sola alma), sintiendo una misma cosa". Por qu debemos sentir una misma cosa? Porque todos nosotros tenemos la vida de Dios; todos nosotros tenemos a Cristo dentro de nosotros, de manera que la transformacin que l ahora est operando en nosotros es la misma. l est poniendo en nosotros la impronta de Su carcter, de Su vida, de Su santidad.

"3Nada hagis por contienda (ese hacer es de nuestra alma) o por vanagloria; antes bien con humildad, (y aqu explica qu cosa es la humildad) estimando cada uno a los dems como superiores a l mismo (as sea el hermanito considerado como el ms humilde, debemos considerarlo superior a nosotros mismos); 4no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual tambin por lo de los otros. 5Haya, pues, en vosotros (entonces pone el ejemplo del Seor) este sentir que hubo tambin en Cristo Jess, 6el cual, siendo en forma de Dios (lo supremo, lo ms grande), no estim el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse (nosotros solemos aferrarnos a lo que somos, a lo que tenemos, a lo que conocemos; nos aferramos a unas costumbres, nos aferramos a la clase social a la que pertenecemos, etc.), 7sino que se despoj a s mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres (miren, hermanos, cmo antes que el mundo fuese, el Seor tom Su cruz; l no la tom aquella vez que Pilato orden que lo crucificaran en el monte Calvario, a las afueras de Jerusaln; ya l la haba tomado mucho tiempo antes de que existiese la creacin que vemos); 8y estando en la condicin de hombre, se humill a s mismo, hacindose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". Debido a eso, dice el verso 12: 12Por tanto, amados mos, como siempre habis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho ms ahora en mi ausencia (en este momento, as como estamos vivos todava en esta tierra), ocupaos en vuestra salvacin con temor y temblor con temor y temblor". Lgicamente que aqu no se trata de la salvacin del espritu, pues la salvacin del espritu fue consumada en el momento en que nosotros cremos en Jesucristo, y esa salvacin es para siempre, es eterna. En el tiempo presente, pues, debemos ocuparnos en la salvacin de nuestra alma.

Con vuestra paciencia ganad vuestras almas

Vamos a Lucas captulo 21. All la Palabra viene hablando de que nosotros seramos entregados aun por nuestros padres, hermanos y parientes; es decir, nosotros siempre tendremos dificultades por ser creyentes, y aun podramos gustar la muerte por causa de Cristo, "17y seris aborrecidos de todos por causa de mi nombre". Pero no se preocupen por eso. Bueno, como ahora se est predicando otra cosa; es un extrao evangelio que dice que cuando uno recibe a Cristo todo es felicidad; que no hay dificultades. Ese no es el mensaje del evangelio bblico; el lenguaje de la Palabra es que hay que sufrir; que para entrar en el reino debemos tomar nuestra cruz; que tenemos que negarnos a nosotros mismos. El Seor nos lo advierte dicindonos que no todo ser color de rosa. Cristo desde toda la eternidad tom su Cruz y jams la ha soltado. No vine a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envi. "18Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecer". Qu importa lo que pueda suceder ahora; no perecer en nada, me lo asegura el Seor; pero hay algo diciente para nosotros: "19Con vuestra paciencia ganaris vuestras almas". En el original griego dice "ganad vuestras almas". Refirindose al espritu dice que "por gracia sois salvos por medio de la fe... no por obras, para que nadie se glore"; pero aqu dice que debemos obrar, que debemos tener paciencia; es decir que una vez salvado el espritu, debemos ocuparnos de la salvacin del alma. Ambos aspectos son totalmente diferentes.

Un llamado a reedificar el templo

En el captulo 1 del profeta Hageo encontramos un llamado a reedificar el templo. All dice: 1En el ao segundo del rey Daro, en el mes sexto, en el primer da del mes, vino palabra de Jehov por medio del profeta Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Jud, y a Josu hijo de Josadac, sumo sacerdote, diciendo". En los tiempos antiguos no exista la cronologa que usamos ahora en Occidente, el calendario gregoriano (que arranca desde el papa romano Gregorio), entonces los historiadores sealaban las fechas de los acontecimientos ubicndose en la cronologa de los gobernantes que intervinieran en la narracin. Si tena que ver con el imperio tal, se deca en el ao tal del emperador tal, el que reinaba en el pas donde se ubicaba la narracin. Por eso cuando uno va al evangelio de Lucas, por ejemplo, encuentra que en el captulo 3 dice: "1En el ao decimoquinto del imperio de Tiberio Csar, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2y siendo sumos sacerdotes Ans y Caifs, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacaras, en el desierto, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2y siendo sumos sacerdotes Ans y Caifs, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacaras, en el desierto". Para ubicar el tiempo en que el Seor le habla a Juan el Bautista, Lucas lo dice usando la cronologa del mandato del emperador romano de turno (corresponde al ao 27 o 28 d. C.) y otros gobernantes de esa regin en los tiempos de la manifestacin del ministerio de Cristo. Esos eran los grandes del momento en el mundo para saber en qu momento Dios habla a un hombre en el desierto, insignificante para ellos pero de suma importancia para Dios, pues a l no le importaba que ni siquiera tena comida exquisita, ni hogar donde habitar, ni vestidos lujosos, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Pero a l vino palabra de Dios y no a los que s lo tenan todo y residan en grandes y magnficos palacios. Lo mismo aqu en Hageo, los historiadores ubican esa fecha ms o menos en el ao 520 a.C., cuando de los judos regres de Babilonia un remanente a fin de reconstruir el templo y la ciudad de Jerusaln.

Dios envi a los profetas Hageo y Zacaras a exhortar y animar al remanente que haba venido del cautiverio en Babilonia a la restauracin de Israel, comenzando por el templo en Jerusaln, que haba sido destruido 70 aos antes por cuenta de Nabucodonosor. Pero ellos haban abandonado el trabajo a causa de que encontraron algunas personas empeadas en que eso no se hiciera, sobre todo los liderados por un samaritano llamado Sambalat; ellos se oponan, pues eso lesionaban sus intereses polticos y religiosos en la regin; ya tenan su propio santuario en el Monte Gerizim, que haban construido desde los tiempos de Alejandro Magno; y teman que los judos que regresaban a Jerusaln les perjudicara su negocio y su prestigio. A veces sucede que los enemigos de lo de Dios primero se ofrecen a colaborar con el trabajo, para una vez adentro destruirlo todo; pero cuando no se les permite, entonces proceden usando el ataque frontal. Sucede igual que hoy en la Iglesia. Los que estamos regresando, entonces a la restauracin es apenas un remanente, y muchos nos ven como muy insignificantes, que no vale la pena unirse a nosotros, y a veces se oponen; pero no son los muchos los que estn dispuestos a obedecer al Seor. Hoy el mensaje de la restauracin de la iglesia bblica y la vida de unin del cuerpo de Cristo choca con los que comercian con el evangelio, ese mercadeo oficial dentro del cristianismo, donde negocian y se enriquecen unos cuantos; y. claro, muchos se oponen a que se restaure la verdad de Dios. Nosotros tenemos la responsabilidad de la restauracin de la Iglesia, de su gobierno local y regional, de la restauracin en guardar la unidad del Espritu, la restauracin de la comunin del cuerpo del Seor. Nos enfrentamos con dificultades para todo eso? Permanentemente.

En los das del profeta Hageo, los del remanente encontraron una fuerte oposicin y detuvieron el trabajo; sufrieron un bajn, se desanimaron, y es posible que se hayan cuestionado: Aqu hay mucha oposicin, ser que realmente Dios nos envi a esto? Ser que es la voluntad de Dios que sigamos los trabajos del templo? A veces, cuando hay mucha oposicin, uno piensa, por las circunstancias, que no es la voluntad de Dios que hagamos lo que l nos ha mandado; y fcilmente nos desviamos a ocuparnos de nuestros propios asuntos. S, el Seor est aqu, pero nosotros tambin debemos actuar y tomar decisiones.

Los hebreos del remanente duraron quince aos sin adelantar los trabajos de restauracin, entonces Dios envi a los profetas Hageo y Zacaras para animar al pueblo y decirle que la voluntad de Dios es que se restauraran todas las cosas; y por eso el profeta habla a Zorobabel, que era descendiente de la familia de David, y a Josu, descendiente de los hijos de Aarn, sumo sacerdote. Ellos iban a restaurar tambin el gobierno y el sacerdocio. "2As ha hablado Jehov de los ejrcitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado an el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehov sea reedificada". Ellos haban regresado con ese propsito de reedificar la casa de Dios, pero por el temor y las circunstancias conjeturaron que no era el tiempo; pero qu sucedi entonces? "3Entonces vino palabra de Jehov por medio del profeta Hageo, diciendo: 4Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa est desierta?" Todo ese tiempo ellos, con el dinero y el oro que haban trado de Babilonia, se haban dedicado a construir buenas y lujosas casas, bien decoradas, enchapadas, artesonadas con buena madera, pero la casa de Dios estaba desierta. Bueno, aqu hay dos direcciones que se pueden tomar; una equivocada y otra verdadera. Cuando los lderes religiosos de la cristiandad, sea de la lnea catlica o de la protestante, invierten mucho dinero en construir templos, a esos templos le llaman "casa de Dios", y toman este texto para hacer que el pueblo traiga dinero para esas construcciones suntuosas y lujosas. A eso le invierten cuantiosas sumas de dinero. Pero Dios no le llama Su casa a esos templos. Aqu Hageo no se refiere a esos edificios. Entonces, hermanos, a qu se refiere Dios, en el marco de la Iglesia, hablando a nosotros, cuando dice que Su casa est desierta? Cules son esas casas artesonadas en las que nosotros nos interesamos, descuidando la casa de Dios? Para contestar estas preguntas no nos salgamos de nosotros; dejemos a un lado los catlicos y protestantes con sus edificios. La casa artesonada donde yo habito, la que dice el Seor que yo adorno y atiendo es mi propia alma, mi propio yo, nuestra propia vida. T puedes pensar que tu ser es tuyo, y que t puedes hacer lo que se te antoje. Pero la Palabra dice que t eres casa de Dios, que t no te perteneces. Nosotros nos deleitamos ms en nuestro propio yo; a veces mi yo es antes que ocuparme en edificar la habitacin del Seor en m, primero en forma personal y luego colectivamente, la Iglesia; porque para yo poder entrar a edificar la Iglesia con el Seor, debo primero edificar a Cristo en m. A eso es que se refiere el Seor en Hageo leyndolo desde el Nuevo Testamento. Entonces cambiemos las ideas. Cuando t lees en Hageo la palabra "casa", en vez de casa puedes leer "yo". "4Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa est desierta?" Bueno, yo hago lo que quiero, lo que mi alma me pide. Me visto como yo quiero, viajo a donde quiero, me alimento con lo que yo quiero; habito en donde quiero, y me divierto con las cosas que le gusta a mi alma; me doy todos los gustos que quiero. Eso est bien, pero la voluntad de Dios qu? Cul es el mensaje de Hageo para nosotros? Es la voluntad de Dios que hagamos lo que se nos antoje y disfrutemos de la vida del alma sin acordarnos de l?

Est abandonada la casa de Dios?

"5Pues as ha dicho Jehov de los ejrcitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. 6Sembris mucho, y recogis poco; comis, y no os saciis; bebis, y no quedis satisfechos; os vests, y no os calentis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto" Por qu en saco roto? No estoy diciendo, ni la Biblia lo dice, que no podemos tener nada. Si cuando vinimos al Seor tenamos algunos bienes, o ramos ricos, disfrutmoslo, pero, dnde encaja el Seor en nuestro disfrute? Con esto no quiero decir que ya no podemos hacer nada; no, pero cul es la participacin de Dios en ese goce? O mejor, cul es nuestra participacin en la edificacin de la casa de Dios? En nuestra vida le concedemos algo a lo del Seor? Est bien que tengan su casa en Jerusaln; pero el caso es que han descuidado la reconstruccin de la casa de Dios. Ellos estaban atendiendo sus propias casas, pero la casa de Dios estaba abandonada. Eso es lo que Dios nos est diciendo en este momento. La salvacin de nuestra alma guarda estrecha relacin con que nos ocupemos de la edificacin de la casa de Dios ahora mismo.

"7As ha dicho Jehov de los ejrcitos: Meditad sobre vuestros caminos". Si ven, hermanos? Debemos meditar en nuestros caminos. Mi alma tiene sus caminos, mi alma tiene sus propios derroteros fuera de los que Dios tiene conmigo. Qu significa dejar mis propios caminos y tomar los de Dios conmigo? Significa tomar mi propia cruz. La cruz no significa que yo tenga a alguien o algo que me est aguijoneando; eso no es cruz. Ahora, si el Seor lo permite, es porque lo necesito, pero no es la cruz. La cruz no es que yo tenga un hijo que me haga sufrir; la cruz no es que yo no tenga dinero y est atravesando por penurias en mi vida. Claro, esto puede venir como consecuencia de mi falta de llevar la cruz; la cruz no es que yo est padeciendo de un cncer, pues todos nos vamos a morir. Ah tenemos al Seor. l tuvo sus dificultades con sus hermanos; no crean en l; a veces se iban con Mara, Su madre, a buscarlo, tratando de interrumpir su ministerio, de pronto pensando que los estaba haciendo quedar en ridculo en la sociedad, pero no significaba la cruz para l. La cruz de Cristo giraba en torno a la obediencia al Padre y no a Sus propios intereses como humano; esa es la cruz de Cristo. Cristo se someti al Padre desde toda la eternidad. Dejando a un lado su propio dolor y tristeza, le dijo al Padre: "Padre, si quieres, pasa de m esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc. 22:42). Hermanos, si el Seor, por amor a nosotros, tom su cruz y se someti al Padre por encima de su propia voluntad, nosotros debemos tomar nuestra cruz para hacer la voluntad de l. Por eso nos dice el Seor: "Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, y tome su cruz, y sgame" (Mt. 16:24). Alguno quiere trabajar conmigo? Alguno quiere estar de acuerdo conmigo? Alguno quiere tener comunin permanente conmigo? Tome su cruz. Sin cruz no podemos andar con Cristo.

Sigamos en Hageo captulo 1. "8Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondr en ella mi voluntad, y ser glorificado, ha dicho Jehov". Dios tiene muchas promesas en Su Palabra, pero no se cumplen en nosotros debido a que no lo honramos, o lo honramos a medias, no como l debe ser honrado; y cuntas veces le decimos al Seor que nos libre de enfermedades, que no nos priven de nuestro trabajo, que no perdamos en el negocio, que no perdamos lo hipotecado, que no murmuren de nosotros. Nosotros no queremos ningn sufrimiento, y no soportamos ningn dolor

"9Buscis mucho, y hallis poco; y encerris en casa, y yo lo disipar en un soplo. Por qu? dice Jehov de los ejrcitos. Por cuanto mi casa est desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa". Cada uno de vosotros corre a hacer su propia voluntad, a su propia vida, a su propio deleite. Entonces los judos en Jerusaln perdieron su objetivo, abandonaron lo de Dios, dejaron la cruz, y empezaron a construir sus buenas casas, y empezaron a buscar lo que les acomodaba. Porque mi alma tiene unos deseos, entonces mi yo quiere darle complacencia a mi alma, y los intereses del Seor qu? Cuntas veces nuestras propias cosas van en contra va con lo que Dios nos ha ordenado? Y a causa de no llevar la cruz nos pueden sobrevenir terribles dolores de cabeza; porque el Seor tiene un plan contigo. Y a veces le decimos: Seor, yo quiero servirte. Y l a lo mejor nos dice: T quieres servirme? Pero mira todo lo que me haces. Cuando yo quiero que t te encargues de mis cosas, te encargas de las tuyas, y las mas quedan a medio hacer, o mal hechas, pues no quieres llevar la cruz y negarte a ti mismo. Debes negarte ese "yo" poderoso, obligante, exigente, que t tienes, que quiere vivir en las alturas. Bjate de all, y entonces humllate. Mientras no te humilles, lo mo, mi casa est desierta. Meditad sobre vuestros caminos; meditad bien qu es lo que vosotros estis pensando; en qu estis malgastando el tiempo; cules son los planes de la vida de vosotros. Mis planes estn incluidos en los vuestros? Porque uno anhela satisfacer su propio bienestar. Es legtimo y correcto satisfacer nuestro bienestar; pero al satisfacerme a m mismo estoy llevando la cruz? Hay por ah una filosofa errada que se contrapone con lo que es la cruz y la voluntad del Seor; la teologa de la prosperidad aleja a los creyentes de llevar la cruz y negarse a s mismo; es lo ms contrario, y est llevando a la Iglesia a la desobediencia, al mundo. El Seor dice: Meditad bien sobre vuestros propios caminos. Sembris mucho y recogis poco. Qu es sembrar mucho? Afanarse uno trabajando, pero no recoge el fruto de su trabajo; el dinero no nos rinde, y no se nos multiplica ni los panes ni los peces, por estar buscando hacer nuestra propia voluntad, olvidndonos de la edificacin de la casa de Dios. Por qu dice reedificad la casa? Porque una vez ya l haba empezado a edificarla; pero sobrevino el pecado, la idolatra, la injusticia, por todo lo malo que estaba ocurriendo en Su pueblo, entonces permiti que una potencia extranjera acabara con el templo, con la ciudad y con la nacin. No porque el Seor los hubiera abandonado, sino por amor, para que recibieran una dolorosa leccin; esclavos en un pas lejano, a ver si lejos del cuidado y del pastoreo de Dios podan ser felices. Y cuando ya se cumple el tiempo del cautiverio regresa un remanente para la reedificacin; pero el primer obstculo que encuentran los hace desistir de su responsabilidad; entonces Dios enva a los profetas para que les dijeran que aquello no estaba bien.

Dios empez en nosotros a edificar algo, y nosotros le hemos estorbado; pero es para nosotros tiempo de que estemos marchando ya en etapas de mayor madurez espiritual, de obediencia al Seor, y dejemos de alimentarnos de leche. Ya nosotros superamos la etapa del protestantismo, donde escalar etapas significa de pronto ser grandes entre los hombres; entre nosotros ahora es lo contrario; es ser ms pequeos entre los hombres, es servir a los hermanos. A los ojos de Dios es una etapa de revelacin, de discernimiento; una etapa en que Dios nos usa aunque tengamos que sufrir. La voluntad de Dios es la que l debe reinar en este templo, tanto individual como colectivo.

"10Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. 11Y llam la sequa sobre esta tierra, y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos". Eso lo hace el Seor. No llueve, no necesariamente porque no convergen todas las fuerzas naturales, sino porque Dios interviene para que eso no se d. Es Dios quien nos bendice. Ahora mismo Dios est dentro de nosotros, pero estaremos nosotros atentos a la voluntad del Seor? Es la pregunta de hoy, pues estamos hablando de la salvacin del alma.

Leyendo a Hageo desde el Nuevo Testamento

Lemoslo en el Nuevo Testamento. Mateo 16: "15El les dijo: Y vosotros, quin decs que soy yo? 16Respondiendo Simn Pedro, dijo: T eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". El Seor lo sabe todo, pero l quiere que nosotros le digamos las cosas; es como cuando t ests seguro de que alguien te ama, pero a ti te agrada que esa persona te lo diga. El Seor tambin se complace que nosotros le confesemos lo que hay dentro de nuestro corazn. El mismo Seor les pregunta a Sus discpulos qu dicen ellos acerca de su identidad; de ah la respuesta de Pedro. "17Entonces le respondi Jess: Bienaventurado eres, Simn, hijo de Jons, porque no te lo revel carne ni sangre, sino mi Padre que est en los cielos". Vemos que esa revelacin acerca de la persona del Seor Jess la haba recibido Pedro, as como todos los que hemos credo, de Dios; y de ah la declaracin que a continuacin le hace el Seor: "18Y yo tambin te digo, que t eres Pedro, y sobre esta roca edificar mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecern contra ella". Es decir, de acuerdo a lo que t, Simn, me acabas de confesar, yo tambin tengo algo que decirte, que t por esa confesin de fe te has convertido en una piedra para edificar mi casa, mi Iglesia, dice el Seor. La Iglesia es del Seor. Como dice el hermano Rodrigo Abarca, de Chile, que le dijo el Seor: Rodrigo, dile a los pastores que me devuelvan mi Iglesia. Al Seor lo tienen afuera y no le quieren abrir la puerta. Dice el Seor que aunque el pastor no quiera abrirle la puerta, l sigue llamando hasta que alguien escuche Su voz y le abra la puerta; entonces entrar a esa persona y cenarn juntos; es decir, empieza a hacerse Mi voluntad en esa persona, dice el Seor, no importa que los dems creyentes no me reciban, pero el que me recibe y empieza a hacer Mi voluntad, Yo voy a ser su amigo personal, su ayuda, su sabidura, su poder, su alimento, su vida.

Pero regresando a la confesin de Pedro, quien fue declarado una piedra para la edificacin de la Iglesia de Cristo, el caso es que este mismo Pedro fue usado por Satans para intentar estorbar la obra de Cristo. "21Desde entonces comenz Jess a declarar a sus discpulos que le era necesario ir a Jerusaln y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer da". Le era necesario hacerlo, pues si no lo haca, no podra llevar a cabo la edificacin de Su Iglesia, y el principal objetivo de Su encarnacin y muerte en la cruz y posterior resurreccin era edificar Su Iglesia. Pero esa persona que haba confesado T eres el Cristo el Hijo del Dios viviente todava no saba lo que era llevar la cruz, esa persona ignoraba lo que era el propsito de Dios por medio de Su Hijo. Pedro haba confesado quin era Jess, el Cristo de Dios, pero no saba a qu haba venido a la tierra. Pedro todava procuraba su propio bienestar. En ese tiempo los discpulos del Seor todava tenan otra mentalidad, buscando posiciones en el reino, ganancias. "22Entonces Pedro, tomndolo aparte, comenz a reconvenirle, diciendo: Seor, ten compasin de ti; en ninguna manera esto te acontezca". El diablo intentaba decirle al Seor que tirara la cruz; como dicindole: T tambin tienes derechos. Nosotros tambin alimentamos esos pensamientos de que tenemos nuestros derechos, que meremos muchas cosas. Tengo derecho a tener cosas, a ser feliz, a escoger mi clase de vida. Uno a veces tambin quiere reclamar y exigir derechos. Pero Cristo no vino a reclamar derechos. l vino diciendo: Yo no vine a hacer mi voluntad, sin la voluntad del que me envi. Hay mucha cosas que Cristo hubiera hecho y obtenido, que eran legtimas tener y hacer como persona humana que tambin era; pero no las hizo para no desviarse de hacer el propsito de Dios, para no deshacerse de Su cruz. El Seor no le tena que demostrar a nadie su mesianismo y divinidad por otros medios que no fuera la cruz. Como le dijo Satans durante la tentacin en el desierto: Trate del pinculo del templo, y sostenido por las manos de los ngeles, nada te pasar, como dicindole: Vers as cmo te aclamarn como el verdadero Mesas; es decir, para qu la cruz? para qu hacer la voluntad del Padre? Cuando no se hace la voluntad de Dios, la de quin se hace? En ese caso el Seor hubiera hecho la voluntad de Satans. Miren, hermanos, cmo nos va llevando el Seor. En Mateo 16, Satans le estaba hablando por boca de Pedro. Cmo es posible que esto te vaya a acontecer? Aparentemente Pedro no estaba haciendo nada malo; le estaba dando un buen consejo. Pedro lo estaba haciendo en la carne, pero lo estaba haciendo por amor, para que no le sucediera esa tragedia al Seor, aunque en el fondo era Satans quien hablaba. Pedro solamente vea lo temporal, no lo eterno. Pedro no saba lo que era la cruz, ni muchos lo que la obra de la cruz producira. El Seor solamente estaba viendo lo eterno. Nosotros vivimos el momento; no estamos trabajando para el reino. Cuando venga el Seor y seamos arrebatados y nos encontremos en Su tribunal, quiera el Seor ayudarnos desde ahora para que all no tengamos serios problemas. Hoy pensamos mucho en las cosas que nos parece que necesitamos para vivir aqu. Esas son nuestras mayores preocupaciones. Cuando estamos juntos, hablamos de la cruz, del reino, de la obediencia al Seor? La vida del apstol Pedro tiene para nosotros muchas enseanzas. Cuando se acercaba la hora del Seor, Pedro le ofreci su ayuda incondicional, su espada, asegurndole y prometindole que jams lo abandonara. Aquel hombre de aparente temple y firmes decisiones, ignoraba que era un ser dbil que deba ser tratado por el Seor; y miren cmo intervino torpemente hiriendo en una oreja a un siervo del sumo sacerdote. Muchos de nosotros debiramos de haber alcanzado mayor madurez espiritual de la que tenemos. Cuntas veces nos creemos aptos para realizar nuestro trabajo en la edificacin del templo de Dios con absoluta obediencia y madurez! Pero, qu es lo primero que pensamos cuando despertamos al amanecer? Pensamos en tomar nuestra cruz para poder intervenir con Cristo en la edificacin de Su casa? Cules son nuestras motivaciones?

"23Pero l, volvindose, dijo a Pedro: Qutate de delante de m, Satans!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres". Ser que nosotros estamos poniendo tambin ms la mira en las cosas de los hombres que en las de Dios? Seor, perdnanos, y aydanos a poner la mira en las cosas de Dios. Somos los hijos de Dios. Para qu estamos aqu? Qu es lo que estamos haciendo? Si l nos asigna un trabajo es para llevarlo a cabo. Bueno, hay necesidades fsicas que hay que atender y satisfacer, pero no obstante Dios espera que utilicemos el tiempo en la edificacin de lo que el Seor est edificando, y honrarlo con lo que l pone en nuestras manos. Indistintamente, l nos da salud, integridad fsica, intelectual, emocional; a veces nos proporciona bienes de fortuna, estudios acadmicos, y hasta trabajo bien remunerado.

Tomando nuestra propia cruz

Entonces Jess, dejando de hablar slo con Pedro, se dirige a todos sus discpulos. Se dirige a personas que ya eran salvas, que ya haban nacido de nuevo; y de habrselo dicho a Pedro en particular, los otros no se hubieran beneficiado "24Entonces Jess dijo a sus discpulos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, y tome su cruz, y sgame". Es decir, si alguno me quiere obedecer; si alguno quiere construir conmigo mi casa; si alguno me quiere servir; si alguno me quiere adorar; si alguno quiere serme til; si alguno quiere entrar en el reino; en fin, esa frase abarca muchas cosas, y para ello el creyente debe negarse a s mismo, y ese s mismo es el alma. El s mismo es lo que ms estorba nuestra vida con el Seor, y a nuestro crecimiento espiritual. La mayor piedra de tropiezo somos nosotros mismos; no son los hermanos, no es tanto el mundo, ni el diablo; el diablo estorba, pero yo me estorbo ms a m mismo que el mismo diablo; porque mi yo es exigente. Nosotros con la boca queremos seguir al Seor, pero con el corazn no. Con la boca decimos bellezas, y a veces lloramos, y al da siguiente se nos olvida aquello. Debemos atrevernos a decirle al Seor que nos ayude a llevar nuestra cruz; pero la cobarda nos impide. Y no es que vayamos a entrar en un horno crematorio, no; es obedecer, es dejar las cosas mas, los gustos e intereses de la carne. No es fcil dejar de darle gusto a la carne, pues la carne se enseorea de la persona; pero uno debe perder su alma para poder andar con Cristo, para ganarla para el reino. Hay hermanos que tienen buena situacin econmica y se pueden proporcionar muchos gustos; pero el Seor nos dice que no vivamos de esa manera, que tambin nos acordemos de l. "Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, y tome su cruz, y sgame". Lucas dice que la cruz debe tomarse cada da.

Nosotros aqu estamos leyendo al profeta Hageo en el Nuevo Testamento. "25Porque todo el que quiera salvar (darle gusto; no importa mucho si al Seor le agrada, agradndole a mi alma todo est bien) su vida (psiqu, alma), la perder; y todo el que pierda su vida por causa de m, la hallar". Hay un versculo de Glatas que nos dice que debemos estar vestidos de Cristo, pues de no estar vestidos de Cristo, estamos desnudos, como qued Adn cuando pec; al verse desnudo, Adn corri a esconderse y a buscar unas hojas grandes para cubrir su desnudez; y Dios entonces us de una simbologa de la vestidura de Cristo, porque es Cristo quien nos cubre a nosotros, y lo que hay en el Antiguo Testamento son tipos de Cristo; entonces Dios sacrific un animal, y hubo derramamiento de sangre, para poder cubrir a Adn y a su mujer con la piel de ese animal. Lo que veamos en estos das referente a la palabra hebrea kipper, la piel, de donde se deriva el yom kippur, el da de la expiacin; la piel cubri aquel hombre desnudo y la sangre es el vehculo propiciatorio. La vestidura de Cristo es la que cubre nuestra desnudez. S, nosotros nos presentamos ante el tribunal de Cristo porque ya somos salvos, pero adems de la vestidura de Cristo necesitamos la vestidura del trabajo, de obras de justicia, de lucha en nuestra alma, de dedicacin, de cruz, para nosotros poder entrar en el reino de Cristo. Al reino no se entra por la obra de Cristo; se entra por el trabajo, por la obediencia; todo eso con Cristo, pues nosotros solos no podemos.

Entonces una persona que no distinga la salvacin del espritu de la del alma y el cuerpo, claro, piensa que la salvacin es inestable, que se pierde. "26Porque qu aprovechar al hombre, si ganare todo el mundo (para el alma: honores, riquezas, la Cruz de Boyac, gloria y aplausos de los hombres, grammys, scares, premio Nobel, viajar por muchas partes del mundo, gozarse de todos los tpicos de la felicidad humana), y perdiere su alma? O qu recompensa dar el hombre por su alma? Y esto lo dice el Seor a creyentes. Porque uno ve que una persona comete un delito y lo condenan a la crcel, y por mucho que dure en la crcel, no dura ms de sesenta aos; pero perder su alma un creyente equivale incluso hasta mil aos. Qu recompensa entonces puede dar el hombre por su alma? Porque al Seor no se le puede sobornar. S, dice en Mateo 7 que en aquel da muchos alegarn, y de pronto llevarn hasta testigos, y dirn: "22Muchos me dirn en aquel da: Seor, Seor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Qu les responde el Seor? Apartos de m, hacedores de maldad. "27Porque el Hijo del Hombre vendr (es la segunda venida) en la gloria de su Padre con sus ngeles (el arrebatamiento de la Iglesia), y entonces pagar a cada uno conforme a sus obras". El Seor bajar e instaurar all Su tribunal para realizar el primer juicio escatolgico, el de la Iglesia, y entonces pagar a cada uno conforme a sus obras, pues son las obras lo que se va a juzgar all.

En el captulo 5 de la segunda carta de Pablo a los Corintios nos habla del tribunal y de la desnudez. "1Porque sabemos que si nuestra morada terrestre (nuestro cuerpo), este tabernculo (nuestro cuerpo es un tabernculo, como lo dice 1 Co. 3:16), se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2Y por esto tambin gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitacin celestial; 3pues as seremos hallados vestidos, y no desnudos. 4Porque asimismo los que estamos en este tabernculo gemimos con angustia; porque no quisiramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida". Por eso es que aquellos demonios en Gadara no queran estar por ah desnudos, sino dentro de cuerpos humanos, o por lo menos dentro de los cerdos, con tal de tener un vestido. Nosotros tendremos doble vestidura: la de Cristo y la de un cuerpo glorioso, como el del Seor ahora. Pero sucede que si nosotros no tomamos nuestra cruz ahora, no nos negamos, no perdemos el alma ahora, esas vestiduras estarn incompletas. Cfr. Ap. 19:7,8. Es una concesin la que se nos hace, pero debemos negarnos a nosotros mismos para poder confeccionar ese vestido de lino fino, blanco y resplandeciente

"5Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espritu. 6As que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Seor 7(porque por fe andamos, no por vista); 8pero confiamos, y ms quisiramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Seor (en el Paraso, donde estn ahora los santos que durmieron en Cristo). 9Por tanto procuramos tambin, o ausentes o presentes, serle agradables. 10Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba segn lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo". Notemos que aqu no se refiere a la salvacin, pues la salvacin del espritu no es por obra.

La cruz y la salvacin del alma

Lemoslo ahora en el captulo 9 de Lucas. All el Seor les dice a Sus discpulos: "22Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer da". Asimismo es necesario que nuestra alma sea salva; es necesario que pasemos por algn perodo de dolor; es necesario que pasemos por un perodo de obediencia; es necesario que nos olvidemos de la Teologa de la Prosperidad; es necesario que nosotros nos armemos del pensamiento que debemos sufrir, a fin de que no nos agarre por sorpresa. "23Y deca a todos: Si alguno quiere venir en pos de m (de Cristo), niguese a s mismo (su yo), tome su cruz cada da, y sgame". Qu es tomar nuestra cruz? La cruz no es padecer una enfermedad; la cruz no es atravesar por una situacin econmica estrecha. Esas son cargas de la vida. Aqu no dice que la cruz es lo que t sufres. La Palabra dice que el Seor Jess tom voluntariamente la cruz, y nosotros, tambin voluntariamente debemos tomar nuestra cruz. l no nos pide que tomemos la cruz de l. El que quiera seguir en pos de m, tome su cruz; es un acto voluntario. La salvacin del alma conlleva tomar nuestra cruz; si no la queremos tomar, no podremos participar en la edificacin de la Iglesia. La cruz no es que un hijo te hace la vida imposible, pues nadie voluntariamente va a querer que un hijo sea un dolor de cabeza en el hogar. Es lo contrario, cuando tenemos algo doloroso le pedimos al Seor que nos libre de eso. Cristo tom Su cruz porque l saba perfectamente el valor de su decisin. Para poder el Verbo encarnarse tuvo antes que tomar Su cruz y pasar por todo el proceso de concepcin, nacimiento humano, crianza, crecimiento y aprendizaje como hombre, con todas sus eventualidades; y luego los sufrimientos que tuvo que afrontar en su ministerio pblico, y sin embargo siempre estuvo dispuesto a no dejar la cruz. Cristo siempre acat la voluntad del Padre sucediera lo que sucediera en su entorno. l observ en el templo cmo lo haban convertido en una cueva de ladrones y tom la firme decisin de acabar con todo aquel doloso comercio, no importndole si los principales sacerdotes tenan intereses en toda aquella feria. Por que obr el Seor as con el riesgo incluso de ganarse hasta enemistades? Porque l vino a hacer la voluntad del Padre.

Por eso el Seor nos dice que la cruz se debe tomar, si queremos andar en pos del Seor. Tomar la cruz es abstenerme de hacer lo que yo quiera, lo que me deleita. Mi alma me pide goces todos los das; pero tomar la cruz es obrar en lo que le gusta a Dios aunque a mi alma no le agrade. Nuestro yo es dominante, exigente, a veces intocable y engredo. Nuestro yo se opone a la obediencia a Dios. Y la cruz hay que tomarla cada da, todos los das; no unos das s y otros no. En nuestro andar con Cristo no hay reposo ni veleidades. Quien toma el arado y mira hacia atrs, no es apto para el reino. Nuestra voluntad es diametralmente opuesta a la de Dios. A veces nos da temor tomar la cruz porque pensamos que ponemos en riesgo incluso nuestra propia seguridad personal y la de la familia; porque por encima pongo mi integridad, mi trabajo, mi salud, mi fama, mi alma, mi ego. Pero una vez nos hayamos decidido, el Seor mismo nos har vivir lo que ya nos ha dado: amor, poder y dominio propio. Por encima de todos mis intereses est hacer la voluntad de Dios.

La salvacin del alma es un premio que se gana

"24Porque todo el que quiera salvar su vida (su alma), la perder;  y todo e l que pierda su vida por causa de m, ste la salvar". No significa que perder su alma eternamente; porque si aqu la queremos salvar, es decir, no comprometerla con el Seor, entonces tendremos que pasar un buen tiempo en las tinieblas de afuera. El Seor entonces, tratando con nosotros, nos dir: No tomaste tu cruz, no anduviste conmigo, no me obedeciste, no te negaste, por tanto no puedes participar del reino. Esa es precisamente la salvacin del alma, un premio. La salvacin del alma es entrar al reino. El amor y la dedicacin que merece el Seor debe ser superior al que le profesamos a nuestros parientes juntos. Significa que uno debe obedecer al Seor por encima de todos los amores y todas las circunstancias y todas las opiniones y todos los intereses que haya en la vida de uno con relacin a los que ama. A veces se suele amar y atender a una persona de la familia ms de lo que se hace con el Seor. "25Pues qu aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a s mismo?" Qu ganamos en el mundo? Se gana buenos amigos, se gana buen dinero, se gana el amor de su familia, el cario y respeto de sus amistades; se puede ganar fama en el trabajo o en la profesin o en la poltica, y muchas otras cosas; se va ganando mucho en el mundo, pero en un mundo lejos de Dios. Incluso a veces, siendo creyentes, en ciertas circunstancias hay quienes se avergenzan del Seor y llega hasta a apartarse un poco de la comunin con el Seor y con los santos. Y se puede hasta llegar a pensar que no se est pecando. 26Porque el que se avergonzare de m y de mis palabras, de ste se avergonzar el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ngeles". Es preciso recordar que al final de la parbola de los talentos, hay una sentencia para esta clase de creyentes: "Y al siervo intil echadle en las tinieblas de afuera; all ser el lloro y el crujir de dientes" (Mt. 25:30).

Cristo va a venir en Su gloria, y lo primero que va a hacer es instaurar un tribunal a fin de definir la situacin de nosotros los hijos de Dios. l no puede llevar al reino a personas que van a representar mal Su gobierno de justicia y de paz; porque si ahora no podemos hacer la voluntad de Dios, tampoco la podremos hacer en el reino. Es parecido a que el gobierno de nuestro pas, sabiendo que una persona es inepta e irresponsable, la nombrara para que ocupe un cargo de gran responsabilidad. Si el Seor sabe que una persona no tom su cruz, no se ha negado a s mismo, no ha salvado su alma, no ha sido una persona confiable como hijo de Dios, no ha sido luz y sal en la tierra, cmo va a llevarlo a gobernar a las naciones con l? No puede; tiene que llevarlo a un sitio donde sufra; no porque lo odie, sino por amor, para que despus pueda tener con l participacin en la vida eterna. El Seor viene pronto, o nosotros dejamos esta vida cuando nos toque gustar la muerte, y al dejar esta tierra, esta realidad se nos viene encima. Esa es la nica realidad. Lo que hoy vivimos son ilusiones y situaciones que estorban al Seor; pero de que viene la realidad eterna, viene. Esto es duro, hermanos, claro que s es duro, pero es la verdad de Dios.

Vamos al captulo 10 de Mateo. "34No pensis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada". Con Cristo no todo se nos hace fcil. Encontramos en Lucas que un anciano llamado Simen le profetiz a Mara en el templo de Jerusaln, dicindole: "Una espada traspasar tu misma alma" (Lc. 2:35). La venida de Cristo a morar en lo profundo de nuestro ser, en nuestro espritu, es como si viniera tambin una espada que traspasa nuestro corazn. Debemos tener claro que nos sobrevienen sufrimientos. "35Porque he venido para poner en disensin al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36y los enemigos del hombre sern los de su casa". Cuando Cristo llega al hogar siempre hay choques de almas; choques de sentimientos, prdida de valores, desacuerdos, celos. No todo es fiesta, como algunos creen. El alma se aferra a su independencia y a sus afectos; lgicamente que no nos vamos a proponer disentir con la familia porque s. Los conflictos surgen en la medida que Cristo reina en uno y hay una sujecin de nuestra parte al Seor. "37El que ama a padre o madre ms que a m, no es digno de m; el que ama a hijo o hija ms que a m, no es digno de m". Por qu esta frase al parecer tan dura? Por causa de los afectos del alma. Nuestros afectos por alguien pueden ser tan fuertes que verdaderamente lleguen a impedir que se obedezca al Seor. Nuestra alma se inclina por lo que ama. "38Y el que no toma su cruz (la debe tomar por decisin voluntaria) y sigue en pos de m, no es digno de m. 39El que halla su vida, la perder; y el que pierde su vida por causa de m, la hallar".

Bienaventuranzas y ayes

Es posible que estemos convencidos de que ya hemos sido tratados, que todo lo que hacemos, aun predicar, es porque Dios nos lo ha ordenado; pero podemos estar equivocados. No todo mover humano es la voluntad de Dios para nosotros, aunque lo encontremos en las pginas bblicas. Para que Dios pueda tratar mejor con nosotros y ayudarnos a una verdadera transformacin, como no lo dejamos por estar tan ocupados, a veces nos encierra en perodos desrticos, de aparente soledad y abandono. Los perodos de aridez tambin nos preparan para la fertilidad. En el desierto tambin se aprende, y all no todo es gozo. Claro, si en el desierto yo tomo mi camino con el Seor, tambin hay gozo. Cuando el pueblo iba de Egipto hacia la tierra prometida, no todos murmuraron contra Moiss y contra Dios. Estoy seguro que siempre hubo alguien, un pequeo remanente, que siempre comieron el man con agrado. A algunos no les gusta mucho la racin diaria de Dios. Hay hijos de Dios que no quieren sufrimiento para nada, de ninguna manera; pero es necesario a veces ir por el desierto y pasar por esas experiencias, pasar por esas "maras"; no todo es Elim; de lo contrario no aprendemos.

Llevar la cruz no es fcil. Llevando la cruz se llora, se sufre. Y somos bienaventurados si ocurre en nuestras vidas. Contemplemos lo que dice el Seor en Lucas 6, desde el verso 20. Es como una contradiccin al pensamiento humano. Dice: "20Y alzando los ojos hacia sus discpulos, deca: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. 21Bienaventurados los que ahora tenis hambre, porque seris saciados. Bienaventurados los que ahora lloris, porque reiris". Luego de manifestar bienaventuranzas cuando los hombres nos aborrezcan por causa de Cristo, y de hablar del gran galardn que nos espera en el cielo si pasamos aqu por esos grandes sufrimientos, tambin exclama el Seor unos ayes: 24Mas ay de vosotros, ricos! porque ya tenis vuestro consuelo. 25Ay de vosotros, los que ahora estis saciados! porque tendris hambre. Ay de vosotros, los que ahora res! porque lamentaris y lloraris. 26Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque as hacan sus padres con los falsos profetas". Bienaventurados sois si ahora sufrs; bienaventurados sois si ahora lloris; bienaventurados sois si ahora tenis hambre; pero, ay de vosotros los que ahora estis saciados! Porque tendris hambre cuando yo venga, cuando vosotros mismos descubris cul es el verdadero tesoro de vuestros corazones. Hermano, si hoy no procuras saber qu cosa es tomar tu propia cruz, qu te puede decir el Seor, una bienaventuranza o un ay?

Ahora, un creyente cuando conoci al Seor, ya tena sus bienes materiales, o los pudo adquirir despus, pero puede ser pobre en espritu. Lo dice el Seor en el sermn del monte ensendole a Sus discpulos. "Bienaventurados los pobres en espritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt. 5:2). Hay pobres de facto, debido a que no tienen fortuna en esta tierra, pero hay hermanos que teniendo bienes de fortuna, buena posicin, en la intimidad de su corazn se consideran pobres para Dios; se consideran meros administradores de los bienes de Dios. Seor, t eres mi tesoro, mi sabidura, mi poder, mi salud, mi alegra, mi todo. Te ruego que nada de lo que has puesto en mis manos me aleje de ti y me estorbe para entrar en el reino de los cielos. Que mi amor siempre est puesto en Ti, Seor. Ntese que ah no se est refiriendo a la salvacin del espritu, sino a la salvacin del alma. Sigue diciendo Mateo 5: "3Bienaventurados los pobres en espritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirn consolacin. 5Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirn la tierra por heredad. 6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos sern saciados. 7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarn misericordia".

Es necesario distinguir lo que significa la renovacin y lo que significa la regeneracin. La regeneracin tiene lugar en nosotros cuando es salvado nuestro espritu, en cambio la renovacin es la salvacin del alma. El Seor no anula nuestra alma, nuestra personalidad, sino que la renueva, la transforma para que seamos configurados a la imagen de Cristo. Es un proceso de larga duracin, pero para ellos es necesario que tomemos nuestra cruz cada da. De eso depende que cuando el Seor regrese tengamos participacin en el reino, o seamos lanzados temporalmente en las tinieblas de afuera. Incluso la Palabra es ms fuerte aun en cuando al lugar de confinacin de los no vencedores durante el tiempo del Milenio.

En ese tiempo habr para algunos creyentes un castigo correctivo, temporal. De cunta duracin? Hasta que haya satisfecho lo merecido. En qu lugar? Puede ser en el lago de fuego, es decir, la Gehena; all puede tener su parte (no para siempre); lanzado all por un tiempo. Dejemos que sea la Palabra de Dios misma la que nos lo diga con toda claridad. No te vayas a escandalizar. "21Osteis que fue dicho a los antiguos: No matars; y cualquiera que matare ser culpable de juicio. 22Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, ser culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, ser culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedar expuesto al infierno de fuego. 23Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y all te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja all tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que ests con l en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la crcel. 26De cierto te digo que no saldrs de all, hasta que pagues el ltimo cuadrante. 29Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasin de caer, scalo, y chalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30Y si tu mano derecha te es ocasin de caer, crtala, y chala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno (en griego, Gehena)" (Mt. 5:21-26,29-30).

"Pero los cobardes e incrdulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idlatras y todos los mentirosos tendrn su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda" (Apo. 21:8).

Que el Seor nos ayude en Su misericordia. Amn

6. La salvacin en tiempo futuro - la del cuerpo

Por Arcadio Sierra Daz - 12 de Febrero, 2007, 11:43, Categora: General

Captulo 6

LA SALVACIEN TIEMPO FUTURO

LA SALVACIN DEL CUERPO

Hemos de ser salvados de la gran muerte

Avanzamos hoy en la serie sobre la seguridad de la salvacin. Nos hemos venido centrando en la verdad bblica de que la salvacin es un regalo de Dios; un regalo que nosotros no merecemos; en ningn momento de nuestra existencia hemos dado muestras de que merecemos esa tan grande salvacin de Dios. Hemos visto que, como nosotros fuimos constituidos por tres partes, espritu, alma y cuerpo, as tambin nuestra salvacin se perfila hacia esas tres partes, y por eso la salvacin nuestra se realiza en tres tiempos: en tiempo pasado, en tiempo presente y en tiempo futuro.

En el plan y en la mente de Dios, ya la salvacin es un hecho, pero, como dice la Palabra, en la plenitud de los tiempos, el Seor Jess le dio cumplimiento a ese decreto del Padre, y el da de Pentecosts descendi el Espritu Santo a aplicarla en nuestras vidas, comenzando por nuestro espritu; de manera que, cuando cremos, para siempre fue salvo nuestro espritu; la vida de Dios lleg a nuestro espritu; pero esa salvacin recibida en el espritu debe ser aplicada tambin por el Espritu a nuestra alma; la vida divina debe posesionarse de nuestra alma. El da en que cremos se salv el espritu; vino la vida de Dios a nuestro espritu, y es lo que se llama la regeneracin; luego, el proceso de aplicacin de la salvacin a nuestra alma, se le llama renovacin; y en un tiempo futuro ser completada nuestra salvacin, en la resurreccin del cuerpo. All, pues, se perfeccionar la redencin y la adopcin que Dios nos ha hecho a nosotros como Sus hijos.

Queremos comenzar con el versculo que nos suministra estos tres tiempos, en la segunda carta de Pablo a los Corintios 1:10. Pablo viene hablando ah de algo que le sucedi en Asia, algo doloroso que le sobrevino. La Biblia no revela qu le sucedi a Pablo, si sera que se enferm, o que fue objeto de una persecucin, o que estaba ya al borde de la muerte; total, hubo un momento en que lleg a pensar que se iba morir; de ah la declaracin que hace en este versculo. Pablo vena hablando de Dios, y dice: "El cual (Dios) nos libr (tiempo pasado), y nos libra (tiempo presente), y en quien esperamos que an nos librar (tiempo futuro), de tan gran muerte". Esta gran muerte no se refiere a la muerte fsica, pues sabemos que todos vamos a pasar por esa muerte, y de esa no nos va a librar el Seor. De acuerdo con la revelacin bblica, el Seor slo ha librado de esa muerte a dos personas, a Enoc y a Elas; y a lo mejor ellos algn da habrn de gustarla tambin, pero por el momento estn en el Paraso sin que hayan gustado la muerte fsica. Entonces, esta gran muerte es la muerte eterna, la muerte segunda, la que equivale a que la persona es lanzada para siempre en el lago de fuego, tambin llamado Gehena.

Proseguimos yendo a la primera epstola de san Pedro apstol, a fin de profundizar un poco. En las presentes enseanzas de esta serie, todos estos textos los hemos venido desglosando no usando de mucha profundidad exegtica, pues si as fuera, necesitaramos emplear mucho ms tiempo, pero el objetivo de la presente enseanza es mostrar por la Palabra que la salvacin de Dios es un regalo, y que ese regalo es inmerecido, por tanto no se va a perder. Ahora, si nosotros ganamos nuestra alma, como decamos el domingo, lgicamente que cuando venga el Seor, la perderemos, o sea, no entraremos a disfrutar del Seor en Su reino, o por lo menos por un largo tiempo. Eso es algo especial; al alma hay que salvarla trabajando, pero el espritu ya es salvo para siempre. Ahora, al hablar del cuerpo, vemos que la salvacin del cuerpo tiene mucha relacin con la resurreccin; porque estos cuerpos corruptibles tarde que temprano irn al cementerio, algunos sern cremados; pero cuando resuciten, entonces sern revestidos de incorruptibilidad por la vida misma de Cristo en ellos; sern entonces cuerpos gloriosos y ser cuando se perfeccionar nuestra adopcin como hijos de Dios. l toma nuestro cuerpo para morar en l eternamente, pero ser un cuerpo libre de esa fuerza interior que ahora tenemos, que se llama pecado.

La salvacin del cuerpo en la resurreccin

Entonces, hablando de la salvacin futura, dice Pedro en su primera carta (1:3-5), as: "3Bendito el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que segn su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurreccin de Jesucristo de los muertos (ya se oper en nosotros una resurreccin, porque participamos de la resurreccin del Seor; es la resurreccin a nuestra vida espiritual, pues Cristo mora en nosotros. En el futuro habr una resurreccin total, incluyendo la del cuerpo), 4para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 5que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvacin (miren que es algo futuro) que est preparada para ser manifestada en el tiempo postrero". Quiere decir que en el tiempo postrero se perfeccionar nuestra salvacin cuando sea salvado el cuerpo, contando con que en ese mismo tempo ya haya sido salvada nuestra alma. Esa salvacin se relaciona con nuestra resurreccin, la de nuestro cuerpo. Lgicamente que cuando ocurra la resurreccin de nuestro cuerpo, se le unirn nuestra alma y nuestro espritu; y si el alma no ha sido an salvada, ser un estorbo a las otras dos partes.

En Romanos 5:8,9 dice: "8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo an pecadores, Cristo muri por nosotros. 9Pues mucho ms, estando ya justificados en su sangre, por l seremos salvos de la ira". La Biblia lo habla con una claridad meridiana; sin lugar a equvocos, somos ya justificados; entonces estando ya justificados, estando ya libres de toda culpa frente a la justicia de Dios, siendo que Dios nos mira a travs de la justicia de Su Hijo, por la preciosa sangre de Jess, por l seremos, en el futuro, salvos de la ira. No participaremos de los efectos de la ira que ser manifestada o derramada sobre la humanidad, sobre la tierra, sobre las naciones. Seremos excluidos de la ira de Dios.

Sigue diciendo Romanos 5: "10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios (sin merecerlo) por la muerte de su Hijo (no por obra nuestra), mucho ms, estando reconciliados (ya somos hijos de Dios, somos amigos de Dios, somos familia de Dios), seremos salvos (en el futuro) por su vida". Seremos salvos porque la vida de Dios, la eterna, le dar vida a nuestro cuerpo. Nosotros, en nuestras partes, espritu, alma y cuerpo, en la nica de esas partes en la cual debemos intervenir, colaborar y trabajar para su salvacin, es en el alma. Por qu? Porque el alma es el asiento de nuestra personalidad, de nuestra individualidad, donde tenemos una voluntad y unos sentimientos que Dios respeta. Nuestro espritu ya est salvo; y en cuanto al cuerpo, ya tenemos la seguridad de que ser salvo. Exactamente como el cuerpo de Jess no qued en la tumba, as tambin nuestro cuerpo ser rescatado de la tumba o de cualquier otro lugar donde haya quedado. Queda claro que la justificacin es un hecho que siempre aparece en tiempo pasado, pero hay una etapa futura, dentro de los tres tiempos de la salvacin que hemos estado mencionando desde el primer da; pero la justificacin siempre aparece en la Palabra de Dios en tiempo pasado. Cuando se confunden estas tres etapas de nuestra salvacin, que corresponden respectivamente al espritu, al alma y al cuerpo, y la persona ignora este importante aspecto, entonces fcilmente se puede conjeturar que la salvacin se pierde, que es endeble, frgil, que depende de nosotros y no de la obra de Dios. Al confundirse es porque se da muestras de ignorar que la justificacin se relaciona con la salvacin del espritu, que ocurre en el pasado una vez para siempre. La justificacin es la vida de Dios en nuestro espritu. Todava falta el resto.

La resurreccin sobresaliente

Ahora, Romanos 8 habla de la vivificacin. "11Y si el Espritu (se refiere al Espritu Santo) de aquel que levant de los muertos a Jess mora en vosotros, el que levant de los muertos a Cristo Jess vivificar tambin vuestros cuerpos mortales por su Espritu que mora en vosotros". El da que nosotros cremos, ese mismo da entr al Espritu Santo a morar en nosotros, y vino a morar para nunca ms salirse. Jams. Saben por qu? Porque vino a traernos la vida misma de Dios, la vida sin principio ni fin, la vida absoluta; tan fuerte que el Espritu Santo se ha hecho uno con nuestro espritu. El Espritu Santo jams se saldr del espritu de un creyente. Ya somos hijos de Dios.

Tenemos el caso clsico de la parbola de las diez vrgenes, que no me canso de mencionar. Las diez vrgenes representan a toda la Iglesia. De las diez, haba cinco insensatas. Es una insensatez no ocuparnos en la salvacin de nuestra alma. Esas vrgenes, a pesar de ser insensatas, tenan el Espritu; pero la vida de Dios no se haba desarrollado en ellas; no haba sido aplicada la salvacin de Dios en el alma de ellas, y por consiguiente no tenan aceite, uncin, en sus vasijas, aunque tenan al Espritu. En sus lmparas s tenan algo de aceite, s haba un poco de uncin, pero lo haba porque eran salvas, eran hijos de Dios. Si no hay presencia de Dios, vida de Dios, no puede haber salvacin. La persona mientras viva en esta tierra puede que no se entere de su verdadera situacin espiritual, pero cuando deja este cuerpo mortal es cuando puede contemplar con exactitud cmo est; entonces es cuando puede ver lo menesteroso que es. Cuando las vrgenes insensatas se vieron sin las limitaciones de este cuerpo terrenal, y llega el momento de la venida del Seor, es cuando se enteran de la carencia espiritual en que haban vivido. Pudieron ver la languidez de su llamita que por poco se apaga. Tal vez algunas pudieron estar ocupadas en mucho activismo religioso pero no espiritual. Mucha actividad religiosa es facilista y no involucra compromiso ni sufrimiento. Cuntas motivaciones, cuntas oportunidades les haba sido dados por el Seor, y ellas ni se dieron por enteradas. Cuntas veces quiso el Seor encausarlas, pero ellas no vean ms all de su carne. Cuando lleg ese momento, corrieron hacia las compaeras, las prudentes, y las vieron llenas de aceite tanto en las lmparas como en las vasijas, y les dijeron: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lmparas se apagan. Pero ellas no saban que el aceite para las vasijas no se puede recibir sin pagar un precio, hay que comprarlo. Hay pagar el precio de negarnos a nosotros mismos y tomar nuestra propia cruz. Hay que llevar una vida crucificada y participar de los padecimientos de Cristo. Para que la vida de Dios crezca, tome fuerza en nosotros y desplace la nuestra, hay que pagar un precio. Para tener el aceite en el alma debemos pagar un precio. Pero, por qu hay que pagar un precio? Pues porque el alma se resiste, queriendo vivir como siempre ha vivido, aunque la persona haya recibido la salvacin en su espritu. Entonces, para desprenderse de todas sus antiguas costumbres, y dejar todo ese modo de pensar desbocado, y todas las corrupciones morales que a uno se le da por vivir, para cambiar todo eso, todo ese proceso es doloroso. Y hay que pagar, por ende, un precio para seguir al Seor debidamente.

Ocurre, pues, una vivificacin en nuestro cuerpo; porque ya la vida de Dios est en nuestro espritu, y es aplicada la vida de Dios en el alma, y ser aplicada la vida de Dios en el cuerpo. Eso es lo que Pablo en Filipenses llama una superresurreccin, una resurreccin sobresaliente. Han odo ustedes decir que hay una resurreccin que no es comn? S, Pablo habla de una resurreccin sobresaliente, palabra que en griego es exanstasis [ἐξανάστασις] (de ek, fuera de, anstasis, poner en pie); claro que en las traducciones en castellano no se hace esa diferencia. Lemoslo en Filipenses 3:9. Pablo viene hablando de Cristo, y dice: "9Y ser hallado en l, no teniendo mi propia justicia (cuando nuestra alma es carnal, uno quiere vivir en su propia justicia), que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10a fin de conocerle (hay que conocer al Seor Jess; ese es el fundamento de la vida eterna, esa es la salvacin, hay que conocerlo para llegar a ser como l, para vivir como l, para andar como l, para que Su cruz sea nuestro modelo), y el poder de su resurreccin, y la participacin de sus padecimientos, llegando a ser semejante a l en su muerte". Esa es la participacin de la resurreccin de Cristo en nosotros. Nosotros podemos hacer las cosas de dos maneras: A nuestra manera, en nuestra justicia propia, o con el poder de la resurreccin. Son dos maneras contrapuestas de actuar.

Dice: "Y el poder de su resurreccin (ah se refiere a la resurreccin de Cristo experimentada en nosotros; es la resurreccin pasada, por decir algo; en castellano no hay esa diferencia; luego veremos la otra resurreccin), y la participacin de sus padecimientos (el precio que hay que pagar a que nos referamos arriba), llegando a ser semejante a l en su muerte (o sea, ya participamos de la muerte de Cristo, luego vivimos como muertos al mundo, al pecado, a nosotros mismos), 11si en alguna manera llegase a la resurreccin de entre los muertos". Miren esa expresin de Pablo. Si uno ignora esto, puede llegar a decir: Pero, esto qu es? Ahora, al leer la Biblia con mucha atencin hay que darse cuenta de detalles muy importantes como este. Hay que leerla despierto, con sobriedad y delicadeza, en oracin, y as uno se da cuenta que aparentemente aqu aparece una paradoja, un contrasentido; porque miren, en el versculo 10 Pablo se refiere a una resurreccin, el poder de la resurreccin de Cristo, y ahora en el versculo 11 dice: "si en alguna manera llegase a la resurreccin de entre los muertos". Por qu? Porque esta resurreccin se refiere a que cuando suene la final trompeta, las tres partes de tu ser, espritu, alma y cuerpo, hayan sido resucitados. Tu espritu es resurrecto cuando recibi la vida de Dios, tu alma est siendo resucitada ahora, y tu cuerpo resucitar en el da postrero. Esa la resurreccin de un vencedor; esa es la resurreccin indispensable para entrar a participar en el reino de los cielos que ha de ser manifestado cuando el Seor regrese. Si no se participa en esta resurreccin completa, el creyente va a ir a parar a las tinieblas de afuera. Por qu sera eso? Eso sera en el evento de que el alma no participe en esa resurreccin habiendo sido resucitada a la vida de Dios antes de gustar la muerte fsica. All se encontrara el alma, pero vencida, perdida an a los ojos de Dios. El mismo Pablo, siendo un creyente de su talla, lo dice a continuacin: "12No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui tambin asido por Cristo Jess".

La vivificacin

Retomamos lo de la vivificacin. Dice Pablo en 1 Corintios 15:22: "Porque as como en Adn todos mueren (todos los nacidos de pap y mam, nacen muertos espiritualmente; no ha pecado la persona y ya naci muerta), tambin en Cristo todos (ese todos se refiere a los creyentes, a los que se salvan) sern vivificados". Sern vivificados; se refiere a la vida de Dios; por cuanto es una vivificacin especial. S, yo me alimento, respiro, tengo sentimientos, interacto con las dems personas, estoy hablando aqu, pero, por qu no vivo? Debido a que esa vivificacin se refiere a otra clase de vida de la una persona comn y corriente. No se refiere a la vida del alma, que es la vida psquica; tampoco se refiere a la vida del cuerpo, que es la vida biolgica; incluso me atrevo a decir que tampoco se refiere a la mera vida pneumtica pero sin Dios, sino que se refiere a la vida divina, a la vida zo. La vivificacin es algo superior. El nombre griego zoe (ζωή) se emplea, en el Nuevo Testamento, de la vida como un principio, vida en el sentido absoluto, vida como la que tiene Dios, aquello que el Padre tiene en s mismo, y que l dio al Hijo encarnado que tuviera, vida en s mismo (cfr. Jn. 5:26), y que el Hijo manifest en el mundo (cfr. 1 Jn. 1:2).

El hombre ha quedado alienado de esta vida increada a causa de la cada (Ef. 4:18), y de esta vida los hombres llegan a ser participantes mediante la fe en el Seor Jesucristo (Jn. 3:15), y que por ello es designado como "la vida" del creyente (Col. 3:4), porque l mantiene la vida que l da (Jn. 6:35,63). La vida eterna es la posesin presente y real del creyente debido a su relacin con Cristo (Jn. 5:24; 1 Jn. 3:14). Que un da extender su dominio a la esfera del cuerpo queda garantizado por la resurreccin de Cristo (2 Co. 5:4; 2 Ti. 1:10). Diccionario Expositivo Vine, pg. 960. Ed Caribe, 1999.

Jesucristo da vida porque l tiene vida en s mismo. Nuestra alma tiene vida psquica, pero necesita la vida zo para poder ser salva, caminar con Dios y entrar en el reino. El cuerpo tiene vida biolgica, pero necesita la vida zo, la vida de Dios, la vida increada, la vida en sentido absoluto, para poder ser salvado y resucitar en gloria e incorruptibilidad. Y esa vida la da Dios solamente por Jesucristo. Esa es la vida que l nos da cuando somos vivificados.

Dice Pablo: "Porque asimismo los que estamos en este tabernculo gemimos con angustia; porque no quisiramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida" (2 Co. 5:4). A qu vida se refiere Pablo? A la vida de Dios, que es la nica que nos hace hijos de Dios y nos lleva a la obediencia y al reino. Poe qu, de qu le sirve a una persona vivir aqu a su manera y luego ser lanzado en lago de fuego y permanecer eternamente en los ayes de la segunda muerte? Eso no es vida; es vivir una anticipacin de la verdadera muerte. Segn tengo entendido, mejor sera no haber venido a la existencia.

La adopcin

Adems de la vivificacin, hay tambin lo que se llama la adopcin. La adopcin tiene una connotacin pasada, pero tambin la tiene futura. La adopcin es la obra del espritu en nuestro cuerpo. (Adopcin viene del gr. huiothesa [υίοθεσία], de huos, hijo, thesis, colocacin: colocar en el lugar de un hijo). Dios hace una adopcin de nosotros como hijos; es decir, nos coloca en un lugar y en una posicin dentro de su familia. No somos hijos naturales de l, pero nos coloca en una posicin de hijos adoptivos, y al hacerlo quedamos como hijos legtimos de Dios, con todos los derechos, prerrogativas y obligaciones de cualquier hijo. Eso es lo que ocurre cuando jurdicamente las personas naturales deciden adoptar a un nio hijo de otras personas. Eso es lo que hace el Seor con nosotros; pero la adopcin del Seor tiene dos etapas. Ya somos hijos de Dios, pero en el futuro esa adopcin se perfeccionar.

En Romanos 8:22-23, Pablo habla de esa adopcin futura. Aunque ya fuimos adoptados, porque ya somos hijos de Dios en el espritu, sin embargo no se ha manifestado plenamente lo que hemos de ser; como lo dice el apstol Juan en su primera epstola: "Amados, ahora somos hijos de Dios, y an no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando l se manifieste, seremos semejantes a l, porque le veremos tal como l es" (1 Jn. 3:2). Significa que lo que nos espera es algo extraordinario. Nosotros todava no podemos conocer ni entender plenamente, sino cuando ya realmente sea perfeccionada nuestra adopcin, la adopcin de nuestro cuerpo. l ahora mora en nuestro cuerpo; pero en el futuro ser una casa confiable, santa, donde l va a vivir plenamente y se va a manifestar a travs nuestro. Por eso es que las vrgenes insensatas no pueden entrar en el reino, porque todava l no puede contar con ellas. Por eso a las bodas y al reino entrarn los vencedores, es decir, los que se han esforzado; con ellos puede contar el Seor en ese momento, pues en vida tambin fueron fieles. A ellos les dir: Ven, buen siervo y fiel; en lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondr. Entonces all habr una perfeccin de esa adopcin.

Qu dice Pablo? Romanos 8:22-23: "22Porque sabemos que toda la creacin gime a una (la creacin misma est gimiendo, porque cuando el pecado entr en el mundo, se efectu un gran bajn y fue afectada la creacin), y a una est con dolores de parto (la manifestacin de Cristo es descrita como el nacimiento de una persona; incluso ahora mismo hay dolores de parto en la Iglesia juntamente con la creacin, aguardando la manifestacin de Cristo) hasta ahora; 23y no slo ella, sino que tambin nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espritu, nosotros tambin gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopcin, la redencin de nuestro cuerpo". Tenemos las primicias del Espritu; es un hecho consumado. Por qu habla de primicias? Somo adelantos de la vida de Dios en nosotros, adelantos de gloria, de cosas poderosas, superiores, que hemos de recibir y vivir. Sucede que las primicias son como las arras que se entregan como adelanto cuando hay un pacto, un negocio, para darle seguridad al asunto. Esas primicias las recibimos en el espritu. Todava no se ha manifestado realmente como ha de suceder en el futuro; aunque yo les digo una cosa, hermanos. Si usramos con fe esas primicias, si las viviramos como el Seor quiere, cuntas maravillas hara Dios a travs de nosotros; milagros y vida sobrenatural seran ms corrientes en la Iglesia.

Dice: "Tenemos las primicias del Espritu, nosotros tambin gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopcin, la redencin de nuestro cuerpo", Si ven, hermanos, cmo hay una connotacin de la adopcin en tiempo pasado y la adopcin que se perfeccionar en el tiempo futuro? Habla de la redencin de nuestro cuerpo; la redencin tambin es manifestada de esa manera. Ya fuimos redimidos, pero la perfeccin de la redencin aplicada a nuestro cuerpo es en el futuro cuando nosotros seamos resucitados. As como el Espritu Santo trae la salvacin a nuestro espritu, y luego se la va aplicando a nuestra alma, as tambin se la debe aplicar a nuestro cuerpo. Y la manifestacin total de esa accin salvadora en todo nuestro ser es lo que es revelado como esa gran y especial resurreccin futura. Hermano, t no quieres esa resurreccin especial? Claro que s. Seor, aydanos a pagar el precio. Tambin en la epstola a los Hebreos el autor habla de tener una mejor resurreccin. Cuando habla de los hroes de la fe en el captulo 11, cuando entra a la parte de los jueces, dice el versculo 35: "Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurreccin; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurreccin".

En Glatas 4:4-7 dice la Palabra de Dios: "4Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo (o sea, Dios haba determinado cundo y en qu orden deba darse cumplimiento a lo que l se haba propuesto; l saba exactamente cundo sucederan todas las cosas; sobre todo lo relacionado con la encarnacin del Verbo de Dios, Su nacimiento humano, Su crecimiento como una persona humana, Su ministerio, Su obra en la cruz, Su resurreccin y glorificacin; de manera que en el plan de Dios haba un tiempo especial, como cuando algo madura), Dios envi a su Hijo (no lo poda enviar antes ni despus; convena exactamente enviarlo en ese tiempo), nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibisemos la adopcin de hijos (aqu se conjuga un hecho eterno de Dios con los tiempos pasado y futuro de nuestra adopcin. Es un hecho consumado a los ojos de Dios, pero tambin habla la Palabra de una adopcin futura, pero es la misma adopcin que se perfecciona; comienza en el pasado pero se perfecciona en el futuro). 6Y por cuanto sois hijos (es decir, ya fuimos adoptados hijos), Dios envi (en tiempo pasado) a vuestros corazones el Espritu de su Hijo, el cual clama: Abba, Padre! 7As que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, tambin heredero de Dios por medio de Cristo".

Predestinados para ser adoptados

Entonces nosotros ya hemos recibido la adopcin de hijos, en distincin a una relacin meramente consiguiente al nacimiento. Por la obra de Cristo nacimos en el Espritu. l nos adopta por la obra de Cristo, no por nuestra obra, no por nuestra conducta ni nada que tenga origen en nosotros. Esa preciosa obra de Cristo, nosotros la recibimos voluntariamente ayudados por la gracia de Dios.

En el captulo 1 de Efesios habla del origen de la iglesia, pues habla de las bendiciones de Dios para nosotros y cmo nos escogi desde antes de la fundacin del mundo para hacer de nosotros algo especial, y el versculo 5 da la razn y origen de ese hecho: "En amor habindonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, segn el puro afecto de su voluntad". Este fue un hecho voluntario, soberano, de gracia, de Dios hacia nosotros. Que alguien sea ms hermoso y elegante que otro, que alguien sea ms sabio, que alguien aparente ser ms humilde, que alguien pertenezca a determinada raza, o que su etnia haya sido de las dominantes en la historia de la humanidad, eso no tiene que ver con la voluntad de Dios. l quiso hacerlo como lo ha hecho, y aqu estamos. Fuimos ordenados de antemano por Dios.

Entonces la condicin de hijos que ahora tenemos slo se har plenamente efectiva en la transformacin de los cuerpos en la resurreccin de la Iglesia. Significa que l nos perfeccionar. Uso mucho la palabra perfeccin por cuanto ya somos hijos, y all con l, en el futuro, lo viviremos a la perfeccin. No habr nada que empae nuestra condicin de hijos de Dios; absolutamente nada. Dios nos ha dado esa vida eterna en la vivificacin, y en la medida que opera ese crecimiento espiritual del creyente, y esa vida eterna que nos ha trado el Espritu Santo se va extendiendo, se va ampliando su influencia en nosotros y va tomando terreno en nuestra alma, entonces llega al intelecto, a los sentimientos, a la voluntad. Hay que recordar que eso lo quiere hacer el Seor desde el primer da de nuestra salvacin, pero l desea que tambin nosotros lo queramos; l quiere que seamos conscientes de que tenemos la necesidad de ser transformados; Dios quiere hacer en nosotros un trabajo de completa renovacin; pero l no lo puede hacer solo, l necesita de nuestro asentimiento, pues se trata de nuestra propia vida. Dios no viola las vidas y voluntades de Sus hijos; l no entra a forzar nuestros sentimientos. l quiere que le amemos voluntariamente, y que voluntariamente deseemos ser como l. El Seor es muy respetuoso y caballero. l quiere que nosotros lo invitemos a entrar en nuestra casa.

Cuando nuestra mente no ha sido transformada, a menudo nos invaden pensamientos y recuerdos que ya no quisiramos evocar. Vienen a nuestra mente recuerdos de pecados y cosas que el nuevo hombre detesta. Por qu sucede esto? Porque la renovacin de nuestra alma y la transformacin de nuestra mente no ha sido perfeccionada. No hemos permitido que Dios nos limpie del todo. Podemos decirle: Seor, concdeme no acordarme ms de aquella situacin, pero l nos sigue insistiendo en que debemos negarnos a nosotros mismos, y para lograrlo debemos tomar nuestra propia cruz. Hay que tener en cuenta que la Palabra de Dios nos dice que nosotros debemos participar de ese trabajo de renovacin, cuando dice: "No os conformis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovacin de vuestro entendimiento, para que comprobis cul sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Ro. 12:2). Sin la cruz es imposible no conformarse a este mundo en el cual hemos vivido toda una vida haciendo nuestra propia voluntad. Nosotros mismos debemos tambin estar comprometidos en esa transformacin. Cuando el Seor vea que t tomas tu cruz y te decides por obedecerle y ponerte de acuerdo con l, entonces podrs ver lo que te est estorbando, antes no. Entonces le dirs: Seor, esto est haciendo estorbo para obedecerte; trabaja en esto; yo quiero que mi mente sea transformada. Entonces tus pensamientos empiezan a ser tratados por el Seor. Muchas veces nuestros sentimientos son desbocados, y se descarran y nos hacen pecar. Llega el momento en que nuestra voluntad tambin debe ser sometida a la voluntad de Dios.

La salvacin del cuerpo y del resto de nuestro ser

Indiscutiblemente ya somos hijos de Dios, pero tambin se puede decir que la condicin de hijos de Dios slo adquirir su plena perfeccin en la transformacin de los cuerpos en la resurreccin. Ya tenemos la vida eterna, pero la vida eterna, en la medida que opera el crecimiento espiritual del creyente va extendiendo su dominio a la esfera del alma. Ya lo hemos ledo en Efesios 3:14-20: "14Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Seor Jesucristo, 15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16para que os d, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espritu". El hombre interior, donde ya habita Dios, debe ser fortalecido, para que ejerza dominio sobre el hombre exterior. El alma se ha engrandecido tanto, es tan grande su dominio, que manda inclusive sobre el espritu; los valores fueron trastocados; antes de la cada del hombre era el espritu el que lo ordenaba todo, y cuando el espritu muri, entonces el alma se creci y empez a dictar todas las pautas de la vida del hombre; entonces ahora nuestro hombre interior debe ser fortalecido por encima de los poderes de alma, a fin de que llegue a sujetar al alma.

"17Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18seis plenamente capaces de comprender con todos los santos (este fortalecimiento debe darse a nivel corporativo, en conjunto, no solitarios) cul sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura (las medidas del Seor), 19y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seis llenos de toda la plenitud de Dios. 20Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho ms abundantemente de lo que pedimos o entendemos, segn el poder que acta en nosotros". Claro, estamos hablando de la salvacin del cuerpo, pero hay una estrecha relacin la salvacin del cuerpo con la del alma, pues una vez que el alma est siendo salvada, el dominio de esa salvacin se va extendiendo a la esfera del cuerpo. Si el alma no se sujeta al espritu, no puede haber sujecin del cuerpo al alma en cuanto a hacer la voluntad de Dios. El Seor siempre nos habla en el espritu, pero el alma debe saber que el Seor nos est hablando; y asimilar el mensaje. Una madrugada, viviendo en la Costa Caribe de Colombia, el Seor me despert. Me habl en el espritu; l quera que yo le cantara una cancin que en esos das no dejaba de cantar; pero mi alma tena que saber cul era el mensaje a fin de ordenarle al cuerpo que se levantara, se pusiera de rodillas, y que usara la boca y con todo mi ser le cantara lo que sala de mi espritu para alabar al Seor. Si el alma no entiende el mensaje, no hay orden para el cuerpo; o a lo mejor el cuerpo podra negarse alegando que est cansado y con mucho sueo.

Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18seis plenamente capaces de comprender con todos los santos
(este fortalecimiento debe darse a nivel corporativo, en conjunto, no solitarios) cul sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura (las medidas del Seor), 19y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seis llenos de toda la plenitud de Dios. 20Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho ms abundantemente de lo que pedimos o entendemos, segn el poder que acta en nosotros". Claro, estamos hablando de la salvacin del cuerpo, pero hay una estrecha relacin la salvacin del cuerpo con la del alma, pues una vez que el alma est siendo salvada, el dominio de esa salvacin se va extendiendo a la esfera del cuerpo. Si el alma no se sujeta al espritu, no puede haber sujecin del cuerpo al alma en cuanto a hacer la voluntad de Dios. El Seor siempre nos habla en el espritu, pero el alma debe saber que el Seor nos est hablando; y asimilar el mensaje. Una madrugada, viviendo en la Costa Caribe de Colombia, el Seor me despert. Me habl en el espritu; l quera que yo le cantara una cancin que en esos das no dejaba de cantar; pero mi alma tena que saber cul era el mensaje a fin de ordenarle al cuerpo que se levantara, se pusiera de rodillas, y que usara la boca y con todo mi ser le cantara lo que sala de mi espritu para alabar al Seor. Si el alma no entiende el mensaje, no hay orden para el cuerpo; o a lo mejor el cuerpo podra negarse alegando que est cansado y con mucho sueo.

Entonces, hermanos, todo esto queda garantizado por la resurreccin del Seor Jesucristo; l resucit con poder y solt las amarras que nos ataban y quit todos los decretos que haba contra nosotros. Cristo conquist una victoria total, y nosotros ahora tenemos esa victoria de Cristo. Dice el apstol Pablo en 2 Corintios 5:4: "Porque asimismo los que estamos en este tabernculo (este tabernculo es el cuerpo) gemimos con angustia; porque no quisiramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida". Ya nuestro cuerpo es un tabernculo, pero por qu dice Pablo que gemimos? Acaso no mora Dios ya en nosotros? S mora, pero an no ha obrado en nosotros plenamente la redencin; an somos mortales, y por eso la persona se ve como desnuda, similar a lo que le ocurri a Adn despus de la cada, cuando la muerte empez a obrar en l. Cuanto ms nuestra alma sea salvada, mejor podemos ver la necesidad de ser revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Posicional y objetivamente somos revestidos de Cristo, pero hay otro vestido especial, que es el vestido de las bodas; es un vestido de carcter subjetivo. Este vestido hay que confeccionarlo y perfeccionarlo ahora en nuestro andar con el Seor, obrando en justicia.

Aspectos de la salvacin futura

El captulo 24 de Mateo habla de los acontecimientos futuros, finales y escatolgicos; habla del curso de esta era, y se refiere el Seor a que por causa de haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriar, y de pronto dice en el verso 13: "Mas el que persevere hasta el fin, ste ser salvo". Esta perseverancia se relaciona estrechamente con la salvacin del alma en esta era. Se me antoja que es una cobarda descuidar la salvacin de nuestra alma. Incluso a veces nos puede asaltar el temor de enfrentarnos personalmente con ciertas etapas escatolgicas como la gran tribulacin. Con esto es peligroso que se llegue a desear que se dilate la venida del Seor, pensando incluso en qu comeremos en ese nterin, o dnde viviremos. Lo digo porque a menudo he escuchado esas inquietudes.

Cundo se puede estar pensando as? Cuando nuestra alma an no est siendo salvada convenientemente. El alma est en una etapa en que no quiere ni siquiera pensar en incomodidades. Pero cuando el alma ya est pasando por un proceso de salvacin y madurez, es porque ya recibe la influencia del espritu ms que del cuerpo y la esfera de la carne. Y llega un momento en que dice: Seor, no importa lo que haya que pasar; estamos en tus manos; t eres nuestro alimento, nuestra verdadera bebida, eres nuestro amparo; tienes todo el poder para darnos cada da nuestro pan; y si falta, hasta del cielo t puedes hacer que nos baje. Que el Seor nos ayude y nos llene de valor. El que persevera hasta el fin ser salvo.

El cuerpo necesita ser transformado en el cuerpo glorioso de resurreccin que obtuvo Cristo cuando l resucit. La Palabra de Dios nos lo garantiza. Le fue revelado al apstol Pablo: "20Mas nuestra ciudadana est en los cielos (nosotros apenas somos peregrinos aqu), de donde tambin esperamos al Salvador, al Seor Jesucristo; 21el cual transformar el cuerpo de la humillacin nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambin sujetar a s mismo todas las cosas" (Flp. 3:20-21). Ahora, Cmo ser ese cuerpo despus de nuestra resurreccin? La Biblia nos lo revela, pues ser semejante al cuerpo de la gloria del Seor. Cmo se manifest el cuerpo del Seor Jesucristo en esos cuarenta das despus que resucit y estuvo an en la tierra con Sus discpulos? Antes de la ascensin, el Seor comi; se trasladaba de un lugar a otro en cuestin de segundos, no importaba la distancia; o sea que en trminos humanos, poda caminar o volar a voluntad; poda entrar a un recinto cerrado abriendo la puerta o a travs de las paredes; se haca visible o invisible a voluntad. De manera que todas esas cosas las podremos hacer nosotros en la resurreccin de nuestros cuerpos. Y cuntas cosas ms? Ya no pecaremos, ni sufriremos de dolores; no nos angustiaremos por nada; todo acontecer en la gloria del Seor. Por eso se llama cuerpo glorioso, cuerpo de poder. Se manifestar en ese tiempo una gracia especial, cuando ser consumada la plena salvacin de Dios. "Por tanto, ceid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traer cuando Jesucristo sea manifestado" (1 Pe. 1:13). Son textos bblicos claves, como el de Pablo a los Romanos 8:22-23: "22Porque sabemos que toda la creacin gime a una, y a una est con dolores de parto hasta ahora; 23y no slo ella, sino que tambin nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espritu, nosotros tambin gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopcin, la redencin de nuestro cuerpo".

Cuando Cristo venga se perfeccionar en todo nuestro ser su gran salvacin y Su vida misma en nosotros. "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros tambin seris manifestados con l en gloria" (Col. 3:4). Cristo vendr en Su gloria, y antes de que el l sea visto en la tierra por los hombres, nos arrebatar, y nos encontraremos con el Seor cara a cara, e implantar su tribunal de juicio para juzgar a la Iglesia; es un juicio de obras. No s exactamente si ese tribunal ser en los aires o ac en la tierra. Es posible que sea en la tierra. Pero la Palabra asegura que nos manifestaremos con l en gloria. Es un tiempo sumamente importante, y constantemente la Palabra nos advierte que lo esperemos listos. "1Mirad cul amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoci a l. 2Amados, ahora somos hijos de Dios, y an no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando l se manifieste, seremos semejantes a l, porque le veremos tal como l es. 3Y todo aquel que tiene esta esperanza en l, se purifica a s mismo, as como l es puro" (1 Juan 3:1-3). El mundo no conoce lo de Dios porque no ha conocido a Cristo. El mundo se burla de Dios. Ahora podemos padecer, sufrir, sentirnos burlados, pero la Palabra nos manifiesta que lo de ahora no es comparable con el peso de gloria que se ha de manifestar pronto. Pronto lo estaremos viendo tal como l es. Es preferible que vivamos ahora tal como nos toque vivir. Qu tal que a nosotros ahora se nos manifestara esa gloria? Qu tal nosotros ahora rodeados de gloria? Cmo sera eso? Si algunos, sin ese nimbo fulgurante, sin esa aureola, se hacen llamar reverendos y reverendsimos, y hasta hay alguien que prefiere que se arrodillen delante de l y le besen el anillo, cmo seran con esa aureola? Pero por alguna razn el Seor prefiere que ahora vivamos sobria y sosegadamente.

Cundo se manifestar esa salvacin?

Llegar el momento en que nos manifestaremos con l. Ahora somos hijos de Dios, aunque el mundo no conoce a Dios y mucho menos a Sus hijos. Al mundo le gusta lo espectacular; y los hijos de Dios, los normales, no buscan la espectacularidad ni la gloria de los hombres. Lo de Dios es autntico. Mientras llegue esa manifestacin, el Seor quiere que nos humillemos incluso delante de la gente. Qu puede importarnos, hermanos, humillarnos ahora delante de la gente? Claro, si hay necesidad, para dar un buen testimonio. El espritu de la Palabra es que si llegan a pegarte en una mejilla, que no te defiendas, que pongas aun la otra. Por qu? Porque somos hijos de Dios, y hemos de manifestarnos con l en gloria; esa es nuestra vindicacin. Queremos ms? Habr algo ms grande que eso? Quiera el mundo o no lo quiera, nos manifestaremos con el Seor en Su gloria. Qu nos puede importar si hoy hay o no hay almuerzo? Si soy un hijo de Dios, qu puede importar eso? "Y todo aquel que tiene esta esperanza en l, se purifica a s mismo, as como l es puro". Claro, esto es muy fcil hablarlo; pero hay que hablarlo, debemos conocerlo. Hay que ensear lo que dice la Palabra tambin sobre este tpico tan importante.

El apstol Pedro tambin manifiesta que habr un tiempo en el futuro en que gozaremos de una completa salvacin. "Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvacin que est preparada para ser manifestada en el tiempo postrero" (1 Pe. 1:5). Esa salvacin ser manifestada plenamente, como hemos dicho, en el da de la resurreccin. Pero es necesario tener presente que nuestra resurreccin tambin no slo se refiere al futuro. Hay una resurreccin que es revelada en tiempo pasado, la del espritu. Es la participacin nuestra en la resurreccin de Cristo. Pero la resurreccin futura es la del cuerpo. Cundo ser esa resurreccin? Dice la Biblia que ser a la final trompeta. "En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocar la trompeta, y los muertos sern resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados" (1 Co. 15:52). "Porque el Seor mismo con voz de mando, con voz de arcngel, y con trompeta de Dios, descender del cielo; y los muertos en Cristo resucitarn primero" (1 Tes. 4:16). Cuando sonar esta trompeta? Precisamente esta trompeta anunciar la venida del Seor, despus de la gram tribulacin, conforme Apocalipsis 11:15.19. Cuando el Seor venga, nuestros cuerpos sern resucitados. Pero ya en nosotros ocurri una resurreccin en el pasado. Pablo en Efesios 2:6 habla en tiempo pasado; se entiende lgicamente, como dice all en Romanos 6, que se trata de la resurreccin del espritu. Dice: "Y juntamente con l (con Cristo) nos resucit (es un hecho consumado), y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jess" (Ef. 2:6). Significa que yo resucit en el espritu, y estoy sentado en los lugares celestiales. As lo dice el Seor, y las cosas de Dios hay que creerlas y recibirlas, y por fe hay que vivirlas. Nuestra actual posicin es con el Seor en los lugares celestiales. Por eso es que l es tan celoso con nosotros.

Tendremos un cuerpo espiritual

Dice Juan 6:54: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitar en el da postrero". Me atrevo a formular una pregunta a los hermanos presentes. Hay alguien aqu que dude de que tiene vida eterna? No, claro que no. Aqu todos tenemos la seguridad de que tenemos vida eterna, pues nuestra salvacin est fundamentada en la obra de Cristo, y corroborada por la Palabra de Dios y por el Espritu. Si nosotros ya lo sabemos, estemos convencidos de ello, pues dudar es ofender al Seor. De manera que el espritu ya no necesita de esa resurreccin; lgicamente que se unir al cuerpo cuando ocurra la resurreccin de la Iglesia; pero el espritu se unir habiendo ya resucitado en el pasado; y el cuerpo resucitar en el da postrero, como lo acabamos de leer; y qu sucede con el alma? El alma est siendo salvada, y en la medida de ese proceso, llega el momento de madurez y de sazn en que tambin resucita.

Como ya lo hemos expresado antes, en la resurreccin futura, la del cuerpo, habr un cambio total en la naturaleza de esa parte de nuestro ser, pues ese cuerpo ya dejar de tener las limitaciones actuales mientras vivimos en esta tierra como simples mortales. Despus de la resurreccin, nuestro cuerpo ser un cuerpo espiritual. Dice el apstol Pablo en 1 Corintios 15:44: "Se siembra cuerpo animal, resucitar cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual". Al morir, nuestro cuerpo natural, dbil y corrupto, ser sembrado; pero cuando resucite, ser revestido de poder y gloria, con caractersticas insospechadas.

Rogamos al Seor que nos ayude a hacer Su voluntad. Amn.

7. El propsito final de la salvacin

Por Arcadio Sierra Daz - 12 de Febrero, 2007, 0:59, Categora: General

Captulo 7

EL PROPSITO FINAL DE LA SALVACIN

El objetivo de nuestra salvacin

Hoy continuamos con la serie relacionada con la seguridad de nuestra salvacin. Con la ayuda del Seor vamos a analizar un poco acerca del propsito central de Dios al salvarnos. Cul es el objetivo central de Dios al salvarnos? Ya hemos insistido diciendo que la Biblia por el Espritu revela que la salvacin es un regalo eterno de Dios en Jesucristo Su Hijo. Hoy vamos a detenernos a estudiar cul es el propsito final de ese precioso regalo, de esa salvacin tan grande de que Dios nos ha hecho objetos; es decir, por qu y para qu nos salva Dios. Qu tena el Seor en mente cuando decidi salvarnos.

En el primer captulo hablamos acerca de la creacin del hombre, su estructura y su cada. El primer hombre, despus de su cada, su cuerpo empez a sufrir un cambio, una transformacin, hasta llegar a ser simplemente carne, pero lo ms grave es que tambin su alma experiment esa conversin, y su espritu, vctima de su muerte espiritual, tambin sufri este descalabro, de tal manera que el hombre lleg a ser carne, conforme lo manifiesta la Palabra. El hombre se apart cada vez ms de Dios en su afn por independizarse de su Creador, y hasta el da de hoy la humanidad persiste en ser independiente de Dios, intentando ms bien hacer religin a su manera carnal. Pero ante ese nefasto acontecimiento, el propsito inicial de Dios para con el hombre no fue anulado, ni tergiversado, ni transformado; jams se finiquit. Ya el Seor saba de antemano que el hombre iba a ser presa de una eventual cada; de manera que l tena ya Su plan de salvacin por medio de Su Hijo.

En Efesios 1:9-10, el apstol Pablo hace un resumen del propsito final de Dios con Su Hijo respecto de la creacin, y de los salvados en todo el contexto de la carta. En el primer captulo Pablo viene hablando de Cristo, del Amado, con relacin a los hijos de Dios, para decir en el versculo 9: "9Dndonos a conocer el misterio de su voluntad (se refiere a la voluntad de Dios. La voluntad de Dios es un misterio), segn su beneplcito, el cual se haba propuesto en si mismo (qu se haba propuesto Dios?), 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensacin del cumplimiento de los tiempos, as las que estn en los cielos, como las que estn en la tierra". Cuando el hombre pec en el Jardn del Edn, entonces todas las cosas sufrieron un deterioro y cayeron bajo el poder de manos perversas, de manera que Dios tena en Sus propsitos rescatarlas y reunirlas bajo la autoridad y dominio de Su propio Hijo; y eso lo tena determinado a fin de que ocurriera en el momento preciso de la historia de la humanidad; o como dice aqu: "en la dispensacin del cumplimiento de los tiempos". Pablo, por la revelacin de Dios, habla de dispensacin; incluso hay una escuela doctrinal exegtica denominada "dispensacionalismo", llamada as debido a que se relaciona con lo que Dios le ha ido revelando al hombre, le ha ido dispensando, acerca de l, de Su obra, de Sus propsitos. Progresivamente Dios le ha ido dispensando al hombre ciertas revelaciones a fin de que el hombre las administre y vaya actuando conforme a lo que va recibiendo de Dios. Por ejemplo, el misterio de la Iglesia no fue revelado antes de la encarnacin del Verbo de Dios. Dios no dispensa todo a la vez, pues Dios espera que el hombre vaya adquiriendo la suficiente madurez y la luz necesaria. Dios se va manifestando a su debido tiempo y sazn; nos va revelando en las sucesivas etapas de la historia, y el hombre ha ido digiriendo lo que ha venido recibiendo de Dios. Hubo una primera dispensacin; el hombre conoci de Dios unas primeras verdades; el hombre fall, cay; despus, pasado cierto tiempo, vino una segunda dispensacin. Cul fue la respuesta del hombre? Bueno, fue sucediendo as hasta que se cumpli el tiempo para la encarnacin del Verbo de Dios, Su obra en la cruz, Su resurreccin, Su glorificacin, la venida del Espritu Santo y empieza la edificacin de la Iglesia.

Una nueva creacin

De manera, pues, que el plan central de Dios es reunir todas las cosas en |Cristo. Los llamados "Testigos de Jehov" dicen que Jesucristo no es Dios, entonces se les plantea esta pregunta: Cmo va Dios a reunir todas las cosas en una criatura? Si Cristo fuera un ser creado, cmo va Dios a reunir a todas las otras criaturas y las va a poner en torno a otra criatura, haciendo de esa criatura el centro mismo de la creacin de Dios? A todas luces eso sera un contrasentido, La Palabra de Dios revela que Cristo es Dios desde toda la eternidad. Ahora, la siguiente verdad es que Cristo no va a ser el centro solo; Dios no quiere que Cristo est solo. En todo el plan eterno de Dios, la humanidad ocupa un lugar muy importante; por eso Dios ha venido trabajando progresivamente a fin de hacer una nueva creacin en el hombre, como lo vamos a ver aqu en el captulo 2 de Efesios.

Dios cre al primer hombre, pero ese primer hombre le fall a Dios. Al hombre Dios lo cre un ser colectivo, compuesto. Dice: "Varn y hembra los cre". Se puede entender, entonces, que cualquiera de las partes del hombre que iniciara la cada, involucraba a la otra parte. Pero el caso es que ese primer ser, al caer, se convirti en mera carne; y la carne no puede conocer a Dios; la carne no tiene la capacidad de escuchar a Dios, ni mucho menos adorarlo, porque la carne no puede tener comunin con Dios, porque sencillamente carece de la naturaleza apropiada para hacerlo. Entonces para tener esa naturaleza, la de Dios, se necesita un nuevo nacimiento, una nueva creacin. La Iglesia es una nueva creacin, hermanos, nosotros, los creyentes, ya no somos como Adn; nosotros somos diferentes al hombre admico. Eso nos ensea que la salvacin no se pierde; porque Adn s cay y se convirti en carne, se degener e involucr a toda la humanidad. Pero un hijo de Dios en Jesucristo, es hijo de Dios eternamente; es una nueva creacin en Su Hijo, en Jesucristo. La Iglesia a que nos referimos aqu no se refiere a una organizacin religiosa. Aqu hablamos tambin de un hombre colectivo, y ms que eso, un hombre corporativo. La Iglesia es un hombre corporativo cuya cabeza es Jesucristo.

La edificacin de la Iglesia

Vamos al captulo 2 de la carta del apstol Pablo a los Efesios. En el versculo 11 empieza a explicar cmo se edifica la Iglesia: "11Por tanto...", es decir, por lo que vengo diciendo, de dnde nos sac Dios, quines ramos, cmo nos salv, para qu nos salv. Ya haba revelado en el versculo 10: "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jess para buenas obras, las cuales Dios prepar de antemano para que anduvisemos en ellas". Entonces dice: "11Por tanto (sabiendo esta gran verdad), acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisin por la llamada circuncisin hecha con mano en la carne". Qu encierra esta frase de la Palabra? Que despus de la cada y entrada del pecado en el hombre, toda la humanidad se volvi carne. Pero Dios tena un plan eterno para resolver eso, y vendra su cumplimiento a travs de la encarnacin de Su propio Hijo. Pero, cmo se iba a llevar a cabo esa encarnacin? Iba a ser esa encarnacin como el resto de la humanidad? No. Iba a realizarse en cualquier parte y en cualquier etnia de la humanidad convertida en carne? No. Dios hizo la provisin para crear una nacin especial para S; una raza diferente; una etnia que en alguna manera y medida cortara con la carne.

Y empez aquello por medio del llamamiento de un hombre llamado Abraham, cuyo nieto Jacob, despus cambiado el nombre por Israel, fue constituido Padre humano de esa nacin. Pero con Abraham concert un pacto. Dios haba hecho una promesa; Dios ha dado promesas, y esas promesas se concentran en Su Palabra, y Dios es fiel a Sus promesas, como es fiel a Su Palabra. Eso es tan cierto y seguro, que Su Palabra se hace ley. Eso se llama pacto, pues l se lo propone en S mismo. De manera, pues, que Dios se propuso crear esa nacin, y para ello se fij en un hombre de Ur de Caldea; se lo trajo a Canan con Sara su esposa, habindole dicho: "Har de ti una nacin grande... y sern benditas en ti (de tu simiente) todas las familias de la tierra (la Iglesia)" (G. 12:2,3). Ah le habl veladamente de Cristo y de la Iglesia. Pero para ello era necesario hacer un pacto con Abraham, haciendo que esa raza que comenzaba cortara con la carne. Cmo te voy a librar de la carne a ti y a tu descendencia, Abraham? Cortndote la carne. T te vas a hacer un corte en tu propia carne. Vas a circuncidarte t y tus hijos, y todos los que vivan contigo van a ser circuncidados a fin de que sean una nacin de gente desligada de la carne. Ustedes no van a ser como las dems naciones, que son carne. Por eso es que la Biblia habla de la circuncisin y la incircuncisin. Quien corta con la carne, se acerca a Dios por medio de Jesucristo.

Pero cuando nosotros creemos, ya entramos a hacer parte de la nueva creacin. Nosotros, la Iglesia, somos una nueva creacin, y cuando habla de una nueva creacin es porque jams haba sido hecho algo igual; es algo nuevo, creado nuevo. La Iglesia es una creacin nueva. Eso es lo que no entienden las personas que dicen que la salvacin se pierde, porque ignoran que nosotros somos parte de una nueva creacin, de un hombre nuevo que jams haba sido hecho. Por eso Pablo le dice a los Efesios: "Acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisin por la llamada circuncisin hecha con mano en la carne". En ese tiempo haba judos y haba gentiles, pero ms que todo se lo dice a los gentiles. Es creer que en feso algunos judos de la sinagoga creyeron y se unieron a la iglesia, pero ah se dirige a los gentiles, "vosotros los gentiles en cuanto a la carne"; eso significa que eran incircuncisos antes de conocer a Cristo; eran, pues, llamados incircuncisin (eran carne) por la llamada circuncisin hecho con mano en la carne. Eso haba surgido por medio de un pacto, pero era algo que Dios tena que hacer. No podan seguir siendo del montn de la carne.

Les sigue diciendo: "12En aquel tiempo estabais sin Cristo, (estar sin Cristo es ser carne, porque cuando nosotros estamos en Cristo, ya estamos circuncidados, ya no somos carne; esa es la diferencia) alejados de la ciudadana de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo". Qu es eso? Qu significa eso de estar alejados de la ciudadana de Israel? Que no se hace parte del reino; porque Israel es smbolo del reino; lleg a ser la nica nacin sobre la tierra donde el gobernante era Dios; las dems naciones no conocieron ni conocen a Dios; y cuando Israel le fall a Dios y pec, y rechaz el gobierno de Dios, y fue llevado en cautiverio, se perdi esa representacin del reino de Dios en la tierra; de manera que quien representa y vive el reino de Dios ahora en la tierra, es la Iglesia. Por eso es que la Biblia hace nfasis en el reino. Id y predicad el evangelio del reino. No os afanis por lo que habis de comer. De qu beber, donde vivir; que esa no sea vuestra prioridad. Por qu dice eso el Seor? Porque ese es el afn de nosotros. Pero, antes de ocuparos de esas cosas, buscad primeramente el reino; porque nosotros somos los que vivimos y representamos ahora el reino de Dios en esta tierra. S, en este momento no es Israel el que lo representa. Israel no ha entrado de nuevo; Israel fue cortado y fue injertada la Iglesia. Israel volver a constituir esa nacin terrenal de Dios, pero eso todava no ha llegado. Todava estamos en el tiempo de los gentiles. Israel ahora est an en un proceso de regreso, de consolidacin, de restauracin, pero all todava no gobierna Dios como antao; ellos ahora todava tienen un gobierno secular, de poltica de mundo, de carne. Son israelitas, pero an estn en un proceso; pero eso se va a dar a su debido tiempo.

Derribando la pared intermedia

Por qu nosotros estbamos alejados de la ciudadana de Israel? Porque habamos cado, y toda la humanidad qued por fuera del reino de Dios, y ajenos a los pactos de la promesa. Todas las promesas que Dios tena, las perdi la humanidad, y slo se retoman en Cristo Jess. La humanidad qued sin esperanza y sin Dios en el mundo. El mundo se llen de dioses; muchos dioses tiene el mundo; y la humanidad habla de los tiempos paganos, cuando se refieren a la historia antes de Cristo; sobre todo lo dice esa humanidad occidental que dice ser cristiana. Pero no, hermanos, toda la humanidad es pagana. El paganismo sigue igual; lo nico que cambiaron fue el nombre de los dioses. Por eso todos nosotros estbamos "sin esperanza y sin Dios en el mundo 13Pero ahora (ahora somos de Dios, ahora es otra vida, ahora tenemos esperanza en las promesas, y las estamos viviendo ya) en Cristo Jess, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo". Ese es el camino. Si vamos al libro de Crnicas, vemos la enorme cantidad de novillos y otros animales que sacrific Salomn cuando dedic el templo que le haba edificado a Dios en Jerusaln. Miles en un solo da; pero ahora solamente un Cordero derram toda su preciosa sangre para redimirnos; y por medio de ese sacrificio Dios nos ha hecho cercanos a l.

Dice: "14Porque l es nuestra paz (Cristo nos reconcili con el Padre y nos reconcili a nosotros los hombres), que de ambos pueblos hizo uno (el pueblo judo, el de los circuncisos, el que haba firmado el pacto, y a los ocho das de nacido, cada varn deba circuncidarse), derribando la pared intermedia de separacin", Qu derrib el Seor? Esa pared que se haba levantado en torno a la ley y a las ordenanzas, comenzando con la circuncisin y los rituales; todo eso fue lo que derrib Cristo. Por eso la Palabra dice que todas esas leyes que nos dividan con los judos, ya Cristo las aboli. Hay algunos ahora que las han levantado de nuevo, y estn dejando la Iglesia de Jesucristo para acercarse de nuevo al redil del judasmo y al mesianismo; si quieren de nuevo vivir en esa divisin es porque ignoran que esa pared ya fue derribada. Por qu lo digo? Porque dice: "14Porque l es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separacin". Bueno, s, hay una tipologa. Cuando uno lee en el Antiguo Testamento cmo era la estructura del templo de Jerusaln, puede observar que haba unas paredes de divisin; por eso haba varios patios: el de los gentiles; hasta ah podan llegar los gentiles; tambin estaba el patio de las mujeres, pues haba discriminacin en esa religin, etc; pero todas esas divisiones y paredes, al leerlas en el Nuevo Testamento, se toman como una tipologa de la obra de Cristo; de todo eso que l derrib en la cruz.

Ahora, en cuanto a lo que divida a los hombres con Dios, indiscutiblemente era la carne con su pecado. Entonces, en el desarrollo del plan de Dios, el pueblo escogido se circuncidaba, pero el resto no haba cortado con la carne; entonces a causa de la carne fue establecida la ley, comenzando por la circuncisin. Como eran carne, haba que comenzar cortando la carne, en el prepucio. Eso es un principio de la ley. La ley, no digamos tanto las leyes morales, las cuales siguen vigentes en el sentido de que todos nosotros las guardamos en Cristo, pero todas esas leyes ceremoniales hacan una divisin entre los judos y los gentiles; entonces l mismo pag en la cruz con Su sangre para derribar esas murallas, esas barreras que nos dividan. Y eso tambin estaba simbolizado por el velo que separaba el lugar santo del lugar santsimo. En el momento en que Cristo expir en la cruz, Dios cort, no por medio de mano humana, el velo de arriba abajo, a fin de que nosotros pudiramos tener acceso al Padre. Para que hoy tengamos entrada al Padre ya no tenemos obstculos, ni necesitamos sacerdotes ni ningn otro intermediario que no sea Cristo. Hoy tenemos acceso directo y libre al trono de la gracia por el camino nuevo y vivo que es el Seor. Ahora hemos sido hechos cercanos, ahora l es nuestro Padre, ahora l nos mira a travs de Su Hijo.

En el versculo siguiente explica el significado de esa pared intermedia; por tanto, leemos el versculo 14 y su explicacin en el 15. Dice: "14Porque l es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separacin (seguidamente explica lo de la pared intermedia), 15aboliendo en su carne las enemistades (haba enemistades que hacan barreras: clases sociales, discriminacin racial, religiones), la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas (esas ordenanzas constituan la pared intermedia; pero para los que no conocen a Cristo todava sigue all erigida, porque esas ordenanzas siguen vigentes en el judasmo e incluso entre sectores del cristianismo), para crear (ya no hay ordenanzas; ya todo eso est abolido y derribado; ahora somos un solo pueblo) en s mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz".

Porque uno puede decir: Derribando la pared intermedia, pero cul es esa pared? Ah porque all en el templo de Jerusaln haba una pared que fue demolida; pero, no, la pared es algo diferente. S, esa pared fue derribada; y no solamente eso, fue destruido todo el templo; ya ese templo no existe, y las cosas hoy son diferentes; hoy existe un templo vivo.

Los niveles de la edificacin

De manera, pues, que as empieza la edificacin de la Iglesia. As lo dice el Seor en Mateo 16 en el contexto de la confesin de Pedro: "13Viniendo Jess a la regin de Cesarea de Filipo, pregunt a sus discpulos, diciendo: Quin dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elas; y otros, Jeremas, o alguno de los profetas". Los hombres tienen diferentes opiniones del Seor Jesucristo, pero ninguno de esos conceptos, aparentemente buenos o malos, les sirve para una verdadera conversin. Entonces el Seor les hace a sus discpulos la pregunta clave, cuya respuesta, dada por un escogido de Dios, conlleva una revelacin de Dios acerca de Jesucristo. 15El les dijo: Y vosotros, quin decs que soy yo? 16Respondiendo Simn Pedro, dijo: T eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente (esa es la clave). 17Entonces le respondi Jess: Bienaventurado eres, Simn, hijo de Jons, porque no te lo revel carne ni sangre, sino mi Padre que est en los cielos. 18Y yo tambin te digo, que t eres Pedro (aqu el Seor le cambia el nombre, de Simn por el de Pedro), y sobre esta roca (la roca es diferente de Pedro; la roca es Cristo; la roca es la confesin: T eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente; esa es la clave para entrar a ser hijo de Dios) edificar mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecern contra ella". La Iglesia est siendo ahora edificada. Cul Iglesia? La de Jesucristo. Cmo es esa edificacin? Esa edificacin de la Iglesia tiene una doble proyeccin, tanto a nivel personal como a nivel colectivo; porque en tanto que el Seor edifica en cada uno de nosotros, lo hace en todo el cuerpo. Si no hay edificacin de Cristo en m, si yo no he sido liberado de m mismo, no estoy participando en ese desarrollo de la edificacin.

La edificacin de la Iglesia es ms subjetiva que objetiva; nuestra participacin en esa edificacin no se circunscribe solamente a que seamos salvos de ir al infierno; eso es slo el comienzo, la entrada. Tal vez se trata de una tradicin catlica que tambin entr en alguna medida al protestantismo. Es verdad que el Seor nos salv de ir al infierno, y nos dio la vida eterna; pero ahora, adems de ser salvados del infierno, debemos ser salvados de nosotros mismos. Hermano, el Seor te salv del infierno, pero quiere salvarte de lo que t eres. Y tiene que empezar a derribar, a demoler tu ego, tu yo, comenzando por la mente; para edificar lo nuevo hay que demoler lo viejo. Entonces, la Iglesia se edifica en cada uno de nosotros; y ese edificarse en cada uno de nosotros, se manifiesta en la vida de la Iglesia. Uno a veces no haya la manera de decir estas cosas; por qu? porque hay un desnivel en la edificacin. Hay personas que s lo reciben, porque tienen suficiente luz y madurez; pero otros hermanos an no estn lo suficientemente preparados para recibirla. Para algunos hermanos, estas enseanzas son alimento que reciben, porque ya van en un plano ms desarrollado que otros en la edificacin. Algunos tienen en su interior la vida de Dios ms desarrollada que otros. Cristo conduce ms la vida de algunos hermanos que la de otros, porque han sido ms liberados de sus propios seres. Nosotros debemos ser liberados de nosotros mismos si queremos dar algn fruto. Tengmoslo bien presente.

Dice: "Sobre esta roca edificar mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecern contra ella". Eso tambin significa que el cristiano que muera ahora no va al Hades. Si morimos en condiciones tales que realmente merecemos juicio de nuestras obras, s, ese juicio habr de llegar cuando venga el Seor, pero al Hades no ser lanzado el creyente, sino que va directamente al Paraso. Eso lo dice el Seor. Junto a la cruz de Cristo haba un malhechor tambin crucificado; quin sabe cuntas fechoras habra cometido en su vida, pero en ese momento tuvo la luz de Dios, y le dijo al Seor: Acurdate de m cuando vengas en tu reino. Ese hombre ah colgado crey que Jess era Dios, crey que Jess era su Salvador, crey que Jess era el Rey mesinico. Ms bien le dijo al otro malhechor que no blasfemara. Y qu le dijo el Seor? Jess le dijo: De cierto te digo; que hoy estars conmigo en el paraso (Lc. 23:42,43). De seguro que esa persona es considerada un vencedor, pues todos sus pecados fueron perdonados en ese momento, y no tuvo la oportunidad de seguir viviendo ac. Opino que con esa muerte de cruz fue liberado hasta de s mismo.

El cuerpo de Cristo

Entonces ahora nosotros vivimos una nueva creacin, un nuevo hombre; el nuevo hombre est en Cristo y la Iglesia. Ahora, volviendo a Efesios 2, este texto es riqusimo en enseanza. Aqu mismo va a hablar del cuerpo de Cristo. Dice: "...haciendo la paz, 16y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades". Nosotros hacemos parte de un cuerpo, y no de cualquier cuerpo. Leamos tambin en 1 Corintios 12:12-13: "12Porque as como el cuerpo es uno (se refiere al cuerpo humano), y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, as tambin Cristo (aqu en vez de Cristo podra decir Iglesia; porque Cristo es l y la Iglesia). 13Porque por un solo Espritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espritu". Yo antes viva mi propia vida y voluntad; andaba como una piedra rodante, pero cuando cre en Cristo, el Espritu me introdujo en un cuerpo; ahora no estoy solo, soy miembro de un cuerpo vivo. Nosotros ahora conformamos un cuerpo. Por ejemplo, en Bogot hay un centro de obra; hay muchos comienzos de iglesias locales; tenemos una responsabilidad con toda Colombia, y todos nos colaboramos en este trabajo. Hay muchos que se estn capacitando; todos nos necesitamos. Unos aportan con su ministerio y tiempo de lleno en la obra, otros con sus oraciones, otros con sus aportes econmicos, otros con variados talentos, etc. Por qu? Porque la Iglesia es un cuerpo, un organismo vivo; el cuerpo vivo de Cristo. La Iglesia de Cristo, es la plenitud, la expresin de Aquel que todo lo llena en todo (cfr. Ef. 1:23). La Iglesia es Su expresin, Cristo quiere moverse en toda Colombia; hay necesidad; pero Cristo tiene Su cuerpo, y l nos da dones, y nos da sabidura, y nos da talentos, y nos da empleos, y nos riqueza y nos de todo; hermanos, aqu hay de todo para que Su cuerpo se mueva. Eso tenemos que entenderlo. As como nosotros confiamos en l, as tambin l confa en nosotros.

El Seor nos da salud no slo para que nosotros disfrutemos de buena salud, sino para que esta salud que nos permite disfrutar y ese alargarnos la vida, lo pongamos a Su servicio; porque de todo lo que l nos proporciona, nosotros ahora invirtamos, es algo que vamos a ver multiplicado all en el reino; y si aqu no estamos atentos a los del Seor, y cerramos las manos, entonces nos pueden sobrevenir enfermedades. Por qu? Porque no usamos nuestra juventud, no usamos nuestros talentos, no usamos nuestra buena salud y energas ni nuestro dinero para que se haga la obra de Cristo. Cristo, que es la cabeza, quiere que Su cuerpo le obedezca Sus rdenes, Su voluntad declarada en la Palabra y por Su Espritu. Para ello es necesario que los creyentes estn orgnicamente unidos los unos con los otros, pero unidos en vida, en la vida de Dios, como estn unidos en el Espritu; nosotros tenemos una unin espiritual, pero necesitamos que haya tambin una experiencia en la unin del cuerpo del Seor. Hay una unin; de pronto un poco defectuosa, pero la hay. El apstol Juan en su primera carta 1:3, dice: "Lo que hemos visto y odo, eso os anunciamos, para que tambin vosotros tengis comunin con nosotros (ese nosotros se refiere a los apstoles); y nuestra comunin verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo".

El Reino de Dios

Volvamos al captulo 2 de la carta de Pablo a los Efesios: "17Y vino y anunci las buenas nuevas (el evangelio) de paz a vosotros que estabais lejos (los gentiles), y a los que estaban cerca (los judos); 18porque por medio de l los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espritu al Padre (ahora, en cualquier momento y lugar, podemos entrar y estar delante del trono de la gracia). 19As que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos". Esto se explica porque ya somos ciudadanos del reino. Hablemos, pues, un poquito del reino de Dios.

Recordemos las palabras de Juan el Bautista al comenzar su ministerio, hablando del reino y hablando del Rey: "2Arrepentos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3Pues ste es aquel de quien habl el profeta Isaas, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Seor, enderezad sus sendas" (Mt. 3:2,3). l lleg en un momento cuando en Israel ya no mandaba el Seor. Israel estaba dividido en varias provincias vasallas del Imperio Romano; ya Israel no constitua el pueblo de Dios como antes; slo haba un remanente, del cual l naci como hombre; de modo que polticamente se haca lo que dijera el Imperio, no lo que dijera Dios. Y Cristo mismo, despus lo declar en la ocasin cuando envi a Sus discpulos: "5A estos doce envi Jess, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayis, y en ciudad de samaritanos no entris, 6sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado" (Mt. 10:5-7). Aqu el reino todava no haba comenzado. Cuando comenz el reino? El reino comenz el da de Pentecosts narrado en el captulo 2 del libro de los Hechos de los Apstoles. Ah empez la Iglesia. Hay hermanos que son salvos, son hijos de Dios y son santos, pero estn fuera de los principios del reino de Dios debido a que son inmaduros y no han sido liberados de s mismo, como lo hemos venido hablando y explicando; pero hay hermanos vencedores que ya viven dentro de la obediencia de los principios del reino. Son los vencedores. En la Biblia, y sobre todo en el Nuevo Testamento, hay mucha revelacin acerca del Reino de Dios. Esto que estamos mencionando ahora es para que sepamos que nosotros estamos en el reino de Dios; y que ese reino tiene sus principios, como si dijramos, su constitucin, como aparece en el contexto del Sermn del Monte (captulos 5, 6 y 7 del evangelio de Mateo).

La familia de Dios

Otro propsito de Dios al salvarnos es hacernos Su familia. Ahora somos miembros de la familia de Dios. Tambin lo declara el captulo 2 de la carta a los Efesios: "19As que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios". Nosotros ahora somos hijos de Dios, y por consiguiente, somos Su familia. Lo declara tambin el apstol Juan en su evangelio: "11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Jn. 1:11,12). Esa posicin de hijos de Dios no es temporal ni condicional; es algo seguro y para siempre. Nadie nos va a despojar de la condicin de ser de la familia de Dios. Quien menos tiene la intencin de quitrnosla es el mismo Dios; de modo que nosotros tenemos la seguridad de que somos la familia de Dios eternamente. Dios quera tener una familia, y ya la tiene. Aleluya. Tambin la Palabra de Dios nos dice en Glatas 3:26: "Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jess". Esto es algo constante, y es una afirmacin que aparece muy clara en la Palabra. Vosotros, los que creis en Cristo Jess, sois hijos de Dios.

Lo hemos reiterado desde el comienzo. Por ejemplo en Efesios 1:5, dice: "En amor habindonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, segn el puro afecto de su voluntad". Tambin Pablo lo declara en Romanos 8:29: "Porque a los que antes conoci, tambin los predestin para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos". El Seor ahora est trabajando en nosotros, haciendo una verdadera renovacin de nuestra alma, transformndonos en la imagen de Su Hijo, para que Su Hijo sea el primero entre muchos hermanos. La figura de la familia encierra tambin la idea de casa, de hogar; entonces nosotros tambin somos la casa de Dios.

El templo de Dios

Un propsito tambin muy importante que est involucrado en nuestra salvacin, es que Dios est haciendo de nosotros Su propio templo. Nosotros somos el templo vivo de Dios. Sigue diciendo el captulo de la carta de Pablo a los Efesios: "20Edificados sobre el fundamento de los apstoles y profetas". Por qu dice que somos edificados sobre el fundamento de los apstoles y profetas? En 1 Corintios 3:11, Pablo dice que el fundamento es Jesucristo; pero la explicacin es la siguiente: los apstoles fueron los que recibieron toda la revelacin acerca del misterio de la Iglesia; entonces, al ellos recibirlo y transmitrnoslo a nosotros, nos hablan del fundamento. La edificacin de la Iglesia no puede fundamentarse en otra fuente que no sea lo revelado por los apstoles en el Nuevo Testamento. Eso lo dice Pablo en Efesios 3:5: "Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apstoles y profetas por el Espritu". Ese misterio le fue revelado a Pablo y a los apstoles por el Espritu. Esto que estamos enseando no haba sido revelado antes a nadie. Ellos nos lo transmiten a nosotros como el fundamento; por eso dice el fundamento. "20Edificados sobre el fundamento de los apstoles y profetas, siendo la principal piedra del ngulo Jesucristo mismo". Aqu el nfasis es Cristo como la principal piedra del ngulo. Habla de piedra del ngulo debido a que hay dos muros para la edificacin del templo de Dios: un muro formado por los judos, otro muro formado por los gentiles, y Cristo como la piedra del ngulo para darle fuerza a esos dos muros que ahora han venido a ser un solo templo; esos dos muros hacen parte de la edificacin de la Iglesia. Cristo es la principal piedra del ngulo en la edificacin de este templo vivo.

Luego dice: 21En quien todo el edificio (porque tambin es un edificio), bien coordinado (como cuerpo tambin que es), va creciendo para ser un templo santo en el Seor". Este edificio crece porque se trata de un templo vivo, que est siendo construido con piedras vivas, de manera que cada piedra debe ir creciendo. Qu tal que en este templo cada piedra no creciera? Pues el resultado es que su edificacin ira un poco defectuosa. Cada piedra debe crecer como las otras piedras. El edificio crece porque est vivo; tiene la vida de Dios intrnsecamente. Es el nico edificio vivo que existe. Es un edificio inteligente, un edificio vivo, un edificio que ama, un edificio que sufre, etc. La Iglesia est siendo edificada como un templo santo. Dice el apstol Pedro: "4Acercndoos a l, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros tambin, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo" (1 Pe. 2:4-5). Eso de dnde lo sac? Se lo revel Dios; y por eso es que Pedro tambin hace parte de ese fundamento revelado, y que nosotros tenemos hoy en da.

Dejo tambin constancia de los otros siguientes textos bblicos: "No sabis que sois templo de Dios, y que el Espritu de Dios mora en vosotros?" (1 Co. 3:16). "19O ignoris que vuestro cuerpo es templo del Espritu Santo, el cual est en vosotros, el cual tenis de Dios, y que no sois vuestros? 20Porque habis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espritu, los cuales son de Dios" (1 Co. 6:19,20). "Y qu acuerdo hay entre el templo de Dios y los dolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitar y andar entre ellos, y ser su Dios, y ellos sern mi pueblo" (2 Co. 6:16).

La morada de Dios

Otro propsito de Dios con nuestra salvacin es hacernos Su propia morada eterna. Nosotros ahora ya somos morada del Dios eterno. El mismo contexto de Efesios 2 dice: "22En quien vosotros tambin sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espritu". Dios ya vive en nosotros, pero esa edificacin no ha terminado en nosotros; en nosotros debe continuar una demolicin de lo que todava debemos desechar, debemos ser liberados; y en la medida en que vaya esa demolicin desarrollndose, el Espritu Santo va edificando en nosotros lo que debe edificar de parte de Dios, como lo dice Pablo en el captulo 3 de Efesios: "17Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor". Ya Cristo habita en nuestro espritu, pero quiere tambin habitar en nuestra alma, cuyo centro es el corazn. l quiere habitar no solamente como visita; l no quiere habitar a la manera de nuestro husped, no; Cristo quiere habitar como dueo de la casa; ocupar y habitar confiadamente en toda la casa y en todo el corazn; ordenar, y poder decir: Esta es mi casa; yo la compr a un precio muy alto. No es una casa en arriendo ni est hipotecada. Pero si nosotros seguimos empecinados en seguir siendo lo que ramos, y seguimos alegando que somos los dueos absolutos de nuestras propias vidas, entonces el Seor se siente incmodo, y no se sabe si lo queremos tener a l o no como dueo y Seor de esta morada, que al fin y al cabo es de l. Cristo quiere habitar en Su casa. "Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones". Eso es lo que nos dice la Palabra de Dios. En quien vosotros tambin sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espritu". En la medida en que nosotros somos edificados, l va tomando posesin cada da ms de nuestro corazn para habitar en l, y lo va haciendo Su casa. Pero no se trata de casa individual, no; es una casa corporativa, es una casa con todos los santos.

La esposa de Cristo

Entonces nosotros, adems de ser la Iglesia, somos el cuerpo de Cristo, somos ciudadanos de Su reino, somos la familia de Dios, la casa de Dios, somos el templo de Dios, el cuerpo de Cristo, somos morada de Dios, y adems de eso somos la esposa del Cordero. Claro que si nosotros no participamos en esa edificacin comenzando por nosotros mismos, no permitimos que el Seor demuela en nosotros este ser que estorba al Seor, entonces no haremos parte de la esposa del Seor, como lo expresa la ltima parte de la parbola de las diez vrgenes en Mateo 25. La Biblia habla de que la Iglesia es la esposa del Seor (cfr. Ap. 21:9), pero en esta parbola de las diez vrgenes aclara que no todos participarn de ese privilegio.

Hay otros textos que indican ese mismo temor. Por ejemplo, Pablo, escribindole a los Corintios, no ocultando su temor, les dice: "2Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. 3Pero temo que como la serpiente con su astucia enga a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo" (2 Co. 11:2,3). La infidelidad al Seor puede ser la causa de un fatal desvo de ese propsito del Seor de que participemos de Sus bodas con los vencedores. Ya el Seor nos salv para hacernos su esposa. "25Maridos, amad a vuestras mujeres, as como Cristo am a la iglesia, y se entreg a s mismo por ella, 26para santificarla, habindola purificado en el lavamiento del agua por la palabra" (Ef. 5:25-26). All dice: para santificarla; es algo que debe ocurrir en el curso de la edificacin; y todo comienza en nuestra mente. La verdadera revolucin de nuestra persona empieza en la mente del hombre (cfr. Romanos 12:2). Necesitamos prepararnos para esas bodas; obrar conforme la voluntad de Dios preparando el vestido adecuado. "7Gocmonos y alegrmonos y dmosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. 9Y el ngel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios" (Ap. 19:7-9).

Pero volvamos a la parbola de las diez vrgenes, tan recurrente en esta corta serie sobre la salvacin. Las siguientes son las palabras del Seor: "1Entonces el reino de los cielos ser semejante a diez vrgenes (el diez es el nmero de las naciones. etnias y razas de la tierra; y de todas el Seor est salvando a sus escogidos) que tomando sus lmparas (nuestra lmpara es nuestro espritu), salieron a recibir al esposo. 2Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas (aqu da a entender que por lo menos la mitad de los hermanos en toda la historia, no son vencedores). 3Las insensatas, tomando sus lmparas (porque ya eran creyentes), no tomaron consigo aceite (su alma no haba sido renovada por el Espritu del Seor; no haban dejado que el Espritu aplicara la salvacin en su alma, y llenara su alma de la presencia de Cristo); 4mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas (en sus alma, en su yo), juntamente con sus lmparas. 5Y tardndose el esposo, cabecearon todas y se durmieron (en la historia, todos nos vamos enfermando, envejeciendo, y todos vamos gustando la muerte). 6Y a la medianoche se oy un clamor (cuando llegue el momento de la venida del Seor, van a ocurrir algunas cosas, y la Iglesia, por lo menos los vencedores, nos vamos a enterar de esos acontecimientos y de que ya viene el Seor [cfr. 1 Tes. 5:4]; por lo menos los que estn siendo edificados, y estn en la claridad de Dios): Aqu viene el esposo; salid a recibirle! (Eso habla de la inminente venida del Seor y de que debemos estar en vela) 7Entonces todas aquellas vrgenes se levantaron (resucitaron las que haban muerto y fueron transformadas en un abrir y cerrar de ojos las que vivan an), y arreglaron sus lmparas".

Analicemos ahora con un poco de ms cuidado esta ltima parte de la parbola. "8Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lmparas se apagan". Lo que esto significa es que las vrgenes insensatas le pedan uncin, llenura del Espritu, madurez espiritual a las prudentes. Lo que ellas no haban podido o querido lograr en vida, ahora lo queran tener sin mucho apuro. Pero aun aqu, cmo hace un creyente para darle a otro lo que slo Dios puede otorgar? Eso no se logra por ningn medio que no sea pagando un precio, como lo hemos venido enseando. Eso es un asunto personal, porque lo que yo tengo de Dios, no me ha entrado por smosis; es el resultado de un trabajo de Dios hecho en mi vida a travs de mucho sufrimiento y lgrimas; y si no he sufrido, y si no me he dejado tratar y limpiar, ando muy lejos de l, y mi vasija sigue vaca. De ah la respuesta de las prudentes: "9Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id ms bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas". Hay que pagar un precio. Aveces esto es pesado para orlo; a uno aveces no le agrada mucho eso, porque no es popular. "10Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo (y lo primero que hizo fue instalar su tribunal de juicio; porque aunque demore, l vendr); y las que estaban preparadas entraron con l a las bodas; y se cerr la puerta".

Las vrgenes insensatas son creyentes, no se van a perder, pero tienen que ir a pagar el precio mientras se casan las prudentes. Durante la manifestacin del Reino del Milenio, mientras se casan las prudentes con el Seor, las otras tendrn que pagar un precio en las tinieblas de afuera. Pero lo curioso es que ellas como que no se convencen mucho, e insisten ante el Seor. Aquello ser una hora terrible para muchos en la Iglesia. "11Despus vinieron tambin las otras vrgenes, diciendo: Seor, seor, brenos! 12Mas l, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. 13Velad, pues, porque no sabis el da ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir".

Y al final de las parbolas de los talentos habla de lanzar a algunos a las tinieblas de afuera, donde ser el lloro y el crujir de dientes. Rogamos al Seor que nos ayude, ahora que todava hay algn tiempo. Amn.

8. La operacin subjetiva de la cruz

Por Arcadio Sierra Daz - 12 de Febrero, 2007, 0:35, Categora: General

Captulo 8

LA OPERACIN SUBJETIVA  DE LA CRUZ

La operacin objetiva e histrica

En estos das he entendido que algunos hermanos no han asimilado bien sobre lo de tomar nosotros la cruz; por lo cual quisiera hoy profundizar un poco ms acerca de este tipo de enseanza, y en especial de este tpico que es delicado; y, claro, como no se trata de un rudimento, entonces puede que no se asimile con facilidad debido a su profundidad y delicadeza, y adems es algo que trata directamente con nuestra alma y con nuestros pecados y con lo que somos. Cuando optamos por tomar nuestra propia cruz es cuando empieza en nosotros el verdadero caminar con Cristo. Cuando estamos enseando esta parte, hay hermanos que de pronto se dan por aludidos, y no s hasta qu punto un poco ofendidos; pero no, hermanos, no se trata de eso. Yo personalmente no tengo la intencin de referirme a alguien; lejos est de m tal actitud. Yo lo que quiero es vivir y mostrar el amor que Dios me ha dado para ustedes.

Ya se ha hablado lo suficiente de lo que es la obra de Cristo en la cruz objetivamente. Entonces hablemos un poco de la operacin subjetiva de la cruz. Casi siempre que se expone la Palabra para hablar de la cruz, se hace analizando su aspecto objetivo; de lo que hizo Cristo histricamente para salvarnos. En estos das hemos hablado bastantito acerca de eso. Profundicemos un poco ms en el aspecto subjetivo. Cuando Cristo muri lo hizo para salvarnos. Ya somos hijos de Dios, y nadie nos va a despojar de eso. Dios nos asegura que eso es una verdad, y no hay motivo ni para dudar. El Seor dice: El que a m viene, yo le doy vida eterna; y nadie me lo arrebatar de mi mano. La Palabra siempre lo recalca con esa seguridad.

Pero hay otro aspecto. Cuando recibimos a Cristo somos salvos, somos regenerados, somos justificados, somos redimidos, etc, pero ahora ests t, estoy yo, exactamente como ramos y vivamos en el mundo, y eso es lo que hay que trabajar, eso es lo que el Seor quiere trabajar en nosotros, y precisamente eso es lo que aveces no nos gusta, pero Dios quiere trabajarlo para que podamos disfrutarlo a l desde ahora y en el reino, y participar en la edificacin de Su casa. Si nosotros no nos dejamos tratar por el Seor, si no hay una accin, una operacin subjetiva de la cruz en m, no puedo. Puede que est muy ocupado en un activismo ms carnal y anmico que espiritual; incluso, dice la Palabra que puedo edificar pero no segn Dios. Ah est revelado en la 1 Corintios 3, que podemos estar edificando en madera, heno y hojarasca, y se est edificando muchas cosas; pero nosotros aqu ya no queremos edificar con esos elementos que se queman, que perecen. Si no se queman ahora, por lo menos se queman el da que venga el Seor y juzgue a la Iglesia.

Repasemos un poco el contexto de Romanos 6 donde aparece histricamente la accin, la operacin de la cruz en nosotros, y que, dice la Biblia que ya nosotros pasamos por ah; eso es un proceso realizado en nosotros. Lo que el Seor hizo en la cruz, ya lo ha participado en nosotros. Leamos desde el versculo 3: "3O no sabis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jess, hemos sido bautizados (aqu bautizados tiene la connotacin de que hemos sido introducidos en su cuerpo; aqu no se refiere tanto al bautismo en agua, no; es ms que eso; hemos sido introducidos por el Espritu dentro de la vida de Cristo, de esa vida histrica de Cristo) en su muerte? (Significa que histricamente ya pasamos por el proceso de la muerte) 4Porque somos sepultados juntamente con l para muerte por el bautismo (claro que tambin se puede pensar en el bautismo del agua, pero es ms que eso, hermanos; mucha gente bautizada en las aguas puede estar ahora mismo en el Hades, pues ese bautismo es un acto externo que aveces se realiza sin que haya habido un verdadero compromiso con el Seor), a fin de que como Cristo resucit de los muertos por la gloria del Padre, as tambin nosotros andemos en vida nueva". As tambin andemos. Miren el tiempo y el modo del verbo andar. Ah no dice que ya andamos, sino que andemos. Porque es un trabajo que el Seor quiere hacer; y l es tan caballeroso, que quiere que nosotros le digamos: Seor, puedes empezar.

"5Porque si fuimos plantados juntamente con l (plantados con Cristo, sembrados con l, porque l es la simiente) en la semejanza de su muerte, as tambin lo seremos en la de su resurreccin (nosotros vamos a resucitar); 6sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con l (es un hecho histrico; queramos o no queramos, ya fuimos crucificados con l), para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos ms al pecado". Entonces eso est hecho. Eso es la operacin objetiva de la cruz de Cristo en nosotros. Es algo que nadie nos lo puede quitar; algo real.

Ahora vamos a ver cuatro tpicos de la operacin subjetiva de la cruz. Cristo tom Su cruz, y ahora nos dice a nosotros: Toma tu cruz. A esos cuatro tpicos los vamos a relacionar ahora, pero despus los vamos a desglosar en detalle, que son:

1. Los afectos; la parte afectiva, que es lo primero que el Seor quiere trabajar en nosotros, la mente y los afectos.

2. La propia conservacin del alma; el alma en s misma no quiere someterse a nadie.

3. Los bienes materiales y tambin los bienes intangibles, y el mundo. Ustedes saben que las personas tenemos bienes intangibles, que son los que no se pueden tocar.

4. Los frutos. Esos cuatro tpicos son los que el Seor quiere tratar en nosotros.

1. Tratando con los afectos

Pongmosle mucha atencin, pues es importante que lo podamos comprender. Que el Seor nos ayude a disponer nuestro corazn, que l nos abra los ojos; que no haya un viento contrario que robe esta palabra y se la lleve, y que penetre profundamente en nosotros. Vamos a comenzar yendo a Mateo 10:34-39: "34No pensis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada". Y por qu el Seor dice eso? En otra parte del evangelio el Seor dice: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da" (Jn. 14:27). Pero aqu dice que l no ha venido a traer paz; pero lo que sucede es que esta paz, es una paz muy subjetiva, muy profunda dentro de ti. T puedes estar en medio de una guerra, pueden silbar las balas en tu entorno, pero t tienes paz; pueden estar molindote la vida, y t tienes paz. Ahora, el mismo Satans usurp la creacin de Dios, Su mundo lo usurp, y dice all en 1 Juan 5:19 que todo el mundo est bajo el maligno. "Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero est bajo el maligno". Entonces si el mundo entero est bajo el maligno, al salvarnos el Seor y cambiar nuestra posicin de esclavos del mundo y de Satans y del pecado y de la carne, etc., y situarnos dentro de Sus huestes, situarnos como siervos de l, entonces lo que sobreviene es un ataque frontal contra nosotros. A veces no queremos que nos ataquen, y eso revela que no nos queremos comprometer mucho con el Seor. Si yo no me quiero comprometer mucho con el Seor, es porque necesito que la cruz siga trabajando en m.

Hay un ataque, hermanos, y los ataques vienen a veces de muchas direcciones. Yo lo digo por m. Me decid por el Seor, y me atac el cura, me atac el Club de Leones, me atacaron los amigos, me atacaron desde las emisoras radiales, hasta mis familiares me atacaron; y yo lloraba solo por ah. Y ya se acab el ataque? No, el ataque contina. El ataque es frontal. Pero tenemos la victoria de Cristo; somos soldados del Seor, y l vive dentro de nosotros. l quiere mostrarnos dnde estamos parados, qu nos rodea, cul es el enemigo, cmo nos ataca, cules son tus debilidades, cules son las mas. El enemigo te da muchas vueltas todos los das, y hasta pretende adivinar lo que t piensas. Hay algunas personas que no les gusta orar con voz audible, para que el diablo no les escuche lo que estn orando; entonces oran lo ms callado posible. Piensan que si el diablo les escucha, luego viene a ponerles las zancadillas y a estorbarlo todo. Claro, Satans est estudiando cmo hacernos caer. Por eso dice: "No pensis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada". Eso es para nosotros los que hemos credo en el Seor.

Y miren lo que dice a continuacin; estamos hablando de los afectos: "35Porque he venido para poner en disensin al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra". Esa guerra involucra aun a las personas que amamos. 36Y los enemigos del hombre sern los de su casa". Nadie va a dejar de amar a su esposa, a sus hijos, a sus padres, a sus hermanos; nadie los deja de amar, hermanos; ni el Seor nos dice que nosotros dejemos de amar a nuestra familia; eso no est en la Palabra. Ms bien dice que quien no ve por su familia es peor que un impo. Pero entonces el amor a nuestros parientes es lo que aqu trata el Seor de revelarnos cmo manejarlo. Hay amores que lo llevan a uno al traste y lo pueden alejar de Cristo y de su servicio. Meditemos en el siguiente versculo que lo explica: "37El que ama a padre o madre ms que a m, no es digno de m; el que ama a hijo o hija ms que a m, no es digno de m". Incluso a una propia, linda y consentida hija. Hermano, qu est sucediendo contigo? No, pues, a mi lo que me pasa es que amo tanto a mi esposa, a mis hijos, que ellos me acaparan toda mi atencin, mis recursos, mi tiempo, tanto que no me dan lugar para dedicarle al Seor ni una sola hora al da; y el Seor no me va a despojar de ese amor. Pero mira lo que dice aqu, que el amor al Seor debe superior a todos esos amores y afectos por las personas ms queridas que nos rodean.

Tomando nuestra propia cruz

Entonces, cmo tratar con esos afectos? Se tratan tomando nuestra propia cruz cada da. "38Y el que no toma su cruz y sigue en pos de m, no es digno de m". La vez pasada lo dijimos; la cruz no la componen las cargas de la vida; la cruz no son las dificultades econmicas; la cruz no son las enfermedades. Si la cruz fuera contraer una enfermedad, entonces si no lo contraigo rpido, pues sera buscar a alguien que me inyectara un virus. Ms bien el Seor nos sana a fin de que estemos aptos para servirle.

Aveces estamos pasando por ciertas dificultades econmicas, muchas veces ocasionadas por nosotros mismos, por nuestra desobediencia, pero aun as, el Seor nos ayuda a salir de esos compromisos por su pura misericordia. No obedeciendo la Palabra de Dios nos enredamos en esa dificultades; pero el Seor quiere que salgamos de todos esos compromisos y que no nos enredemos ms, pero para no hacerlo, debemos tomar nuestra propia cruz, as como el Seor la tom. Tengamos en cuenta que el Seor tambin era humano; el Seor tena un hogar aqu con sus padres y sus hermanos; pero l saba que llegara un momento en el cual l tendra que decidirse. Tendra que bautizarse al llegar a los treinta aos de edad. Y as lo hizo; entonces recibi la uncin del Espritu Santo y se puso a las rdenes del Padre celestial y se retir de Su trabajo de carpintero y de Su propio hogar en Nazaret, y se instal en Capernaum, a orillas del Mar de Galilea; all instal su sede y all empez a reunir a Sus discpulos ms ntimos. Todo eso aconteca en su vida debido a que haba tomado Su propia cruz. l ha podido decir: Bueno, yo soy un hombre tambin, y como tal tambin podra tener mis aspiraciones en el mundo. Tambin tengo derecho a tener una buena casa, de pronto una esposa, y dems. Pero todo eso lo estim el Seor como algo que no vala frente a la voluntad del Padre; y prefiri decirle: Aqu estoy, Padre. No me miro a m mismo. Lo tengo todo porque soy tu Hijo; pero no me importa lo dems. Voy a hacer tu voluntad por encima de la ma. Era legtimo que el Seor Jess usara Su voluntad, pero l ms bien subestim Su voluntad por hacer la voluntad del Padre. Eso es tomar la cruz; es decidirse.

Ahora, hay cosas que los afectos por nuestras personas que amamos nos desvan de realmente tomar la cruz; y la cruz es lo que va a curar eso. Ah dice: "37El que ama a padre o madre ms que a m, no es digno de m; el que ama a hijo o hija ms que a m, no es digno de m". Pero ahora viene el remedio: "38Y el que no toma su cruz y sigue en pos de m, no es digno de m". El que no toma su cruz no puede experimentar lo que el Seor est diciendo en el versculo anterior. Luego remata diciendo: "39El que halla su vida (la de su alma), la perder; y el que pierde su vida por causa de m, la hallar". T puedes decir: No quiero desprenderme de esos afectos. Quiero darle gusto a mi alma; que siga mi alma amando de esa forma, y dedicndole todo el tiempo, y toda su atencin y todos sus bienes a todas esas personas que ama ms que al Seor. Ese es un placer del alma. Ser legtimo eso? Claro, es legtimo. Pero eso est haciendo una barrera entre nosotros y la voluntad del Seor. Hay un trabajo. Ahora se est edificando algo para el reino; y eso lo ha puesto el Seor en nuestras manos. Nosotros no estamos edificando denominaciones cristianas; nosotros no estamos edificando templos; nosotros no estamos edificando empresas religiosas; nosotros estamos edificando el reino de Dios. Eso es simplemente lo que est ocurriendo; esa es nuestra atencin conforme nuestra vocacin. No estamos interesados en ms nada. Desafortunadamente, y porque en este momento no hay otros medios, hoy estamos vendiendo el almuerzo para reunir fondos para el campamento de los jvenes; otras veces lo vendemos para poder adelantar la publicacin de los libros; pero no es lo deseable. Ojal el Seor nos diera las maneras de no vender nada; de que podamos regalar las cosas: libros, comidas, etc., pero hasta el momento nuestra situacin del alma no llega a ese grado de madurez. Le pedimos al Seor que nos ayude para que eso lo podamos vivir algn da; pero por el momento tenemos que enfrentar esta realidad. Pero de todas maneras somos ms que vencedores. Aleluya! Bendito el nombre del Seor! Entonces, "39El que halla su vida (la de su alma), la perder; y el que pierde su vida por causa de m (de Cristo), la hallar". Hermano, nuestros afectos son legtimos, pero mucha veces, por esos afectos, nosotros nos desviamos de hacer la voluntad de Dios.

2. La conservacin del alma

Avancemos en el segundo punto: la propia conservacin de nuestra alma. Es el segundo tpico de la operacin subjetiva de la cruz. Este aspecto lo vamos a ver en el evangelio de Marcos. Aunque en Mateo 16 est un poco ms detallado y profundo, sin embargo, por haberlo consultado con mayor asiduidad, ahora lo miramos en Marcos 8; con eso consultamos los cuatro evangelios. En el contexto bblico, el Seor estaba con sus discpulos, sus amigos de ms intimidad. "31Y comenz a ensearles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar despus de tres das". Al Seor le era necesario pasar por este padecimiento. Eso significa que l saba que iba a sufrir. Aveces me pongo a meditar lo horrible del sufrimiento del Seor; y l saba lo que le esperaba. Hace dos aos sufr la fractura de cinco huesos en la pierna y pie derechos, y me sobrevenan a menudo unos calambres, y yo me quedaba rgido, pues a ambos lados de la pierna, salan desde la planta del pie el dolor como si miles de agujas a la vez me traspasasen y taladraran las carnes hasta la altura de la rodilla. Ahora piense en el Seor ah clavado, presa de terribles calambres, taladrado por horrorosos dolores, anmico, con una sed espantosa, murindose por nosotros. Entonces dice: "32Esto les deca claramente (l no les ocultaba nada). Entonces Pedro le tom aparte y comenz a reconvenirle". Nosotros podemos ser guiados por nuestra propia alma o por el alma de otro. T aveces puedes estar siendo guiado por Dios, y viene otro y empieza a martillarte por su alma. Ricardo, no hagas eso; ten cuidado de ti. El Seor tambin tiene misericordia de ti; l no permite que t sufras tanto. No vayas a ese lugar, pues all vas a pasar muchas necesidades. Eso puede salir del alma de otro, no tanto de la tuya. Hermanos, cuando uno todava es carnal, es fcil que el mismo diablo lo use para sus conveniencias. Un hombre de mundo es uno con el diablo. Miren que la Palabra revela que el Espritu de Dios se hace uno con el espritu del creyente, as tambin una persona del mundo es una con el diablo. Ya Pedro era un creyente, y sin embargo, hermanos, todava su alma no haba sido tratada, renovada; su antiguo admico ser segua all campante. Todava Pedro no saba lo que era tomar su cruz, pues ni siquiera entenda lo de la cruz de su propio Salvador. 33Pero l (el Seor), volvindose y mirando a los discpulos (el Seor no les respondi todo a Pedro en privado, sino que encar al diablo en la persona de Pero, y quiso que todos los dems lo escucharan), reprendi a Pedro, diciendo: Qutate de delante de m, Satans! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres". El alma mira hacia las cosas de los hombres, aunque sea un creyente, hermanos. Por eso el alma tiene que ser tratada por la cruz, por tu propia cruz. La propia cruz de nosotros y por el Espritu, va aplicando la cruz de Cristo en el alma nuestra. Toma tu cruz y decdete con valenta, a ver si maana cuando te levantes tienes el valor de decirle al Seor: Seor, quiero tomar mi cruz hoy. Aydame, Seor, porque yo soy cobarde. S, hermanos, uno es cobarde. A veces le he dico esto al Seor, pero temblando. Aydame, pero yo quiero tomar la cruz.

"34Y llamando a la gente y a sus discpulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo (su alma, su yo), y tome su cruz (si no toma su cruz, no hay negacin), y sgame". Parece que Pedro no entendi esta declaracin del Seor. Por qu lo decimos? Porque ms tarde el mismo Pedro lleg a decirle al Seor que l estaba dispuesto a no dejarlo solo, que l tena una espada para defenderlo. Si los dems te abandonan, yo no te dejar. Pedro hablaba todas estas cosas en la carne, y el Seor lo escuchaba hasta que le alert manifestndole su verdadera situacin y la prueba por la que iba a pasar. "35Porque todo el que quiera salvar su vida, la perder; y todo el que pierda su vida por causa de m y del evangelio, la salvar". Hermanos, esto es tan serio, que en un mismo evangelio, Dios repite esta misma palabra hasta tres y cuatro veces. Se refiere a la vida del alma.

Qu es perder la vida?

No es que el creyente vaya a dejar de amar a sus seres queridos; no es eso. Tampoco es que vaya a botar lo que tiene; no, hermanos. La transformacin es aqu dentro; y en la medida en que nosotros somos renovados, la operacin de la cruz subjetivamente, en esa misma medida le damos otro tratamiento adecuado a lo que somos, queremos y a lo que tenemos en el mundo. Porque es fcil pensar que estamos enseando que debemos tirar por la borda todos los bienes materiales e intangibles. No, hermanos, gzatelos pero en Dios; para ello Dios te est guiando en estos momentos. Esta carga de enseanza no ha sido nuestra, es de Dios.

Entonces dice: "35Porque todo el que quiera salvar su vida, la perder; y todo el que pierda su vida por causa de m y del evangelio, la salvar. 36Porque qu aprovechar al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" Cundo perder el alma? La perder para el Milenio cuando ya estemos frente al Seor y l nos empiece a llamar a cada uno de nosotros por nombre. Qu hiciste con la mina que te di? Qu hiciste con los talentos? Bueno, yo lo enterr por ah. A otros les dir: Ven, buen siervo y fiel; en lo poco has sido fiel, en lo mucho te podr; y los que no? Echadlo a las tinieblas de afuera, donde ser el lloro y el crujir de dientes (cfr. Mateo 25:22-30). A veces nos sobreviene un fuerte dolor de muelas por la noche, y ese dolor nos parece una eternidad. Cmo sern esos dolores durante verdaderos siglos de duracin? Siguiendo una enseanza extraa de la actualidad, muchos creyentes piensan que porque son hijos del Rey tienen derecho de gastar mucho dinero hacindose cirugas de muchos miembros del cuerpo, a fin de estar a la moda del mundo y de la vanidad, mientras en el pueblo de Dios abunda la necesidad. Eso est dentro de lo que la Palabra dice "salvar su vida" y andar como quiere el alma. Qu dice la Palabra de Dios? Dice: "35Porque todo el que quiera salvar su vida, la perder; y todo el que pierda su vida por causa de m y del evangelio, la salvar". Es decir, perderla es en ese sentido. Es dedicarle realmente y darle al Seor la posicin, la atencin, el amor, la dedicacin que l se merece. Porque lo que l ha hecho por nosotros, nosotros estamos ahora ciegos, y no lo vemos como lo debemos ver. Yo lo digo por m. Aveces me da hasta pena con el Seor. Pues no veo como debiera verlo, las cosas tan grandes que l ha hecho en mi vida. Muy grande; y cuando estemos con l es cuando vamos a ver esta gran realidad.

Cuando l venga es cuando vamos a ver la verdadera realidad de lo que somos, Bendito el nombre del Seor! "36Porque qu aprovechar al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" Habla aqu de la eventualidad de que un creyente perdiera su alma; bueno es posible que la pierda, pero no eternamente, porque se trata de los hijos de Dios, y la salvacin que Dios nos ha dado es eterna. "37O qu recompensa dar el hombre por su alma?" Cuando estemos delante del tribunal de Cristo, si llegare el caso, cuntas cosas quisiramos dar? Tal vez desearamos decirle al Seor: Seor, si me dieras siquiera volver tan slo un ao a la vida de la tierra, veras cmo voy a vivir. Pero si yo te di veinte aos (o treinta, o cincuenta, o setenta aos) de vida de creyente y no los aprovechaste. Te alargu la vida y nunca escuchaste esto? No lo escuchaste de los maestros? Jams lo leste en mi Palabra? No lo intuiste cuando te lo dijo mi Espritu? S, Seor, pero nunca lo cre; y me inclin por recibir y creer en palabra ms liviana.

"38Porque el que se avergonzare de m y de mis palabras en esta generacin adltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzar tambin de l, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ngeles". Hay una estrecha relacin entre la salvacin del alma y la venida del Seor a instalar su tribunal para el juicio de la Iglesia. He ah la propia conservacin de nuestra integridad almtica.

3. Los bienes temporales y el mundo

Vamos al evangelio de Lucas y desglosemos un poco sobre el amor a los bienes temporales y el mundo. Dice Lucas 17: 31-33: "31En aquel da, el que est en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrs". Yo particularmente le doy gracias al Seor por cualquier cosa que nos d; y es de bendicin, pero nada de eso debe ser el centro de nuestro amor ni el objetivo de nuestro corazn 32Acordaos de la mujer de Lot. 33Todo el que procure salvar su vida, la perder; y todo el que la pierda, la salvar". En aquel da se trata de cuando venga el Seor; ya en ese da no habr tiempo de reparar nada; pero traslademos ese da a este momento, a este da de nuestras vidas. All habla de la mujer de Lot. Cuntos aos vivi Lot en Sodoma? Los suficientes para enterarse con creces de lo que estaba sucediendo en la sociedad que habitaba con su familia. Era una situacin insoportable, y l no la abandonaba; no se sali cuando todava lo poda hacer. Qu lo detena all? Puso haberse salido? Pudo haberlo hecho a tiempo, pero l tena sus intereses econmicos, sociales y polticos arraigados all; de manera que todo eso lo ataba a esa corrupta ciudad. Esa era la realidad.

Lot haba escogido irse a vivir a Sodoma buscando el bienestar material y la comodidad. Lot era rico, y era una persona importante dentro del contexto de una sociedad mundana, aunque la Palabra de Dios dice que Dios "7libr al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados 8(porque este justo, que moraba entre ellos, afliga cada da su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)" (2 Pe. 2:7,8). Lot, como Abraham tambin era justo, pero a diferencia de Abraham, Lot escogi la ciudad mundana, sin mirar la eternidad, y lleg a ser tan importante en Sodoma que lleg a sentarse a la puerta de la ciudad en calidad de juez, y los mismos sodomitas se lo reprocharon (cfr. G. 19:9). La Palabra dice que los ngeles enviados para destruir la ciudad, lo encontraron sentado a la puerta de la ciudad. Eso significa que Lot all era importante polticamente, importante socialmente e importante econmicamente; entonces esa alta posicin en esas esferas, l no las iba a dejar. De manera, pues, que enredado en todo eso lo sorprendi la accin e intervencin del cielo.

Dice la Palabra que Dios no hace nada sin antes comunicrselo a sus siervos en quienes l confa; y por esa razn Dios le haba dicho a Abraham: Abraham, no te voy a encubrir que voy a destruir a Sodoma y a Gomorra. Abraham se interes mucho con aquella noticia, y empez a interceder por la ciudad, tal vez pensando en su sobrino Lot. El argumento lo bas preguntndole al Seor si ira a destruir al justo con el impo, pues tal vez hubiese cincuenta justos en la ciudad. Y le rogaba que perdonase la ciudad por amor a esos cincuenta justos. Dios le dijo que si los hubiese, l perdonara la ciudad. Pero el caso es que no los haba; ni cuarenta y cinco, ni cuarenta, ni siquiera diez, en cuyo caso Dios hubiera perdonado la ciudad por tan slo diez justos. Repito: seguramente que Abraham estaba buscando salvar a su sobrino. Pero la realidad es que no haba ni cinco justos. Bueno, pero si no hay ni siquiera cinco justos, qu hace mi sobrino en esa ciudad? Qu hace mi sobrino en medio de semejante barbarie?

Los ngeles del Seor salieron con direccin a Sodoma y encontraron a Lot all de juez sentado a la puerta de la ciudad corrompida. Los ngeles fueron hospedados por Lot en su casa, pese a que la intencin de ellos era quedarse en la calle aquella noche. Tal vez ellos queran pasar inadvertidos y actuar conforme a la voluntad de Dios. Pero Lot haba vivido en medio de una sociedad tan perversa, que los varones de la ciudad rodearon esa noche su casa buscando a los varones que haban visto entrar en ella. Aquello haba llegado tan bajo, que ni siquiera queran a las hijas de Lot, doncellas an, es decir que no haban sido tocadas por varn alguno, sino que preferan a los ngeles antropomorfos que Lot haba alojado en su casa. Hoy, en la sociedad que nos ha tocado vivir, vemos que se est erigiendo una gran Sodoma, y la sodoma est siendo admitida y legalizada. Ya en muchos pases han legislado a favor de la unin matrimonial de parejas del mismo sexo; porque se est llenando nuestra sociedad del mismo espritu que esclaviz ciudades como Sodoma y Gomorra; y corren vientos de doctrinas que estn llenando a muchas congregaciones cristianas de deprimentes espectculos y costumbres de ese mismo mundo.

En el contexto del captulo 19 del libro del Gnesis, a Lot le fue dicho, cuando fue sacado de la ciudad con su mujer y sus dos hijas: "17Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas". Pero, qu sucedi con su esposa? Da la impresin de que ella era la que ms atada estaba a ese mundo sodomita. 26Entonces la mujer de Lot mir atrs, a espaldas de l, y se volvi estatua de sal". Mirar atrs es mirar al mundo de donde salimos, mirar sus atractivas diversiones, sus superficiales y engaosas relaciones sociales, en fin, todo lo que ese mundo encierra. Una persona creyente que est mirando para atrs se puede quedar como la mujer de Lot, pues la sorprende la muerte o la venida del Seor y queda convertida en una estatua de sal. Disfrutemos los bienes recibidos de Dios, pero hagmoslo para el Seor, conforme Su voluntad y misericordia. Es una bendicin tener bienes, porque Dios nos los ha dado; pero el Seor ha puesto en nuestra manos ciertas cosas con un fin determinado, no para que nos perdamos. Tengmoslo todo a disposicin del Seor.

Qu miraba la mujer de Lot? Tal vez miraba sus empresas que dejaba, miraba todos esos bienes, sus amistades, su crculo social, miraba con nostalgia toda esa vida a la que se haba acostumbrado. Tal vez pensaba: Ay, todo lo que yo dejo atrs! Quin sabe ahora para dnde vamos. Pero Dios quera librarlos de males mayores.

4. Los frutos

Pasemos ahora al evangelio de Juan 12:20-26 para ver el fruto de la operacin subjetiva de la cruz. Creo en el Seor que en lo que se est hablando hay mucha claridad de lo que es la cruz. Dice la Palabra de Dios: "20Haba ciertos griegos entre los que haban subido a adorar en la fiesta". Estos griegos que menciona aqu, se refiere a proslitos de la religin juda; eran gentiles creyentes del judasmo, e iban a adorar en el templo de Jerusaln, pues tambin crean en Dios pero siguiendo las prcticas del Antiguo Testamento. "21Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Seor, quisiramos ver a Jess. 22Felipe fue y se lo dijo a Andrs; entonces Andrs y Felipe se lo dijeron a Jess. 23Jess les respondi diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto". Qu significa esta palabra? Qu relacin tiene con aquellos griegos? Seor, por qu t no hablas con ellos? Hay algo que impida que los recibas y los atiendas a ver qu quieren de ti? Pero el Seor Jess saba perfectamente a qu venan estos griegos; y l en esos momentos no poda serles til; no poda. El Seor tena la gloria de Dios dentro de S, pero esa vida, para que pudiera dar su fruto, tena que salir, pero Su misma humanidad se lo impeda. Como hombre, Jess era un simple carpintero en Nazaret. Lo leemos en Mateo 13:53-56: "53Aconteci que cuando Termin Jess estas parbolas, se fue de all. 54Y venido a su tierra, les enseaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decan: De dnde tiene ste esta sabidura y estos milagros?" (Sus paisanos lo haban visto crecer con ellos; lo haban visto cmo ayudaba a sus padres, y cmo haba aprendido el oficio de carpintero con Jos) 55No es ste el hijo del carpintero? No se llama su madre Mara, y sus hermanos, Jacobo, Jos, Simn y Judas? 56No estn todas sus hermanas (hay una tradicin que dice que Jess tuvo dos hermanas) con nosotros? De dnde, pues, tiene ste todas estas cosas?". En Mateo dice que Jess era hijo del carpintero de Nazaret, pero en Marcos dice que l era el carpintero. Tal vez sigui el oficio despus de la muerte de Jos. Lemoslo en Marcos 6:1: "1Sali Jess de all y vino a su tierra, y le seguan sus discpulos. 2Y llegado el da de reposo, comenz a ensear en la sinagoga; y muchos, oyndole, se admiraban, y decan: De dnde tiene ste estas cosas? Y qu sabidura es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? 3No es ste el carpintero, hijo de Mara, hermano de Jacobo, de Jos, de Judas y de Simn? No estn tambin aqu con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de l. 4Mas Jess les deca: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa". Jess era el carpintero; entonces un mero carpintero, qu podra darle a unos griegos proslitos del judasmo? Miren, hermanos, l era tambin una persona humana; incluso su misma madre y sus hermanos quisieron estorbarle en su ministerio. A lo mejor puede que exagere un poco, pero es posible que sus mismos parientes ms cercanos pensaran de l que los estaba haciendo quedar mal en la sociedad.

El grano de trigo

Entonces vemos en la Palabra que Cristo tiene a Su familia espiritual, a la Iglesia, por encima de la familia humana. La verdadera familia de Cristo es la Iglesia. Leamos acerca de esto en Mateo 12:46-50: "46Mientras l an hablaba a la gente, he aqu su madre y sus hermanos estaban afuera, y le queran hablar". Seguramente al llegar encontraron una copiosa multitud y les era muy difcil llegar hasta donde estaba ubicado el Seor; seguramente empez a pasarse la voz de persona a persona hasta llegar a alguien junto al Seor. "47Y le dijo uno: He aqu tu madre y tus hermanos estn afuera, y te quieren hablar". Aveces hago estas conjeturas debido a que al leer el contexto me pregunto: Por qu los parientes del Seor no podan esperar que l terminara y luego acercarse a hablarle? Esto suena como a interrupcin sin otro objetivo que el de aconsejarle que no siguiera con eso. Porque observemos la respuesta del Seor. "48Respondiendo l al que le deca esto, dijo: Quin es mi madre, y quines son mis hermanos? 49Y extendiendo su mano hacia sus discpulos, dijo: He aqu mi madre y mis hermanos. 50Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que est en los cielos, se es mi hermano, y hermana, y madre". Vemos aqu la verdadera familia del Seor. No se trata de que l haya dejado de amar a Mara y a sus hermanos en la carne. Amados, cmo se hace la voluntad de nuestro Padre que est en los cielos? Tomando la cruz cada da. Quines son, pues, la madre y los hermanos del Seor? Son todos los hijos de Dios vencedores, los que cada da toman su cruz para obedecer a Dios. Nosotros somos la familia del Seor.

El Seor mismo pasa por esta situacin, y esto nos sirve a nosotros como ejemplo. "24De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto". Cmo muere? Lo dice el siguiente versculo: "25El que ama su vida, la perder; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardar". As muere; para dar fruto tiene que morir. El grano de trigo es una semilla perfecta, pero tiene una cascarita dura; tan dura, que puede durar intacto hasta veinte aos sin que pierda la vida que guarda dentro. Pero para que se multiplique, debe morir. Para que salgan de l otros mil granos, debe pasar por un proceso de podredumbre y transformacin; y cuando ya ese cascaroncito se pudra y sea destruido, y pierda ese grano su individualidad, es cuando empieza a brotar y a salir la vida que encerraba por dentro. Nosotros tambin tenemos un cascarn en nuestra vida, que no deja que la vida de Dios, la vida de Cristo, salga y se manifieste a travs de nosotros. Porque tenemos unos afectos que no los controla nadie sino nuestra alma; y tenemos una integridad almtica que no la queremos perder; tenemos unos bienes que nos amarran, que no nos sabemos dominar en el espritu y por Dios, y por eso no damos fruto.

Miren cmo las cosas se van concatenando; y lo que Dios quiere es que lo que t eres y tienes, sea para dar fruto en Cristo Jess. Ah lo dice: "25El que ama su vida, la perder; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardar. 26Si alguno me sirve, sgame; y donde yo estuviere, all tambin estar mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrar". Qu debemos hacer con el grano de trigo? Llevarlo al terreno; un terreno ya labrado, un terreno con humedad, un terreno con calor suficiente, un terreno que reciba la luz solar, un terrero aireado, un terreno apropiado, y abonado; all se siembra y empieza el proceso de muerte y resurreccin de vida. Qu necesita nuestra alma para ser procesada as? La cruz, la cual tenemos que tomarla nosotros, hermanos.

Entonces que el Seor nos ayude a que todo lo que somos, a que todo lo que tenemos, a que todo lo que amamos, sea encaminado a servir al Seor. Gracias te damos, Seor. Amn.

1. La Trinidad Divina y el hombre

Por Arcadio Sierra Daz - 7 de Febrero, 2007, 16:55, Categora: General

LA VIDA DEL

HOMBRE INTERIOR

Por ARCADIO SIERRA DAZ

E-mail: arcamarina@hotmail.com

Bogot, D. C., Colombia, Amrica del Sur

CONTENIDO

1. La Trinidad divina y el hombre

2- El hombre interior y el hombre exterior

3. El espritu humano en el hombre interior

4. Muerte para generar vida

5. La renovacin del alma

6. De Egipto a la Tierra Prometida

Excursus: El Seor y la mujer samaritana

Bibliografa

1. LA TRINIDAD DIVINA Y EL HOMBRE

La economa de Dios

Existe una palabra en el original griego del Nuevo Testamento, la cual es "oikonoma" (οἰκονομίαν), a su vez palabra compuesta en el griego por oikon (οκόν), casa, y nomon (νόμον), ley, norma, y que traducira ley domstica, y de donde se deriva nuestra palabra castellana "economa", que puede tomarse como plan, administracin, manejo o norma de una casa y que conlleva la idea de arreglo y distribucin de los asuntos y bienes, dispensacin de propiedades y riquezas con fines de mayordoma. Dios tiene Su casa, que es la Iglesia, y, claro, tiene Su propia economa, porque a lo largo del tiempo se ha venido dispensando a S mismo en el hombre, en Cristo y por Su Espritu, con todas Sus riquezas; y ese es el punto central de la economa divina. Al tener Dios Su propia economa, es razonable y necesario que Dios disponga de un administrador general de esa economa, alguien que lleve a cabo esa administracin de la casa de Dios; ese gran ecnomo es Su propio Hijo, el Seor Jesucristo.

En este orden de ideas, esa palabra, "oikonoma", es traducida indistintamente en las diferentes versiones bblicas. Por ejemplo, en 1 Timoteo 1:4, algunas versiones traducen edificacin (en su connotacin de plan); en Colosenses 1:25 y Efesios 3:2 traducen administracin o mayordoma; en Efesios 1:10 y 3:9 a veces es traducida dispensacin; en 1 Corintios 9:17 es traducida comisin. Pero se trata del mismo propsito divino, del mismo asunto, del mismo manejo de Sus asuntos. Es la administracin del consejo de Dios para la edificacin de Su casa. Recomiendo al lector estudiar estas diferentes citas y relacionarlas con sus respectivos contextos. All encontrar que se trata del gobierno familiar de la casa de Dios, lo cual incluye un plan, un propsito divino; plan que se funda en la fe y no en la ley, y nosotros, la Iglesia, somos colaboradores de Dios en esa empresa.

Si estudiamos con detenimiento la carta del apstol Pablo a los Efesios, vemos que el tema de esa profunda epstola es la Iglesia, la cual es presentada como el misterio de Cristo (3:3-6), como el Cuerpo de Cristo (1:22-23; 5:23), la plenitud de Cristo (1:23), el hogar o morada de Cristo (3:17), la esposa de Cristo (5:25-32), el guerrero de Cristo (6:13-17); tambin presenta a la Iglesia como el nuevo hombre(2:15; 4:24), como la familia de Dios (2:19), como el reino de Dios, como el templo del Seor (2:21). Comienza la carta proclamando el propsito eterno de Dios en la eleccin y predestinacin de todos los que haban de constituir la Iglesia, propsito que se cumple con la redencin del Hijo encarnado y las arras del Espritu, de manera que la Iglesia se edifica sobre el fundamento del Cristo revelado a los apstoles y profetas; y es as como vemos a uno de esos apstoles, a Pablo, presentndose como uno de esos mayordomos de la gracia de Dios para la edificacin de la Iglesia; asunto que haba recibido por revelacin directa de Dios. En alguna medida, todos los creyentes somos mayordomos de las riquezas que Dios nos ha dispensado en Cristo; y hay el peligro que, como en la parbola de los talentos, seamos malos administradores y enterremos lo que el Seor nos ha encomendado para su administracin.

Pues bien, por medio de Su economa, Dios se propuso en S mismo que en Su Hijo sean reunidas todas las cosas, siendo Cristo mismo la Cabeza. Cuando uno se desva de ese propsito de Dios, la Biblia dice que est errando el blanco (1 Timoteo 1:6). Histricamente, la Iglesia ha errado ese blanco. Cmo ha venido trabajando Dios para llevar a cabo ese plan administrativo? Dios ha estado dispensndose a S mismo en la humanidad a travs de varias etapas; es la mayordoma del propsito de Dios, plan del cual se desvi el cristianismo. El centro neurlgico de la economa de Dios es dispensarse en la humanidad, y particularmente en Su Iglesia. Para eso l cre al hombre y lo redimi despus de la cada, para que el hombre llegase a ser el vaso donde pueda forjarse en nosotros. Para eso lo cre todo y puso condiciones de vida en esta tierra en medio de toda la creacin, para que el hombre pudiera vivir en ella. Dios quiso mezclarse y forjarse en el hombre. Cmo se est dispensando Dios a S mismo en el hombre? Para comprenderlo hay que relacionar a la Trinidad divina con la economa de Dios.

La Trinidad es necesaria, porque slo a travs de la Trinidad Dios ha tenido los medios indispensables para dispensarse en el hombre por Su Espritu. Desde toda la eternidad Dios es uno en esencia y trino en Personas. La Trinidad esencial es eterna, no procesada. El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espritu Santo es Dios desde el principio. Las tres Personas de la Deidad: Padre, Hijo y Espritu Santo, representan las tres etapas principales de la economa de Dios. De ah que se hable tambin de Trinidad econmica. Si se confunde la Trinidad esencial con la Trinidad econmica, se puede caer en la peligrosa afirmacin de que Dios ha sido procesado. Eso huele a sabelianismo. Por qu? Porque Dios es inmutable; Dios no ha experimentado ningn proceso ni en la eternidad, ni en el devenir histrico, ni en su relacin con el hombre. Dios no necesita pasar por metamorfosis. Lo que Dios es desde el principio, lo ser hasta la eternidad. Es un error afirmar que Dios Padre se convirti en el Hijo para experimentar la encarnacin, la vida humana, la muerte y resurreccin para llevar a cabo la redencin; y luego que fue glorificado, el Hijo se convirti en el Espritu Santo y descendi como el Consolador prometido para aplicar la gracia en los hombres y santificar a los creyentes. Esa doctrina errada de los sabelianistas surgi, tal vez, con el pretexto de defender la unicidad de Dios. Cuando afirmamos que Dios es uno en esencia y trino en Personas, como revela la Palabra de Dios, estamos afirmando la unicidad de Dios. En la Trinidad econmica, Dios Padre es la fuente universal de todas las cosas, Dios es el amor generador de todo; y Cristo es la expresin de Dios (cfr. Juan 1;17,18; 14:9; Col. 1:19; Hebreos 1:3), pues la gracia, la cual fue dada por medio de Jesucristo, es el cauce de ese amor divino expresado en la humanidad; luego el Espritu Santo transmite e introduce en el hombre a Dios quien est en Cristo, y por medio del Espritu Santo el hombre tiene comunin con Dios (cfr. 2 Co. 13:14).

Ampliando un poco ms el concepto anterior, vemos que la narrativa bblica es clara en afirmar que en el nico Dios se revelan tres personas unidas en esencia, en perfecta armona, voluntad y objetivos, sin que hayan venido a existir por medio de un proceso de la Divinidad. En las pginas bblicas vemos que hubo un consejo en el trono de Dios (cfr. Hechos 2:23) para determinar y llevar a cabo el plan eterno de Dios, y llegado el tiempo determinado, el Verbo de Dios, Su hijo, tom carne para llevar a cabo la redencin, y estando en la tierra, se oye la voz del Padre diciendo: "Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia; a l od" (Mt. 3:17; 17:5). Es la voz del Padre, mientras el Hijo estaba en las aguas o en el monte de la transfiguracin; y el Espritu Santo tambin se dej ver en forma de una paloma. Tambin el Hijo hablaba al Padre; el Seor Jess oraba, y no lo haca consigo mismo (Juan 11:41,42; 17:1-26), y continuamente declara que l no vino a hacer su voluntad sino la del Padre; y que no vino a pronunciar sus propias palabras, sino las que le oy decir al Padre. Lo mismo ocurre cuando se refiere al Espritu Santo: "l me glorificar; porque tomar de lo mo, y os lo har saber; porque tomar de lo mo, y os lo har saber" (Juan 16:14)."Y yo rogar al Padre, y os dar otro Consolador, para que est con vosotros para siempre" (Juan 14:16; Cfr. Juan 16:7-15). De manera, pues, que Dios no ha sufrido proceso alguno.

Aunque el Verbo de Dios se haba dejado ver en diferentes teofanas bblicas previas a la encarnacin del Hijo de Dios, como por ejemplo la visita que le hizo a Abraham en Gnesis 18, sin embargo, en la etapa anterior a la encarnacin era imposible que el hombre tuviera contacto directo con Dios; haba un velo y l era invisible e inaccesible; el hombre no lo poda ver, ni tocar, ni tener comunin con l. El hombre vino a ser heredero directo de Adn despus de la cada. El hombre sin Cristo es como el derrotado Adn que fue expulsado del jardn del Edn; muerto espiritualmente. Era necesario, pues, que Dios se acercara al hombre, que se le diera, que se volviera hombre, que se encarnara. Luego de ocurrida la encarnacin y habitar corporalmente, vemos que en Cristo, el Hijo, habita toda la plenitud del Padre (Col. 1:19; 2:9). Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre.Qu maravilla: Dios viviendo entre los hombres!

Dice el apstol Juan: "Lo que era desde el principio, lo que hemos odo, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida" (1 Juan 1:1). Vemos que Dios se dej ver y tocar por el hombre; de eso muchos testigos presenciales dejaron su testimonio por escrito. Dios quiso introducirse en el hombre y habitar en l, y en ese hecho histrico es donde acta el Hijo de Dios, la segunda Persona de la Trinidad. Es un hecho real en todos los que conocemos al Seor. Algunos se limitan a pensar que Cristo se encarn slo para salvarnos. Eso es verdad, pero la salvacin apenas es el comienzo del propsito de Dios respecto de la encarnacin. El Seor no vino slo para redimirnos, sino tambin para restaurar todas las cosas, y que finalmente todo est en armona con el Padre; y lo primero que el Seor est restaurando es la raza humana.

Para eso hizo Dios al hombre, para habitar dentro de l y hacerlo Su morada eterna. Satans quiso malograr ese propsito, y el pecado y la muerte de Adn nos esclaviz a la muerte, pero la muerte de Cristo nos liber de la misma, de suerte que era necesario que el Hijo de Dios, que es la forma corprea de Dios, la esencia divina y naturaleza de Dios, se encarnara y mezclara Su naturaleza divina con la naturaleza humana, y viviera y creciera con la cotidianidad de cualquier ser humano, trabajando, cansndose, teniendo dificultades, a veces con hambre, sediento, llorando. Luego vino la experiencia de la muerte y Su gloriosa resurreccin. Ya resucitado, l tuvo contacto con los hombres, pero an no poda introducirse en el hombre porque faltaba su ascensin a los cielos, pues era necesario estar por encima de todos Sus enemigos, y entronizado como cabeza de todo el universo.

Resumiendo, nos preguntamos, cul es el objetivo de la economa de Dios? Morar en nuestro espritu y manifestarse a travs del hombre corporativo que ha redimido por medio de la encarnacin, muerte, resurreccin y glorificacin de Su propio Hijo. Para eso hizo Dios el universo, para que el hombre tuviera vida en la tierra, y l llevara a cabo Su propsito; pero hubo una intromisin satnica trascendental. Desde Gnesis vemos que en el Jardn del Edn haba dos rboles: el rbol de la vida, que es la vida de Dios en Cristo, y el rbol del conocimiento del bien y del mal, que es la muerte, cuya fuente es Satans mismo. El hombre estaba en inocencia en medio de los dos. Como sabemos, Adn opt por comer del fruto del rbol de la ciencia, de tal manera que se aliment de Satans; pero no se aliment de las hojas sino del fruto del rbol, donde est el poder reproductor, de tal manera que recibi el poder de reproducir esa muerte y el pecado a toda la humanidad. De esa manera Satans se introdujo en el cuerpo del hombre y lo esclaviz (Efesios 2:1-3; Romanos 7:18-23). Era necesario, pues, que el Hijo de Dios se encarnase, sin esa herencia, a fin de vencer a Satans.

Morada del Espritu Santo

Antes de Su ascensin, el Seor le dijo a Sus discpulos: "Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendra a vosotros; mas si me fuere, os lo enviar" (Juan 16:7). Vemos, pues, que el Padre no poda introducirse en el hombre sin haberlo redimido y salvado, y para ello era necesaria la encarnacin del Hijo, Su vivir humano, Su muerte restauradora, Su poderosa resurreccin, Su gloriosa ascensin y entronizacin. Ms tarde tampoco puede entrar en el hombre por medio del Hijo, porque el Seor Jess sigue teniendo Su cuerpo humano despus de la resurreccin y ascensin al cielo; entonces era necesario que el Padre, incorporado en el Hijo, viniese a vivir en el hombre por medio del Espritu Santo. De modo que en nosotros habita el Espritu Santo enriquecido con todos esos elementos de Cristo como Dios encarnado, hasta Su entronizacin en los cielos. Todo se cumpli para que Dios en toda Su plenitud pudiera vivir en nosotros. Dijo el Seor a Sus discpulos: "El que me ama, mi palabra guardar; y mi Padre le amar, y vendremos a l, y haremos morada con l" (Juan 14:23).

Morando en nosotros el Espritu Santo, tambin moran en nosotros el Padre y el Hijo, de modo que participamos de la naturaleza de Dios (cfr. 2 Pedro 1:4), de Su amor, de Su gracia, de Su comunin, del Verbo hecho hombre. Al morar el Espritu de Cristo en mi espritu, hace que sean eficaces en m la muerte de Cristo y Su resurreccin; la ntima comunin con el Consolador es el poder para la negacin de mi propio yo, porque vivo con mayor intensidad al Cristo inmolado; Su cruz es tambin mi muerte. El Espritu Santo me imparte la vida de Dios, la vida de resurreccin y la autoridad y el poder del Seor ascendido y entronizado. Todo lo que el Seor es, yo lo vivo por la comunin y el disfrute del Espritu Santo. En realidad, nosotros no tenemos que agregar nada a la obra del Seor, sino vivir por Su Espritu todo lo que l es y ha hecho. Tener comunin y contacto con el Espritu Santo que mora en nuestro espritu humano, no es cuestin de seguir algunos reglamentos y doctrinas que podramos percibir por nuestros sentidos; se trata de ejercitar nuestro espritu humano, donde mora el Consolador, y nosotros moramos en l. Entonces, una vez que una persona es regenerada y nace del Espritu, dnde sigue morando el Espritu Santo en relacin con esa persona? Muchos hermanos le piden al Seor, y hasta lo cantan, que descienda sobre ellos el Espritu Santo, como si el Espritu Santo estuviera muy lejos. Eso es correcto? No. La Biblia dice que el Espritu de Dios ya habita en el espritu del hombre creyente. La Escritura hace diferencia entre el Espritu de Dios y el espritu del hombre.

Analice las siguientes citas: "Lo que es nacido del Espritu, espritu es" (Juan 3:6b). "Dios es Espritu; y los que le adoran, en espritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan 4:24). "9Mas vosotros no vivs segn la carne, sino segn el Espritu, si es que el Espritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espritu de Cristo, no es de l. 10Pero si Cristo est en vosotros, el cuerpo en verdad est muerto a causa del pecado, mas el espritu vive a causa de la justicia. 16El Espritu mismo da testimonio a nuestro espritu, de que somos hijos de Dios" (Ro. 8:9,10,16). Entonces, si el Espritu de Dios habita en el espritu humano de los hijos de Dios, es importante darle la debida atencin a nuestro espritu humano, pues viene a ser el centro neurlgico de nuestra comunin con Dios y nuestra vida espiritual en el nuevo hombre, pues es en nuestro espritu en donde le servimos a Dios (Romanos 1:9). Hermano, Dios mora ahora dentro de ti por Su Espritu. No es lo mismo que ya tengas el Espritu en tu espritu debido a que eres salvo, y que el Espritu more, habite en tu espritu como en Su propia casa.

Importancia de diferenciar el alma y el espritu

Claro, para entender esto, es necesario que diferenciemos con mucha claridad nuestra alma humana de nuestro espritu humano, y sus respectivas funciones, caractersticas y actividades. Lo dice la Escritura, por ejemplo, en Hebreos 4:12: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y ms cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espritu, las coyunturas y los tutanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazn". Este versculo menciona las tres partes del hombre: cuerpo (donde estn las coyunturas y tutanos), alma (donde estn los pensamientos y las intenciones del corazn) y espritu, con el cual tenemos contacto con Dios. Si eres creyente, ya tienes morando al Seor en tu espritu, pero puede que tu alma no haya sido renovada an y quieras vivir una forma de vida sin compromiso ni obediencia a Dios, y con tu corazn no le ames an como debieras. Por eso no se debe mezclar el espritu con el alma.

Para comprender la salvacin eterna es necesario que conozcamos que estamos compuestos de tres partes: espritu, alma y cuerpo; y debemos conocer sus respectivas funciones. Sin ese conocimiento nos sera muy difcil, por no decir que imposible:

1) Poder asimilar que la salvacin es eterna, que no se pierde, y que el reino de los cielos s se puede perder.

2) En ese mismo orden de ideas, ese mismo conocimiento es necesario para poder comprender y asimilar qu cosa es negarse a s mismo y la necesidad de llevar la cruz para poder seguir en pos de Cristo; pues no podemos tampoco saber qu es llevar la cruz si no sabemos que el alma es diferente del espritu.

3) Lo mismo ocurre con lo de tener una mente renovada.

4) Lo de ser fortalecidos en nuestro hombre interior.

5) Esa diferenciacin se necesita para saber qu es el corazn humano y que es necesario que Cristo more en nuestro corazn.

6) Si t no distingues el alma del espritu, no podrs asimilar lo de la parbola de las diez vrgenes, la diferenciacin entre las lmparas y las vasijas, el aceite y su precio, el participar en las bodas y el tribunal de Cristo.

7) Tampoco podras tener claridad sobre lo que son las obras justas de los santos.

8) De ninguna manera podras asimilar la diferenciacin entre el don de la salvacin, la disciplina y la recompensa.

El hecho de que more Dios por Su Espritu en nuestro espritu, significa que el Seor ha hecho de nosotros Su templo, Su hogar, donde l habita. Leemos en 1 Corintios 3:16: "No sabis que sois templo de Dios, y que el Espritu de Dios mora en vosotros?". A ese templo, Su Iglesia, Dios no edifica con materiales fsicos, pues el oro, la plata y las piedras preciosas a que se refiere el contexto, son Dios mismo; respectivamente Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espritu Santo; toda la Trinidad divina morando en nuestro espritu regenerado, que es el Lugar Santsimo de nosotros como templo de Dios, donde el alma es el lugar santo y el cuerpo es el atrio, conforme el modelo del templo del Antiguo Testamento. En el tabernculo que los hebreos construyeron en el desierto, el arca, construida de madera de acacia recubierta de oro (hombre y Dios a la vez), tipifica al Seor Jess; y el arca no se encontraba en el atrio del tabernculo, ni en el lugar santo, sino en el Lugar Santsimo; as tambin ahora, el Seor Jess no habita en nuestro cuerpo, ni en nuestra alma, sino en el Lugar Santsimo de su verdadero templo; es decir, nuestro espritu humano. Dice 2 Timoteo 4:22: "El Seor Jesucristo est con tu espritu".

Madurando en el espritu

De modo, pues, hermanos, que vamos vislumbrando que a partir del momento de nuestro nuevo nacimiento, ha venido a vivir dentro de nosotros, en lo ms ntimo de nuestro ser, una Persona diferente de nosotros, con un carcter y costumbres diferentes a las nuestras, con un modo de pensar muy distinto del nuestro; sobre todo inicialmente. Cuando llega esa Persona a vivir en nosotros, es natural que pensemos en forma diferente y tomemos diferentes decisiones, debido a que an no hay acuerdo entre nosotros; en ese tiempo inicial apenas lo consideramos nuestro husped. An no le hemos entregado nuestra morada entera al Seor. Cristo inicialmente viene a morar en nuestro espritu, y nosotros pensamos y decidimos las cosas en nuestra alma. Por ejemplo, Dios nos dice que por nada estemos afanosos (Cfr. Filipenses 4:6), y nosotros seguimos con muchos afanes en nuestra alma.

Al principio no entendemos todava el andar en el espritu; ese lenguaje es an muy extrao para nosotros. l no se mezcla con nosotros en nuestra alma, a menos que nuestra alma haya pasado por un proceso de renovacin y quebrantamiento. Nuestra alma es muy fuerte; es como un cascarn que cubre y oculta al espritu. Por eso es que hay que separar el alma y el espritu, tarea que corresponde a la Palabra de Dios (cfr. Hebreos 4:12). Cmo ocurre todo esto? Nuestra primera etapa de vida cristiana, es la etapa de la niez espiritual, del afianzamiento y seguridad de nuestra salvacin. En ese perodo entendemos las cosas sencillas y rudimentarias, y compartimos el evangelio a los dems conforme entendemos las cosas hasta ese momento. Pero no nos debemos estancar en esta etapa de los rudimentos; necesitamos seguir escalando y alcanzar una segunda, la del avivamiento, la de la llenura del Espritu, tambin conocida como la del bautismo del Espritu, en la cual recibimos los dones del Espritu, los cuales son necesarios en la Iglesia. Pero, eso es todo? No; hay necesidad de que el creyente ascienda dos grados ms en su crecimiento, y el siguiente es la etapa del camino de la cruz. Cristo, para darnos vida primero pas por el Calvario. Nadie puede dar vida sin pasar por el Calvario. La cruz es muerte, pero para dar vida hay que morir. Para que Dios construya Su nueva casa en nosotros, es necesario derribar la antigua morada, donde nosotros nos recrebamos.

Miramos, por ejemplo, que en el contexto del captulo 3 de la carta de Pablo a los Colosenses se habla de la vida de los santos, de la aplicacin de la cruz, es decir, la muerte de Cristo a nuestros miembros pecaminosos, y de despojarnos del viejo hombre y revestirnos del nuevo. Dicen los versculos 9 y 10: "9No mintis los unos a los otros, habindoos despojado del viejo hombre con sus prcticas, 10y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo cre se va renovando hasta el conocimiento pleno". El viejo hombre est integrado por todo lo que heredamos de Adn, del cual hemos estado vestidos; ese ha sido nuestro atuendo. Pero ahora debemos despojarnos de ese vestido de justicia propia y prcticas pecaminosas. El Espritu Santo est en nuestro espritu listo a realizar ese trabajo de hacer morir en nosotros las concupiscencias carnales y todo el andamiaje maligno que vena manejando nuestra parte psicolgica. En ese proceso, nos vamos revistiendo del nuevo hombre, es decir, de Cristo mismo; como dice Efesios 4:24: "Y os vistis del nuevo hombre, creado segn Dios en la justicia y santidad de la realidad". Como el nuevo hombre no es individual sino corporativo, unido por todas las coyunturas, entonces ese nuevo hombre es la Iglesia. Hermano, no trates de ser bueno y hacer buenas obras por ti mismo; concentra toda tu atencin en Cristo; l mora en tu espritu. No te quedes en el atrio; entra en el Lugar Santsimo para tener contacto con Dios y tenerlo a l como centro de todo.

Una cosa es andar en el espritu, y otra muy diferente es seguir vagando por mucho tiempo en el alma. El espritu quiere una cosa y el alma prefiere otra, a menos que sta sea renovada; no hay entendimiento entre el alma no renovada y el espritu. Andar en el alma es como andar en un desierto, en donde jams se tiene descanso. Hoy se puede estar optimista, y maana entrar en desolacin; hoy desbordamos de alegra, y maana nos embarga la tristeza. Quiere esto el Seor? No. Debemos entrar en el Lugar Santsimo; hay que rasgar el velo; es la obra de la cruz.

En cuanto a andar en el espritu, dice Romanos 8:4-8: "4Para que el justo requisito de la ley se cumpla en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al espritu. 5Porque los que son segn la carne ponen la mente en las cosas de la carne; pero los que son segn el espritu, en las cosas del Espritu. 6Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espritu es vida y paz. 7Por cuanto la mente puesta en la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede; 8y los que estn en la carne no pueden agradar a Dios". Para m es difcil andar con otra persona si no estoy de acuerdo con ella; por tanto para andar convenientemente en el espritu, debo estar en conformidad con el espritu, debo ejercitarme en esa ocupacin que hasta hace poco era extraa para m. Fjese que estos versculos le dan mucha importancia a la mente, a nuestros pensamientos, que tienen su asiento en nuestra alma, por cuanto la mente, la parte ms importante de nuestro yo, puede dirigir su atencin en ponernos o situarnos en nuestro espritu regenerado donde hay vida y paz, o por el contrario, accionar para que estemos en la carne. De manera que la mente nos puede llevar a disfrutar de Cristo y ejercitarnos para estar en comunin con l, o lo contrario, a desagradarle en los recovecos de la carne, donde mora la muerte.

Por esto la Palabra de Dios insiste en que la mente debe estar renovada. "No os conformis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovacin de vuestro entendimiento, para que comprobis cul sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:2). Nosotros hemos sido separados del mundo y apartados para Dios para ser conformados a la gloriosa imagen de Cristo, para lo cual es necesario que tengamos la mente de Cristo. Se sabe que nosotros somos lo que pensamos, y si no tenemos una mente renovada, la consecuencia es que somos asimilados por el mundo (se refiere al mundo controlado por Satans, todo el sistema maligno del diablo, incluyendo tanto las cosas religiosas como seculares) y seguimos siendo la imagen de ese sistema del cual ya hemos sido separados. Si esa transformacin no es operada por el Espritu Santo en nuestra mente, Dios no puede extender Su vida y naturaleza en toda nuestra alma, haciendo que Cristo crezca en todo nuestro ser y vaya menguando nuestro viejo hombre, el hombre natural heredado de Adn. En la medida que Cristo crece en m, eso determina que ese elemento nuevo que ha entrado en m sea la causa de la renovacin de mi mente, y por consiguiente de mi voluntad y de mis sentimientos. Entonces, y slo entonces podr ver y discernir cul es la voluntad de Dios para conmigo.

El Espritu vivifica

Leemos en 2 Corintios 3:6: "(Dios), el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, ministros no de la letra, sino del Espritu; porque la letra mata, mas el Espritu vivifica". Aqu el apstol Pablo hace un contraste entre el Antiguo Pacto, protocolizado en el cdigo escrito de la ley, y el Nuevo Pacto cuyo motor vivificante es el Espritu Santo que mora en la Iglesia, sin el cual nadie puede ministrar a Cristo. La letra de la ley slo tiene capacidad de exigirle al hombre que cumpla sus requisitos de perfeccin moral, pero no tiene la vida que slo el Espritu del Dios viviente puede suministrarle. La ley no puede vivificar, la ley slo mata y condena, pues el hombre no tiene la capacidad de cumplir sus exigencias. Qu hacer entonces? De parte nuestra, qu podramos hacer? Absolutamente nada; y Dios lo saba de antemano. Es por eso que Dios hizo la provisin segn su anticipado consejo, para todos los que estaban ordenados para vida eterna (cfr. Hechos 13:48). Todo lo provey el Padre por medio de Su Hijo, y el Espritu del Dios viviente, cuando cremos, vino a vivir en nosotros, trayendo consigo toda la vida del Padre y del Hijo; trajo la verdadera vida, la que vivifica para la eternidad.

No es un pacto condicionado al obrar humano, firmado en piedras en el Monte Horeb, sino en el Lugar Santsimo de Su legtimo templo, escrito por el Espritu Santo en nuestro hombre interior y en nuestro corazn, por Su gracia por medio de la redencin que es en Cristo Jess. Es un pacto que no depende de mis obras, sino de las de Dios. Si Dios hubiera impartido vida por medio de la ley, no hubiera habido necesidad de la encarnacin del Hijo de Dios y Su sacrificio en la cruz. Algunos hermanos se afanan por hacer cosas buenas para agradar a Dios, para tener algn mrito; pero no se trata necesariamente de eso. El objetivo de Dios no es ese; el objetivo de Dios es que Su Hijo, Cristo mismo, se introduzca y se forje en nosotros.

La lmpara y la vasija del aceite

El mundo, que no conoce a Dios y a Su Cristo, anda en tinieblas. Todava, en plena era ciberntica, los hombres, aun los grandes sabios y cientficos, continan preguntndose de dnde vino el hombre, para qu est el hombre en la tierra, cul ser su futuro, qu hay ms all de la muerte, y muchos otros interrogantes. Pero Dios le ha suministrado todo ese conocimiento a Sus escogidos; Dios se nos revel por Su Hijo; el Hijo de Dios ha dado a conocer al Padre y todos Sus propsitos. El Verbo de Dios se hizo carne, y "en l estaba la vida, y la vida era la luz del mundo" (Juan 1:14). l vino "para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte" (Lucas 1:79). "Otra vez Jess les habl diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andar en tinieblas, sino que tendr la luz de la vida" (Juan 8:12). Cristo mora en nuestro espritu por Su Espritu, de manera que esa luz est dentro de nosotros; por eso el Seor dice a la Iglesia: "14Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15Ni se enciende una lmpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que estn en casa" (Mt. 5:14-15).

Para que haya luz debe haber una lmpara con combustible. Cuando el Espritu Santo llega a morar en nuestro espritu, nos convertimos en la lmpara de Dios para que ilumine a los que estn en tinieblas, en medio de un mundo entenebrecido, que no sabe de dnde viene, dnde est ni para dnde va. Ya lo dice en Proverbios 20:27: "Lmpara de Jehov es el espritu del hombre, la cual escudria lo ms profundo del corazn". Pero esa lmpara necesita aceite, y no slo debe estar lleno de aceite el depsito de la lmpara (el espritu humano), sino tambin la vasija (nuestra alma). Un alma no renovada no ejecuta la voluntad de Dios. El alma renovada es como una vasija llena de aceite.

Cul es ese aceite que necesitamos? La Escritura habla del aceite de la santa uncin (Cfr. xodo 30:25); con l ungan a los reyes y sacerdotes veterotestamentarios; es lo que representa al Espritu Santo. En 1 Juan 2:20,27, leemos: "20Pero vosotros tenis la uncin del santo, y conocis todas las cosas. 27Pero la uncin que vosotros recibisteis de l permanece en vosotros, y no tenis necesidad que nadie os ensee; as como la uncin misma os ensea todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, segn ella os ha enseado, permaneced en l". Compare esta cita con las palabras del Seor Jess en Juan 14:26, refirindose al Espritu Santo: "Mas el Consolador, el Espritu Santo, a quien el Padre enviar en mi nombre, l os ensear todas las cosas, y os recordar todo lo que yo os he dicho". Se puede comparar tambin, entre otras, con la cita de Jeremas 31:34: "Y no ensear ms ninguno a su prjimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehov; porque todos me conocern, desde el ms pequeo de ellos hasta el ms grande, dice Jehov; porque perdonar la maldad de ellos, y no me acordar ms de su pecado". De manera, pues, que la uncin que recibimos de Dios es el mismo Espritu Santo que mora en nuestro espritu, desde el mismo momento que creemos en el Seor Jess..

En muchos hermanos, el hombre interior no est fortalecido; es como si su lmpara estuviere encendida pero con una luz lnguida, como si estuviese pronto a apagarse, y eso se debe a que apenas tiene tan poco aceite para slo mantenerle esa llamita. Es la llamita que mantiene encendida la salvacin En cambio otros, los vencedores, tienen el depsito de la lmpara lleno del aceite de la uncin, y adems tambin tienen la vasija llena. Ah tenemos la parbola de las diez vrgenes. Esa parbola fue dicha por el Seor para alertarnos y abrirnos los ojos a tiempo. Dice, por ejemplo, en Mateo 25:3-4: "3Las insensatas, tomando sus lmparas, no tomaron consigo aceite; 4mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lmparas". Ese consigo del versculo 3 se refiere al alma.

Ya hemos visto cul es la lmpara; pero cul es la vasija? La Biblia dice que somos vasos, recipientes moldeados por Dios para honra o para deshonra (Romanos 9:21), y refirindose a los hijos del reino, dice en el verso 23: "Para dar a conocer las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia, que l prepar de antemano para gloria". Cuando yo digo: pienso, esa es mi persona que piensa (con mi mente), luego decido (con mi voluntad); tambin amo, odio, gozo, me entristezco (son mis emociones). Cmo lo hago? Con mi alma, y todas esas facultades estn en mi alma; luego mi alma es mi yo, es mi personalidad. Si mi personalidad es el centro de mi atencin, de mis afectos, entonces soy eglatra. La egolatra es una variedad de la idolatra, que aleja nuestro corazn de Dios. Mi alma es mi vaso hecho por Dios, y Dios quiere no slo morar en mi espritu, sino tambin en mi corazn. l quiere tomar posesin de mi corazn. "Dame, hijo mo, tu corazn" ( Proverbios 23:26a). Qu es mi corazn? Queremos tratar esto ms a fondo, pero podemos adelantar que mi corazn es mi alma con todas sus facultades, ms la conciencia, que es una de las facultades de mi espritu; de manera que mi corazn est integrado por mi mente, mi voluntad, mis emociones y la conciencia de mi espritu.

Fjate, hermano, en la maravillosa cita bblica que encontramos en 2 Corintios 4:7: "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros". Somos recipientes; para eso fuimos hechos, pero cul es el tesoro que contenemos? El tesoro que contenemos no es necesariamente el abundante conocimiento teolgico y acopio de doctrinas, liturgias, leyes y prcticas religiosas. El aceite alimenta la lmpara para que permanezca la luz, y nuestro espritu como lmpara debe permanecer lleno del aceite de la uncin, Dios mismo en nosotros por Su Espritu, y no slo la lmpara, sino tambin la vasija, nuestro corazn en pureza y santidad, como habitacin del Seor Jess. La Biblia habla de la iglesia local como el candelero de Dios en determinado lugar. Por qu la iglesia local viene a ser el candelero? Debido a la luz de Dios que irradia, como lo lemos en Mateo 5:14-15; pero Dios quiere que sean todos los hermanos viviendo juntos en armona, sin divisiones ni sectas que dividen y quebrantan la unidad del Cuerpo de Cristo. Todos juntos como una sola lmpara. Juntos y unidos es la nica forma como podemos conocernos y considerarnos para estimularnos al amor y a las buenas obras. La Palabra de Dios lo declara difanamente: "Y considermonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras" (He. 10:24).

El caso de Corinto

Hoy en da, a unos creyentes, como los hermanos corintios (1 Corintios 1:5,7), que hayan recibido mucho conocimientos bblicos y todos los dones espirituales, se les suele considerar como muy espirituales; pero Pablo los vea como a nios. Los signos de una verdadera madurez espiritual no son necesariamente la elocuencia en la predicacin, el abundante conocimiento bblico y la posesin de los dones espirituales. Normalmente las herramientas de trabajo no necesariamente indican la pericia del obrero. Entre una persona natural y un creyente cristiano existe la gran diferencia de que el creyente ha experimentado la regeneracin, el nuevo nacimiento, el nacimiento de arriba, espiritual, debido a que cuando crey en Jesucristo, el Espritu Santo vino a vivir en su espritu humano y Dios le provey Su vida eterna. Pero entre creyentes tambin hay una subdivisin, pues hay creyentes espirituales, como las vrgenes prudentes de la parbola, y hay creyentes carnales, como las vrgenes insensatas de Mateo 25.

El creyente espiritual es aquel que ha alcanzado madurez, entre los cuales, y solamente entre ellos, se puede hablar sabidura de Dios, la que haba permanecido oculta para ser revelada a los que Le aman; no se trata de la sabidura humana, la que se aprende en las aulas escolares, aun las aulas de seminarios teolgicos, pues esa sabidura enseada por los hombres slo tiene que ver con la mente. La Biblia habla, por ejemplo, en 1 Corintios 2:6-9, de la sabidura de Dios, la que Dios predestin antes de los siglos, es decir, todos los secretos de Dios en Cristo, la cual no se puede recibir por enseanza impartida por medios humanos, lo cual est relacionado con la mente, una facultad del alma humana, sino que hay que recibirla por revelacin, y eso tiene que ver es con el espritu, como lo dice el versculo 10: "Pero Dios nos la revel a nosotros por el Espritu; porque el Espritu todo lo escudria, aun las profundidades de Dios".

Aunque la mente tambin interviene en esta percepcin, pero debe ser una mente renovada, para que pueda tener luz sobre todas esas "cosas que ojo no vio, ni odo oy, ni han subido en corazn de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (v.9). El alma humana es la verdadera procesadora de toda esa revelacin de Dios que recibimos por el espritu, pero para ello, el alma debe pasar, a su vez, por un proceso de renovacin espiritual. Todas esas cosas escondidas que Dios plane en Su sabidura, todas estn escondidas en Cristo, y el Espritu es quien se encarga de explorarlas en las profundidades de Dios y revelrnoslas en nuestro espritu. Para lograrlo, uno tiene que amar a Cristo. Si uno no vive, y se mueve en el espritu, la parte ms profunda del Ser humano, no puede percibir toda esa revelacin e iluminacin de las profundidades de Dios en Cristo.

En caso de que un creyente quiera conocer todas las cosas que Dios tiene para nosotros, y que nos las ha dado en Cristo por Su Espritu, pero las quiera conocer en la pura mente, no puede, porque la mente slo puede conocer lo superficial. Esa superficialidad puede llegar a ser incluso los embelecos filosficos, y aun as no deja de ser superficial. El mundo est lleno de filsofos que no conocen a Dios, y sus doctrinas desorientan aun ms a la juventud; ellos siguen viviendo en su mente; no conocen las cosas del espritu, pues no tienen capacidad para conocerlas, puesto que no han nacido de nuevo, en el espritu, para poder conocer las cosas del mundo espiritual. Tambin muchos creyentes no han alcanzado la suficiente madurez para percibir esas profundidades que nos ensea el Espritu.

Hay mucha gente sabia que descuida esa maravillosa unin de nuestro espritu con el Espritu de Dios. Es bueno que meditemos en los versculos 12-14: "12Pero nosotros no hemos recibido el espritu del mundo, sino el Espritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha dado por su gracia, 13lo cual tambin hablamos, no con palabras enseadas por sabidura humana, sino con las que ensea el Espritu, interpretando lo espiritual con palabras espirituales. 14Pero el hombre anmico no acepta las cosas que son del Espritu de Dios, porque para l son necedad, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente". Aqu los anmicos son los que no han nacido de nuevo, se mueven guiados por el alma, y no poseen un nuevo espritu, luego su facultad intuitiva est muerta para entender y conocer las cosas de Dios, las realidades celestiales; como no las pueden explicar por la razn, les parecen locura.

Todos los creyentes, los que hemos experimentado el nuevo nacimiento en Dios, estamos capacitados para conocer todo lo que Dios ha predestinado para nosotros, pues hemos recibido el Espritu de Dios; pero algunos creyentes no alcanzan la madurez necesaria para percibir esa sabidura en el espritu. Cada creyente entiende las cosas de Dios conforme la luz espiritual que haya recibido, hasta donde Dios le haya dado la visin espiritual; no es bueno que nos estanquemos en un solo plano; debemos continuar escalando; hay un Ser maravilloso que quiere entregarse todo, que quiere que lo conozcamos en todas Sus verdaderas dimensiones, que quiere que vivamos toda la plenitud divina. l quiere eso, lo est deseando. Es como un tesoro que se est desperdiciando mientras uno padece de necesidades. No se puede asociar lo espiritual con lo carnal; son incompatibles. Hay alguna verdad espiritual en ti; debes comunicarla usando un medio espiritual, en este caso palabras espirituales, es decir, dadas por el Espritu Santo, y comunicar esas verdades espirituales a personas espirituales. T das hasta donde hayas recibido. Si las personas no son espirituales, es decir, tu auditorio est compuesto por personas naturales, anmicas, y/o creyentes carnales, no pueden entender esas verdades espirituales, pues no tienen capacidad para eso. Rechazan las cosas de Dios en vez de discernirlas. Cuando la persona es anmica o natural, el alma domina todo su ser, pues el alma consta de la mente, la voluntad y la parte emotiva; es decir, ese es su yo completo.

En el hombre natural, el espritu est muerto; todo hombre tiene espritu, pero en el hombre natural est muerto. Lo nico que le da vida a nuestro espritu, es la vida de Dios, la vida increada, la vida eterna; para eso Dios nos dio nuestro espritu. Nuestro espritu no es vivificado por otra clase de vida. Dios le da vida a nuestro espritu mediante Su misma vida, la vida de Dios que es eterna, la cual recibimos en Cristo, y que nos la trae el Espritu Santo. Cuando mi espritu an estaba muerto, yo era totalmente anmico; pero cuando recib la vida divina, el Espritu de Dios empez a impulsar a mi espritu, de tal manera que cada da mi vida espiritual se fue desarrollando y yo empec a conocer cosas profundas que antes eran totalmente desconocidas para m. Empec a tener revelaciones de cosas ocultas; empec a conocer incluso hechos futuros de mi vida; empez Dios a mostrarme, por ejemplo, personas que en el futuro planeaban hacerme dao; y luego vi que todo ocurri como se me haba mostrado, claro que con victoria, por la oracin a que me llev el Santo Espritu de Dios. Pude ver cmo mi espritu empezaba a ejercer sus funciones, remplazando el antiguo control que mi alma ejerca sobre todo mi ser; y pude ver que cosas que antes me dominaban, empezaron a perder inters dentro de mi ser; se iban soltando las amarras de una extraa esclavitud que me haba venido dominando. Antes no poda discernir las cosas del Espritu de Dios, por muy religioso que yo aparentara ser. Pero no me puedo estancar; prosigo al blanco.

Entonces, cuando t llegas a ser controlado enteramente por tu espritu regenerado, es cuando puedes ser considerado una persona espiritual, donde mora y gobierna Cristo por Su Espritu; es cuando t llegas a una etapa en la que niegas tu alma, y no vives segn los dictados de tus meros pensamientos carnales, ni decides las cosas por tu voluntad, ni tampoco tus emociones te dominan; y es ms, disciernes con facilidad cuando alguien vive por su alma y no por su espritu. Por qu? Porque "el hombre espiritual juzga todas las cosas; pero l no es juzgado por nadie" (v.15). Debido a eso, muchas veces t eres incomprendido, rechazado y hasta calumniado; porque para los dems, aun tus mismos hermanos en la fe, t eres un enigma. Y no necesariamente tienes que haber asistido a algn instituto superior de estudios teolgicos, o seminario. Lamentablemente hay hermanos que desconocen o no creen al siguiente versculo, el 16, que dice: "Porque quin conoci la mente del Seor? Quin le instruir? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo".

Nosotros, los creyentes, tenemos la mente de Cristo? S. Cristo ha venido a vivir por Su Espritu en nuestro espritu, por tanto ahora somos orgnicamente uno con Cristo; de modo que la realidad es que al desarrollarse nuestra vida espiritual, tenemos todas las facultades que Cristo tiene, entre ellas la mente, Su inteligencia; y eso se debe a que tenemos Su propia vida en nosotros. De manera, pues, hermanos, que se necesita el crecimiento en vida. Pero ese crecimiento no prospera sino a travs del avivamiento espiritual y el camino de la cruz. Debemos ser librados de todo rezago de la esclavitud del pecado, y el camino de la cruz es la victoria sobre el pecado. Para que lleguemos a tener la mente de Cristo es preciso que nuestra mente sea renovada, pero para ello es necesario tambin que no nos amoldemos a este siglo sino que presentemos nuestro cuerpo en sacrificio vivo y santo a Dios, de acuerdo con el contexto de Romanos 12:1-2. Que el Seor haga de nosotros conforme su voluntad.

Vemos, pues, que las Escrituras hacen clara diferencia entre dos maneras cristianas de andar: una carnal y otra espiritual. Si tu andar es carnal, es porque an pones tu confianza y tu complacencia en la carne, en tu yo; y eso se debe a que no tienes plena comunin, confianza y amistad con el Seor, y no ests plenamente sometido al Espritu de Dios. Te falta conocer al Seor ms ntimamente. Es necesario cultivar la intimidad y el compaerismo con Jess. Un creyente espiritual no acta conforme a la vida del alma, sino de acuerdo al impulso de su espritu mezclado, fundido y en plena comunin con el Espritu de Dios; esa es su motivacin, su prioridad, su gobierno, su conducta, su gozo, su gua.

Cuando el apstol Pablo les escribe a los corintios su primera epstola, qu lo motiv especialmente? Los problemas y dificultades con que se enfrenta la iglesia local, que a pesar de haber recibido todos los dones espirituales y de ejercerlos en su asamblea, haba en ellos mucha confusin, celos, contiendas, divisiones, conatos de sectarismos. Eso debido a qu? A su inmadurez espiritual, a su carnalidad; no haban recorrido el camino del Calvario; de manera que cuando Pablo los haba visitado la ltima vez, no les haba podido ensear verdades ms profundas, sino slo asuntos elementales tocantes a Cristo. Recuerdan lo que el Seor dijo a sus discpulos antes de Su ascensin? Cuando ellos todava eran inmaduros, les dijo: "An tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podis sobrellevar" (Juan 16:12). La madurez vino despus, cuando los empez a tratar el Espritu Santo.

Pero lemoslo en 1 Corintios 3:1-3: "1Y yo, no pude hablaros como a hombres espirituales, sino como a carnales, como a nios en Cristo. 2Os di a beber leche, y no alimento slido; porque an no erais capaces de recibirlo. Pero ni siquiera sois capaces ahora, 3porque todava sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos y contiendas, no sois carnales, y andis segn lo humano?" Consideramos que esta es una declaracin muy seria y muy grave. Que unos hermanos llenos de conocimientos filosficos y ejerciendo todos los dones del Espritu (1:7), sean carnales? Terrible. Pero en ellos la vida del alma carnal se haca sentir en la envidia que los carcoma, y que los guiaba al sectarismo y a los celos. Qu significa todo esto? Qu consecuencias graves podra repercutir en detrimento de la unidad de la iglesia en Corinto?

Pablo no pudo sino darles a beber leche y no alimento slido. Qu significa la leche y el alimento slido? En Hebreos 5:11-14 aparece una reprensin a los inmaduros, y nos da la respuesta a nuestra inquietud. "11Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difcil de explicar, por cuanto os habis hecho tardos para or. 12Porque debiendo ser ya maestros, despus de tanto tiempo, tenis necesidad de que se os vuelva a ensear cules son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habis llegado a ser tales que tenis necesidad de leche, y no de alimento slido. 13Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es nio". Vemos que la leche se refiere al alimento de los comienzos, a la palabra de gracia, a lo que se refiere a la salvacin eterna, cuando se comienza con el Seor, cuando dice: Bueno, ya el Seor me salv, ya no voy al infierno, ya soy un hijo de Dios; y todo se ve muy fcil. Y el alimento slido? "14Pero el alimento slido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal". Entonces el alimento slido se refiere al crecimiento en la vida de fe, a la palabra de justicia, al uso de la fe, a la lucha, a la victoria, al discernimiento de lo bueno y de lo malo, al enfrentamiento en la guerra espiritual, al galardn, al reino. A continuacin, en el captulo 6 aparecen relacionados los rudimentos de la vida cristiana. "1Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfeccin; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, 2de la doctrina de bautismos, de la imposicin de manos, de la resurreccin de los muertos y del juicio eterno". Un cristiano normal no se puede quedar en los rudimentos; se quedara como un enano al no desarrollarse y crecer normalmente en la vida espiritual. Los rudimentos son apenas el fundamento.

Vemos, pues, que ellos, los hermanos corintios, eran nios espirituales, y por eso mismo obraban en la carne. Por ejemplo, iban formando partidos en torno a los guas humanos, como Cefas, Pablo y Apolos. "4Porque diciendo uno: Yo soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, no sois hombres de la carne? 5Qu, pues, es Apolos, y qu es Pablo? Ministros por medio de los cuales habis credo; y eso segn lo que a cada uno de ellos concedi el Seor. 6Yo plant, Apolos reg; pero el crecimiento lo ha dado Dios". Es totalmente insensato exaltar a guas religiosos, edificando partido alrededor de ellos, y es peor aun cuando ellos mismos se exaltan. Eso no es otra cosa sino obra de la carne, y ha hecho mucho dao a travs de la historia de la Iglesia. En el versculo 5, la palabra ministros significa servidores;1 no los que vienen a ser servidos y a dividir el cuerpo de Cristo en torno a su influencia ministerial y auto exaltaciones. Muchos hermanos en la iglesia dependen enfermiza y estrechamente de determinado lder religioso, de su exclusivo, oficial o privado, punto de vista, a menudo sin que se den cuenta que es contrario a la Palabra de Dios, y eso los mantiene ciegos. A travs de esos servidores, los corintios haban venido a creer en el Seor Jess, pero muchos "ministros" que en el mundo han sido, se han constituido en cabezas de escuelas rivales, siendo que el Seor los ha llamado apenas como simples agentes. El ministerio bblico neotestamentario no conlleva ttulos, honorficos o no, ni jerarquas y dignidades, sino servicio. As de simple. El siervo (en griego doulos [δολος]), no puede erigirse seor de sus consiervos, y maltratarlos, porque puede tener serios problemas cuando el Seor venga, de conformidad con el contexto de Mateo 24:45-51.

La carnalidad e inmadurez de los corintios los haba llevado a la imprudencia de elevar a los sirvientes al rango de maestros. Nosotros, como siervos del Seor, ahora podemos plantar la semilla, podemos regar, podemos predicar la palabra, podemos orar por la salvacin de otras personas, pero no podemos hacer ms; no tenemos el poder de salvar a nadie. Cul es entonces el motivo de una posible exaltacin nuestra? Somos alguien por el hecho de hacer nuestro trabajo como simples siervos del Seor? Si nos exaltamos a nosotros mismos, o permitimos que otros nos exalten, y entre nosotros hay envidias y rivalidades, en realidad es porque no estaramos llevando a cabo la tarea que nos ha sido encomendada. De esa manera nuestro trabajo no es espiritual, ni escritural, ni segn Dios. Lo hemos desviado todo de acuerdo con nuestro propio criterio. Si me limito a obedecer al Seor, lo estar exaltando a l y slo a l, llevando a los hermanos a cerrar filas en torno a l; y as estar llenndome de gozo cuando el Seor me lo apruebe y muestre Su mano en bendicin y asentimiento.

Hermanos, como esclavos de Cristo, pretenderemos ser algo? Ya lo dice Pablo: "7As que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento".

2. El Honbre interior y el Hombre Exterior

Por Arcadio Sierra Daz - 7 de Febrero, 2007, 16:32, Categora: General

2. EL HOMBRE INTERIOR Y EL HOMBRE EXTERIOR

Las dos puertas

Dice el Salmo 1:2: "Sino que en la ley de Jehov est su delicia, y en su ley medita de da y de noche". Aqu la Palabra de Dios se refiere a la bienaventuranza de un verdadero creyente vencedor. El santo que llegue a deleitarse en la voluntad de Dios es porque en su vida ha ocurrido algo fuera de lo comn; esa persona ya dej de ser del montn de creyentes. Aun muchos de los que hacen milagros, profetizan y echan demonios en el nombre del Seor Jess, no hacen la voluntad de Dios (Mateo 7:21,22).

Para que en nuestra vida lleguemos a deleitarnos con la voluntad de Dios y dejar de lado la nuestra y tener en poco nuestros propios principios, es necesario atravesar dos puertas: la primera puerta es la regeneracin del espritu, es decir, cuando somos salvos por Jesucristo; la segunda puerta es la renovacin del alma, es la puerta de la cruz, es el tratamiento de nuestro yo, es el camino del Calvario con Cristo. La primera puerta permite la entrada de los perdidos a la salvacin; la segunda puerta es para llevar a los salvados a la victoria. La primera puerta te da acceso a un regalo de Dios; Dios te salva en Cristo y te cambia de posicin, te saca del mundo y te introduce en Su reino; la segunda puerta es para que recibas un galardn por tus hechos y vida en Cristo. El galardn es la posicin que ocupars en el reino de los cielos, si eres un vencedor. En la primera puerta, recibes a Cristo como tu Salvador; en la segunda, lo debes recibir como tu Seor, para someterte a l, para obedecerle en todo, como siervo que eres de l, ponindote irrestrictamente bajo Su gobierno; pero para ello debes escoger entre ser o un buen siervo o un mal siervo. La primera puerta te introduce al atrio del tabernculo, donde tu confianza y fe en la obra de Cristo en la cruz y la gloriosa resurreccin del Seor te hacen apto para tener comunin con Dios; pero no debes quedarte en atrio, debes seguir al lugar santo; una vez que tu pecado haya sido juzgado, debes entrar a tener parte de la comunin de la iglesia. La segunda puerta te pasa por velo donde podrs participar de los panes de la proposicin con todos los santos, y hacer parte del candelero.

Hoy se est predicando a Cristo como Salvador, pero no se est predicando como Seor de nuestras vidas. Jesucristo es el Seor. Son dos puertas de acceso, la primera al reino de Dios, y la segunda al reino de los cielos. Existe alguna diferencia entre el reino de Dios y el reino de los cielos? Por supuesto que la hay. Algunas escuelas teolgicas aseveran que no hay diferencia entre el reino de Dios y el reino de los cielos; que son la misma cosa; pero si analizamos con detenimiento las Escrituras, encontramos que no son exactamente lo mismo. El uno est dentro del otro. El reino de los cielos hace parte del reino de Dios, pero no es exactamente lo mismo. Segn el contexto de la conversacin del Seor Jess con Nicodemo en Juan 3, todo creyente renacido puede ver y entrar en el reino de Dios; pero segn el sermn del monte de Mateo 5, 6 y 7, no todos los creyentes podrn participar del reino de los cielos. Analicemos.

El Reino de Dios

La primera puerta, la de acceso al reino de Dios, es Jesucristo. El mundo no conoce a Jesucristo, luego no conoce a Dios ni a Su reino. El mundo no sabe que Dios reina sobre Su creacin desde la eternidad y hasta la eternidad. Dice la Escritura: "A Dios nadie le vio jams; el unignito Hijo, que est en el seno del Padre, l le ha dado a conocer" (Juan 1:18).

Para conocer a Dios hay que conocer primero a Jesucristo; y nadie puede conocer al Hijo sino por la revelacin del Padre (Cfr. Mateo 16:17) Sigue diciendo la Escritura: "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar" (Mateo 11:27). Entonces, una persona que no conozca ni tenga al Hijo, podr conocer al Padre? No, no lo puede conocer. Muchos manifiestan creer en Dios, pero eso no basta. Jesucristo vino al mundo para revelar a Dios. El mismo Seor Jess dice: "Creis en Dios, creed tambin en m... El que me ha visto a m, ha visto al Padre" (Juan 14:1b,9b).

Tambin la Escritura nos revela que nadie puede conocer a Jesucristo sino por la revelacin de Dios, de ninguna manera por conocimiento humano. Cuando el apstol Pedro le dijo al Seor Jess: "16T eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17Entonces le respondi Jess: Bienaventurado eres, Simn, hijo de Jons, porque no te lo revel carne ni sangre, sino mi Padre que est en los cielos" (Mt. 16:16-17). Tambin el apstol Pablo declara que a l le fue revelado el Hijo por Dios Padre. Pablo era un hombre muy celoso de su religin, el judasmo, y de las tradiciones recibidas de sus padres, como muchos de nosotros solamos ser; pero un da le ocurri algo extraordinario, que en Glatas 1:15-16 narra as: "15Pero cuando agrad a Dios, que me apart desde el vientre de mi madre, y me llam por su gracia, 16revelar a su Hijo en m, para que yo le predicara entre los gentiles, no consult en seguida con carne y sangre".

Simultneamente que el Padre nos revela al Hijo, el Espritu Santo tambin entra a efectuar Su trabajo: nos trae al Seor, convencindonos de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8). "De pecado, por cuanto no creen en m" (v.9). El gran pecado es no aceptar a Jess y Su mensaje. Una vez que el Seor Jess nos es revelado como el Cristo, el Ungido e Hijo de Dios y Salvador nuestro, y convencidos ya de que sin l estamos irremediablemente perdidos, el siguiente paso es recibirle. All acta mi voluntad para que yo lo reciba.

Cuando una persona recibe en su casa a otra, es porque cree en esa persona; y en Cristo, al recibirlo a l como nuestro Salvador, recibimos una potestad de Dios: somos hechos hijos de Dios (Juan 1:12). Qu cosa es que una persona llegue a ser un hijo de Dios? Significa que esa persona, el da que recibe a Cristo empieza a poseer la vida y la naturaleza de Dios (2 Pedro 1:4), y ambas, tanto la vida como la naturaleza de Dios, son eternas; de modo que cuando recibimos la vida y la naturaleza de Dios, eso significa que eternamente somos de la familia de Dios. Pero ser hijo de Dios no depende de mis conocimientos bblicos ni religiosos, o de que mis padres pertenezcan a una religin cristiana, o de que me hayan llevado a bautizar cuando era an un beb; no. No es por voluntad humana. Eso no dependi ni siquiera de mi misma voluntad. La Biblia dice que los hijos de Dios "no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varn, sino de Dios" (Juan 1:13).

Cuando nacimos de nuestros padres terrenales, nacimos con una vida fsica (psquica en el alma y biolgica en el cuerpo) para vivir en un mundo fsico; hacamos parte del hombre cado, el viejo Adn, de quien heredamos toda la naturaleza cada. Pero cuando cremos en Cristo, eso se tradujo en que experimentamos un nuevo nacimiento, un renacimiento; nacimos a la familia de Dios; recibimos vida de Dios en el espritu; es un nacimiento sobrenatural, que la Escritura le llama regeneracin (Tito 3:5). Nacemos de arriba, de los cielos, de Dios, por la muerte sacrificial de Cristo (1 Pedro 1:17-23). Dice el verso 23: "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre".

Nicodemo era un maestro de Israel y miembro del Sanedrn o consejo supremo de los judos. A lo mejor era un buen maestro en la carne, por sus conocimientos intelectuales y sus costumbres religiosas, y vino al Seor Jess, considerndolo que haba venido de parte de Dios como maestro. No haba ms luz en Nicodemo respecto del Seor Jess. Para muchos el Seor Jess no es ms que un mero maestro. De conformidad con el contexto, podramos considerar que Nicodemo necesitaba enriquecerse en sus conocimientos a travs de enseanzas ms profundas; tal vez podra necesitar de mejores conocimientos para ser un hombre moralmente mejor, o con fines didasclicos; pero el conocimiento humano no conduce a la vida de Dios. Recordemos que el haber comido del fruto del rbol del conocimiento del bien y del mal no le acarre sino males al hombre.

Se necesita, no el mero conocimiento, sino la vida divina dentro de nosotros (Gnesis 2:9,17). Dice Pablo: "La letra mata, mas el espritu vivifica" (2 Corintios 3:6b). Es bueno estudiar, es bueno leer, es bueno tener conocimiento de las cosas; pero eso solo no basta. La vida de Dios en nosotros no se puede sustituir con el conocimiento mental. Nicodemo era un hombre que tena un caudal de conocimiento desde el momento que era un maestro de Israel, pero eso no le bastaba. Dice la Escritura que el Seor Jess le dijo a Nicodemo: "De cierto, de cierto, te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3:3). Claro que sin conocimiento no puede haber fe (Cfr. Romanos 10:17).Dice el hermano Gino: "La fe en el Dios verdadero revelado no es inferior al conocimiento, sino que es fruto eficaz del testimonio revelacional, que es canal de gracia y espritu eficiente. Tal fe es un conocimiento espiritual de la ms alta categora, puesto que es trascendentalizada la conducta, ubicndola dentro del contexto del Totus de la realidad integral" (Gino Iafrancesco: Argumentos teolgicos, epistemologa tica y existencia. Cap. 4. 1989.gicos, epistemologa tica y existencia. Cap. 4. 1989.)

Adn cuando comi del fruto del rbol del conocimiento del bien y del mal, adquiri cierta clase de conocimiento, pero en vez de adquirir vida, cosech la muerte para s y para toda la raza humana, pues l es la cabeza representativa de toda la humanidad. Despus de haber comido del fruto del rbol del conocimiento, el hombre se llen de inseguridad y perdi su rumbo; su centro dej de ser Dios, y se centr en s mismo. Y por eso se escondi, porque ya no vio a Dios como su amigo sino como un ser temible.

De modo, pues, que el que puede ver algo espiritual, ya ha entrado en esa esfera espiritual, y para entrar en la esfera divina del reino de Dios hay que tener la vida divina; la mera carne no tiene la capacidad para dar sustantividad a las cosas divinas. Por lo tanto aqu entra en juego la regeneracin o nuevo nacimiento. Es necesario haber sido regenerado a la vida divina para ver el reino de Dios. En el versculo 5, dice el Seor "que el que no naciere de agua y del Espritu, no puede entrar en el reino de Dios". Despus de haber credo, mediante el bautismo en agua, el hombre muere a la herencia admica o antigua creacin, y al resucitar a la nueva vida, por el Espritu empieza a germinar en el hombre nuevo, Jesucristo, la nueva creacin, ya dotado de la vida divina, y tiene la capacidad de ver, entrar y participar del reino de Dios. Para conocer todo lo relacionado con el reino de Dios, slo hay un medio y slo uno, el Espritu Santo revelndolo a nuestro espritu, por la facultad de la intuicin de nuestro espritu regenerado. Un espritu muerto no puede conocer la mente de Dios. No est en su naturaleza hacerlo.

Cuando los discpulos del Seor ya haban credo, empezaron a hacer parte del reino de Dios. Lo leemos en Lucas 17:20-21: "20Preguntado por los fariseos, cundo haba de venir el reino de Dios, les respondi y dijo: El reino de Dios no vendr con advertencia, 21ni dirn: Helo aqu, o helo all; porque he aqu el reino de Dios est entre vosotros". Por otro lado, tenemos que todo ha sido gratuito, sin que medien obras. Tambin lo confirma la Escritura: "8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se glore" (Ef. 2:8,9). Entrar al reino de Dios y tener vida eterna es un regalo de Dios en Cristo Jess. Nadie merece ese regalo. Para eso Cristo llev la cruz.

El reino de los cielos

La segunda puerta, la que da acceso al reino de los cielos, es una puerta estrecha, son las obras de justicia de los creyentes vencedores. Es la cruz que llevamos nosotros. Llevar la cruz es algo que se nos concede; es un don positivo. "Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no slo que creis en l, sino tambin que padezcis por l" (Fil.1:29). Esa puerta "es las acciones justas de los santos" (Apo. 19:8), la justicia subjetiva obrada no segn la carne ni por esfuerzo humano, sino segn Dios y andando en consonancia con el Espritu Santo. Como lo dice Pablo: "Y ser hallado en l, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe" (Fil. 3:9). Es la puerta de la obediencia; es la puerta que tambin se llama negacin de nuestro yo. Es una entrega absoluta de nuestro ser al Seor.

Antes de la predicacin de Juan el Bautista y del Seor Jess, ya exista el reino de Dios, pues el reino de Dios es eterno; Dios reina en Su creacin desde toda la eternidad; pero al iniciar ellos sus respectivos ministerios, ambos anunciaron que el reino de los cielos apenas se estaba acercando; an no haba llegado; todo se estaba preparando para su manifestacin.

"1En aquellos das vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2y diciendo: Arrepentos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 3:1-2). "Desde entonces comenz Jess a predicar, y a decir: Arrepentos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 3:1-2).

"Desde entonces comenz Jess a predicar, y a decir: Arrepentos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 4:17).

Histricamente slo se estaba sembrando la semilla del reino en las diferentes tierras, que son nuestros corazones, a veces endurecidos por el trajinar humano, y que no entienden la palabra del reino, en los cuales los demonios arrebatan la palabra sembrada; a veces son corazones superficiales en los cuales la semilla de la palabra no se puede arraigar, pues esos corazones lo que guardan son piedras que representan los pecados ocultos, egosmo, autocompasin, deseos personales insatisfechos; otras veces son corazones llenos de espinos que representan las preocupaciones de este mundo o que desmayan muy fcilmente ante las aflicciones o persecuciones. Pero una cuarta categora de corazones es la tierra frtil que da fruto para el reino. El reino de los cielos no se queda en la preparacin y la siembra; luego siguen unas parbolas reveladoras y profticas sobre el desarrollo del reino de los cielos en su apariencia histrica; y es por eso que esas parbolas de Mateo 13 comienzan con la frase: "El reino de los cielos es semejante a...", pues en esas parbolas encontramos los misterios del reino de los cielos (v.11).

El mundo no conoce otro reino que el de las tinieblas, pero Cristo vino a traernos el conocimiento de Su reino. Con el Seor nos vino el reino de los cielos a los que creemos en l. Desde antes del da de Pentecosts es sembrada la semilla (vs.1-23); luego en Pentecosts se establece la Iglesia, pero es sembrada tambin la cizaa por el enemigo (vs.24-30). De ello concluimos que el reino de los cielos vino cuando fue establecida la Iglesia. Incluso podemos notar que los trminos "iglesia" y "reino de los cielos" son intercambiables en Mateo 16:18-19.

Cuando el Seor dice que el reino de los cielos es semejante a... esto indica que se form una apariencia del reino de los cielos, debido a que el diablo sembr en el campo (el mundo) creyentes falsos entre los verdaderos. La falsedad conlleva la apariencia. Luego se desarrolla esa anormalidad de la apariencia del reino, y eso es mostrado en la parbola del grano de mostaza (vs.31-32), en donde son cambiadas la naturaleza y la funcin de la iglesia, de tal manera que histricamente y en forma anormal aquella semillita se convierte en un rbol, no para que produzca alimento, sino para que se llene de ramas (religiones, organizaciones, operaciones y proyectos de iniciativa humana) en donde anidan toda clase de aves (demonios). Esto tuvo su comienzo en tiempos del emperador romano Constantino el Grande, en el siglo IV, y como consecuencia se fueron formando los grandes ramajes de una gran organizacin exterior institucionalizada, que ha dado la apariencia del reino de los cielos.

Como consecuencia de lo anterior sobreviene en la historia una profunda corrupcin de la apariencia del reino, mostrada con la parbola de la levadura (vs.33-35) y sus doctrinas malignas que leudan la flor de harina, Cristo. Esto tiene su cumplimiento en el sistema catlico romano, el cual ha hecho una mezcla sincrtica de las enseanzas de Cristo con muchas prcticas y herejas paganas, dndoles un barniz ortodoxo. La Iglesia se fue contaminando y enredndose en compromisos y promiscuidades con lo podrido. Dios tiene un orden establecido, pero ese orden se fue rechazando y se fue sustituyendo por otro orden que fue engendrando lo que la Palabra de Dios llama la gran ramera y sus hijas.

Aqu no resisto la tentacin de insertar un magnfico comentario filosfico del hermano Gino Iafrancesco:

"Hombres hermanos de la tierra, no escuchis Su voz? Dios nos pregunta: Adn, Adn, dnde ests t?! por qu te escondes? por qu te vistes con hojas de higuera? quin te ense que existe el dolor? por qu te vistes con sedantes y anestesias? quin te ha abierto las puertas de la enfermedad? por qu te vistes con terapias y drogas? quin te condujo a la muerte? quin te enga? quin te dijo que necesitaras astucias comerciales, disfraces, rapias, politiqueras, tretas? cmo supiste que estabas desnudo? por qu te escondes en pesquisas, en refugios subterrneos, y te embotas con incrdulo escepticismo narcisista? por qu te vistes con hojas de higuera? Cmo permitiste la muerte! Si no es tu propia culpa la que te acecha, y no tienes de qu avergonzarte, por qu te escondes detrs de los partidos, de las sectas, de las instituciones, de los estatutos, de los convenios, de las formas de apariencia donde tiras la piedra y escondes la mano, donde la fachada te disfraza? con qu cubres tu desnudez? Te has vestido de lo que no te cubre, de lo que no esconde suficientemente tus vergenzas, de lo que deja expuesta tu reprobacin. Qu fcil es, parapetado detrs de la institucin, presentar la sonrisa hipcrita a los ingenuos y a los cmplices, al tiempo que se hace todo lo contrario de lo que se predica! Slo las pieles del Cordero nos cubrirn eficazmente, dndonos la inocencia por justificacin en el juicio expiatorio de Cristo. Can edific una ciudad, la "civilizacin". Errante, llorando y vagabundo se hizo de una triste historia desde que sali de la presencia de Dios. Adn vendi barato la inocencia, pero en la cruz de Cristo encuentra perdn, y en el arrepentimiento, visin de inocencia" (Gino Iafrancesco V. "Aforismos y reflexiones". Segunda edicin autoral. 2002. Pgs. 111-112.)

Dios le prometi a Abraham que sera padre de una gran multitud; pero tengamos en cuenta que la descendencia de Abraham sera tanto fsica, terrenal (Israel), como espiritual (la Iglesia). La promesa de la descendencia terrenal la encontramos en Gnesis 13:16, cuando dice: "Y har tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, tambin tu descendencia ser contada". La promesa de la descendencia espiritual, la celestial, la encontramos en Gnesis 15:5, cuando dice: "Y lo llev fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: As ser tu descendencia". Pero en la descendencia espiritual puede haber apariencia, una mera formalidad externa, un engao vestido de prcticas religiosas vacas. Dice Pablo en Romanos 2:28,29: "28Pues no es judo el que lo es exteriormente, ni es la circuncisin la que se hace exteriormente; 29sino que es judo el que lo es en lo interior, y la circuncisin es la del corazn, en espritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios".

Pero as como hay una apariencia, tambin hay una realidad del reino de los cielos en la Iglesia. Dnde se encuentra esa realidad del reino? Entre los vencedores, los que vivan los principios, exigencias o leyes del reino, enseados por el Seor mismo en el sermn del monte (Mateo 5, 6 y 7); preceptos que superan la ley mosaica. Para entrar en el reino de los cielos hay que ser pobre en espritu, humilde y sencillo, paciente y longnime, hay que obedecer al Padre, hay que negarse a s mismo, hay que llevar la cruz cada da. El Seor Jess dijo: "3De cierto os digo que si no os volvis y os hacis como nios, no entraris en el reino de los cielos. 4As que, cualquiera que se humille como este nio, se es el mayor en el reino de los cielos" (Mateo 18:3-4).

Cristo debe ser expresado en nuestro vivir hoy, porque l es nuestra justicia subjetiva; pues nuestra vida natural no tiene la capacidad, no puede conseguirlo. Si tu alma est abierta a Dios, si ests dispuesto a serle fiel a la visin sin que te preocupe tu propia comodidad y seguridad; si te rindes al llamado del Seor sin que te importe el qu dirn ni las conveniencias religiosas, t eres un vencedor. Si ahora vencemos, podemos participar del reino de los cielos en su manifestacin futura en el milenio. Los escribas y fariseos practicaron por s mismos una justicia segn la letra de la ley mosaica, pero el Seor nos dice: "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraris en el reino de los cielos" (Mt. 5:20). Nuestra justicia debe ser mayor que la de cualquier persona que est convencida en s misma que obedece a Dios y cumple Su ley. Es eso imposible? No, porque nuestra justicia subjetiva es Cristo morando en nosotros; cuando Cristo mora en tu corazn, habitndolo como en Su propia casa, empieza a florecer en ti el fruto del carcter de Cristo (Glatas 5:22,23). La manifestacin del carcter de Cristo en nosotros, es la justicia que demanda el Seor.

El mensaje del evangelio del reino es desconocido debido a que las grandes masas de creyentes denominacionales desconoce el mensaje bblico del seoro de Cristo. Muchos han conocido a Jess como Salvador, pero muy pocos, poqusimos, lo han conocido como Seor. Se machaca a menudo que somos hijos de Dios, pero no se enfatiza que somos siervos (esclavos) del Seor. Como hijos es posible que tengamos prerrogativas, de hecho hemos sido bendecidos desde antes de la fundacin del mundo con toda bendicin en Cristo, pero como siervos tenemos deberes que cumplir, y muchos. Jesucristo es el Seor del universo, del universo que l cre, y con mayor razn es el Seor de la Iglesia que l compr con Su preciosa sangre, luego es el Seor de cada uno de los creyentes, cosa que se est ignorando y pasando por alto.

Dos hombres en un mismo hombre

Entonces, desde el momento en que experimentamos la regeneracin, es decir, cuando nacemos de nuevo, de lo alto, cuando nacemos del agua y del Espritu, ocurren en nosotros varias cosas: Entre otras cosas, participamos de la vida de Dios (vida eterna) por el Espritu de Dios que viene a morar en nuestro espritu humano; podemos ver (y entrar) en el reino de Dios; somos hechos hijos de Dios. Pero hay otra cosa que revela la Palabra de Dios: empiezan a existir en nosotros dos hombres, uno interior y otro exterior. Seguimos siendo personas compuestas de tres partes: espritu, alma y cuerpo, pero ahora la combinacin de esas tres partes, por la presencia y obra del Espritu Santo, conforman en nosotros un hombre interior, espiritual, y un hombre exterior, carnal, cuando esa carne no ha sido quebrantada.

Esto es maravilloso. Dios viene a residir en nuestro espritu, y entonces ocurre la formacin del hombre interior; y es all, en la parte espiritual del hombre interior, ejercitada convenientemente, donde Dios se revela, donde da a conocer Su voluntad. En el hombre interior se realiza un verdadero enlace, una ntima comunin del Espritu de Dios con nuestro espritu. Es en un hombre interior fortalecido en donde podemos realmente conocer la Palabra de Dios y en donde podemos disfrutar del jardn de Dios y estar en Su presencia, y alimentarnos del fruto del rbol de la vida.

En el hombre interior tenemos contacto con Dios, y con el hombre exterior nos contactamos con nosotros mismos y con el mundo exterior. Las dems personas se contactan con el hombre exterior en nosotros. Nadie fuera de m mismo puede tener contacto con Dios utilizando mi hombre interior; slo yo lo puedo hacer. El hombre interior es el templo donde Dios ha venido a morar y a expresarse a travs de nosotros. All se encuentra Su persona, Su Espritu, Su vida misma, y por ende Su poder. All el centro de todo es Dios.

En nuestro hombre interior no hay mezcla de lo de Dios con lo que nosotros somos, y mucho menos de lo que hemos heredado de Adn. En mi hombre interior yo no puedo decidir nada, porque mi voluntad no est ubicada all, ni mi mente tampoco, ni el hombre interior es el asiento de mis emociones. Eso sera desastroso, pues dos personas tan diferentes, cmo se pondran de acuerdo? En el Lugar Santsimo del tabernculo slo estaba el arca del testimonio con su propiciatorio; slo all se manifestaba la Shekinah; y para que el sumo sacerdote entrara all a ofrecer la sangre de los sacrificios, deba primero pasar por el atrio, la parte exterior del tabernculo, donde estaba el altar de bronce, es decir, el altar de los sacrificios, y el lavacro de bronce para que se lavara (xodo 40:29-32); como si dijramos que el sacerdote deba primero pasar por la cruz. De manera que nuestra experiencia con Cristo comienza en un sentido objetivo y externo, con Su salvacin, y luego debemos ser purificados por el Espritu Santo. Si el sacerdote entraba al Lugar Santsimo sin purificarse, sin cumplir los requisitos de Dios, en el Santuario caa muerto, porque no se puede mezclar nuestra vida natural, nuestra vida de la carne, con la de Dios. Nuestra vida carnal debe pasar antes por la cruz. T puedes ser creyente, pero si no pasas primero por la cruz, no puedes entrar plenamente al Lugar Santsimo que est en tu espritu regenerado; pues sigue habiendo en ti como un velo que te impide verlo.

De manera, pues, que las Escrituras aseveran que en la persona regenerada hay un hombre interior, y a la vez un hombre exterior que se le opone. Pablo habla en varias partes de la existencia de esos dos hombres en nuestro ser.

"22Porque segn el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que est en mis miembros" (Ro.7:22,23).

El verso 22 habla del hombre interior, y el verso 23, del hombre exterior. En estos dos versculos encontramos tres de las cuatro leyes diferentes que han tenido que ver con el hombre desde su cada en el huerto del Edn. All, en el Edn, fueron protagonistas de los hechos tres personas diferentes: Dios, el hombre y Satans; de cada uno procede una ley que ahora mora respectivamente en cada una de las partes del creyente. En el cuerpo del hombre (los miembros, la carne) mora la ley del pecado y de la muerte, la cual procede de Satans; en el alma (la mente) del creyente mora la ley del bien, la cual procede del hombre, de su vida natural (v.23; 2:15), y en el espritu del creyente vino a morar la ley del Espritu de vida en Cristo, la cual procede de Dios (8:2), para librar al creyente de la ley del pecado. La otra ley (la que aparece en el verso 22), es la ley escrita de Dios.

Ahora bien, la ley del bien en la mente natural no tiene poder para vencer en esa guerra contra el pecado, pues eso est en el campo del hombre exterior; por eso se necesita de la ley del Espritu de vida, que ya est en el hombre interior del creyente. Todo intento de la carne por vencer es infructuoso; el enemigo es superior a la mera carne natural. Pero adems es conveniente una explicacin acerca de la formacin del hombre interior y del exterior.

Un hombre natural, un hombre comn y corriente, se compone de un cuerpo como su rgano fsico y un alma como su vida y persona; eso le define su individualidad. Pero cuando el hombre natural es regenerado en su espritu, se desarrollan en l, ya en su condicin de creyente, en vez de uno, dos hombres: un hombre interior dentro de un hombre exterior; de manera que el hombre interior viene a ser formado por el espritu regenerado como su vida y persona, y el alma renovada como su rgano; mientras que el hombre exterior est integrado por el cuerpo como su rgano fsico, y el alma como su vida y persona. Vemos, pues, que el alma cumple un doble papel: rgano del hombre interior (cuando est regenerada), y vida y persona del hombre exterior. Esto es importante tenerlo en cuenta para comprender mejor el andar de un creyente espiritual. Dice el apstol Pablo en 2 Corintios 4:16: "Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de da en da".

Un hombre natural cuando piensa y decide hacer algo, est usando sus facultades del alma de la mente y la voluntad, luego toda decisin se origina en el alma, vida y persona del hombre natural, y al salir la orden de all, quien tiene que cumplirla es el rgano, es decir, su cuerpo fsico. As tambin ocurre en el hombre interior del creyente. All de donde surge la orden es del espritu regenerado, pero para que su rgano, el alma, ejecute lo ordenado, es necesario que el alma est renovada; ese yo debe ser negado, es necesario que haya pasado por la cruz. Cmo cumple el alma renovada lo ordenado por el espritu regenerado? El alma renovada recibe la orden, y una vez alojada esa orden en la mente renovada del alma, por su voluntad renovada le trasmite la orden al cuerpo, y ste la ejecuta.

Eso se entiende en un creyente cuyo hombre exterior ha sido quebrantado, cuando la vida del alma ha sido negada1. Para que la vida psquica natural llegue a un estado de completa negacin, es necesario que las facultades del alma, es decir, la mente, la voluntad y la parte emotiva deban ser renovadas. El espritu regenerado no puede usar esas facultades del alma a menos que se le sometan. Son facultades que necesitan ser revestidas y levantadas a una posicin ms alta que la de la simple carne. Dice la Escritura en 2 Corintios 10:3-5: "3Pues aunque andamos en la carne, no militamos segn la carne; 4porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destruccin de fortalezas, 5refutando argumentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo". Pero seamos sinceros, los pensamientos que se llevan a la obediencia a Cristo, son aquellos que proceden de una mente renovada. Leemos en Romanos 12:2: "No os conformis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovacin de vuestro entendimiento, para que comprobis cul sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".

Como lo vimos en 2 Corintios 4:16, otro aspecto importante de la relacin entre el hombre interior y el exterior, es que el hombre exterior cada da va caminando hacia la muerte, se va desgastando, consumiendo, envejeciendo; eso se debe a que cada da la muerte va haciendo su paulatino trabajo en nuestro hombre exterior. Pero al hombre interior le va ocurriendo lo contrario; cada da se va fortaleciendo por la vida de resurreccin. Leemos en Colosenses 3:9-10: "No mintis los unos a los otros, habindoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo cre se va renovando hasta el conocimiento pleno". Es la vida de Dios en nosotros. Eso debe ser as para que se cumpla lo que dice la Palabra en 1 Corintios 15:44: "Se siembra cuerpo animal, resucitar cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual".

Fortalecimiento del hombre interior

La Iglesia debe salirse del esquema religioso que le ha legado una tradicin mal fundamentada, e incursionar por la senda antigua de la autntica experiencia con Dios. Son estas cosas nuevas? Para muchos son cosas nuevas, pero el creyente espiritual sabe que son antiguas, porque se fundamentan en la doctrina de los apstoles, lo que ellos dejaron estampado en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, el apstol Pablo en Efesios 3:14-19 habla de la necesidad de que los santos sean fortalecidos en el hombre interior; porque la funcin de la Iglesia y el misterio de Cristo y la multiforme sabidura de Dios y el papel que desempea la Iglesia para que sea dada a conocer esa sabidura a toda familia en los cielos y en la tierra, todo eso no es posible si no es fortalecido el hombre interior de los santos. Por eso dice Pablo en los versculos 14-16: "14Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Seor Jesucristo, 15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16para que os d, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espritu".

Es necesario que los creyentes experimentemos la plenitud de Dios. Dios se expresa en las riquezas de Su gloria, y esa expresin quiere llevarla a cabo a travs de los santos. Primero necesitamos tener revelacin acerca de la Iglesia; necesitamos tener conciencia qu es la Iglesia; y al experimentar a Cristo por el fortalecimiento de nuestro espritu regenerado, se est fortaleciendo y beneficiando la Iglesia y su unidad. No es un asunto que debe quedarse en el plano individual, sino en el corporativo.

Nadie que no sea fortalecido en su hombre interior podr experimentar a Cristo hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Cul es ese poder con que necesitamos ser fortalecidos en nuestro hombre interior? Es el mismo poder de Dios que resucit a Cristo de los muertos y lo glorific sentndolo a la diestra de Dios en los lugares celestiales. El Espritu Santo mora en el espritu del creyente, y es el medio que usa el Padre para fortalecernos desde nuestro interior; desde lo ms ntimo de nuestro ser.

Luego dice Pablo en el versculo 17: "Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor..." Al ser fortalecidos con poder en nuestro hombre interior, el desarrollo de la vida del Seor en nuestro espritu es tal, que se sale de los lmites del mero espritu y pasa al alma, y en consecuencia el resultado es que Cristo viene a hacer Su hogar, a establecer su morada confiadamente, en los corazones de los santos. Es necesario dejar en claro que cuando t lees los textos donde en la Biblia se menciona la palabra corazn, puedes entender que el corazn humano, y en particular el corazn de un regenerado est compuesto por todas las facultades del alma -la voluntad, la mente y las emociones- ms la conciencia del espritu regenerado. En la Biblia encontramos que el corazn se arrepiente, ama, se contrita, se humilla, se exalta, cree, se endurece, se enfurece, se inclina al mal o al bien, y muchas otras cosas, que slo ocurren en el alma. Por ejemplo, dice en Hechos 7:24: "Oyendo estas cosas, se enfurecan en sus corazones, y crujan los dientes contra l". Pero en el santo que ha experimentado un fortalecimiento del hombre interior, el corazn es como una brjula o un semforo que nos ayuda en nuestro andar, y hasta nos puede reprender; de donde vemos , pues, que la conciencia, la mayor facultad del espritu, hace parte del corazn. Por ejemplo, dice la Escritura en 1 Juan 3:20: "Pues si nuestro corazn nos reprende..."; ah est la conciencia, la nica que tiene la capacidad de reprender, debido a que tiene la luz para hacerlo. Tambin puede haber una mala conciencia: "Acerqumonos con corazn sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura" (Hebreos 10:22).

Por las anteriores citas y otras, vemos que el corazn controla la vida del hombre. Entonces, siendo que el Seor Jess vive en nuestro espritu, es necesario que Su vida vaya formndose y fortalecindose en nuestro espritu regenerado, de tal forma y en una intensidad tal que traspase los lmites del espritu e invada cada rea de nuestro corazn, para que l controle todo nuestro ser, enriquecindolo y alimentndolo con Su presencia. Que todo nuestro ser, desde ese punto neurlgico que es el corazn, sea Su hogar, donde l tome posesin y ordene todas las cosas. Claro que nosotros, con nuestra mente humana no alcanzamos a comprender este hecho misterioso y abstracto de que Cristo plenamente venga a hacer Su hogar en mi corazn; pero se debe recibir por medio de la fe.

Es necesario que comprendamos que somos piedras vivas con las cuales Dios est construyendo Su casa, una sola casa; y es por eso que el versculo 17 dice que debemos ser arraigados (como labranza de Dios) y cimentados (como edificio de Dios) en amor. Sin fe y sin amor es imposible experimentar a Cristo. Ambas experiencias nos vienen de Dios cuando somos fortalecidos en el espritu regenerado. Nadie puede creer en Cristo sin la fe que proviene de Dios, y nadie le puede amar sin el amor que tambin procede de Dios. El ser humano es incapaz de producir esa fe y ese amor. El amor humano es egosta; el divino no lo es. Luego contina en los versculos 18-19:

"18(A fin de que) seis plenamente capaces de comprender con todos los santos cul sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seis llenos de toda la plenitud de Dios".

Para ser lleno de toda la plenitud de Dios es necesario que ocurran dos pasos: estar fortalecidos en nuestro hombre interior y estar unidos los hermanos como un solo cuerpo; y para ello es necesario que por lo menos haya esa aptitud, esa disposicin en nosotros. Es necesario, pues, que los santos comprendan todas las dimensiones de Cristo; que los santos conozcan el infinito amor de Cristo, y que los santos sean llenos hasta la medida de la plenitud de Cristo. Para que esto ocurra se necesita la comunin de todos los santos. El sectarismo y las divisiones se contraponen a esta experiencia. No es posible comprender las dimensiones de Cristo, Su amor y ser llenos de la plenitud de Dios, en forma individual. La Iglesia es corporativa. El modelo bblico de la Iglesia es una sola iglesia en cada localidad. Cuando se rompe la unidad del cuerpo de Cristo no puede haber llenura de toda la plenitud de Dios. Si alguien no se rene con nosotros y no hay comunin prctica con otros hermanos, por lo menos debemos estar abiertos a esa comunin. Si alguien es de Cristo, es mi hermano.

En nuestro caminar cristiano, primero llegamos a comprender y experimentar, digamos, lo ms fcil del Seor, lo horizontal, lo que tal vez tenga ms similitud con nuestras experiencias terrenales: Su anchura y Su longitud. Necesitamos avanzar con l y crecer espiritualmente para as poder experimentar lo difcil, lo vertical, la altura y la profundidad del Seor, lo que parece alzarse hasta las alturas, y lo que parece profundizar ms all de nuestras posibilidades. Para comprender las dimensiones de Cristo, hay que vivirlo a l mismo, experimentarlo a l, alimentarnos de l. No podemos conocer Su amor si no lo conocemos a l. Slo despus de conocer y experimentar las dimensiones y el amor del Seor con todos los santos, es cuando seremos llenos de toda la plenitud de Dios. Cul es la plenitud de Dios? Dice la Biblia que la plenitud de Dios es Cristo. "Por cuanto agrad al Padre que en l (en Cristo) habitase toda plenitud. Porque en l habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Colosenses 1:19; 2:9). Ser llenos de toda la plenitud de Dios es ser llenos de Cristo mismo con toda su divinidad, sus virtudes, carcter, santidad y poder. Es necesario que nos posesionemos de ese tesoro.

Al ser llenos de toda la plenitud de Dios es como podemos vivir la vida de Dios. Nosotros para poder vivir la vida de Dios en Cristo, debemos renunciar a la nuestra. Seguir a Jess hasta el reino tiene que ver con negarnos a nosotros mismos y llevar la cruz hasta la muerte de nuestro propio yo. Cuando uno va a buscar un tesoro escondido necesita un mapa. Para encontrar el reino de los cielos tambin se necesita un mapa, y ese mapa lo encontramos en Mateo 16:24-25: "24Entonces Jess dijo a sus discpulos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, y tome su cruz, y sgame.25Porque todo el que quiera salvar su vida, la perder; y todo el que pierda su vida por causa de m, la hallar".

Alguien puede pensar que negarse a s mismo es negarse cosas; pero la declaracin del Seor va ms all de eso; las cosas son externas y el ego es algo interno, perturbador, dominante, alejado de Dios cuando no ha sido renovado. Aun siendo creyentes cristianos podemos vivir nuestra propia vida y no la de Dios, debido a que rehusamos negarnos a nosotros mismos, y llevar la cruz nos causa nuseas. La vida que hoy llevamos, aun siendo predicadores del evangelio, puede estar siendo edificada sobre la fachada de una falsa imagen que estamos protegiendo para nuestra propia gloria, pero no para la gloria del Seor. Nos gusta tener un nombre y un prestigio; nos gusta que nos admiren, nos inviten y nos alaben; nos gustan los homenajes, y nos carcomen la envidia y los celos. Hay celos ministeriales. Uno puede irse formando su propia y fingida imagen ante los hombres. Pero qu hay del Seor? Miran en nosotros al Seor? Proyectamos al Seor en nuestro vivir diario o nos proyectamos a nosotros mismos? Para ello, para proyectar la imagen de Cristo y no la nuestra, debe morar Cristo por la fe en nuestros corazones, y la cosa debe comenzar con que el Padre fortalezca nuestro hombre interior. Debemos rogrselo al Seor constantemente.

Hechos a la imagen de Cristo

Adn fue hecho a la imagen moral y espiritual de Dios. Dice Gnesis 1:26: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". Pero en la cada el hombre perdi esa imagen de Dios, y fue conformada en l una imagen distorsionada, la imagen de un hombre viejo, muerto espiritualmente, incapaz, sin poder, perdido en las tinieblas; y esa misma imagen la proyect hereditariamente a todos sus descendientes (Gnesis 5:3). Pero Dios provey un nuevo hombre, Cristo, que no hered la vieja imagen admica (Efesios 2:15,16). Con Cristo y Su obra surge la Iglesia. Cristo y la Iglesia son el nuevo hombre. "22En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que est viciado conforme los deseos engaosos, 23y renovaos en el espritu de vuestra mente, 24y vestos del nuevo hombre, creado segn Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios 4:22-24). Lo aclara tambin la Palabra en 1 Corintios 15:49: "Y as como hemos trado la imagen del terrenal, traeremos tambin la imagen del celestial".

En Hebreos 1:3 la Palabra de Dios declara que Cristo, el Hijo de Dios, es "el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia". Dios es invisible, y a Dios nadie le ha visto jams, pero Dios se ha dado a conocer por medio de Su Hijo unignito, quien muestra el brillo y resplandor de la gloria del Padre. La palabra que es traducida aqu imagen, en el original griego en Hebreos es karacter (χαρακτᾐρ), que se traduce impronta, semejante a la impresin de un sello; y la impronta de la sustancia, ms que simple imagen o forma fsica, tiene que ver con el carcter de Dios; Cristo expresa lo que Dios es en todos Sus atributos y virtudes. Lo mismo aparece en Colosenses 1:15: "l es la imagen del Dios invisible, el primognito de toda creacin". Dios ha querido darse a conocer por medio de Su Hijo, en quien habita toda la plenitud de Dios (Colosenses 2:9).

Pero as como Dios se da a conocer al mundo por medio de Su Hijo, tambin quiere el Padre que Su Hijo sea conocido a travs de Su Iglesia; pero en la historia la Iglesia de Cristo le ha fallado al Seor, la cristiandad ha errado el blanco y se han introducido elementos extraos en las entraas mismas de la cristiandad; por tanto el Seor ha usado a un pequeo remanente de vencedores para hacerlos a la imagen de Su Hijo, como dice Romanos 8:29: "Porque a los que antes conoci, tambin los predestin para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos". El ser salvados por Cristo es slo una puerta, no es el fin; despus sigue que necesitamos ser santificados, llegar a ser cristianos espirituales, llenos y guiados por el Espritu Santo, y entrar en una etapa de madurez, de negacin de nuestro propio yo, de nuestra propia egolatra, una etapa de tomar cada da nuestra propia cruz, una etapa de verdadero conocimiento del Padre y del Seor Jess, una etapa de victoria espiritual. Pero todo eso para qu? Para que seamos plenamente conformados a la imagen de Cristo Jess. Ese es el destino que Dios quiere para nosotros.

Pero para ello es necesario que el Seor obre en nosotros un proceso de transformacin. Por qu transformarnos? Porque nosotros heredamos una esencia y una naturaleza admica interiores contrarias y opuestas a la esencia y naturaleza divina. Cuando cremos en Cristo, el Espritu Santo nos hizo partcipes de la naturaleza de Dios, pero esa naturaleza divina debe experimentar un crecimiento y desarrollo en nosotros; y en cambio, nuestra naturaleza de pecado debe ir cada da menguando, debilitndose, perdiendo fuerza y poder. En ese proceso es como nos vamos conformando a la imagen glorificada de Cristo; vamos adquiriendo el carcter y todas las virtudes del Seor, se va formando en nosotros una verdadera expresin del ser de Dios; es un crecimiento en madurez espiritual hasta manifestarse en nosotros el fruto del Espritu (Glatas 5:22,23).

Como lo hemos comentado anteriormente, en el captulo 3 de Efesios, la Palabra de Dios declara que una vez fortalecido nuestro hombre interior por el Espritu Santo, el Seor Jess entra a posesionarse de nuestro corazn como algo de Su propiedad, entra a habitar por la fe en nuestros corazones como en Su verdadera casa, Su hogar; entonces es cuando realmente comenzamos a ser arraigados y cimentados en amor. Cuando no hay races, el rbol no puede alimentarse, y si no se alimenta no puede producir fruto; y cuando no hay amor, el verdadero amor de Cristo en nosotros, slo hay religin, ritos, simulacros, fachadas e hipocresa. Slo cuando Cristo echa races en nosotros es cuando llegamos a conocerlo en sus verdaderas dimensiones; llegamos a conocer Su amor en toda la extensin de la Palabra. Pero todo esto debe ocurrir en la comunin de todos los santos, no individualmente. y entonces es cuando seremos llenos de toda la plenitud de Dios. Tener toda la plenitud de la Deidad encierra llegar a tener la mente de Cristo, conocer las cosas como las conoce el Seor; y eso significa habitar plenamente en el Seor, tener Su corazn, pues de acuerdo con Su corazn es como podemos usar rectamente y con justicia todo ese conocimiento de Dios en nosotros. El Seor es humilde. Cmo podra un soberbio usar justamente el conocimiento de las cosas de Dios?

"Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Seor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espritu del Seor" (2 Corintios 3:18).

El manto de humildad

El ser hechos conformes a la imagen de Cristo tiene ntima relacin con el vestido del cristiano vencedor. El vestido de las personas nos indica su profesin, oficio, su posicin social, su grado de autoridad y riqueza, e incluso a menudo refleja su misma condicin moral y espiritual. Por las vestiduras podemos distinguir al militar, al marinero, a la monja, al pordiosero, a la enfermera, al pordiosero, al torero. Cmo se nos puede distinguir a nosotros como cristianos? Cul debe ser nuestro vestido? En cuanto al cristiano, necesariamente no me estoy refiriendo aqu al vestido fsico, como muchos legalistas lo toman muy en serio.

En la cristiandad es fcil vestirse fsicamente de religioso sin que necesariamente eso refleje que se es un autntico hijo de Dios. Sabemos que las diferentes religiones del mundo tienen sus respectivas vestimentas sacerdotales, y que los que gobiernan a las naciones y los ricos a menudo se visten de prpura y lino fino; pues algunos dicen ser ministros de Dios, pero se visten de prpura y viven en los palacios ms opulentos. Qu dice la Palabra de Dios? Hay un vestido espiritual que es mucho ms importante que todas las vestiduras pomposas de este mundo. Son las vestiduras que usa el Seor, y que debemos usar todos Sus seguidores. Por ejemplo dice el Seor en Colosenses 3:12,13: "12Vestos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entraable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13soportndoos unos a otros, y perdonndoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdon, as tambin hacedlo vosotros". Pablo comienza el verso 12 con un pues. Por qu? Porque en los versos 9 y 10 viene amonestando en el sentido de que el cristiano debe despojarse del vestido del viejo hombre, el admico, con sus prcticas pecaminosas y ser "10revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo cre se va renovando hasta el conocimiento pleno". En estos versculos encontramos que debemos vestirnos de humildad. Tambin podemos inferir que la humildad es como el centro, la raz misma de una serie de virtudes en el creyente. El que es humilde de corazn es porque tiene un corazn lleno de mansedumbre, de benignidad, de longanimidad, y es hasta misericordioso y perdonador.

El Seor quiere que tengamos su mismo carcter, que seamos convertidos como en una copia de l mismo. El Seor no nos pide nada que l no lo sea primero. El Seor dice: "Llevad mi yugo, y aprended de m, que soy manso y humilde de corazn; y hallaris descanso para vuestras almas" (Mateo 11:29). No se puede llegar a ser manso y humilde por medio de nuestro esfuerzo propio; eso es una falacia. Slo la vida de Cristo en nosotros nos puede llegar a convertir en humildes, pues ser humilde es no tener amor propio, y eso no se logra jams con los esfuerzos de la carne. Por eso es que tenemos que despojarnos del viejo hombre, porque el viejo hombre no conoce la humildad.

Si t encuentras oposicin a tu persona, a tu mensaje, a tu ministerio, a tus actos, y te enojas y ofreces resistencia, es porque no eres manso. Si los dems te rechazan, no te tienen en cuenta, te persiguen, si eres humilde, la reaccin tuya es no mirarte a ti mismo, no alterarte, no defenderte, no reclamar, sino esperar la voluntad del Seor para cada momento de tu vida; sin esperar ganar nada para ti. El que no es humilde no tiene descanso. Si el Seor mora plenamente en tu corazn, tendrs descanso en tu corazn, no importa cul sea la situacin que te rodea; nada te afecta. Dice el apstol Pablo: "S vivir humildemente, y s tener abundancia; en todo y por todo estoy enseado, as para estar saciado como para tener hambre, as para tener abundancia como para padecer necesidad" (Filipenses 4:12).

Si en oracin t meditas el contexto de la armadura de Dios en Efesios 6, vers que t puedes estar vestido de toda la armadura de Dios y no ser humilde. Qu puede suceder en este caso? Que el brillo y resplandor de la armadura te puede encandilar, te puede envanecer, puede desviar tu atencin, y en vez de mirar al Seor y servirle en humildad y amor, empiezas a mirarte a ti mismo. Hace el efecto contrario. Debemos, pues, vestirnos de toda la armadura de Dios, pero bajo el manto de la humildad. T puedes ser portador de toda la verdad, pero si en tu corazn no hay amor y humildad, no hay fruto, no es glorificado el Seor. Con el vestido de la coraza de justicia y todo el resto de la armadura de Dios, sin humildad, puedes tropezar con el peligro de enorgullecerte, llenarte de vanidad, de recibir con agrado el aplauso y las lisonjas de los dems, y desviarte del llamado del Seor.

Un soldado del ejrcito del Seor puede estar muy bien armado, pero necesita estar revestido con el manto de la humildad. Qu es ese manto? Es el Seor mismo en nosotros; sin ese manto no se puede ser victorioso en la batalla; y la batalla es cada da ms fuerte. La humildad no se impone con legalismos religiosos. La humildad brota de lo ms profundo de tu corazn, cuando es Cristo el que habita en tu corazn como en Su propia casa. Vivimos en un tiempo en que han proliferado la vanidad y el orgullo religiosos, pero el Seor est llamando como especie de un cuerpo lite de siervos Suyos, vencedores, bien armados espiritualmente pero humildes, para que entrenen y conduzcan Su ejrcito a que libre la ltima gran batalla antes de Su gloriosa venida. Llegar un momento en que estarn mandados a recoger los asalariados, los que le ponen precio a sus servicios ministeriales, los que se ofrecen con publicidad pagada, los que comercian con el evangelio, los prepotentes. Adems, a veces creemos que somos tan importantes e imprescindibles en la Iglesia, que el Seor no puede hacer nada si no es a travs de nosotros.

Pero hay que tener mucho cuidado con las tentaciones. Si alguien llegase a adquirir el manto de la humildad, debe tener siempre en cuenta que ese manto puede perderse en la batalla. El que es humilde no lo menciona, ni lo piensa, y mucho menos lo pregona. El que es humilde est siempre pensando que a lo mejor no lo es todava, que le falta mucho. Debemos tener mucho cuidado con esto; quien dice que es humilde, a lo mejor es soberbio. La humildad o su carencia es determinante en el trabajo de la Iglesia. El Seor va a juzgar tanto nuestra labor como nuestra conducta. Una cosa es hacer grandes obras en la Iglesia, y otra cosa es hacer lo que el Seor nos ha llamado a hacer; eso es una realidad cotidiana en el cristianismo, y esas desviaciones han sobrevenido en la historia como consecuencia de las divisiones que sufre el pueblo cristiano. Por qu se ha dividido el cuerpo de Cristo? Por qu se queran dividir los corintios? En el fondo vemos la falta de humildad y obediencia al Seor de los hermanos de la iglesia en Corinto. Cada uno acta de acuerdo a la luz que haya recibido. En la medida en que cada uno de nosotros nos vayamos conformando a la imagen del Seor, en esa misma medida lo que hagamos en la Iglesia permanecer; porque lo que es de Dios permanece para siempre.

De todo lo que hoy estamos viviendo y fomentando tendremos que dar cuenta ante el tribunal de Cristo. Muchos cristianos rechazan la doctrina del juicio de la Iglesia ante el tribunal de Cristo; pero cuanto ms la rechacen ms necesidad tienen de ese juicio. Cuanto ms se huye del juicio de Dios, ms nos ocultamos en nuestros propios escondites, exactamente como Adn. Huir de Dios es un impulso de la carne cuando no somos obedientes al Seor, cuando nuestra vida no es transparente.

Hermano, cuanto ms humilde procures ser, ms trasluces la imagen de Cristo en tu andar; cuanto ms humilde seas, ms lo vives, no lo dices. Si t piensas que ya eres lo suficientemente humilde, es seal inequvoca de que no lo eres. Cuanto ms humilde seas, tendrs tu corazn lleno de amor, del amor del Seor, y te vas liberando del miedo y de la inseguridad que antes te venan esclavizando. Hay una clave, permanecer en el Seor, y que Sus palabra permanezcan en nosotros. El mismo Seor nos lo dice: "Si permanecis en m, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queris, y os ser hecho" (Juan 15:7). El humilde le cree a la Palabra del Seor, y tiene confianza; cuando hay confianza no hay temor. La arrogancia, el mal genio, el buscar la aprobacin y los aplausos de los dems, el no tolerarnos los unos a los otros, la inseguridad, el miedo, la competencia, el buscar siempre mi propio bienestar, son signos de que no somos humildes, de que no tenemos amor, de que no permanecemos en el Seor y de que Sus palabras no permanecen en nosotros.

La inseguridad hace que muchas veces seamos irritables, que tratemos mal a los dems. A lo mejor t eres inseguro y no te das cuenta. Querer ser vencedor incluye ser victoriosos sobre nosotros mismos y nuestra exigente y arrogante carne. La victoria debe comenzar sobre nosotros mismos, sobre nuestro propio ego, el cual tiende a exaltarse por encima de todo. Esa es su naturaleza. El que tiende a exaltarse y mirarse a s mismo sufre mucho, no es feliz. El humano siempre tiende a exaltarse; pero el Seor en nosotros nos hace humildes, y el humilde no se exalta por encima de los dems. El humilde no excluye a los dems hermanos. El humilde cree en la unidad del cuerpo de Cristo; la fomenta, la edifica. Cuando la humildad y el amor van de la mano en nosotros, nos preocupamos por servir a los hermanos, al necesitado, al hurfano, a la viuda, al enfermo. Hay que mirar al Seor en nuestros hermanos. Para ver a Cristo en los otros hermanos, se necesita humildad, pues la falta de humildad hace que la persona sea ciega y sorda espiritualmente.

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